La historia del ciclismo vasco está intrínsecamente ligada al desarrollo cronológico de las pruebas ciclistas organizadas en Eibar a lo largo de varios períodos, marcados por los avatares de la historia: la preguerra (1910-1936), la postguerra (1940-1951), la edad de oro del ciclismo eibarrés (1952-1974), la decadencia (1975-1979) y la revitalización actual con la introducción de nuevas tecnologías a partir de 1980.
El malestar de los eibarreses, durante estos días previos al inicio de la ronda francesa, ya no radica en que la prueba ni siquiera vaya por la variante de Eibar sino que «aprecio que se están olvidando que la cuna del ciclismo vasco es Eibar.

Los Primeros Pasos del Ciclismo en Eibar
En este sentido, José Aranberri, organizador de pruebas ciclistas junto a otros miembros del Club Ciclista Eibarrés recordaba que «antes de la Primera Guerra Mundial, en 1910, tuvo lugar la organización de la primera prueba ciclista, Eibar-Elgoibar-Eibar, bajo la organización de la Sociedad Deportiva de Educación Física. En ningún sitio se organizaban pruebas ciclistas como en Eibar», decía Aranberri.
Así, en el año 1913, el eibarrés Cándido Arrizabalaga 'Apotxiano' fue el ganador de la Eibar-Zumarraga-Eibar por lo que podemos considerarlo el primer ciclista eibarrés de la historia en competición junto con José Mardaras Nazabal, Andrés Arriaga 'Basarri' y Felix Gojenola en una época en la que el ciclismo aún no tenía, ni la repercusión, ni el interés que después ha despertado.
Hecho más remarcable aún es la presencia en competición de una mujer eibarresa, María Magunacelaya, ganadora de pruebas ciclistas de relieve en la época.

El Club Deportivo y el Club Ciclista Eibarrés: Pilares Fundamentales
«La Fundación del Club Deportivo en el año 1924 marcó también un hito en el ámbito deportivo y ciclista», decía Aranberri. Suyas son las Subidas a Arrate (primera edición, 1941), las Fiestas del Pedal, la Escuela de Ciclismo y la Euskal Bizikleta (1991), ésta última junto al Club Ciclista Eibarrés y bajo el auspicio de EITB.
El Club Ciclista Eibarrés, fundado en el año 1926 y creado por Eulogio Garate, dueño de GAC, marcó una época en el que las firmas de bicicletas financiaban las pruebas ciclistas. «Cada industria abonaba hasta 110.000 pesetas para carreras porque antes no había dinero público como ahora», decía Espilla.
Eibar como Precursora en la Organización de Carreras
Para hacernos una idea de Eibar como precursora en la organización de carreras hay que decir que la primera Vuelta a España se celebró en el año 1935 y que la etapa Bilbao-San Sebastián del 13 de mayo atravesó Eibar; etapa en la que, a modo de anécdota, el Club Deportivo se ocupó del aprovisionamiento.
Gracias a los clubes citados, Eibar ha sido -y sigue siendo- el pueblo con más capacidad de organización de pruebas de carácter internacional como: la extinta Euskal Bizikleta, fusionada con la Vuelta al País Vasco, para profesionales y el Memorial Valenciaga en la categoría de aficionados, carrera organizada en memoria de José Luis Valenciaga uno de los grandes impulsores del ciclismo; presidente de la Federación Guipuzcoana de Ciclismo.
Ocupa un lugar destacado en la historia del ciclismo junto a Juan Gisasola 'Juanito Txoko', el 'padre' de la Subida a Arrate.
Y muchas pruebas de carácter internacional como la «Vuelta al País Vasco» tienen parte de su gran desarrollo en Eibar. Posteriormenrte, la XVIII. Bicicleta Eibarresa y la IX.Vuelta al País Vasco se unificaron en el año 1969 hasta el año 1973.
Así, rara era la edición de la Vuelta a España que no atravesaba Eibar. En el año 1959, se corrió la contra-reloj Eibar-Vitoria en la que participó el mito por excelencia del pelotón mundial: Fausto Coppi. Los eibarreses pudieron ver in situ al gran corredor transalpino, cuya figura aún perdura en la memoria de muchos.
