Hermanos Ciclistas Vascos Famosos: Un Legado de Pasión y Éxito

Euskadi, tierra de arraigada tradición ciclista, ha sido cuna de grandes corredores que han dejado huella en el panorama internacional. A pesar de los desafíos demográficos y las preocupaciones sobre la seguridad en el deporte, la cantera vasca continúa produciendo talento en abundancia. En este artículo, exploraremos la historia de algunos de los hermanos ciclistas más destacados del País Vasco, sus logros y su impacto en el mundo del ciclismo.

La Nueva Generación: Los Hermanos Azparren

Con la continuidad de Xabier Mikel y la incorporación de Enekoitz, el conjunto naranja cierra su plantel para el próximo año. Enekoitz Azparren (2002) y Xabier Mikel Azparren (1999) son dos jóvenes promesas que han captado la atención del mundo del ciclismo. Xabier Mikel, el mayor de los hermanos donostiarras, está "muy contento de seguir" en el Euskaltel, ya que está "dando pequeños pasos" en su carrera y el equipo vasco "es un buen sitio para seguir mejorando y dando pasos adelante".

"Aunque, sobre todo, lo que más feliz y más ilusión me hace es por fin compartir equipo con mi hermano. Así, la plantilla completa del Euskaltel-Euskadi para 2023 está compuesta por Enekoitz Azparren (2002), Xabier Mikel Azparren (1999), Ibai Azurmendi (1996), Iker Ballarín (1997), Xabier Berasategi (2000), Mikel Bizkarra (1989), Joan Bou (1997), Carlos Canal (2001), Unai Cuadrado (1997), Asier Etxeberria (1998), Peio Goikoetxea (1992), Unai Iribar (1999), Xabier Isasa (2001), Mikel Iturria (1992), Txomin Juaristi (1995), Juan José Lobato (1988), Andoni López de Abetxuko (1999), Gotzon Martín (1996), Luis Ángel Maté (1984) y Antonio Soto (1994).

Jorge Azanza, director deportivo del Euskaltel-Euskadi, tiene claro que "Enekoitz es un corredor referente de la cantera vasca, con muy buenos resultados desde juveniles". "Se trata de un ciclista muy generoso, muy buen escalador, va bien en la contrarreloj y es rápido; tiene muy buenas características para ser ciclista. En su primer año ya fue medalla en los Nacionales.

Al joven donostiarra, por su parte, le "hace mucha ilusión poder dar el salto al Euskaltel-Euskadi" porque es algo que lleva "pensando desde pequeño", desde que empezó "a andar en bici".

El Legado de Peio Ruiz Cabestany

Peio era un chaval donostiarra de diecisiete años que salía de casa a escondidas, con la bici, para disfrutar de unas horas de libertad y marcharse adonde le diera la gana. Un día, en el puerto de Andazarrate, se unió a un grupo de ciclistas y fue el único que resistió la rueda de Usabiaga, el campeón de Guipúzcoa.

Peio es ahora una especie de chaval de cincuenta y dos años que sale de casa con su bici, ya sin esconderse, para disfrutar de unas semanas de libertad y atravesar Chile, Indochina o Etiopía a pedales. Entre Andazarrate y Etiopía, Peio tuvo tiempo para ser Ruiz Cabestany, uno de los ciclistas más destacados del pelotón internacional en los años ochenta y principios de los noventa.

Ruiz Cabestany (San Sebastián, 1962) ganó carreras prestigiosas pero cree que si fue un ciclista popular se debió, sobre todo, a su manera de correr: atacaba, montaba emboscadas, daba sorpresas, intentaba jugar.

Nos habla de algunas de las batallas más memorables de aquella época, de las tramas y alianzas ocultas de las carreras, del dopaje, de directores, médicos y ciclistas, de sus alegrías y sus agobios. Aquella etapa pirenaica del Tour de 1985 se pone siempre como ejemplo de una estrategia perfecta, una jugada de pizarra. Es gracioso cómo se vendió.

Esa etapa pasó a la historia del ciclismo, se cuenta así, pero yo me escapé para ganar en Luz Ardiden. No para esperar luego a Perico Delgado y llevarle. A Perico nadie le mandó atacarme. Lo decidió él. Hombre, si quieres te digo que sí.

Delgado lo cuenta así en su libro A golpe de pedal: «Planeamos que José del Ramo atacaría en el Aspin. Luego atacaría Cabestany. Del Ramo le esperaría para llevarle hasta el Tourmalet. Cabestany tendría que mantener la ventaja y yo atacaría en la parte final del Tourmalet.

