Dirigida por el brasileño Walter Salles, conocido por "Estación Central de Brasil", "Diarios de Motocicleta" es una película que narra el viaje iniciático de dos jóvenes argentinos, Ernesto Guevara y Alberto Granado, a través de América Latina en 1952. Con Robert Redford y Paul Webster como productores ejecutivos, esta producción cinematográfica captura la esencia de una aventura que marcaría profundamente la vida de Ernesto Guevara, quien más tarde se convertiría en el icónico Che Guevara.

El Inicio de la Aventura
En 1952, Ernesto tiene 23 años y estudia medicina, especializado en leprología. Alberto, por su parte, es un bioquímico de 29 años. Los dos amigos dejan atrás el familiar entorno de Buenos Aires en una desvencijada motocicleta Norton de 500 cc del año 1939, imbuidos de un romántico espíritu aventurero.
El 4 de enero de 1952, Ernesto Guevara y Alberto Granado emprenden una gran aventura, un enorme viaje: pretenden ir de Buenos Aires a Venezuela por tierra. En palabras de Guevara: “El plan es recorrer 8.000 km en cuatro meses. El método, la improvisación. Objetivo, explorar el continente latinoamericano, que solo conocemos por los libros. Equipo, La Poderosa, una motocicleta Norton 500 del año 1939 que está rota y goteando”.
N. Granado es extrovertido, charlatán, buen bailarín, una persona generosa, el amigo calavera que nunca te falla. Guevara es contenido, reflexivo, ecuánime, pero tiene una limitación: su incapacidad para mentir. Cuando recaban su opinión, dice lo que piensa, de manera directa, brutal, sin paños calientes, aunque las consecuencias sean previsiblemente catastróficas. Ambos comparten la fogosidad propia de la juventud: corren detrás de cualquier falda que se cruce en su camino.
Empieza la aventuraLos dos protagonistas abandonan Buenos Aires en dirección sur por carreteras rectas, poco concurridas, entre pasturas y cañaverales. Los impulsa el afán aventurero, las ganas de pasarlo bien. Mientras recorren la Pampa, su única compañía son los gauchos y las vacas, enmarcados por alguna estancia que se levanta solitaria a lo lejos. Ya en la montaña, las pistas devienen barrizales con surcos profundos, campos de minas donde La Poderosa tropieza una vez y otra.
La moto se avería, pero los viajeros prosiguen en autostop. Poco a poco, van tomando en contacto con una Latinoamérica diferente, reflejada en las personas que encuentran en su viaje; el cambio en sus perspectivas parece encontrar reflejo en la variedad de la geografía por la que transitan.
Un Viaje de Descubrimiento
Su ruta los lleva hasta las alturas de Machu Pichu, donde las majestuosas ruinas y la extraordinaria presencia de la herencia Inca ejercen un profundo efecto sobre ambos. Al llegar a una colonia de leprosos en el corazón de la selva amazónica, los dos viajeros ya han comenzado a poner en cuestión el valor del progreso tal y como lo definen ciertos sistemas económicos, que dejan a tantos en la cuneta.
El día 42 del viaje, un trasbordador atraviesa el lago Frías y los desembarca en Chile. Acumulan 2.306 kilómetros. Las nubes cubren un paisaje montañoso con apariencia de acuarela china. Aparece la nieve. Al principio embellece, tiene su encanto, pero pronto se transforma en una fiera hambrienta. La Poderosa se asusta, deben empujarla puerto arriba en medio de la ventisca. La ciudad de Temuco los recibe solícita, pero frunce el ceño al saber que se les acabó dinero. Aprenden a buscarse la vida: se personan en la redacción del diario local, que difunde la llegada de “dos eminentes leprólogos argentinos”. El recorte de prensa les abre puertas y comedores: son personalidades, no vagabundos.
El día 53 del viaje, La Poderosa exhala su último suspiro. ‘Descanse en paz’, la despiden sus pasajeros desconsolados. En Valparaíso, a orillas del océano Pacífico, reciben correspondencia y dinero de sus familiares. Este es otro mundo, uno donde los camioneros leen a Pablo Neruda. Los campesinos no entienden que viajen por gusto
En aquella desolación pedregosa descubren la misérrima existencia de los mineros, campesinos expulsados de sus cultivos por latifundistas y ahora explotados por empresas como la Anaconda Minas Company. Gentes que se desplazan a pie, van de mina en mina en busca de trabajo para hoy. Son jornaleros, viven al día, y sufren los malos tratos de capataces y sicarios. Los jóvenes siguen una marcha que se yergue y empina; ascienden la cordillera, remontan los Andes. Entran en Perú dentro de la cabina de un camión. Los tramos a pie, las pendientes resultan insufribles, arden los pulmones, falta oxígeno.
