El Tour de Francia es una famosa carrera ciclista que se celebra anualmente en Francia, siendo una de las competiciones más prestigiosas y populares de este deporte. Desde su inicio en 1903, esta carrera ha capturado la imaginación de millones de personas alrededor del planeta, tejiendo una rica narrativa llena de triunfos, tragedias y transformaciones.

El Tour de Francia es mucho más que una carrera de ciclismo. Es una prueba de resistencia, una celebración de la cultura francesa y un espectáculo deportivo que ha hecho vibrar a diferentes generaciones. El Tour es julio, es mes de vacaciones en Francia. También están los mejores sprints de la campaña. Es el Tour, “c´est le Tour”.
Historia y Orígenes
La carrera, organizada por el periódico francés «L’Équipe», suele durar 3 semanas y abarca más de 3.500 kilómetros.
El Tour de Francia fue creado en 1903, y desde entonces se celebra cada verano, atrayendo la atención de los amantes del ciclismo del mundo entero.
El Tour de Francia fue ideado por el periodista y ciclista francés Henri Desgrange, quien buscaba promocionar el periódico deportivo L’Auto. La primera edición de la carrera comenzó el 1 de julio de 1903 en Montgeron, en las afueras de París, y culminó en la misma ciudad tras recorrer más de 2400 kilómetros en seis etapas.
Maurice Garin, un inmigrante italiano que vivía en Francia, se coronó como el primer ganador del Tour, estableciendo un estándar de resistencia y fortaleza.
En sus primeras ediciones, el Tour de Francia se caracterizaba por etapas extremadamente largas y condiciones precarias, con ciclistas enfrentándose a caminos sin pavimentar y sin el apoyo técnico que hoy consideramos esencial. Estos primeros años consolidaron la reputación del Tour como una prueba de resistencia extrema.

“Los 2500 kilómetros que acabo de correr parecen una fina línea gris y monótona donde nada llama la atención. Pero he sufrido en la carretera, estaba cansado, sediento, pasé insomnio. Lloré entre Lyon y Marsella aunque tuve el honor de ganar alguna etapa. Así fue.
“Allez, allez. Maurice Garin sería el personaje de la primera edición y para la historia el ciclista que abrió el palmarés del Tour de Francia.
Evolución a lo Largo de los Años
A lo largo de los años, la carrera ha evolucionado significativamente.
La década de 1920 marcó el inicio de la era de los grandes campeones, con figuras legendarias como Henri Pélissier, quien ganó el Tour en 1923, y Ottavio Bottecchia, el primer italiano en llevarse la victoria en 1924 y 1925. Sin embargo, fue durante la década de 1930 cuando el Tour realmente comenzó a ganar prestigio internacional. El francés Antonin Magne y el belga Sylvère Maes fueron algunos de los ciclistas destacados de esta época, consolidando el Tour como la carrera de ciclismo más prestigiosa del mundo.
La Segunda Guerra Mundial interrumpió el Tour de Francia, pero la competición resurgió con fuerza en 1947. Esta era posbélica vio el ascenso de ciclistas icónicos como Fausto Coppi y Gino Bartali, cuyas rivalidades apasionadas y habilidades extraordinarias capturaron la imaginación del público. Coppi, conocido como «Il Campionissimo», y Bartali, famoso luego por sus hazañas heroicas durante la guerra, se convirtieron en figuras legendarias en la historia del ciclismo.
El Tour de Francia no ha estado exento de controversias e innovaciones. En 1967, la carrera fue sacudida por la trágica muerte de Tom Simpson en el Mont Ventoux, lo que llevó a una mayor concienciación sobre el uso de sustancias dopantes y la necesidad de controles antidopaje más estrictos.
El siglo XXI ha sido testigo de una serie de transformaciones, tanto en términos de tecnología como de estrategias de equipos. La introducción de bicicletas más ligeras y aerodinámicas, junto con avances en la nutrición y el entrenamiento, ha llevado a un aumento en el rendimiento de los ciclistas. Los equipos se han vuelto más organizados y estrategas, con un enfoque en la planificación meticulosa y el análisis de datos.
Lance Armstrong dominó el Tour de Francia a principios de la década de 2000, ganando siete títulos consecutivos entre 1999 y 2005. Sin embargo, su posterior confesión de dopaje llevó a la anulación de estos títulos, sumiendo al Tour en una de sus mayores crisis de credibilidad. Esta controversia subrayó la necesidad de una mayor transparencia y regulaciones estrictas para preservar la integridad del deporte.
