El nacimiento del Escuadrón de Motos del Ejército de Chile se remonta al conflicto con Argentina en 1978. Esta es su historia, una historia de guerra en dos ruedas.
En noviembre de 1978, las flotas navales de Chile y Argentina enfilaban rumbo a los canales australes. Las negociaciones entre los dos gobiernos militares por las islas Picton, Nueva y Lenox, se habían transformado en un juego de póquer interminable. Todos dormían con los dientes apretados, esperando lo peor.
Cerca de Santiago, un grupo de 120 motociclistas también se preparaba para la guerra. No eran militares. La mayoría eran universitarios o profesionales, muchos de ellos recién egresados. En noviembre de 1978, habían sido reclutados. La urgencia de enlistar mayor contingente -no sólo Argentina era la amenaza: por el norte existía el riesgo del ataque de Perú y Bolivia- había movido al general Horacio Toro a proponer la creación de unidades militares bajo el modelo de un Ejército ciudadano. En este caso, un escuadrón voluntario de motociclistas de combate.
Toro -del arma de caballería y quien había dejado las FF.AA. un mes antes, por desavenencias con Pinochet- no tuvo empacho en sentarse nuevamente en la oficina del entonces presidente y proponerle la idea. Pese a las discrepancias, las palabras de Pinochet fueron escuetas y claras: "Conforme. Autorizado"."En la coyuntura de una posible guerra, él lo entendió y así me dio la entrada al Ejército", recuerda Toro, quien años más tarde, durante el gobierno de Patricio Aylwin, fue director de Investigaciones y ahora es presidente del Instituto Campos de Hielo.

El Reclutamiento
El punto esencial para Toro era reclutar voluntariamente a estos motociclistas, basándose en experiencias de "ejércitos ciudadanos" como el caso de las tribus mapuches que conformaban unidades de voluntarios para defender sus tierras, los milicianos de George Washington durante la guerra de Independencia de ese país y los cuerpos de defensa israelíes.
El militar comenzó a reunir a sus ex compañeros de curso para echar a andar el proyecto, mientras se acercaba diciembre de 1978 y la crisis ya era total entre ambos países. Las líneas diplomáticas Santiago-Buenos Aires estaban casi cortadas y ya por el 15 de ese mes, se recibían informes de que Argentina preparaba una ofensiva para la siguiente semana.
Fue a principios de 1979 -con el conflicto más amainado, pero la tensión siempre presente- cuando Toro logró por fin organizar su unidad, que tendría como sede el Haras Nacional, dependencia usada por la caballería chilena para la crianza de equinos.
La forma de conseguir a los nuevos soldados fue muy particular: Toro paraba a motociclistas en la calle y les contaba del proyecto. "Algunos me decían que sí, y otros simplemente no", recuerda. También recorrió muchos clubes de motociclismo, buscando voluntarios.
Lo de voluntario, en todo caso, recuerdan algunos de los miembros del batallón, es subjetivo. Tras dos días de no dar señales de vida, carabineros y militares lo fueron a buscar a su propio hogar. Por ello, tuvo que utilizar una disciplina especial . "Por ejemplo, nadie les dijo que se cortaran el pelo. Lo hicieron solos, luego de que se pusieron el uniforme", dice el general, quien cuenta que más de algún miembro del batallón fue detenido por carabineros: los confundían con guerrilleros, por la tenida verde olivo que llevaban y el pelo largo.
"Para mí- cuenta un ex integrante del escuadrón- era una lata asistir. Como había tenido instrucción en la Escuela Militar, nada era nuevo. Me tocó una etapa muy fome y muchos lo tomaban a la chacota. Yo creo que nadie tenía conciencia de lo que estaba pasando".
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Las Motos de Cruzat
Los 120 hombres del general Toro comenzaron a recibir instrucción teórica los martes y jueves en la Escuela Militar. Los sábados, a las 8 de la mañana, era el turno del entrenamiento en el Haras Nacional, a donde muchos llegaban con pocas horas de sueño, luego de un viernes de fiesta.
El entrenamiento consistía en adiestrarlos para crear un escuadrón capaz de servir como unidad de exploración, enlace de telecomunicaciones, policía militar, elementos antiaéreos; es decir, reemplazar todo lo que se hacía con los caballos por dos ruedas y un soldado.

"Pensamos en esta unidad para regiones difíciles como el altiplano y la estepa", explica Toro. A medida que iban avanzando en sus entrenamientos, los ex "melenudos" adquirían más habilidades. Sin embargo, no tenían cómo mostrarlas, pues aún usaban sus motos particulares.
Al no haber suficientes recursos en un Ejército que se preparaba para un conflicto, Toro debió recurrir a los privados: fue el empresario Manuel Cruzat quien donó 120 motos Suzuki DR400 nuevas para que el escuadrón comenzara a operar.
Cuando llegaron las 120 motos, los reclutas estuvieron más que felices y pudieron mostrar lo que habían aprendido con porrazos en años anteriores y los conocimientos militares que les habían entregado en los primeros meses. Sin embargo, la falta de experiencia y la juventud -según algunos ex voluntarios-provocaba más de un desorden. "Cuando a una escuadra o pelotón le ordenaban dirigirse a un lugar, todos tomaban caminos distintos", dice un ex integrante del grupo. Las cosas se tornaron más serias cuando el escuadrón de Toro equipó los vehículos con morteros, lanzagranadas y ametralladoras, endureciendo aún más los entrenamientos para sacarles provecho a las motocicletas.
A medida que iban avanzando las negociaciones entre Chile y Argentina, el grupo de motociclistas se iba renovando cada año, aunque nunca fue movilizado a un zona de tensión fronteriza. En 1983, llegaron los últimos jóvenes al escuadrón del Haras Nacional, coincidiendo con el alejamiento del peligro en la frontera, que se coronó con la firma del Tratado de Paz y Amistad el 29 de noviembre en Roma. En Santiago, las motos y sus soldados de fin de semana ya habían pasado a la historia.
"Debo decir algo: ellos tenían mucho más convencimiento que cualquier militar de carrera", recuerda hoy Toro.
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