Desde 1987, una institución se ha dedicado a la investigación seria y rigurosa de la historia del fútbol, sus protagonistas y sus acontecimientos. El cambio de denominación es consecuencia de una trayectoria de cuarenta años en los que la hoy Academia ha recogido un volumen de documentación sin igual, así como unas publicaciones que ameritan sobradamente el prestigio que se acredita.
Desde que apareció Cuadernos de Fútbol el 1 de julio de 2009, CIHEFE ha seguido avanzando en su cometido. A partir de 2015 aparece indexado en Dialnet, portal bibliográfico donde se cita la literatura científica hispana en el ámbito de Humanidades, Ciencias Jurídicas y Sociales. Igualmente, desde ese mismo año la revista digital de CIHEFE también sale registrada en Latindex, donde se difunde datos de revistas científicas, técnico-profesionales y culturales en el ámbito de América Latina, Caribe, Portugal y España.
El rigor de los trabajos de CIHEFE conllevó el merecido reconocimiento para Cuadernos de Fútbol como publicación de investigación científica dentro de la categoría de historia del deporte. Este reconocimiento hizo de CIHEFE la única entidad que adquiría tal condición en el ámbito científico a la hora de abordar la historia del fútbol español.
Una de las aportaciones más significativas de CIHEFE ha sido la metodología científica para sus investigaciones. La revisión en profundidad de hechos en el pasado, aportando la debida documentación, ha permitido desvelar datos desconocidos y corregir o completar versiones que el público en general manejaba de manera muy ligera. Por citar algunos ejemplos, tenemos la revisión completa del Campeonato de España de 1904, que la tradición da al Athletic de Bilbao, pero el Comité Organizador proclamó al Español FC de Madrid como campeón de aquella edición.
CIHEFE, a partir de 2015, se ha convertido en una editorial especializada en obras dedicadas a la historia del Fútbol. Con un catálogo con más de 100 publicaciones actualmente figuran de manera destacada los 33 volúmenes de Félix Martialay en Una Historia de la Selección Española, o los nueve de El Fútbol en la Guerra Civil, también del mismo autor.
Bajo su dirección se han organizado eventos como los Foros Félix Martialay, donde en su tercera edición, en 2014, se pudo visionar la primera película española con temática de fútbol en la base de su argumento: Clarita y Peladilla en el foot-ball, de Benito Perojo. El diario deportivo Marca dio cuenta de esta recuperación filmográfica con siete años de antelación sobre la Filmoteca Nacional que posteriormente se encargó de restaurar una copia y exhibirla.
Otro proyecto, inspirado en una idea del actual presidente, es convocar una tertulia abierta con una persona distinguida en el ámbito futbolístico. Ya desde su primera época los medios han citado a CIHEFE como una fuente fidedigna de información. No cabe duda de que la presencia y el reconocimiento de CIHEFE es absoluto. De hecho, numerosas firmas del periodismo español, cuando repasan episodios del pasado de nuestro fútbol recurren a la información de artículos publicados en Cuadernos de Fútbol.
En este sentido, comenzamos un serial de las temporadas de la Primera División de la Liga española, donde detallaremos jornada a jornada los goles anotados desde que en 1929 comenzó a rodar el balón por los terrenos de juego. Obviamente, solo tendremos en cuenta los partidos donde hubo un perdedor y éste conjunto anotó al menos un gol. Goles de Cros que solo sirvieron para maquillar el marcador final.
La Temporada y los Equipos
Los equipos que más rentabilizaron sus goles fueron el Barcelona (vencedor de la Liga), su inmediato seguidor en la clasificación, el Real Madrid, y el Español. En el lado opuesto, el Real Unión de Irún, aun marcando, perdió nueve encuentros. Por su parte, el Racing de Santander que perdió un partido menos que el Real Unión, quedó en último lugar de la clasificación, debiendo disputar contra el Sevilla (campeón de Segunda División) la promoción para la permanencia en Primera.

La Directiva del At. Bilbao y sus Intentos de Gira Americana
La directiva del At. Bilbao llevaba tiempo intentando organizar una gira por América, cosechando distintos fracasos. Unas veces por la informalidad de ciertos intermediarios, a tenor de excusas oficiales que evitaban incidir en cuestiones de mayor dificultad expositiva, y otras porque llegada la hora de retratarse, las ofertas económicas parecían tan evanescentes como fumarolas, el caso era que las planillas rojiblancas no salían de Vizcaya durante el periodo estival, cuando nuestro fútbol se tomaba vacaciones.
Y para colmo, aunque de esto no se hablara, estaban las reticencias con que desde “la superioridad” se contemplaban posibles visitas a países con nutrida implantación de exiliados republicanos. Así las cosas, iban corriendo los años sin que el empeño fructificara. Enrique Guzmán no pudo obtener partido de su amistad con el ministro Castiella, puesto que su ciclo en el puente de mando Atlético concluyó en 1959, cuando entregara el testigo a Javier Prado, quien también abandonaría la poltrona en 1965 sin ver cumplida la misma ensoñación viajera.