En años recientes, hemos visto el surgimiento de nuevos talentos y el dominio de equipos como el Team Sky (ahora Ineos Grenadiers). Ciclistas como Chris Froome, quien ha ganado cuatro títulos del Tour, y Tadej Pogačar, el joven prodigio esloveno que ha ganado en 2020, 2021 y 2024 representan la nueva generación de competidores que continúan escribiendo la historia del Tour.
Afirmábamos antes que vivimos una verdadera “edad dorada” en el ciclismo con media docena de corredores que no solo marcarán una época, sino, seguramente, un momento histórico de este deporte. El esloveno Tadej Pogacar, el ‘nuevo caníbal’, es, sin duda, el rey; a sus 26 años, 99 victorias como profesional, tres Tours (los de 2020, 2021 y 2024), un Giro y nueve monumentos (nombre que reciben las cinco carreras clásicas de mayor prestigio del calendario internacional) lo avalan. El año pasado alcanzó las 25 victorias, superando el legendario récord de Merckx en 1972 y firmando la mejor temporada de un ciclista en toda la historia. Su carácter extrovertido y afable, su carisma y su osadía, que le llevan a atacar en cualquier escenario y sin mirar los kilómetros que faltan a meta, le convierten en el ídolo de los aficionados. En él se reencarnan el encanto de Poulidor, la ambición de Merckx, la calma de Induráin y muchas de las virtudes que coronaron a otros grandes ciclistas.
Para la historia, pese a que afortunadamente le queden muchos otros capítulos aún por escribir, su rivalidad con Jonas Vingegaard, que le venció en el pódium de París en 2022 y 2023, demostrando que el esloveno es humano. El danés, tras un año con diversas caídas y lesiones, llega a este Tour con ganas de revancha. Junto a ellos Remco Evenepoel, el ‘chico de oro’, no solo por su brillante palmarés, sino por sus recientes victorias (tanto en contrarreloj como en ruta) en los Juegos Olímpicos de París en 2024 y sus cinco mundiales.
Los dos principales protagonistas del Tour de este año (del 5 al 27 de julio): el esloveno Tadej Pogacar, que ha ganado la prueba ya en tres ediciones; y su compatriota Primož Roglič, quien ya con cinco vueltas a España y un Giro en su currículum, aspira a su primera victoria en la ronda francesa. Además, otros paladines de la bicicleta, como Primož Roglič (si es que logra recuperarse a tiempo tras su abandono en el último Giro), al que solo le falta el Tour para el triplete de las grandes vueltas, y que, pese a un segundo y a un cuarto puesto, ha tenido que abandonar la carrera en sus tres últimas participaciones. A sus 35 años, el compatriota de Pogaçar, al que siempre le ha acompañado el infortunio en el Tour, tendrá ante sí el que seguramente será su último intento por ganarlo.
Otros candidatos a ser importantes en la carrera son Wout Van Aert y Mathieu Van der Poel, cordiales enemigos desde que empezaron a pedalear de adolescentes, rivales en ciclocrós y ciclismo en ruta, sobre asfalto, pavé (adoquín, como en la célebre París-Roubaix) o tierra. El primero viene de reivindicarse -y de ‘obsequiar’ a su compañero de equipo Simon Yates con la victoria- en el Giro. Cuando las pendientes alcancen desniveles de dos dígitos, cuando el pelotón vaya diezmándose como las hojas de un árbol en otoño, apuesten que verán remontar, junto a los favoritos, a escaladores como Carapaz, Bernal, Rubio… Yates, Almeida, Storer, Fortunato… Arensman, Gee… A todos ellos les gustan las cuestas y quisieran estar siempre cerca del cielo. Como dice el exciclista Marc Madiot, director del equipo francés Groupama-FDJ, “en una ascensión de montaña es el dolor el que te dice quién eres de verdad”.
Momentos Inolvidables
El Tour de Francia ha sido escenario de innumerables momentos inolvidables que han quedado grabados en la memoria colectiva de los aficionados al ciclismo. La épica batalla entre Greg LeMond y Laurent Fignon en 1989, decidida por solo 8 segundos en la última contrarreloj, es un ejemplo perfecto de la emoción y el drama que esta carrera puede ofrecer. La hazaña de Eddy Merckx en 1969, ganando no solo la clasificación general sino también la de montaña y la de puntos, es un testimonio de su dominio absoluto.

El ascenso al Alpe d’Huez, una de las etapas más emblemáticas del Tour, ha sido el escenario de algunos de los duelos más emocionantes. Las 21 herraduras que llevan a la cima de esta montaña han visto a campeones como Hinault y Pantani dejar su huella, ofreciendo espectáculos de pura determinación y habilidad.
