El Ciclista de Tim Krabbé: Un Clásico de la Literatura Contemporánea

La edición definitiva de la gran novela de Antonio Skármeta, convertida hoy en un clásico de la literatura contemporánea y traducida a treinta idiomas. Mario Jiménez, un joven pescador, decide abandonar su oficio para convertirse en cartero de Isla Negra, donde la única persona que recibe y envía correspondencia es el poeta Pablo Neruda. Jiménez le admira y espera pacientemente que algún día le dedique un libro, o que se produzca algo más que un brevísimo cruce de palabras y el pago de la propina.

Su anhelo se verá finalmente recompensado y entre ambos se entablará una amistad muy peculiar en la que conversarán sobre amor, poesía y política. Sin embargo, la enrarecida atmósfera que se vive en el Chile de esos años precipitará un dramático desenlace. Antonio Skármeta, una de las máximas figuras de la literatura latinoamericana, escribió y dirigió la película Ardiente paciencia en 1983. Dos años después la transformó en novela con El cartero de Neruda, que ha sido traducida a treinta idiomas y se ha adaptado al teatro, la ópera y el cine en tres ocasiones.

Esta es la edición definitiva de la gran obra de Antonio Skármeta, convertida hoy en un clásico de la literatura contemporánea.

Reseña:«Un canto emocionante a la poesía y al amor en sus más contundentes y jocundas expresiones de vitalidad.»Miguel García-Posada, Babelia «Se advierte en el estilo de Skármeta la libertad de escritura de Jack Kerouac.» Le Monde Diplomatique

«Skármeta entendió que no hay nada tan importante como empezar y convirtió ese impulso en una estética.

Estudié psicología por hacer algo pero, además de ciclista, siempre quise ser escritor, y al menos eso sí pude conseguirlo. Terminé mi primera novela con sólo 19 años y se la envié a varias editoriales: fueron educados, elegantes, pero no me la publicaron.

Lo mismo me pasó a los 21, con la segunda, pero no me rendí y finalmente, a los 23, conseguí que me publicasen la tercera. Mientras, escribía artículos, columnas… Lo que fuese. Nunca he tenido un trabajo regular, con un horario determinado, y siempre he logrado vivir de lo que escribía. ¿Es más difícil ser ciclista que escritor? No lo sé… Son cosas absolutamente distintas.

Supongo que es más fácil ser ciclista porque, básicamente, sólo necesitas sufrir, mientras que para escribir tienes que tener muchas cosas más.

Todo escritor busca cosas extraordinarias a su alrededor, y yo conocía un mundo muy extraño, el de las carreras ciclistas, por lo que decidí empezar a escribir sobre ello.

En ‘El ciclista’ destaca la sensación de soledad, casi de desamparo, que vive un ciclista durante una carrera. ¿No es algo parecido a enfrentarse a una página en blanco al escribir una novela? Puede ser… Yo uno las dos cosas: escribo sobre mi bicicleta, porque siempre he llevado una grabadora conmigo para conservar lo que se me ocurre.

Sentado en mi escritorio no me surgen tantas cosas: al estar fuera, pedaleando, las ideas fluyen en tu cabeza, supone ejercitar, también, tu cerebro. Pero corres el peligro de olvidarlo después de todo: por eso empecé a salir con la grabadora, y desde entonces vuelvo, de cada paseo, con 3 ó 4 ideas nuevas, muchas de las cuales han terminado después en mis libros.

Con lo que más he ganado ha sido, sobre todo, con las adaptaciones al cine de algunas novelas. Hay algunas buenas y otras malas… Por ejemplo, de Spoorloos hicieron una buena película holandesa, pero años después me pagaron un montón de dinero para hacer una auténtica mierda en Hollywood (The Vanishing). Hay un refrán holandés que dice “se me caían las lágrimas mientras llevaba al banco un montón de dinero”, así que tampoco voy a quejarme.