En Cuzco -día 89, km 6.932- conviven con una población quechua iletrada, que no entiende el castellano. Cuida el ganado, teje, masca coca... Son personas desposeídas, sin expectativas culturales, políticas ni sociales. Son los desprestigiados ‘pobres de la Tierra’. Visitan Ollantaytambo y Machu Picchu, Ernesto reflexiona ante su arquitectura: “Los incas atesoraban el conocimiento, pero los invasores españoles tenían la pólvora”.
Pero médico y revolucionario todavía conviven amistosamente en San Pablo, un lazareto en plena Amazonia peruana, adonde llegan después de 156 días y 10.223 km de viaje. Los dos jóvenes colaboran como voluntarios atendiendo a los leprosos. En su fiesta de despedida, Ernesto toma la palabra, habla de “una sola raza mestiza desde México hasta el estrecho de Magallanes”, y brinda por una América unida.
Una balsa los lleva hasta Leticia, en la Amazonia colombiana. El 26 de julio de 1952 se separan en el aeropuerto de Caracas. Ernesto regresa a Buenos Aires para terminar sus estudios. Alberto permanece en Venezuela, donde encontró trabajo.
El Legado del Viaje
El viaje, que comenzó en una vieja motocicleta, duró meses, a través de toda la América Latina profunda, desde la Patagonia a Venezuela, y llevó al Che a madurar interiormente lo que luego fue su vida política revolucionaria. A pesar de lo controvertido del personaje, la película apenas entra en planteamientos ideológicos. Más bien es como un documental que nos muestra los paisajes y las gentes de una América deprimida pero cargada de humanidad.
El cineasta brasileño Walter Salles dirigió esta película, inspirada en las crónicas escritas por los dos protagonistas: Notas de viaje, de Ernesto Che Guevara (Ediciones B, 2002); y Con el Che por Sudamérica, de Alberto Granado (Ed. Marea, 2018). Salles recorrió personalmente los pueblos y ciudades descritos en esos libros, conoció la ruta seguida por sus autores 50 años antes. Fruto de ese esfuerzo, la película muestra más de treinta emplazamientos.
En el film no paran de ocurrir cosas, continuamente, la sucesión de anécdotas y de personajes secundarios es frenética, propiciando dos horas muy entretenidas para el espectador. No analiza América, solo la muestra. Y, sobre todo, argumenta por qué el universitario bonaerense que emprendió un viaje de placer se transformó en alguien dispuesto a cambiar el mundo, a hacerlo más justo.
La película "Diarios de Motocicleta" no solo es una road movie, sino también un relato de crecimiento personal y descubrimiento de una realidad social que marcaría el futuro de Ernesto Guevara. Es una invitación a reflexionar sobre la identidad latinoamericana y la búsqueda de un mundo más justo.
Tabla Resumen del Viaje
| Fecha de Inicio | Punto de Partida | Destino Final | Distancia Aproximada | Medio de Transporte Principal |
|---|---|---|---|---|
| 4 de enero de 1952 | Buenos Aires, Argentina | Caracas, Venezuela | 8,000 km | Motocicleta Norton 500 (La Poderosa) |

Intérpretes y técnicos hacen un buen trabajo en una película amena y bien contada, premio del público en el reciente festival de San Sebastián, que apela a ese cine de viajes y bellos paisajes, con aroma legendario, que tantos buenos ratos nos ha hecho pasar. Salles renuncia a una lectura en clave de premonición política y opta decididamente por una road movie que usa los esquemas dramáticos y humorísticos del cine norteamericano para enganchar al espectador y meterle por los senderos de la forja de un héroe.
A la belleza de los escenarios naturales y la autenticidad de los personajes, se añade un cierto tono cómico, o juvenil, muy gratificante, así como una espléndida banda sonora de Gustavo Santaolalla. El tratamiento que hace de la Iglesia es amable, exceptuando la caricatura de la madre superiora de una leprosería.
Director: Walter Salles.
Guión: José Rivera.
Intérpretes: Gael García Bernal, Rodrigo de la Serna, Mía Maestro, Mercedes Morán.
Duración: 127 min.
Ernesto Che Guevara: El Hombre Detrás Del Mito
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