La Influencia Cultural del Tour de Francia
El Tour de Francia no es solo una competición deportiva; es un evento cultural que refleja la rica historia y diversidad de Francia. Las etapas recorren paisajes impresionantes, desde los Alpes y los Pirineos hasta la campiña francesa y las calles de París. Este recorrido ofrece a los espectadores una visión única de la geografía y la cultura del país, convirtiendo el Tour en una celebración de todo lo que Francia tiene para ofrecer.
Además, el Tour ha sido una plataforma para la innovación en la cobertura mediática. Las transmisiones en vivo, iniciadas en la década de 1950, y la cobertura aérea, introducida en la década de 1960, han permitido a los espectadores seguir cada etapa de la carrera con detalle. Hoy en día, millones de personas en todo el mundo pueden ver el Tour de Francia en tiempo real, gracias a la cobertura televisiva y las plataformas de streaming.
El País Vasco y el Tour de Francia

El País Vasco tiene una fuerte tradición ciclista y ha tenido muchos corredores talentosos a lo largo de los años. Varios corredores vascos participaron y ganaron etapas del Tour de Francia, llegando incluso a ganar la clasificación general. Su notable presencia y rendimiento han contribuido al éxito del País Vasco en el ciclismo.
Por ejemplo, Federico Ezquerra fue el primer ciclista vasco en ganar una etapa del Tour, entre Niza y Cannes. El Tour de Francia llegó por primera vez a San Sebastián en 1949, con la victoria de Luis Caput.
Grandes Vueltas: Tour de Francia, Giro de Italia y Vuelta a España
Las carreras por etapas más largas y prestigiosas son las tres grandes vueltas: La Vuelta a España, El Giro de Italia y El Tour de Francia, también llamado «Gran Loop». El Tour de Francia es el más antiguo y prestigioso de los tres, y también el más famoso del mundo.
Premios y Clasificaciones
La paulatina implantación de las clasificaciones secundarias ha ido abriendo nuevas posibilidades de ganar el Tour, si no tan importantes como la clasificación general, sí con el suficiente peso como para encumbrar a ciclistas con unas cualidades concretas, aunque no sean necesariamente los mejores y más completos.
Premio de la Montaña
En este apartado, conviene citar en primer lugar el Premio de la Montaña, un galardón que data de la edición de 1905, cuando el Tour afrontó su primera subida de cierta envergadura en el Balón de Alsacia, en la cordillera de Los Vosgos. Desde ese año, L’Auto - Veló se encargó de elegir al mejor escalador de la carrera sin que mediaran puntuaciones, hasta que Henri Desgrange decidió hacerlo en la edición de 1933, en la que Vicente Trueba, La Pulga de Torrelavega, se coronó como Rey de la Montaña.
El Gran Premio de la Montaña se otorga al ciclista que más puntos suma en las cimas de los puertos del Tour, y a mayor dificultad de escalada, mayor es el botín en la cumbre. Es por eso que la organización establece cinco categorías de puertos: cuatro de ellas están numeradas, y son las que van de la subida más asequible de cuarta categoría a la de mayor dificultad, de primera, pasando por los puertos de segunda y de tercera; la otra es la más especial y corresponde a los puertos más duros, llamados en Francia los Hors Catégorie, o Fuera de Categoría.
La relación vigente de puntuaciones según las categorías es la siguiente:
- Fuera de Categoría: Puntos a los ocho primeros corredores (20, 15, 12, 10, 8, 6, 4 y 2 puntos)
- Primera Categoría: Puntos a los seis primeros (10, 8, 6, 4, 2 y 1 punto)
- Segunda Categoría: Puntos a los cuatro primeros (5, 3, 2 y 1 punto)
- Tercera Categoría: 2 puntos al primero y 1 al segundo
- Cuarta Categoría: 1 punto al primero
Clasificación por Puntos
Como hemos visto al repasar la historia de sus comienzos, el Tour de Francia ya utilizó un sistema de puntos para determinar el ganador de la clasificación absoluta de 1905 a 1914. Por eso en 1953, cuando se conmemoró el medio siglo de vida de la prueba, la organización decidió apelar a esa fórmula para crear una nueva clasificación secundaria que premiara la regularidad de los corredores. Su característico color verde no fue sino un guiño a otra de las empresas patrocinadoras, esta vez una marca de cortacéspedes.
Mejor Joven
El Tour decidió dedicar el nuevo premio a aquellos corredores menores de veintiséis años durante la carrera y que además no hayan cumplido veinticinco con anterioridad al 1 de enero previo a la edición en la que entran en concurso. El límite de edad establecido da cierto margen para que los corredores más precoces puedan optar a varias victorias en el Tour vestidos de blanco.
