La Moto y la Botella: Historias Originales y Curiosidades Insólitas

Exploraremos las fascinantes historias detrás de objetos cotidianos como una moto y una botella, revelando curiosidades y leyendas que los rodean. Desde el diseño de una moto inspirada en una botella de whisky, hasta los mensajes que viajan a través de los océanos en botellas, estas historias nos invitan a mirar el mundo con otros ojos.

La Leyenda de la K 75 y la Botella de Whisky

Una curiosa historia cuenta que, durante las últimas pruebas de la K 75, varios diseñadores de motos estaban reunidos alrededor de una mesa, reflexionando sobre la forma que debía tener el escape. Mientras tomaban sorbos de whisky, realizaban dibujos y, según la leyenda, la forma triangular del escape de la K 75 es idéntica a la de aquella botella de whisky.

Sin embargo, algunos señalan que la forma triangular es una solución geométrica básica para juntar tres tubos de la manera más compacta posible. Más allá del romanticismo de la historia, queda la anécdota de un diseño que pudo haber sido influenciado por un momento de inspiración.

La Historia de la Harley Davidson Fat Boy y las Bombas Atómicas

Tras la crisis de ventas sufrida durante los años ‘70 y ‘80 por la avalancha de productos japoneses en el mercado norteamericano, Harley Davidson se convierte en líder de ventas en motocicletas de más de 750cc con la introducción de la Fat Boy en 1990.

Otra teoría interesante vincula el nombre de la motocicleta Fat Boy con las bombas atómicas lanzadas sobre Nagasaki e Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial: Fat Man y Little Boy. La coincidencia con el nombre de la motocicleta Fat-Boy es evidente.

No es fácil juzgar si se trata de meras coincidencias o no. Los responsables que diseñaron y pusieron el nombre son los únicos que saben la verdad y no creo que la hagan pública.

Efectivamente, las franjas doradas formaban parte de la decoración de la moto, exactamente 7 franjas doradas en chasis y motor, el mismo número y color que había en las bombas en forma de anillos.

Para los americanos y su patriotismo es un orgullo montar esa moto y que HD les hiciera ese regalo.

Respecto al tema principal, las teorías conspiratorias.... suelen tener un matiz cierto y luego se buscan coincidencias.

En definitiva, un relato que queda en ese filo difuso, más difuso cuanto mayor sea la imaginación del lector.

Botellas con Mensajes: Un Viaje a Través de los Océanos

Todos hemos soñado alguna vez con lanzar al mar una botella con un mensaje, o al menos conformarnos con hallar uno de estos especiales envases de vidrio que finalizan en una playa su largo e incierto periplo a merced de las olas.

Desde que en el año 310 a. C. el filósofo griego Theophrastus, alumno de Aristóteles, arrojara una para probar que las aguas del Mar Mediterráneo estaban formadas por un flujo que venía del Atlántico, se ha utilizado como medio de comunicación para enviar mensajes de socorro, mostrar sentimientos personales, felicitar a conocidos o extraños, declarar el amor a una persona, facilitar estudios científicos y expediciones, o como viaje final de las cenizas de un ser querido para honrar su memoria.

Aunque no está relacionado con Gipuzkoa, no está de menos recordar uno de los casos más impresionantes de estos peregrinos marítimos sin ruta fija fue el protagonizado por Chunosuke Matsuyama, un marino japonés que naufragó con 44 compañeros en 1784. Poco antes de que él y sus compañeros murieran de hambre en un arrecife de coral del Pacífico, escribió un breve relato de su tragedia en un pedazo de madera, lo selló en una botella y la arrojó en el mar. El envase estuvo durante 151 años a la deriva, hasta que 1935 arribó a la costa del pueblo donde curiosamente había nacido Matsuyama.

En cuanto a otro dato curioso fuera de nuestras fronteras, se considera que el viaje más largo fue el de una botella a la que se le puso un nombre de un barco y una ópera que son muy populares hoy en día, 'El Holandés Errante'. Fue lanzada por primera vez por parte de una expedición de científicos alemanes en 1929 en el sur del Océano Índico. En el interior había un mensaje que se podía leer sin romper la botella, pidiéndole al que la encontrara que lo notificase y la lanzara de nuevo al mar… Arribó a las costas de América del Sur. Allí se encontró, se informó del hallazgo, y fue arrojada de nuevo. A continuación, sin prisa pero sin pausa, puso rumbo hacia el Atlántico, luego atravesó el Océano Índico, pasando por más o menos la zona donde había sido lanzada.