Transformación del Equipo Rojiblanco
Aquella temporada se había iniciado entre luto y aflicción por la muerte de Guillermo Gorostiza, gran extremo pre y posbélico convertido en juguete roto por su falta de carácter y dependencia alcohólica. Por cuanto respecta al equipo rojiblanco, acababa de experimentar una amplia transformación. Carmelo Cedrún, Canito, Garay, Manuel Etura, Mauri, Maguregui, Uribe, Gainza, Merodio, Arteche o Arieta I, encontraron excelentes sustitutos en Iribar, Echeverría, Aranguren, Argoitia, Fidel Uriarte, Rojo I, Iñaki Sáez o Arieta II, internacionales parte de ellos, en tanto otros meteoros luminiscentes cuando asomaran al profesionalismo, como Pedro Lavín o Jesús Mari Echevarría, resultaron ser estrellas fugaces.
Desde el Distrito Federal llegó hasta la calle Bertendona, entonces sede social del Atlético bilbaíno, una oferta para que el club disputase varios partidos amistosos entre los días 1 y 21 de junio. Propuesta mucho más que aceptable en lo económico y sentimental, pero supeditada al devenir del equipo en el torneo de Copa, según se adujo, y a que “la superioridad” otorgara su pláceme, por más que tal punto se omitiera.
La final de Copa estaba señalada para el 2 de Julio en el estadio Santiago Bernabéu, y el presidente entrante estaba empeñado en hacer un buen papel en dicho torneo. Resumiendo, se dieron largas a intermediarios y organizadores mexicanos, según la versión oficial, hasta que el posible viaje al país donde seguían residiendo los hermanos Regueiro, Isidro Lángara, Enrique Larrínaga, Gregorio Blasco, Emilín Alonso, Serafín Aedo, José Manuel Urquiola, Rafael Egusquiza, Pablito Barcos o José Muguerza, todos ellos componentes del equipo Euzkadi, y tierra adoptiva, además, de tantos vascos exiliados tras la Guerra Civil, concluyera esfumándose. Otra versión más prosaica, sustentada en el devenir real de los acontecimientos, concluye que la directiva rojiblanca desestimó retrasar las fechas de partida ante los escollos que desde la Delegación Nacional de Deportes fueran poniéndose.
El caso es que ambas partes jugaron al gato y al ratón. La D.N.D. fraguando con la R.F.E.F. un premio de consolación, para no dejar heridos en la cuneta, y el At. Bilbao acatando disciplinadamente, como años antes hiciese Enrique Guzmán, una negativa muy edulcorada. En resumen, “a México no, pero podrías ir a los Estados Unidos, si os apetece.
El campeonato de Liga llegaba a su fin con más pena que gloria para los vizcaínos, dirigidos desde el banquillo por su antiguo capitán y estrella imperecedera “Piru” Gainza, a quien la prensa apodara “El Gamo de Dublín” tras un partido soberbio con la camiseta de nuestra selección: Un 7º puesto entre 16 contendientes, y solemne batacazo en la Copa de Ferias, estaban muy por debajo de lo esperado, al decir de los eternos optimistas. Lo cierto era que Agustín Gainza fue cuestionado casi desde el principio.
Hizo gala de una propensión desmedida al manguerazo en San Mamés, sobre todo cuando tocaba medirse a equipos meridionales. Era un técnico de otro tiempo, anticuado e impermeable a las nuevas tácticas, en permanente evolución. Se le achacaba, además, falta de tablas, puesto que tan sólo había entrenado al Arenas Club de Guecho, en 3ª División.
Semanas antes de la conclusión liguera, casi de improviso, surgió lo de viajar a Chicago, ciudad sin apenas españoles y por tanto con mínimas posibilidades de que surgieran problemas políticos. Ese bolo se resolvió con victoria rojiblanca por 3-1, con un gol de Fidel Uriarte y dos de Arraiz, a quien el Real Zaragoza había hecho llegar una oferta cifrada en 300.000 ptas. de ficha y 8.000 de sueldo mensual, primas aparte, rechazada desde la directiva rojiblanca.
La expedición tuvo que regresar directamente a Valencia, donde tocaba dirimir el penúltimo partido liguero, efectuando escalas en New York, Londres y Madrid. Pero al desembarcar en Barajas surgió la sorpresa: faltaba “Chechu” Rojo. Finiquitada la Liga con una triste 7ª posición entre 16 equipos, la Copa, eterna esperanza de la afición bochera, arrancó bien para los intereses rojiblancos. Vitorias ante el Recreativo de Huelva en Dieciseisavos, por 3-0 y 0-1. En octavos, eliminación de la U. D. las Palmas con un 3-0 en San Mamés y derrota en el Insular por 1-0. En Cuartos, victoria a domicilio ante el equipo “colchonero” 0-2, y empate a 1 en Bilbao.
La Semifinal, ante el Córdoba C. F., estuvo envuelta en un escándalo bochornoso. El At. Bilbao se había impuesto 0-1, merced al gol anotado por Zorriqueta, de cabeza, y la prensa del día siguiente afirmaba: “El Atlético ganó el partido… y la guerra. Se apagan las luces del Arcángel para facilitar la agresión a los bilbaínos y al árbitro, que acababa de anular un gol cordobés”. Seis días más tarde, el sábado 24, volvían a vencer los rojiblancos en su feudo por 2-0, con tantos de Arieta II en el minuto 64 y Fidel Uriarte, en 83, de penalti. La final era un hecho, mientras el Comité de Competición de una R.F.E.F.
El 2 de julio, a las órdenes del colegiado tarraconense Jaime Oliva Fortuny, el Valencia se imponía al Atlético por 2-1, con goles del asturiano paquito y el paraguayo Jara para los campeones, por más que este último jugador nunca debería haber gozado de ficha federativa española, al representar internacionalmente a Paraguay durante su etapa juvenil.