La Conexión Vasca de Marzio Bruseghin

Si un apellido italiano acaba en ‘n’, por supuesto que eso significa que la persona procede del Veneto o el Friuli, en el extremo noreste: Battaglin, Ballan, Argentin... o Bruseghin. Así es como llegamos hasta nuestro protagonista: Marzio Bruseghin, el también exciclista que vive en Vittorio Veneto, su pueblo, y que sorprendentemente mantiene una profunda conexión con Euskal Herria.

«Gora Euskadi, ¿no?», lanza sin titubeos Bruseghin, que se ocupa del negocio familiar junto a su hermana y su madre desde 2012, justo después de haberse retirado del ciclismo. El paso del tiempo no le ha cambiado mucho, tiene un poco más de barba, tatuajes en el brazo... pero se mantiene en forma y es todo un plaza gizon.

«Mi relación con el País Vasco es muy intensa y muy variada. He tenido compañeros de equipo extraordinarios, auténticos amigos. Pondría por encima de todos a Patxi Vila, que es como un hermano para mí. Fue el primero que me abrió el mundo de la cultura vasca cuando estuvimos en Banesto y luego en Lampre.

Bruseghin ha sido muy próximo a todo el entorno del ciclismo euskaldun, desde directores deportivos como Julián Gorospe hasta otros corredores, como los hermanos Osa o Markel Irizar. «La bicicleta tiene allí algo especial: los corredores son muy profesionales y al mismo tiempo capaces de provocar alegría, no sé lo que tienen en las venas, será algo natural, como la sangre.

Al final en las carreras solo hay un ganador y el resto se queda sin premio, pero los vascos, a pesar de no triunfar, saben que lo han dado todo y están tranquilos. Son como nosotros en el Veneto. Por eso creo que la gente disfruta con ellos. Y pese a no ser compañeros de equipo, los vascos en el pelotón siempre resultan una presencia abundante.

«Me acuerdo de aquella generación de fenómenos: Beloki, Zubeldia, Iban Mayo... Y el equipo Euskaltel Euskadi, la ‘naranja mecánica’ ¿no? «Los vascos son personas orgullosas de sí mismas pero que respetan a todos.

Quizás un punto de inflexión en esta relación de amistad con Euskal Herria fue la etapa decimonovena de la Vuelta de 2011, cuando en Bilbo triunfó Igor Anton por delante de Bruseghin. «Todavía se me pone la piel de gallina pensando en aquel día histórico: llegué segundo, es verdad, porque Igor iba mucho más rápido que yo, pero el ambiente fue inmejorable, empezando por la fuga, cuando entramos en Bizkaia desde Cantabria.

Sobre los vascos en particular, el punto de vista de Marzio es el siguiente: «Son personas orgullosas de sí mismas pero que respetan a todos. Tiene pendiente un viaje para realizar una visita a los viejos amigos: «Es verdad, hace mucho tiempo que no voy, aunque mantengo el contacto con ellos», admite el excorredor. En esa visita tiene claro que llevaría algunas botellas de Amets.

«Fue un nombre que salió casi de forma natural, porque para mí volver a la tierra era un sueño hecho realidad, después de tantos años como profesional. Y te digo que además del nombre vasco como base, a nivel de sabor entre el Prosecco y el txakoli de Getaria no se nota mucho la diferencia. Ametsa egia bihurtuta, este es el día a día de Marzio Bruseghin, el corredor italiano más vasco de la historia.

¿Y la bicicleta? «Ya me interesa menos. El ciclismo ha perdido mucha naturalidad con respecto a nuestra época. No soy de ‘pinganillos’. Tampoco tengo en casa ni bicicletas ni trofeos. Si algún día hicieran una carrera con mi nombre como la de Miguel Indurain, pues bien, pero me conformo con lo que tengo».

No seas un ciclista conchudo

Grandes Hitos del Ciclismo Español en las Grandes Vueltas

Con motivo de la edición actual, que enfrenta a tres de los mejores vueltómanos de su generación, hemos querido rendir un pequeño homenaje al ciclismo español repasando sus grandes actuaciones en las grandes vueltas. Más aún cuando la última gran generación de ciclistas españoles se apaga.

Retirado Óscar Freire, al punto de la retirada Joaquim Rodríguez, envejecidos Samuel Sánchez y Alejandro Valverde, en decadencia Alberto Contador, el futuro del ciclismo nacional se antoja complejo. Los relevos no parecen ser consistentes (Mikel Landa) o cuentan con una edad y unas características que les impiden ser el futuro (Ion Izagirre, Juan José Lobato, David de la Cruz).