Las costas guipuzcoanas también han sido receptoras de botellas con mensaje que no conocen la brújula ni se guían por las estrellas. Los periódicos locales han dado buena cuenta de sus peculiares travesías.

Una de las primeras informaciones data de 1902. Se trata de una breve noticia de 'La Voz de Guipúzcoa' en la que informaba de que un arrantzale había localizado en altamar una herméticamente cerrada que contenía una carta escrita en inglés. Según el periodista, el hallazgo «fue la comidilla, especialmente entre la gente de mar». Indicó que como el pescador no sabía inglés, se llevó la intrigante misiva al consultado para que fuera traducida.

Más amplia fue una noticia publicada por 'La Voz de España' en 1955. Informó de que se habían presentado en la redacción del diario cuatro chavales de entre 10 y 12 años, acompañados por otro joven de más edad. Relataron a los periodistas que estaban pescando cangrejos con un salabardo en el río Urumea, entre el Puente María Cristina y la caseta del transformador cuando se percataron de que habían 'pescado' una botella. Para su sorpresa, enseguida aparecieron un par más. Ansiosos, abrieron dos de ellas.

El contenido de las botellas dejó boquiabiertos a todos, tanto menores como adultos. El mensaje desvelaba que el periódico francés 'Le Parisien Libéré' había organizado «un concurso que consistía en meter dentro de la botella un cupón expresando el mensaje que enviarían en caso de hallarse en una isla desierta. Hay tres millones de francos para este concurso y también tienen su premio los pescadores de dichas botellas, que deben enviar inmediatamente el cupón que se halla dentro a la dirección de 'Le Parisien Libéré'».

Una de las botellas contenía un mensaje de una «señorita» domiciliada en Irun en el que ponía: «Con confort y un compañero no abandonaría la isla en toda la vida. Venid amigo y tenedme en vuestra compañía para siempre». El diario calificó el texto de «muy femenino y romántico».

En la segunda botella el mensaje pertenecía a un niño de cinco años residente en Biarritz y era de una «emocionante brevedad», según los periodistas.

En la noticia se destacaba que «los pescadores de botellas deben expresar el lugar y la hora en la que la hallaron. Y hay un primer premio -suponemos que por sorteo- de veinte mil francos. Este curioso concurso está patrocinado por la productora norteamericana de películas R. K.

La noticia finalizaba señalando que el hallazgo de las tres botellas por los niños en el Urumea «atrajo a numerosos curiosos que esperaban con ansiedad el momento de abrirlos. Luego hubo un poquito de decepción».

Esta historia comenzó la noche del 14 de diciembre de 1954 cuando el buque de pasajeros inglés 'Higland Chieftain' se encontraba en ese punto de la costa de La Coruña. Dos marineros acababan de cumplir una dura y movida guardia, cenaron y se tomaron una botella de alcohol. Se encontraban borrachos cuando decidieron lanzar al mar una botella con un mensaje de felicitación de Pascuas y Año Nuevo dirigido a todo el mundo.

Impulsada por el viento y la corriente la botella fue avanzando día a día en mar abierto. Tras sortear el cabo Ortegal, en La Coruña, penetró en aguas del Cantábrico. No se detuvo en las sucesivas playas ante las que iba desfilando -Avilés, Gijón, Santander... Transcurridos 233 días, el 3 de agoto de 1955, arribó en la playa de San Sebastián.

La botella fue descubierta por el donostiarra Julian Irazabal mientras se bañaba en la bahía de La Concha. Estaba cubierta de algas, hidrarios, larvas y hasta percebes, aunque estas últimas no eran comestibles, ya que se trataba del conocido como 'percebe da madeira', 'falso percebe', 'pata de cabra' o 'percebe de pau'.

Por otra parte, cuatro años después fue hallada en la playa de Itzurun, en Zumaia, una botella que contenía un breve mensaje y unos sellos de correo. Firmaba la misiva Jhon Walkins, de 13 años.

También es sorprendente el caso de una norteamericana de 20 años llamada Roberta Danzansky. Recibió una curiosa carta en su casa de Washington. «Señorita, ¿recuerda el 9 de julio de 1966 a bordo del «S. S. Francia» en medio del Atlántico?», decía la misiva firmada por Arcadio Fernández Pérez, un vecino del municipio asturiano de Cudillero. Encontró en una playa de Zarautz el mensaje que la joven estadounidense había introducido en una botella de cava.

