Equipo ciclista Skil: Una historia de sorpresas y éxitos

La historia del equipo ciclista Skil está llena de momentos inesperados y triunfos memorables. Desde sus inicios hasta su reciente asociación con Lease a Bike, Skil ha dejado una huella imborrable en el mundo del ciclismo.

Sean Kelly, una figura clave en la historia del equipo Skil. Fuente: Wikimedia Commons

Los Inicios y la Vuelta a España de 1984

En 1984, el equipo Skil participó en la Vuelta a España de una manera bastante peculiar. El equipo había recordado a última hora que estaba obligado por contrato a participar en la Vuelta, y, precipitadamente, reclutó como pudo a nueve hombres.

No estaba entre ellos el líder del equipo, Sean Kelly, que se hallaba disputando las clásicas (y ganando algunas). Éric Caritoux, su gregario de cámara, se encontró poco menos que al frente del grupo. Haría lo que pudiera.

Éric Caritoux llegó a su hotel de Jerez de la Frontera, donde se iniciaba la Vuelta, sin zapatillas. Se había olvidado de meterlas en su maleta. Había sido llamado a última hora por el director del conjunto francés ‘Skil’ para completar la terna de nueve ciclistas que durante tres semanas transitarían por tierras españolas. Caritoux, quien habitualmente hacía de lugarteniente de Sean Kelly, su jefe de filas, acudía a la Vuelta a cumplir el expediente.

A los 23 años, sólo reunía cuatro victorias; la más importante de ellas, una etapa de la París-Niza. La Vuelta no era un bocado a su alcance. El equipo cubriría el expediente, y a otra cosa.

Pero he aquí que, tras una semana de etapas llanas, en la que finalizaba en Rasos de Peguera, atacó Eduardo Chozas e hizo pedazos el pelotón. Lo atraparon Alberto Fernández y Caritoux, que se sintió muy bien y soltó al español, que fue sobrepasado por un trío en el que figuraba Pedro Delgado, que se vistió de líder con su primer jersey amarillo.

Lo perdió en, también curiosamente, Covadonga, donde ganó Reimund Dietzen, y pasaría a manos del inesperado Caritoux, que ya no lo soltó. Fernández ascendió al segundo puesto, a 32 segundos del francés.

Ni en etapas posteriores ni en la sierra de Madrid-Segovia pudieron Delgado y Fernández con él. Alberto estaba entonces a 37 segundos. Era un buen contrarrelojista y en la penúltima etapa, la crono de Madrid, de 33 kms., depositó sus esperanzas. Le sacó 31 segundos al francés, que acabaría con seis de ventaja, todavía la menor diferencia registrada en la Vuelta entre el primero y el segundo.

Caritoux estaba obsesionado con una conspiración nacional y creía que no tendría nada que hacer en los 33 kilómetros de la crono con salida y llegada a Torrejón de Ardoz. Caritoux no iba bien en la disciplina de la soledad, pero la crono del último día siempre es más una cuestión de fuerza que de técnica.

Frente a frente en Torrejón, junto a la base estadounidense, los dos observaban cómo sus rivales iban cayendo al suelo en las distintas curvas resbaladizas. Llueve. Mucho. Muchísimo. Una cortina de agua constante que es abierta en canal por las gomas de las monturas.

Pedro Delgado, Francesco Moser, Julián Gorospe, Pello Ruiz Cabestany…todos al suelo. El recorrido pedía precaución, cuando lo que Fernández necesitaba era épica. Arriesgó todo lo que pudo mientras Caritoux esquivaba paraguazos e incluso recibía un puñetazo nada más cruzar la meta. Vergonzoso.

Ganó Gorospe a pesar de la caída. Alberto Fernández recortó 31 segundos. Eric Caritoux ganaba la Vuelta a España por la exigua ventaja de seis segundos.

El futuro de Caritoux no fue trágico en lo humano, pero si en lo deportivo. Acabó sexto en la Vuelta del año siguiente y en 1988 fue campeón de Francia. Y nada más. Sería gregario el resto de su carrera hasta que se retiró en 1994. Incluso con su jersey amarillo de vencedor de la Vuelta seguiría siendo un Don Nadie.

El tiempo acabaría haciéndole justicia.

Los 80 fueron los años del boom del ciclismo en España. Es bien cierto que desde Trueba o Berrendero, gracias a Bahamontes, Julio Jiménez u Ocaña, el ciclismo siempre había sido uno de los deportes nacionales. Durante el Franquismo la trilogía del deporte hispano se conformaba a través del fútbol el boxeo y el ciclismo, todos deportes de reglas simples y de coste paupérrimo.

