David Etxebarria, nacido en Abadiño, es un ciclista vizcaíno recordado por su talento en la media montaña y su esprint explosivo. Su carrera, marcada por estrategias y momentos clave, lo convirtió en un competidor respetado en el pelotón internacional.

Inicios y Primeras Estrategias
Etxebarria comenzó su carrera con un enfoque claro en aprovechar sus habilidades en la media montaña y su potente esprint. Desde el principio, supo cómo meterse en las fugas correctas y cómo colaborar con su equipo para alcanzar los objetivos planteados.
El Tour de Francia de 1999: Una Etapa Inolvidable
En la duodécima etapa del Tour de 1999, Etxebarria se integró en una fuga de catorce corredores a través del Macizo Central, camino de Saint-Flour. Originalmente, su rol era apoyar a Abraham Olano, quien aspiraba al podio final. Sin embargo, las circunstancias cambiaron y Etxebarria se encontró con una oportunidad única.
- No ataqué con la intención de irme solo hasta la meta.
Los corredores de la ONCE, su equipo, corrían con un objetivo muy claro: ayudar a Abraham Olano, que aspiraba al podio final de París en una edición que se presentaba muy abierta, sin grandes favoritos. El guipuzcoano había ganado la Vuelta de 1998, había sido cuarto en el Tour de 1997 con una victoria contrarreloj y aspiraba a clasificarse entre los tres primeros. Pero los planes cambiaron enseguida.
- Ya lo pasó mal en el Galibier, el primer gran puerto de aquel Tour -cuenta Etxebarria-. Ese día Olano me impresionó: se descolgó del grupo de los treinta o cuarenta primeros, perdió un minuto, pero se tiró cuesta abajo, enganchó con los de cabeza, sufrió, persistió, y en la subida final a Sestriere llegó noveno.
De todas maneras, Olano siguió cediendo minutos en la montaña y su poderío en la contrarreloj no parecía suficiente para alcanzar el podio.
Faltaban veinte kilómetros y Etxebarria se encontró con una ocasión franca para ganar una etapa en el Tour. Pocos días antes, ni se lo hubiera planteado.
- Esos veinte kilómetros se me hicieron eternos -recuerda-. Tuve una sensación muy especial: iba a tope pero no me dolían las piernas. No sé si era por la adrenalina del Tour, pero no sentía el dolor que sientes otras veces. Desde el coche me iban gritando por la radio: “¡A tope, a tope, a tope!”.
Etxebarria flotaba en un ambiente irreal, concentrado en el esfuerzo, volando entre el rugido de los espectadores, las motos, los coches, los helicópteros.
- Yo iba a doscientas pulsaciones y no veía nada más que la carretera, pero de repente reconocía a alguien entre el gentío. Vi a Karmele, la mujer de Abraham, que me animaba en una cuneta. Luego recuerdo una ikurriña en las vallas del último kilómetro, de un chaval de Llodio al que reconocí.
En el último kilómetro cuesta arriba, por detrás saltaron el campeón francés François Simon y el italiano Alberto Elli, pero apenas le recortaron unos segundos.
- En ese momento no te lo crees, no sabes ni lo que haces, casi ni entiendes lo que está pasando. Ahora no recuerdo nada de esos gestos. Solo recuerdo que me abracé con mi masajista Valentín Dorronsoro, que nos abrazamos del cuello con tanta fuerza que me hacía daño.
El ciclista que vence en una etapa del Tour se gana el respeto del pelotón, por ejemplo cuando quiere remontar posiciones y los rivales ya no le meten el manillar tanto como a otros.
- Una vez que ganas en el Tour, cualquier otra victoria será mucho más difícil -dice Etxebarria-.
Estrategias en la Montaña: El Tourmalet
Otro momento destacado fue su experiencia en el Tourmalet. La orden del equipo era clara: meterse en las escapadas para apoyar a Olano. Etxebarria recuerda vívidamente la etapa en el Tourmalet:
- Teníamos la orden de meternos en las escapadas. Así, si Olano se descolgaba en los puertos, podíamos esperarle para tirar de él.
- No lo voy a olvidar nunca: subir el Tourmalet escapado es una pasada, todavía se me pone la carne de gallina. Es un escenario mítico, estaba repleto de aficionados vascos con ikurriñas, gritaban mi nombre, era como si la montaña entera me animara. Increíble.
- A quinientos metros de la cumbre, Elli aceleró cada vez más, cada vez más, y yo no lo entendía. “Si quiere los puntos de la montaña, que lo diga y ya está, yo no le voy a esprintar”. Resulta que había seis mil euros para el primero en el Tourmalet. Yo no tenía ni idea. Mira si uno puede correr el Tour y ser todavía un juvenil...
Tonkov, Elli y Etxebarria también pasaron juntos el Soulor y el Aubisque, pero en el largo descenso fueron capturados por otros nueve ciclistas, entre los que estaban Armstrong, Zülle y Escartín, los tres primeros de aquel Tour. Con ellos venía otro compañero de la ONCE: el gallego Marcos Serrano.