El hombre era el patrón del pesquero 'Faro de la Guía', que se encontraba faenando en el Golfo de Vizcaya. En un pequeño reportaje publicado por 'The Washington Post', la joven señaló que el día 9 de julio de 1966 disfrutó de un «glorioso atardecer» a bordo del «S. S. Francia». «Comimos en la mesa del capitán. Estaba acompañada por el joven Steve Meyers, de Chicago, a quién había conocido a bordo. Sus padres habían traído una botella de champagne.

Roberta Danzansky respondió a Arcadio en una carta en la que le comunicaba que sus abuelos maternos eran naturales de Andalucía y que emigraron a América en busca de fortuna. «Estamos sobre el buque de vela más grande del mundo en medio del océano Atlántico. Si alguna vez la suerte hace que usted encuentre este mensaje le agradecería que me escribiera, sería fantástico que llegara a conocerle. Saludos. Catherine Duchatelet».

Este escueto texto, redactado en 1994, fue encontrado cinco años después junto con un billete de cinco dólares en el interior de una botella que supo sortear las corrientes marinas y pudo llegar a las inmediaciones del Molino, por cuatro voluntarios de la Cruz Roja de Hondarribia.

«Fue algo increíble. Nunca nos había pasado nada parecido. Fue una sorpresa para todos. En el membrete aparecía impreso el nombre de la embarcación, 'Transatlantique Printemps 95', acompañado de un tridente, logotipo del Club Mediterráneo, y un dibujo de un gran buque con cinco mástiles.

Catherine Duchatelet residía en Le Havre, localidad francesa situada en la región de Normandía y considerada a su vez un importante puerto de pasajeros y mercancías.

Los voluntarios guipuzcoanos siguieron a pies juntillas los deseos de la nostálgica pasajera y le remitieron una carta a su domicilio para ponerse en contacto. El efectivo precinto que tenía la botella obligó a los jóvenes a romper el vidrio para poder extraer su contenido.

Por su parte, Catherine Duchatelet se quedó estupefacta cuando los cuatro voluntarios de Cruz Roja le telefonearon a su domicilio para decirle que habían rescatado la botella con el mensaje que arrojó al mar en el centro del océano Atlántico hacía cuatro años. «Es increíble, no me lo podía creer.

En 2015, también en este periódico, se publicó la historia de un joven de Manchester residente en Donostia llamado James Wood, y que era conocido con el apodo de 'Buddy'. Daba clases de inglés en el British Center de Bermingham y practicaba surf y boxeo. El 1 de septiembre de ese año se encontraba remando sobre su tabla de surf en la zona de las rocas de Sagüés. Vio algo flotando en el agua que le llamó la atención. Pensó «Fuck, qué asco, basura». Sin embargo, se percató de que se trataba de un envase de vidrio verde recubierto de lapas. Lo abrió y descubrió una carta firmada por un tal Thomas.

La ciudad francesa se encuentra a 439,96 kilómetros de distancia por vía aérea de Donostia. 648,73 por carretera. Unas 400 millas náuticas. Recorrió el puerto de La Rochelle. Luego Rochefort, Burdeos. Toda la zona surfera de Hossegor. Pero antes, Arcachon, Capbreton, La Piste, la Santosha, Le Prévent. Y después, La Seignosse y, ¿quién sabe? Acaso topó incluso con la Belharra...

En 2018, una niña alemana llamada Anne se encontraba de vacaciones en la Bretaña francesa. Debía viajar a Estados Unidos y lanzó al mar una botella con un mensaje en el que expresaba su temor por el viaje y que terminó arribando en una playa de Orio.

Mi nombre es Anne y soy de Alemania. Escribo esta carta porque mi madre dijo que me ayudaría ya que estoy triste porque no tengo una familia de acogida. En agosto volaré a Estados Unidos para vivir allí durante 5/6 meses por un intercambio de estudios. Por ello pienso habitualmente sobre mi familia de acogida y por qué no tengo una. Pero no escribo esta carta desde Alemania, la escribo en mis vacaciones. Mi familia y yo estamos en Plazevel, Francia. Este pequeño pueblo está en Bretaña, junto al Atlántico. Caminamos, nadamos, montamos en bicicleta, vamos de compras… Estaremos aquí dos semanas. Puedes escribirme sobre lo que estás haciendo, cuales son tus problemas y donde encontraste mi botella! Escríbeme lo que quieras. Estaré muy feliz cuando alguien me responda! Quizás, para entonces, ya tenga una familia de acogida y pueda decirte donde vivo.

