Imágenes de Bart Simpson en Patineta 4K: Un Análisis del Arte de Coté Escrivá

Hoy exploramos la obra de Coté Escrivá, un artista que transforma personajes icónicos de la infancia en retratos socarrones de villanos entrañables. Con los años, todos hemos ganado experiencias, y hasta el más pintado ha disfrutado visitando el lado más salvaje. Exactamente lo mismo les ocurre a estos cartoons pasados por el túrmix de Coté: los dibujos se convierten en su versión canalla, como subidos al tren de la juerga y la farra.

La primera parada en este trayecto es la de un chaval no demasiado diligente en lo que a estudios se refiere; por eso, harto de escuchar la cantinela familiar, se mete a diseño industrial. En la segunda descubre que el diseño gráfico le divierte y las redes -solo un espacio para amistades en aquel momento- son un lugar maravilloso para ir subiendo esos dibujos que garabatea para evadirse y que le entretienen. Asueto, bocetos, y amigos casan bien, y el feedback que recibe (además de instantáneo) es halagüeño.

El Ascenso de un Artista Autodidacta

En sus dibujos hay un filón, y el tren toma velocidad. La tercera parada de este viaje son las galerías, la primera, una de Barcelona que le contactó en inglés porque no sabía de dónde salía aquella historia. La cuarta: las impresiones de calidad, las obras a mano, y las firmas, porque al principio, aquel Coté autodidacta ni firmaba sus trabajos.

Ya para la quinta parada hay que dar el salto internacional, porque este vagón se coge bien a los raíles y la cita es a lo grande: un encuentro con los popes; palabras mayores. Se trata de un certamen que organiza la revista parisina Be Street para versionar -cada maestrico con su librico- a Bart Simpson. Y el resultado se exhibe en Los Ángeles; entre el jurado (creador mediante) estará Matt Groening pero lejos de amilanarse, Coté concibe el “twisted Bart”, un potente mix con pedazos de Bart Simpson además de patas de Donald, guantes de Mickey y ojos de Bob Esponja. Este engendro, tan simpático como subversivo, tiene la firma de Coté y todo el cariño del jurado.

A partir de aquí, las distancias y los tiempos se funden: el estilo de Coté Escrivá viaja en alta velocidad.

Un ejemplo de la iconografía de Bart Simpson en patineta.

El Éxito en Asia y el Universo de Coté Escrivá

Su universo huele a éxito y es una perita en dulce para los galeristas -y luego, los coleccionistas- asiáticos porque su arte casa bien con sus gustos, y suelen ser unos clientes fieles. “Es algo cultural; diría que inherente al comprador asiático: crecen, pero siguen alimentando al niño que llevan dentro y no se cansan de jugar” -señala el mismo Coté Escrivá como una posible clave del éxito en esos lares.

Lo cierto es que su estudio en València, un enorme loft blanco de paredes altísimas y espacios despejados y limpios, es una verdadera cueva de Alibabá juguetona y divertida: Popeyes y Brutus de grandes volúmenes esperando una última intervención, estanterías repletas de prototipos de un Mickey muy maltrecho y ajado, gastadito de vivir, y larguísimas cajoneras llenas de láminas protegidas por una capa de papel vegetal.

Ejemplo del arte de Coté Escrivá.

La Chispa en los Detalles

Si te acercas a sus obras y te fijas en los detalles, todo el arte que sale del estudio de Coté Escrivá te roba una sonrisa picarona mientras parece que te guiña el ojo. Te enciende la chispa y hasta dirías que de fondo escuchas aquello de Hey, babe, take a walk on the wild side….

Otra muestra del arte de Coté Escrivá.

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