Igualmente, la etapa Bilbao-Eibar de la edición del 63 tuvo como vencedor a Jacques Anquetil.
Otros momentos importantes fueron la unión de la 'Vuelta al Pais Vasco-Bicicleta Eibarresa', que duró hasta 1973, cuando llegó un momento de ausencia, para recuperarse en 1987, con la Bicicleta Eibarresa.
Junto a todo ello entre las opiniones recogidas se indicaba que «el recorrido omite claramente los puntos de tradición ciclista que ha sostenido este deporte con la organización de pruebas ciclistas, como es el caso de Eibar.
Impacto en el Ciclismo Vasco e Internacional
La salida de la Grande Boucle de Bilbao es la culminación de la majestuosa obra del ciclismo vasco. El ciclismo en Euskadi ha gozado de una salud de hierro en el último siglo porque descansa sobre pilares sólidos: los clubes, las federaciones, las carreras, los ciclistas, los equipos, los aficionados… y los medios de comunicación.
Hay que frotarse los ojos y golpearse las mejillas para saber que no es un sueño y que el Tour, por fin, va a salir de Bilbao. No es la primera vez que la Grande Boucle llega a este lado de los Pirineos en Euskadi: de hecho ya partió en 1992 de San Sebastián -con triunfo de Miguel Indurain en el prólogo- y tuvo finales de etapa en la misma Donostia en 1949 -victoria de Louis Caput-, en Vitoria-Gasteiz en 1977 -José Nazabal se impuso con los colores del Kas delante de la sede del equipo- y en 1996 en Iruña -Laurent Dufaux-.
Dicen que la ronda gala es, por seguimiento y audiencias, el tercer gran acontecimiento deportivo del mundo, solo por detrás de los Juegos Olímpicos y el Mundial de fútbol. A diferencia de los otros, sin embargo, el Tour se disputa todos los años.
La salida del Tour en Euskadi es la punta del iceberg de lo que significa el ciclismo en este país. Aseguran los expertos que lo que se ve flotando en el mar puede ser solo la octava parte del total del iceberg. Euskadi es un país ciclista por excelencia, al nivel de Flandes, y es habitual ver ikurriñas en las mejores pruebas del calendario mundial arropando a nuestros ciclistas.
Pero ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿Tenemos a los mejores aficionados porque siempre hemos gozado de grandes ciclistas o al revés? ¿Tenemos buenos ciclistas porque contamos con grandísimas carreras o son las organizaciones y acontecimientos deportivos los que se han beneficiado del tirón de nuestros campeones?
Cuentan Juan Dorronsoro y Javier Bodegas en su obra ‘Historia del ciclismo en el País Vasco peninsular’ que los primeros aficionados vascos al velocípedo datan de 1885, cuando paseaban por el Campo Volantín de Bilbao. Ese mismo año, añaden, se fundó el Club Velocipedista de Bilbao, al que siguieron otros como el Veloz Club Tolosano, en Gipuzkoa; el Veloz Club Vitoriano, en Araba; y el Veloz Club Pamplonés, en Nafarroa, entre otros.
En 1904 vio la luz la Sociedad Ciclista Bilbaina, actualmente decana, ahí es nada, de los clubes a nivel estatal. Las pequeñas carreras, también en velódromos, se sucedían en todo el territorio vasco y en 1909 el Racing Club de Irún y el Pamplona F.C. En 1912 se disputó la Gran Carrera Nacional Rudge Whitworth, bajo el impulso de esta firma de bicicletas y con victoria de Luis Adarraga, de Hernani, que aventajó en 1:27 a Vicente Blanco; pero la prueba no tendría continuidad en el tiempo.
Al año siguiente, y a modo de Campeonato de España de Fondo, se disputó la Vuelta a las Vascongadas y Navarra, organizada por la Unión Sportiva Alavesa. La Primera Guerra Mundial supuso un lógico parón en este proceso de conquista ciclista, pero aquella revolución de las dos ruedas era ya imparable.
En 'Historia de la Vuelta al País Vasco', los anteriormente mencionados Javier Bodegas y Juan Dorronsoro, tras un trabajo de documentación e investigación encomiable, explican que Jacinto Miquelarena, el director del periódico Excelsior, y el conde José María de Vilallonga, presidente del Athletic en 1922-23, impulsaron el nacimiento de la carrera con el objetivo de contar desde el primer instante con los mejores ciclistas del momento.