Pero, y así con todo, si a finales de los 70 había dos equipos profesionales a inicios del siguiente decenio la cosa iba por once escuadras. En 1983 Ángel Arroyo había subido al pódium en Paris tras una década de ausencia española.

Así pues, Pedro Delgado era el favorito al triunfo final. Aún no había ganado nada de renombre, pero era evidente que era un talento generacional. Marino Lejarreta (campeón en 1982 y segundo en 1983) y Alberto Fernández (tercero en la Vuelta y en el Giro de 1983) eran los otros candidatos. Después Julián Gorospe, Vicente Belda, Álvaro Pino o José Luis Laguía.

Una etapa de la Vuelta a España en 1984. Fuente: Wikimedia Commons

En esos tiempos tanto Giro como Vuelta (el Tour a la fuerza se iba convirtiendo en marca global) eran carreras chauvinistas. Los patrocinadores y los organizadores no ocultaban el deseo de que ganase un paisano y se hacía todo lo legalmente posible para favorecer esas ideas.

La Victoria de Sean Kelly en la Volta a Catalunya 1984

Y se cumplen 40 años de la edición más ajustada de la historia, cuando el irlandés Sean Kelly, del Skil, se proclamó vencedor tras finalizar empatado a tiempo con el asturiano-catalán Pere Muñoz, del Teka.

Nunca en la centenaria Volta se ha producido el mismo caso: igualdad total entre el primero y el segundo.

Sean Kelly, de 28 años, salió de Platja d’Aro como uno de los grandes favoritos, en un año en el que ya había conquistado la París-Niza, la Vuelta al País Vasco, la París-Roubaix y la Lieja. Un corredor sensacional sobre todo para clásicas y carreras de una semana.

Por delante de los Arroyo, Gorospe, Belda, Millar y compañía, el gran opositor de Kelly fue Pere Muñoz, un ciclista de 25 años, nacido en Mieres, pero afincado en Olot.

Muñoz se situó líder al conquistar en solitario la etapa reina, la quinta, que culminaba a 1.900 metros, en el alto del Puigmal.

Pere Muñoz no ocultó su rabia por el desenlace de la contrarreloj. La ganó Kelly, como era de prever, pero el pundonor de Muñoz le permitió amarrar el segundo puesto del día... a 19 segundos del irlandés. El crono de Kelly se detuvo en 32m47s, y el de Muñoz, en 33m06s.

Una vez consumado el empate a tiempo final en la Volta de 1984, el reglamento establecía que había que echar mano de las posiciones logradas por los ciclistas en todas las etapas de la Volta. Y aquí, lógicamente, Kelly era muy superior. Su puntómetro (un punto por acabar primero, dos por hacer segundo, etcétera) sumaba 33, y el de Muñoz se iba a los 170, mucho peor. La Volta era de Kelly.

En la actualidad se contabilizarían las centésimas de segundo de todas las etapas contrarreloj y se determinaría el ganador. Entonces la decisión fue...

De 1980 a 1998, la Volta contó con un patrocinador principal que garantizaba su continuidad sin agobios. Eran los años de La Caixa. Y en 1984 llegó un renovado equipo directivo al frente de la carrera, con Joan Peirató en la presidencia. La carrera se desplegaba durante ocho días, con un prólogo contrarreloj y siete etapas, de las que dos se dividían en dos sectores.

Los tiempos, en etapas contrarreloj, los determinaban los árbitros instalados en la meta, con un cronómetro manual. En el momento en el que la rueda delantera de la bicicleta pisaba la línea blanca, él juez movía el pulgar y detenía la manecilla. Para que todo encajara a la perfección (si se puede considerar así), era fundamental que los horarios de salida, en este caso en Llançà, a una veintena de kilómetros, se respetaran escrupulosamente.

Una carrera como la Volta, de nivel internacional, contaba con un juez principal designado por la Unión Ciclista Internacional. Pero las labores de cronometraje correspondían a la Federación Catalana y las ocupaban habitualmente árbitros veteranos. Es evidente que la fiabilidad de este sistema rudimentario era relativa.

Era todo un espectáculo, por ejemplo, acercarse a la torre de control de meta en una etapa en línea y comprobar cómo los árbitros iban cantando dorsales de ciclistas a viva voz, atropelladamente, a medida que cruzaban la línea. Eso sí, como muestra de modernidad, entonces ya utilizaban un pequeño magnetófono para grabar su letanía. Luego se reproducía la grabación y se establecían las clasificaciones, con la ayuda de la rudimentaria foto finish, si era preciso.