  1. Si hay un puerto-mito en la historia de la Vuelta a España, ese es Los Lagos de Covadonga. Puerto habitual de los ganaderos de la zona, se convirtió en referente absoluto de la Vuelta desde 1983, cuando su primera subida mostró una dureza y una impronta ciclista monumental.
  2. El tercer ganador español de la historia del Tour de Francia impuso su ley en las legendarias rampas de Alpe D'Huez, tras una ascensión dominadora en la que doblegó a todos sus rivales. Sólo aguantaron su rueda, y a duras penas, los colombianos Parra y Herrera, mientras el grueso de los favoritos observaban caer y caer a los minutos.
  3. En su quinto y último Tour de Francia, Induráin ofreció un espectáculo de ritmo pocas veces igualado en la ronda gala desde entonces. Asomaban a su espalda una decena de teóricos aspirantes a arrebatarle una gloria hasta entonces inexplorada (cinco rondas consecutivas), y por delante se había escapado Alex Zülle, a más de cuatro minutos y medio, con idénticos objetivos.
  4. Tras perder el Tour de Francia 2010 y el Giro de Italia 2011 a consecuencia de una sanción por dopaje, Alberto Contador volvía a la competición con dudas sobre su estado físico en 2012, en la Vuelta a España. La Vuelta coincidía con un Joaquim Rodríguez en el punto álgido de su carrera, tras acariciar con los dedos el Giro hacía unos meses. Rodríguez dominó toda la carrera hasta la llegada a Fuente Dé.
  5. En la recta final del siglo XX, la Vuelta andaba ansiosa por encontrar una nueva montaña que acompañara a Los Lagos de Covadonga en su particular cima mitología. Encontró en l'Angliru, una barbaridad de puerto de 12 kilómetros al 10% con rampas máximas del 23%, un filón. Lo ascendió por primera vez en 1999, cuando nadie sabía exactamente que esperar. El resultado fue alucinante: epopeya entre las nubes, las luces de los coches encendidas y las rampas imposibles.
  6. Bahamontes fue más: extravagante, solitario y alocado, épico y heróico, pero también ganador cuando quiso. Se escapan. Y los hunden.
  7. Luis Ocaña fue, quizá, el mayor talento ciclista que produjo España hasta la llegada de Miguel Induráin. Su suerte, sin embargo, fue nefasta: en 1971, cuando el ciclismo estaba dominado por el mejor corredor de todos los tiempos, Eddy Merckx, un estelar Ocaña había alcanzado el liderato de la carrera en la undécima etapa, relegando al belga a más de nueve minutos. Bajando el Menté de amarillo dos etapas después, sin embargo, Ocaña cayó. Tragedia: la lesión, muy grave, le impidió continuar. En meta, el orgullo de Merckx le impidó ponerse de amarillo.
  8. Más allá de la soberana exhibición de Mikel Nieve, ciclista vasco por aquel entonces enrolado en las filas del Euskaltel Euskadi, lo destacable de la etapa es su increíble dureza. Cinco puertos durísimos a lo largo de 230 kilómetros, terminando en la inédita, aterradora y preciosa subida a la estación de esquí de Val di Fassa. Posteriormente, la sanción por dopaje en el Tour de Francia 2010 le arrebataría el título.
  9. Ligeramente olvidado por su incapacidad para ganar ya fuera el Giro de Italia o el Tour de Francia, el asturiano José Manuel Fuente, conocido popularmente como El Tarangu, fue el otro gran corredor español de los setenta. Junto a Ocaña, labró victorias (y una rivalidad) históricas. Una de ellas llegó en la primera ascensión al Monte Naranco, que hoy lleva su nombre. Viniendo de Pajares, atacó a Ocaña, vigente campeón del Tour, afianzando su liderado.
  10. El abulense Carlos Sastre siempre había destacado por ser un interesante escalador, pero poco más. Habitual de los top ten del Tour de Francia, carrera por la que, como muchos otros escaladores españoles, había desarrollado una particular obsesión, siempre había quedado lejos de la victoria. Hasta 2008, donde un Tour muy abierto y disputado le permite llegar en una excelente posición a la última y decisiva etapa de montaña: Alpe D'Huez.
  11. No todo son victorias en la épica del ciclismo español. Pocas estampas resultan tan icónicas como el sufrimiento de Abraham Olano, flamante campeón del mundo, rodador y excelso contrarrelojista, perdiendo hasta el carné de identidad en las rampas del Mortirolo. Si mediada la ascensión perdía tan sólo 30 segundos con Tonkov y el resto de ligeros escaladores que le acosaban, en la cima se dejaba, extasiado y abandonado, dos minutos. Olano tenía aún que afrontar lo peor: el descenso y el constante subir y subir hasta Aprica, puerto donde todos aquellos que llegan muertos a la cima del Mortirolo se dejan su vida en el otro mundo. Olano aguantó, cedió tres minutos en meta y logró subir al podio, en el tercer cajón. Pero el Mortirolo le dictó sentencia, de rosa, de arcobaleno.
  12. Es cierto, podrían salir a relucir sus ataques en Verbier o su contrarreloj en 2007, un Tour que le cayó regalado del cielo cuando lo tenía perdido, pero pocas etapas más memorables que la de la Colombière en 2009 protagonizó Alberto Contador en el Tour. Contador acudía al Tour en la estructura que Armstrong había retomado para lograr el que pretendía ser su octava ronda gala.
  13. Una última del navarro: en 1992, uno de sus rivales era Claudio Chiappucci. El italiano era un escalador correoso, vivaz y, ante todo, alocado. A la salida de una etapa maratoniana por los Alpes, Chiappucci se lanzó a un ataque desesperado y suicida. Induráin acabaría derrengado y sin fuerzas, pero agarraría el amarillo y no lo soltaría hasta París.