El apoyo de las instituciones, diputaciones y ayuntamientos fue ya en aquellos años el salvavidas económico y el engranaje que, entre otras cosas, ayudaba a acondicionar las rutas por las que debían transitar los ciclistas.
Aquella primera edición fue todo un éxito y se calcula que más de 100.000 personas se agolpaban algunos días en las cunetas. Fueron tres etapas, con un total de 623 km y un día descanso entre la segunda y la tercera. En el ecuador de cada etapa se establecía una parada obligatoria de 20 minutos, para recuperar fuerzas, y después se reemprendía la marcha con las diferencias con las que habían llegado hasta ese punto, aunque fueron tantas las reclamaciones que se produjeron que los organizadores decidieron quitar esas paradas los años venideros.
Las primeras ediciones tuvieron dos clasificaciones, la general y la nacional, ya que el nivel de los corredores de casa no estaba aún a la altura de los mejores foráneos. No volvió a organizarse hasta 1935, a cargo del periódico Excelsius, el nuevo nombre del diario fundador. Se quitó la clasificación para corredores nacionales, se creó la clasificación de la montaña y la participación se abrió a equipos comerciales -BH y Orbea, entre ellos- nacionales y regionales.
El color azul, y no el rojo, pasó a distinguir al líder y en algunas llegadas se empezó a cobrar una peseta para cuadrar el presupuesto.
Tras la suspensión de la Vuelta al País Vasco en 1936, hubo carreras que intentaron hacerse un hueco en el calendario, con más o menos éxito, como el Circuito del Norte y el G.P. Contratar a los mejores ciclistas del momento era cada vez más complicado, y sobre todo costoso, y así, en 1969, se produjo una fusión entre la Vuelta al País Vasco y la Bicicleta Eibarresa con el apoyo de La Voz de España como periódico patrocinador.
La fórmula, una mezcla de ciclismo en pista y otros deportes, como atletismo y deporte rural, entre otros, fue un éxito rotundo y anualmente el velódromo de Anoeta se llenaba con un público que vibraba con un acontecimiento espectacular, distinto y único.
Por similares motivos, en 2009 Jaime Ugarte, en representación de la Vuelta al País Vasco, y Julián Eraso, en nombre de la Euskal Bizikleta, anunciaban la unión de sus distintos grupos de trabajo para formar Organizaciones Ciclistas Euskadi, la entidad que se hacía cargo de la Vuelta al País Vasco y la Clásica de San Sebastián, desapareciendo así del calendario la Euskal Bizikleta. El acuerdo se había producido a iniciativa de ETB, la televisión vasca, ya que se hacía imposible retransmitir con los máximos estándares de calidad las dos pruebas.
El paso de los años, las sucesivas crisis económicas y el encarecimiento del ciclismo debido a su mundialización en el siglo XXI, ha dejado por el camino pruebas de gran prestigio como la Subida a Urkiola (1931-2009), el Gran Premio Primavera de Amorebieta (1955-2019), el G. P. Llodio (1949-2011) o el G. P. Por fortuna, sin embargo, otras pruebas siguen mostrando músculo y sobreviven dentro de en un calendario mundial cada vez más extenso y complicado.
Es el caso del G. P. Indurain, a cargo del Club Ciclista Estella, heredero del G. P. Navarra y del Trofeo Comunidad Foral de Navarra. El Circuito de Getxo, finalmente, también atesora una gran historia, puesto que comenzó a disputarse en 1924. Su organización corrió inicialmente a cargo de la S.C. Bilbaina, después del Arenas Club, de nuevo la S.C. Bilbaina y, finalmente, el Santa Ana Ciclo Club y la S.C. Punta Galea, la entidad que se encarga desde 1987 de su gestión.
Gracias a este abanico tan amplio de carreras, y también a las ediciones de la Vuelta a España que organizó El Correo, los aficionados vascos han tenido la oportunidad de ver pedalear en directo a todos los grandes campeones de la historia del ciclismo, incluyendo a los actuales Pogačar y Vingegaard, sobre el papel los dos grandes favoritos al triunfo en la próxima edición de la Grande Boucle.

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