El cambio no estaba lejos porque aquel mismo 1984, en el Tour de Francia, se produjo un empate en una contrarreloj, esta de 51 kilómetros, precisamente entre Kelly y Laurent Fignon. El Tour contaba ya con un cronometraje más preciso, y pudo determinar que el ganador de la etapa había sido Fignon por cinco centésimas de segundo. La novedad era tan impactante que en la época se comentó que en realidad habían dado vencedor a Fignon porque era francés. Y punto.

La Asociación con Lease a Bike

Lease a Bike y SKIL han anunciado la renovación de su asociación como Official Partner también para la temporada 2026. La relación entre SKIL y el ciclismo cuenta con una historia sólida.

La alianza renovada también pondrá un foco especial en la sostenibilidad y la responsabilidad social, con acciones orientadas a promover la movilidad activa, el uso eficiente de la energía y el apoyo a jóvenes deportistas.

Entre las iniciativas previstas se incluyen eventos especiales en etapas clave de grandes vueltas, encuentros con corredores, experiencias “behind the scenes” en concentraciones y centros de alto rendimiento, así como demostraciones de producto y talleres técnicos en los que se combinarán el universo del deporte y el del bricolaje profesional.

EventoDescripción
Eventos especialesEn etapas clave de grandes vueltas.
Encuentros con corredoresOportunidad de conocer a los ciclistas.
Experiencias "behind the scenes"En concentraciones y centros de alto rendimiento.
Demostraciones de producto y talleres técnicosCombinando deporte y bricolaje.
Acciones de sostenibilidadPara promover la movilidad activa y el uso eficiente de la energía.
Apoyo a jóvenes deportistas Fomentando el desarrollo de nuevos talentos.

Historia del equipo ciclista Kas

Niv Libner, uno de los 56 federados de Israel, prepara su salto al profesionalismo en el C.C. Un club modesto como el vigués no se puede permitir fichajes por lo que son los patrocinadores de Niv los que costean buena parte de sus gastos incluyendo hasta su herramienta principal de trabajo, la bici.

Hace tres semanas Niv Libner cogió un avión desde su Tel Aviv natal y, con la bicicleta como su principal equipaje, cinco horas después llegaba a Vigo.

En Vigo vive con el hijo del presidente del club en el barrio de Navia en una especie de intercambio, en este caso deportivo. Precisamente por la carretera de la costa suele hacer Vigo-Baiona-A Guarda cada día en unas condiciones que destaca son mucho mejores que las que puede encontrarse en Israel, sobre todo por «el respeto de los conductores a los ciclistas. En mi país es mucho más peligroso porque no están acostumbrados».

Una prueba es que Israel solo tiene 56 corredores federados. «No hay ninguna tradición», destaca Niv que recuerda que en toda su historia solo un israelí llegó a profesional en 1984 con el equipo holandés Skil-Shimano que entonces tenía en sus filas al ganador de la Vuelta a España de 1988, el irlandés Sean Kelly.

El pasado año fue la primera vez que su país compitió en un campeonato de Europa y espera que con la progresión que están llevando pronto puedan disputar un Mundial. El fútbol es el deporte rey, y por eso Niv apunta que conocía Vigo antes de venir. «Todo el mundo en mi país sabe quien es Haim Revivo porque ha sido uno de los mejores jugadores.

Nada más llegar las cosas empezaron bien para Niv Liebner al imponerse el pasado fin de semana en la clásica Volta o Baixo Miño. Su tiempo de estancia en España se termina el 25 de junio. Hasta entonces disputará la Volta a Galicia, Lugo y A Coruña. Después tendrá que regresar a su país para terminar el servicio militar. En Israel aún es obligatorio y dura tres años. A pesar de su condición aún de aficionado, este puede ser el paso previo antes de dar a sus 24 años el salto al profesionalismo.

Este año participará en la primera Vuelta a Israel que se disputa en la modalidad de dúos y dura cuatro días, nada que ver con las tres semanas de una gran ronda. Con su preparador comenta a través de la red sus progresos diarios en el medidor de potencia.

Se da la curiosidad de que personalmente ni se conocen. A pesar de que hace gala de su patriotismo luciendo la bandera israelita en su casco, calcetines y bicicleta, reconoce que lo que más echa de menos de su país es «a mi novia».

A la hora de buscar ídolos los encuentra en países sin denominación de origen como el suyo en este deporte y por eso se queda con Vinokourov aunque recuerda que el tema del dopaje le ha hecho desconfiar de estos corredores.

«En Israel el ciclismo es un deporte verde. No hay casi controles porque no se necesitan.

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