El Compromiso del Equipo Burgos BH con el Ciclismo

Hoy la cantera está asegurada con varias escuelas de ciclismo de la provincia de Burgos que tienen en el equipo Burgos BH de Julio Andrés Izquierdo un modelo de trabajo en el que mirarse. El equipo burgalés es desde hace décadas el único conjunto profesional de Castilla y León, y uno de los pocos de España.

El Burgos BH comenzó en los años 80 con Julio Andrés Izquierdo de director deportivo con el nombre de Hermanos López, un equipo aficionado que ya hizo sus pinitos en las ediciones Open de la Vuelta. La apuesta de la Diputación de Burgos por organizar la carrera fue la base para el triunfo.

En 1981 la televisión había consagrado al ciclismo. En ese marco nació la Vuelta. Atrás quedaban los triunfos de bernardo Capó y Bernardo Ruiz en las ediciones de 1946 y 1947. Ahora había que apuntar a Faustino Rupérez, José Luis Laguía, Eduardo Chozas o el mítico Marino Lejarreta que convirtió sus veranos de los ochenta en cuatro triunfos hasta 1990.

Con la victoria en 1991 de Pedro Delgado, la Vuelta ya se había convertido en Internacional. Y ese salto de calidad lo ha incrementado año a año. Hoy está entre las mejores pruebas de Europa gracias al trabajo enorme del Instituto para el Deporte y la Juventud que hoy encabezan Miguel Ángel de los Mozos y Sonia Martínez, pero que tuvo en Marcos Moral el alma hasta su jubilación.

Ciclistas Burgaleses que Dejaron su Huella en la Vuelta a España

Los ciclistas burgaleses que han debutado en el ámbito profesional han sido protagonistas en las carreteras de la provincia durante las cuatro décadas de carrera profesional. La organización de la Vuelta ha querido recordarlos con un vídeo y de esta manera dedicarles un homenaje.

En el elenco de corredores figuran los míticos ciclistas de los años 80 como Paulino Martínez, Eulalio García, Arsenio González o Isidro Juárez. Los hay más y menos laureados. Sin embargo, el más importante de todas las épocas no pudo participar en ninguna edición de la Vuelta. Talamillo fallecía cuando entrenaba en Burgos en un fatal atropello en la carretera de Logroño, el día de fin de año de 1965. Entre sus numerosos títulos deportivos destacan los seis oros en el Campeonato de España de Ciclocroos.

Pero los demás ciclistas burgaleses sí han corrido la Vuelta. Por ejemplo Amando Vicario, corredor de finales de los años 40. Raúl Sánchez, mirandés fallecido en 1995, pertenecía la Unión Ciclista Mirandesa. Además era el padre de los ex-campeones europeos de boxeo, Fernando 'Chino' y Rodolfo Sánchez. Coetáneo de Sánchez fue Francisco Ayala.

Ya en el etapa moderna de la Vuelta, desde principios de los años 80 tomaron el relevo de los 'esforzados de la ruta', Paulino Martínez, Eulalio García, Arsenio González o Isidro Juárez. Y llegó el protagonismo de equipos como el Reynolds en que que corrió García, el Teka de Santander, de Martínez, el Chocolates Hueso de Juárez con el que ganó una etapa de la Vuelta a España en Huesca o el Kelme del corredor nacido en Yudego Arsenio González con el que participó en el Giro y el Tour.