«Hola, he encontrado esta botella el siete de julio en la playa de Penhors, Plovan (departamento 29, Finisterre). Probablemente donde la acaban de tirar al mar. He decidido darle una ayuda con una nueva salida, entre Lorient y la isla de Groix este jueves 12 de julio. Me voy a la isla de Groix en coche, tren y barco para unos días de vacaciones.

Tras unos 850 kilómetros por las costas francesas la botella puso fin a su viaje sobre las olas en el litoral guipuzcoano.

«Hola Anne, no se a quien me dirijo porque veo dos nombres iguales. Os escribo para deciros que he encontrado vuestra botella con su mensaje a 5 millas de Orio, pueblo de la costa vasca cerca de San Sebastián, que es la capital de Guipúzcoa, España.

Era una noche fría en las aguas del Atlántico Norte en 2003. A bordo del pesquero 'Artic Eagle' ('El águila del Ártico'), a unas cuantas millas náuticas de la Isla de Terranova, Craig Drover buscaba una forma de matar el aburrimiento después de una larga jornada pescando cangrejos de las nieves. ¿Por qué no lanzar un mensaje dentro de una botella al mar?, se preguntó. Cogió una hoja de papel, escribió un escueto mensaje en el que incluyó sus coordenadas y su contacto y lo introdujo dentro de una botella de licor. La lanzó con la misma emoción de un niño que juega por primera vez.

Lo que empezó como un simple pasatiempo se convirtió en un 'hobby' para este pescador canadiense, cuyos mensajes han navegado miles de kilómetros hasta ser recibidos en rincones muy diversos de todo el mundo. En San Sebastián llegó a manos de un joven surfista llamado Iñigo Campo, que tenía entonces 21 años. Se topó con una de las botellas de Craig Drover mientras cogía olas en La Zurriola.

El surfero vio algo que le llamó la atención. Flotando, entre troncos y restos arrastrados por la mala mar, destacaba una botella de cristal que contenía un objeto azul en su interior. Se acercó remando y la cogió. El cierre estaba cubierto con cinta aislante negra, sobre la que habían crecido percebes. Nadó hasta la orilla y la dejó en la arena para seguir surfeando. Unas pocas olas después tuvo que salir. Cogió la moto y volvió a su casa, en Errenteria, donde abrió el tesoro recién descubierto, que además de un trozo de papel protegido por una bolsa azul de plástico, contenía un intenso olor a alcohol que impregnó el hogar.

Es el mismo texto que ya han leído decenas de personas en todo el mundo: «Esta botella fue lanzada por la borda del barco pesquero 'Arctic Eagle' en los Grandes Bancos de Terranova, Canadá, mientras pescaba cangrejo de las nieves».

Según la última cuenta de ese año, los mensajes de Craig Drover habían sido respondidos en 77 ocasiones desde 12 países diferentes -España (12), Portugal (2), Inglaterra (10), Escocia (11), Francia (16), Islas Feroe (2), EE UU (2), Bahamas (3), Noruega (1)-. Iñigo le envió su respuesta.

La Aventura de Cruzar un Río en Moto

Hoy os traigo una de esas aventuras que da gusto encontrar. No sé exactamente en que fecha ocurrió lo que os voy a contar, pero tiene toda la pinta de ser entre 1975 y 1980 aproximadamente, a juzgar por la ropa de la gente que se puede ver en las fotos.

Así por lo tanto nos trasladamos a un taller de motos donde varios colegas se juntaban para poner a punto sus motos. Hasta aquí todo normal.

Curiosamente esta mujer era la organizadora del Carnaval de Katherine y les propuso que porque no hacían algo más productivo como pensar en alguna actividad que pudiese entretener a los asistentes al festival que se iba a celebrar en unos meses. No se sabe si por valentía o exceso de confianza pero Lofty Evans soltó un:”podíamos cruzar el río con una moto”.

Lo primero que había que conseguir era una moto para poder utilizarla. En el local había numerosos modelos de todas las marcas pero ninguno de sus amigos iba a dejar la suya como conejillo de indias. Sin embargo, Hans Van Santen, dueño del concesionario Darwin Yamaha dijo que tenía una** Yamaha TY250D** nuevecita en la tienta. Dicho y hecho.

Era el momento de pensar en como conseguir que el aire siguiese llegando al motor y que además los gases de escape pudiesen salir fuera del nivel del agua. También había que sellar todas las partes eléctricas y, lo más importante, buscar a alguien que llevase la moto pues la profundidad del río era de más de cuatro metros y era imprescindible ir con botella de oxígeno a la espalda.

