La refronterización, un proceso de la fronteridad contemporánea, impone la configuración de nuevas espacialidades en los espacios fronterizos. En este contexto, exploraremos el mundo de las bicicletas en McAllen, Texas, una ciudad fronteriza con una creciente cultura ciclista.
Partiendo de la perspectiva de la geografía de la vida diaria y de los critical border studies focalizados en las relaciones de poder en el espacio y en distintas escalas (desde la global a la microlocal), se pueden interpretar las nuevas espacialidades en las regiones fronterizas como resultado de la copresencia de operadores y operaciones espaciales en conflicto: por un lado, las de refronterización y, por el otro, las cotidianas, que se reajustan a la refronterización o, por el contrario, se reinterpretan como una resistencia a aquélla.
Aunque la refronterización de Estados Unidos tiene efectos en las espacialidades de ambos lados de la frontera, el grueso de los análisis académicos se ha centrado exclusivamente en el lado estadunidense; por el contrario, se ha prestado una insuficiente atención a los espacios locales fronterizos de México, incluso desde este país, así como desde una perspectiva comparativa o transfronteriza. En este sentido, los objetivos de esta investigación son identificar, primero, las espacialidades locales en conflicto (y los espacios, operaciones y operadores espaciales que las coconstruyen), las de refronterización y las de resistencia, prestando atención a las diferencias en las operaciones en el lado estadunidense y el mexicano; y, segundo, las interrelaciones entre unas y otras, y si con ellas se desactiva o refuerza la separación fronteriza entre México y Estados Unidos.
Para este fin se entiende la separación fronteriza como la función dirigida a crear y mantener las discontinuidades (territoriales, sociales, culturales, etc.) entre los espacios separados y diferenciados. Se parte de la hipótesis de que, en un contexto de refronterización, el refuerzo de la separación fronteriza contribuye a aquélla; mientras que, por el contrario, la desactivación en un marco de resistencia influiría en el proceso contrario, la desfronterización.
Este trabajo inicia con la aproximación teórica que debe permitir el análisis de las especialidades fronterizas en conflicto. A continuación, se ofrece la estrategia metodológica y la descripción del área de estudio, a lo que sigue la exposición de los resultados (las espacialidades de refronterización y las de resistencia en Estados Unidos y en México).
Espacialidades y Fronteridades
Para esta investigación son útiles el marco analítico de espacialidad y fronteridad, ambos procedentes de la geografía francesa. Para Lussault (2015: 141) la espacialidad se define como el “conjunto de relaciones de los operadores (es decir, cualquier instancia, cualquier individuo o grupo que realice una operación espacial) con el espacio, aquí concebido como un recurso material e ideal para los operadores” (cursivas en el original). Esta conceptualización supera la definición habitual que de esta categoría da la geografía positivista y neopositivista, que suele reducirla a la simple localización y distribución geográfica de los fenómenos. Por el contrario, para Lussault (2015: 141) implica considerar la “genealogia y expresión de esta espacialidad bajo sus múltiples formas ideales y materiales”, por lo que cualquier fenómeno espacial implica una complejidad mayor que la de su localización y distribución.
En la espacialidad interactúan tres componentes distintos: el espacio, los operadores (o actantes) y la operación (o acción) espacial (Lussault, 2015). En relación con el primero, el espacio se conceptualiza como un elemento temporal coconstruido por los operadores y las operaciones; es dear, como un espacio relacional. Ya no es concebido como una estructura, sea absoluta (el espacio como algo fijo y conocido dentro del cual ocurren procesos) o relativa (el espacio de los flujos, donde la localización y la distancia de los objetos es relativa en función de sus características). En segundo término, los operadores son “una realidad social cualquiera (por lo tanto, no necesariamente […] una persona), dotada de la capacidad de contribuir a la organización y la dinámica de una acción individual o colectiva” (Lussault, 2015: 142). Estas realidades sociales pueden ser humanos (individuos y colectivos), no humanos (otros seres vivos y objetos) e híbridos (o casi personajes) (una disposición socioespacial como el paisaje, los lugares identitarios, etc.).
El tercer componente, la operación espacial, parte de la premisa de que los operadores espaciales “no actúan sobre el espacio, sino con el espacio” (Lussault, 2015: 172) (cursivas en el original). Según Lussault y Stock (2010), la actuación con el espacio permite un acercamiento más adecuado a la dimensión espacial de los fenómenos. En esta dirección, la operación espacial se refiere a que “toda actividad compromete una relación del operador con la dimensión espacial (ideal o material) de la sociedad”, donde cualquier actividad “exige dominar el espacio, poner en práctica diferentes tecnologías de la distancia, jugar con el recurso espacial” (Lussault, 2015: 171-172).
Esto nos lleva a las espacialidades fronterizas, que Amilhat-Szary y Giraut (2015) proponen denominar con un término análogo, el de fronteridad. Con este concepto se alude a los múltiples roles de la frontera y a las múltiples experiencias de lo que ésta es, entendiendo frontera como práctica y no sólo como producto. De ello se desprenden dos componentes básicos: primero, implica cualquier tecnologiá de división espacial y social y, por ende, de poder, dominio, control y regulación del espacio y de las espacialidades. Segundo, implica el reconocimiento de la dimensión social, es decir, de las interrelaciones de los operadores espaciales en relación con y en la frontera. En este sentido, las fronteridades están constituidas por los diversos y desiguales derechos, recursos, intereses, referencias y proyectos individuales o colectivos.