Eulalio García fue campeón de España con el equipo de Echávarri y Unzúe en 1981. Comenzó en el ciclismo profesional en el Kas de Vitoria y obtuvo una victoria de etapa en la edición de 1980. Después llegó el arandino Carmelo Miranda estuvo en activo en ciclismo profesional desde 1991 a 1998, en equipos como el Artiach, Banesto y Estepona.

Angel Castresana, ciclista de La Cerca en Medina de Pomar; los hermanos Mata, Enrique y Martín; Diego Gallego, Efrén Carazo, Carlos Barbero, que ganó tres etapas de la Vuelta en 2015, 2016 y 2017. Adrián González, Ángel Fuentes o el arandino Mario Aparicio, engrosan la lista de profesionales del ciclismo en Burgos.

El Ciclismo Vasco en el World Tour

Euskadi sigue siendo tierra de ciclismo. De otro modo no se explica que, a pesar de su relativamente escaso peso poblacional, la Comunidad Autónoma Vasca sea de largo la que más corredores aporta al World Tour. Con ocho, dobla a alguna con muchos más habitantes como Catalunya. Otras como Andalucía, cuatro veces más poblada, no tiene ningún representante.

El Sky, el equipo que hasta hace no mucho acumulaba más vascos en sus filas -llegó a tener cinco- ha cedido el testigo en esa faceta al Astana. La escuadra kazaja, que ya contaba en 2018 con los servicios de Pello Bilbao y Omar Fraile, pasa a tener cuatro tras la incorporación ‘al alimón’ de los dos hermanos Izagirre. Ion y Gorka llegan con galones tras su paso por Movistar y más recientemente por Bahrain Merida, conjuntos en los que han desempeñado un papel importante.

Por fortuna, no será inconveniente para que inicien la campaña de carretera según el plan establecido. Con todo, la mayor estrella del ciclismo vasco actual no está en el Astana, sino en el Movistar y responde al nombre de Mikel Landa. El alavés volverá a compartir jefatura un año más con ‘gallos’ como Nairo Quintana y Alejandro Valverde, aunque en 2019 no coincidirán los tres en ninguna grande, vista la mala experiencia del año pasado.

Landa acudirá al Giro, la carrera que le elevó en 2015 a la primera línea internacional, y al Tour de Francia, donde afrontará el reto de subirse por primera vez al podio de los Campos Elíseos. En el Sky, tras la marcha de Beñat Intxausti al Murias y la retirada de David López, ya solo queda un vasco en la plantilla de corredores: Jonathan Castroviejo.

El getxotarra ha encontrado su sitio en la poderosa escuadra británica como gregario de lujo del líder de turno para marcar un ritmo fuerte en momentos clave. En el Trek Segafredo se mantiene una temporada más Markel Irizar. El de Oñati, quien en febrero cumplirá 39 años, afrontará su 16ª campaña en el ciclismo profesional.

Otro veterano ilustre es Mikel Nieve. El de Leitza vivirá su segunda temporada en el Mitchelton Scott, donde se ha especializado como el principal apoyo en las ascensiones más duras del líder de turno, se llame Simon Yates o Esteban Chaves. El listado de vascos en la primera división mundial se completa con un Víctor de la Parte que, tras años de trabajo en escuadras modestas, está disfrutando pasada la treintena de las mieles del mejor ciclismo.

La Itzulia: Un Símbolo del Ciclismo Vasco

Siempre me ha gustado más su nombre en euskera para mencionar a la Vuelta al País Vasco: la Itzulia. También es época de movimientos sociales, obreros, republicanismo y de nacionalismo vasco, el que se respira en el ambiente de “chiquiteo” que reina en sus calles jalonadas de numerosas tascas.

“uno de estos famosos corredores dijo que sentía verdadero desprecio por esta prueba, a la que venían obligados por la casa Automoto, pues de no ser así no hubieran venido a correr a España. Estas manifestaciones causaron en los presentes la impresión poco grata que es de suponer. Pero este gesto despreciativo fue coronado por Francis Pélissier al recibir el dorsal que le correspondía, llevándoselo a la nariz, como para sonarse en el mismo. La general queda copada en sus seis primeras posiciones por otros tantos corredores franceses, formando el podio Francis, Henri y Lacquehai. El catalán Teodoro Monteys fue séptimo y el mejor español.

Conclusión

El ciclismo vasco ha sido y sigue siendo una fuente inagotable de talento y pasión. Desde los hermanos Azparren, que representan la nueva generación, hasta figuras legendarias como Peio Ruiz Cabestany y la conexión de Marzio Bruseghin con el País Vasco, la historia del ciclismo vasco está llena de momentos memorables y corredores que han dejado una marca imborrable en el deporte.

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