Otro tema muy importante era el combustible. En un momento de lucidez, Evans cogió algunas de sus reservas de gasolina de competición, la mezclo con agua, agitó enérgicamente y luego separó el combustible. Separó el agua y mojo la bujía en el residuo resultante. Añadió un litro de ese mejunje en el motor y le dio una patada para arrancarlo. Y se puso en marcha, pero sin ralentí por lo que aceleró el motor y este de repente empezó a subir de vueltas hasta el corte. Finalmente tapó con la mano el largo tubo que llegaba hasta la admisión del carburador y se detuvo. Eso sí, el moratón que le dejó el tubo de seis metros de largo y la aspiración creada por el motor le duró en la palma cinco días.

Era hora de hacer una prueba real, pero no en el río. Demasiado frío todavía así que el lugar elegido fue la piscina del Motel donde trabajaba Sylvia.

Llegaba el momento de la verdad en el río Katherine. Con todo listo, John Pfitzner se metió en el agua asistido por el propio Lofty Evans, que era quien sujetaba y mantenía a flote los tubos de aspiración y escape. Pero funcionó, y además pudo recorrer un buen trecho bajo el agua del río Katherine hasta que se dio de bruces con una lavadora que alguien había arrojado al fondo del río. El motor se paró y ya no hubo manera de arrancarlo.

Pero la historia no acaba aquí sino que al año siguiente lo volvieron a intentar. Ya iban con la lección aprendida y por lo tanto no tuvieron mayores problemas. Bueno, excepto la meseta de dos metros de alto al otro lado del río y por la cual era imposible trepar sin ayuda de la gente.

Y posteriormente lo rubricaron ya que se volvió a meter en el agua y el público estallaba en aplausos cuando John Pfitzner salía tranquilamente a través del banco de arena por el que minutos antes se había sumergido en el agua.

Estrella de Galicia: Historia Cervecera

1906: José María Rivera Corral comienza su iniciativa de fundar la Fábrica de Cerveza y Hielo Estrella de Galicia. Aprovechando que eran actividades complementarias, podía fabricar cerveza y a la vez vender hielo y agua, siendo estos últimos los principales negocios en los primeros años de la compañía.

1919: comienza una ampliación de la fábrica para incrementar la producción y así mejorar la calidad de nuestras cervezas.

1920: el número de sociedades cerveceras se reduce radicalmente. Comienzan las obras de construcción de la nueva fábrica.

1936: fallece José María Rivera Corral, estallando poco después la Guerra Civil española. La Estrella de Galicia era ya una sociedad que daba múltiples beneficios, con actividades más diversificadas: suministro de hielo, agua, etc.

1941: se constituye la sociedad limitada “Hijos de José María Rivera, Limitada”, con el fin de hacer frente a las dificultades económicas a consecuencia de la Guerra Civil.

1950: el consumo de cerveza aumenta de nuevo y la fábrica comienza otra vez a generar beneficios.

1959: comienzan las obras para la remodelación de la fábrica de Cuatro Caminos con el fin de triplicar la producción.

1968: surge el plan de establecer una nueva fábrica en A Grela, dotada de tecnología puntera gracias a la tercera generación de la familia Rivera.

1993: se crea y sale al mercado la cerveza 1906, en conmemoración al año de inauguración de nuestra primera fábrica, una cerveza calificable como “de autor” y la de mayor calidad de la firma.

2013: estrenamos la 1906 Red Vintage, recuperando la receta de la cerveza “La Colorada” de los años 80. La quinta generación ya se ha incorporado a la compañía.

Quién sabe qué más nos deparará el futuro cervecero y qué recetas haremos en los próximos años. Estad muy atentos, porque esto, no ha hecho más que comenzar. Seguiremos elaborando cervezas respetando nuestros principios Big Craft. Amamos la cerveza sobre todas las cosas.

A continuación, una tabla con los hitos más importantes de la historia de Estrella Galicia:

Año Hito
1906 Fundación de la Fábrica de Cerveza y Hielo Estrella de Galicia
1936 Fallecimiento de José María Rivera Corral
1993 Creación de la cerveza 1906
2013 Estreno de la 1906 Red Vintage

Estas historias nos demuestran que detrás de cada objeto, por más común que parezca, puede haber un relato fascinante. Ya sea una moto con un diseño peculiar, una botella que viaja por los océanos llevando mensajes, o la historia de una marca de cerveza con más de un siglo de tradición, siempre hay algo nuevo por descubrir.

Historia de las BMW K-Bike (K100, K75, K1100, K1) - Mi nueva moto

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