Corredor Más Combativo
En los finales de etapa también se ve subir al podio al corredor más combativo de la jornada. Es el único premio que no está sujeto a clasificaciones y el más subjetivo, pues el ganador es elegido por un jurado -generalmente formado por ex corredores- en función de la batalla que haya presentado durante la carrera. No pocas veces la Combatividad es una especie de premio de consolación para el ciclista de vocación ofensiva que se ha quedado a las puertas de la gloria, tras protagonizar una larga escapada, o lanzar varios ataques que contribuyen al espectáculo, aunque en los primeros tiempos existía una clasificación por puntos.
Clasificación por Equipos
Henri Desgrange quiso desde el primer momento que el Tour de Francia fuese un reto individual, la lucha de un hombre por vencer a un recorrido. Por eso no admitió que los ciclistas trabajaran en equipo, aunque se dieran casos de corredores que compartían un mismo patrocinador. Finalmente, el patrón de la carrera cambió su parecer en 1930, cuando admitió la presencia de selecciones nacionales y creó el llamado Desafío Internacional, el premio destinado a distinguir al mejor equipo del Tour en base a una clasificación de tiempos acumulados para la que computaban los tres mejores de cada escuadra, si bien a lo largo de la historia de la modalidad se introdujeron variaciones, como el sistema de clasificación por puntos implantado en 1961, ya bajo la dirección de Jacques Goddet.
Como sucede en los demás premios, la Clasificación por Equipos también tiene distintivo. Con la llegada del casco obligatorio, las gorras desaparecieron y no fue hasta 2006 cuando la organización apostó por poner un fondo amarillo en los dorsales. Esa distinción se reforzó a partir de 2012 con los cascos amarillos.
Estrategias y Roles en el Equipo
Repasados los diversos premios y maneras de ganar, puede asaltar la duda de si el ciclismo es deporte individual o de equipo. Para encontrar la respuesta conviene explicar los diferentes roles que asume cada corredor en función de sus cualidades dentro de una estructura, y cómo es la cultura colectiva del ciclismo.
Tanto en el Tour como en otras muchas carreras, la gran mayoría de los ciclistas trabajan en favor de un jefe de filas, como se denomina al corredor a priori más fuerte y experimentado y, por tanto, la apuesta más segura para ganar los premios que después repercutirán en el colectivo, pues todo lo ganado se suele repartir, incluidos técnicos y auxiliares. Ese jefe se rodea de una especie de guardia de corps que integran los gregarios -o coequipiers, como se dice en Francia-, cada uno con un papel a desempeñar en función de sus características. Así, un gregario cualificado para la escalada será la escolta del jefe de filas en los puertos más duros, otro que destaque por ser rodador lo hará en las etapas llanas, incluso en los valles entre puertos de las jornadas de montaña… O si el líder no aspira a la General y sí a la Regularidad, esos gregarios serán velocistas capaces de lanzar a su jefe de filas en el esprint.
La complejidad de una carrera como el Tour de Francia, la diversidad de terrenos que ofrece su recorrido a los largo de sus actuales veintiún días de carrera, obliga a escoger muy bien las estrategias para optimizar el rendimiento de los corredores y obtener los mejores resultados. Por ejemplo, si un equipo está liderado por un escalador, la estrategia deberá ser conservadora en las etapas llanas y agresiva en las de montaña, escogiendo días muy señalados para atacar. Lo normal es que en ese caso el jefe de filas cuente con ayudantes muy dotados para la escalada, y que cada uno juegue un papel más o menos protagonista en función de sus condiciones. Previamente, el director del equipo habrá podido utilizar en su estrategia a otros gregarios menos cualificados para evitar trabajar al líder en momentos menos críticos de la carrera, como por ejemplo neutralizando fugas prematuras, o quitándole viento en contra rodando por delante. Esos gregarios también tienen tareas como las de abastecer a su líder con bidones de agua, o la de auxiliarlo en caso de avería, dejándole si es necesario su propia bicicleta.
El Legado del Tour de Francia
La vasta historia del Tour de Francia ha dado grandes campeones que han inscrito su nombre en el palmarés más extenso y lustroso de todas las grandes vueltas. Tras ellos figura el británico de origen keniano Christopher Froome, el único con cuatro victorias, y corredores como el estadounidense Greg Lemond o el francés Louison Bobet, con tres. Sin embargo, aspectos como la fatalidad, la épica y la leyenda inherentes al Tour desde su creación han ido encumbrando a otros campeones en el imaginario colectivo, sin necesidad de exhibir un historial tan brillante: los italianos Gino Bartali y Fausto Coppi figuran con sólo dos victorias, pero está extendida la opinión mayoritaria de que ambos hubieran ganado mucho más de no mediar la Segunda Guerra Mundial.
La historia, las leyendas, los grandes campeones y el talento organizativo han sido algunos de los ingredientes que han hecho del Tour de Francia la carrera ciclista más importante del mundo.