- Tener un compañero de equipo en la escapada es una ventaja. Pero lo más importante aquel día, para mí, era la tranquilidad de haber ganado ya cinco días antes.
De hecho, Etxebarria recibió una pequeña bronca de su director Manolo Saiz para que se moviese a falta de cinco o seis kilómetros. Había atacado Alberto Elli y le había seguido Serrano, así que la ONCE ya iba con un corredor por delante, pero Elli era más rápido al esprint y a Saiz no le gustaba nada aquella situación. Gritó a Etxebarria para que saliera a por ellos.
- Le dije a Marcos: “Tú juega tu baza. Serrano atacó un par de veces pero lo marcaron de cerca.
- Me hizo un trabajo perfecto. Arranqué desde lejos, para no quedarme encerrado, y Elli no pudo remontarme. Todavía, cuando nos encontramos, Serrano me dice: “Oye, que tú me debes una etapa del Tour”.

Estrategias y Desafíos Posteriores
En el Tour de 2001, Etxebarria se fugó con Bradley McGee y Serguéi Ivanov. Un pequeño error estratégico le costó la victoria:
- En el Tour de 2001, Etxebarria se fugó con Bradley McGee y Serguéi Ivanov. A falta de cinco kilómetros, el vizcaíno quiso aprovechar una bajada recta y larga para beber el último trago de agua y lanzar el bidón.
- En lugar de echar el trago en la tercera posición, donde no me vieran los otros dos, lo eché en la segunda posición. Ivanov iba detrás de mí, estaría buscando el mínimo momento para sorprenderme, para no llegar al esprint conmigo, y en cuanto me vio con el bidón en la boca saltó desde atrás como un rayo. McGee me miró. Para cuando reaccioné, Ivanov ya había cogido unos metros y no fuimos capaces de pillarle.
Y toda su experiencia tampoco le bastó al año siguiente.
- Vi que Jalabert y Millar hablaban entre ellos. Me di cuenta de lo que habían pactado: cuando atacara uno de ellos, el otro no lo perseguiría. Y si atacaba algún otro ciclista, colaborarían para cazarlo. Así que yo decidí salir siempre que saliera alguno de ellos dos. Arrancó Millar y fui a por él. Arrancó Jalabert y fui a por él. Arrancó otra vez Millar, fui a por él y esta vez el grupo se rompió. El último kilómetro picaba para arriba: ideal para Etxebarria.
- Yo iba convencido de que me estaba haciendo la llegada, de que le iba a ganar, pero en cuanto salí de su rueda para remontarle contra el aire… Imposible.
Su paso por Euskaltel también estuvo marcado por la selección de etapas específicas y la conservación de energías:
- En mis años de Euskaltel yo ya iba al Tour con etapas marcadas, elegía las que me venían mejor para intentar ganarlas. En los demás días, mi único objetivo era ahorrar fuerzas -cuenta Etxebarria-. Antes de los Pirineos quedé segundo en aquella etapa con Ivanov. En los Pirineos solo quería guardar energías, por eso empecé la etapa de Luz Ardiden en la cola del pelotón, lo más tranquilo posible. ¿Sabes quién estaba a mi lado? Roberto Laiseka. En la cabeza empezaron los ataques, nosotros íbamos sufriendo los latigazos en la cola, salió una escapada grande y de repente me dice Laiseka: “David, hoy tengo unas piernas increíbles, las tengo de mantequilla pura.
- Roberto, ¿qué dices? Que van veinte tíos con dos minutos de ventaja.
El Legado de la ONCE
La ONCE, el equipo en el que militó Etxebarria, es recordado como un bloque sólido y reconocible:
- De la ONCE seguimos hablando veinticinco años después como se habla del Kas o de otros equipos míticos. Y eso no lo consigue un corredor, una estrella, sino todo un bloque de ciclistas que compiten de una manera reconocible durante muchos años.
La figura de Manolo Saiz, el director del equipo, fue clave en la cohesión y el éxito del equipo:
- Al hablar de la ONCE hablamos sobre todo de su director, de Manolo Saiz. Con él trabajábamos más de la cuenta, trabajábamos muchísimo en todas las carreras del año, tirando del pelotón cuando había que tirar o atacando en oleadas, porque lo hacíamos todo en bloque. Luego, cuando llegaban los momentos críticos en las carreras más importantes como el Tour, ningún ciclista tenía dudas de lo que tocaba hacer.
Un ejemplo de la cohesión del equipo fue la primera etapa del Tour:
- Una de las primeras etapas salía de Amberes. Llegamos en el autobús del equipo a la plaza, que estaba de gente hasta los topes, de repente se abrió un espacio y aparecieron unos dantzaris para bailarnos un aurresku, con los trajes, el txistu, el danbolin… Alucinamos.
Ese día la ONCE colocó a Zülle segundo, Jalabert tercero y Mauri quinto en la general.
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