Por último, la perspectiva de la espacialidad y la fronteridad permiten una aproximación al espacio en tanto que socialmente construido y el reconocimiento de la complejidad, lo que implica para el investigador confrontar dos condicionantes. El primero se refiere a la escala de los fenómenos estudiados, donde lo micro y la cotidianidad (desde el cuerpo a lo local) se tornan las dimensiones inteligibles del espacio. Derivado de lo anterior, el enfoque metodológico más adecuado es el cualitativo, del que se desprende el segundo condicionante. Éste se refiere a la relación del investigador, en tanto que cuerpo y emociones, con el espacio de estudio, por lo que la aplicación de la metodologiá e interpretación de los resultados están marcadas por su experiencia espacial como individuo.
Fronteridades Contemporáneas
En el campo de los estudios fronterizos, se han identificado distintos procesos multifacéticos que actúan simultáneamente, a pesar de su oposición en el espacio y el tiempo, y en distintas escalas (de la global a la microlocal), dando como resultado combinaciones específicas a cada lugar. Justamente su simultaneidad -y no su mutua exclusióny las tensiones que ello produce son lo que caracteriza la fronteridad contemporánea. Entre otros aspectos, cabe mencionar la refronterización y la desfronterización, uno opuesto al otro, las resistencias a uno y otro, la deslocalización y externalización de las funciones fronterizas. Por razones de espacio, y de acuerdo con los objetivos de la investigación, sólo expondremos la refronterización y la resistencia a ésta.
En primer lugar, la conceptualización de la refronterización depende de la posición política e ideológica de quien use el término. Para esta investigación, se interpreta como la reacción de los Estados-nación a lo que perciben como las amenazas derivadas de ciertos procesos de la globalización: la migración indocumentada, el narcotráfico, el terrorismo internacional, la pérdida de soberania y de poder, la hibridación cultural, etc.; en cambio, no se refiere a las medidas tomadas en caso de conflictos bélicos entre Estados-nación colindantes. A menudo también se ha interpretado aquella reacción como un signo de la reafirmación de los Estados-nación; sin embargo, trabajos como los de Brown (2010) muestran que se trata más bien de un síntoma de su crisis. Sea como sea, esa reacción se traduce en un reforzamiento o incremento de las funciones fronterizas (es decir, de la regulación y control de la movilidad de personas, bienes, capitales e información) y de la separación fronteriza (la significación y diferenciación del marco binario de los territorios e identidades nacionales), tanto en los límites de los Estados como -y de acuerdo con la deslocalización de las funciones fronterizas- potencialmente en cualquier punto de su territorio. Simplificando, como ya se ha mostrado ampliamente, para determinados flujos globales, transnacionales y transfronterizos (de personas, especialmente indocumentadas, de mercancías ilegales, etc.), la frontera se cierra.
Aunque es frecuente referirse a la refronterización como un solo proceso, para los efectos analíticos es preferible distinguir al menos tres subtipos complementarios: 1) la refronterización material, mediante el incremento de la infraestructura, tecnologiá, métodos de control y cuerpos policiales y militares (ímplementación de sistemas de vigilancia, construcción de bardas y muros de seguridad, etc.); 2) la refronterización jurídica, mediante el endurecimiento de las provisiones legislativas sobre migración (incluida la deportación), aduanas, seguridad de la frontera, etc., y su aplicación por los poderes Ejecutivo y Judicial y 3) la refronterización biopolítica, mediante métodos de control de los cuerpos y las emociones (desde técnicas biométricas hasta la (re)producción de discursos del miedo y del odio, en relación con la población y el territorio al otro lado del límite fronterizo, así como la insensibilización moral hacia el sufrimiento causado por el régimen fronterizo).
Estos procesos los realiza el Estado-nación (y todo su aparato) y, en determinados aspectos, otros operadores no estatales, como los medios de comunicación y los grupos civiles de vigilancia fronteriza. Para esta investigación resultan de interés los medios de comunicación, en tanto que operadores clave en la (re)producción de los discursos del miedo y de la insensibilización moral, y de la separación fronteriza en general. Todos aquéllos construyen y difunden una imagen negativa del espacio fronterizo, lo que abarca un abanico de componentes que van desde un espacio desolado y abandonado, hasta un espacio peligroso y violento, lo que refuerza el discurso de una necesaria y creciente refronterización material y jurídica. Además, estas representaciones tienen la capacidad de negar la posibilidad de ver la frontera como un espacio humano, vivible, dinámico y diverso a nivel económico, social y cultural.
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| Tipo de Bicicleta | Modelo | Precio (aproximado) | Características |
|---|---|---|---|
| Montaña | Trek Marlin 5 | $550 | Suspensión delantera, cambios Shimano |
| Carretera | Giant Contend 3 | $800 | Cuadro de aluminio, transmisión Shimano Claris |
| Urbana | Electra Townie 7i | $700 | Diseño cómodo, cambios internos |
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