No me interesa demasiado convertir en palabras, o pensar en términos tan abstractos, las cosas que me gustan. Montar en bicicleta es como un juego, es excitante, es interesante… Me permite respirar aire fresco, y me gusta mucho tanto pasear como entrenar o, finalmente, competir, algo que es enormemente excitante.

Cuando era joven también jugaba mucho al tenis. Pero, profesionalmente, sólo ciclismo, ajedrez y fútbol. ¿Son parecidos el ciclismo y el ajedrez? Por supuesto.

Además de pedalear tienes que hacer cálculos, establecer estrategias, medir a tus rivales y, finalmente, engañarlos. Pero, insisto, no me interesa demasiado intentar racionalizar cosas que me apasionan.

No es tan bonito como el de hace 50 años, sobre todo, porque se ha vuelto demasiado masivo. Me gustan las clásicas, sobre todo las cinco grandes, los monumentos: la Milán-San Remo, el Tour de Flandes, la París-Roubaix, la Lieja-Bastoña-Lieja y el Giro de Lombardía. También me gustan el Giro y la Vuelta, pero no tanto el Tour: es tan grande, tan comercial, que se ha convertido en una caricatura.

No lo sé, pero desde luego está pasando: en Holanda te cruzas con ciclistas por todas partes, pero pasa lo mismo en las carreteras de casi todos los países de nuestro entorno. Te hace sentirte bien, ves paisajes bonitos y tiene algo curioso: estás sufriendo casi todo el rato, pero tu cuerpo experimenta sensaciones maravillosas.

Una de campo, porque me encanta salir al campo sobre todo en invierno. Una de ciudad, que aparco en cualquier lado y uso mucho, y otra que cuido más. En total, no sé… Cinco o seis.

Estoy divorciado, trabajo mucho y monto mucho en bicicleta. Tengo un hijo que vive en Tokio, ha tenido gemelas hace un año, así que siempre que puedo viajo a Japón a ver a mis nietas. Y estoy inmerso en un proyecto muy largo, un libro de 600 ó 700 páginas, el más largo que nunca haya escrito. No me extrañaría que me robe todavía mucho más tiempo, así que mi principal obsesión es terminarlo antes de cumplir los 80 años.

Como con los artículos que escribimos en la revista, Jon nos da una libertad total para proponer temas y también en el modo de enfocarlos. Quiero que mi primer artículo hable de cómo nos conocimos. Como personas que no nos conocíamos de nada y que además vivíamos en diferentes ciudades, dimos a parar unos con otros, movidos y empujados por una misma ilusión. Hoy en día, Javi, Jon, Juanto, Josemi y Ángel, somos una parte del equipo de ZIKLO, que prepara con mucha ilusión cada número. Pero como todo en la vida, esto tuvo un origen, y cada uno tendrá el suyo.

Inmersos en uno de nuestros viajes alpinos, hoy nos enfrentamos a un puerto muy especial y que siendo desconocido tiene una historia detrás. ¿Cuánta? ¿Cómo es eso?

No podría decir el año con exactitud, pero estamos hablando probablemente de 1992 o 1993. Por aquel entonces hacía mis pinitos con mi BTT (no tenía bicicleta de carretera), junto a mis amigos del colegio. Eran mis inicios dando pedales. Rutas de 30-40 km a lo sumo, y con parada para merendar. El lugar de encuentro: el portal de la casa de Néstor. Era casi una de las últimas casas de Donostia, o el comienzo de la ciudad si venías en sentido contrario. Desde ahí la “gasolinera del infierno”, como la conocíamos, porque hace mucho que no oigo a nadie nombrarla así. En ella dieron la vuelta en el prólogo del Tour del 92. Salían de Donostia, iban hasta allí, y en lugar de continuar dirección Añorga y Lasarte, giraban sobre sus pasos para regresar al núcleo urbano. En aquel entonces el barrio de Igara eran cuatro casas, algún caserío, el inmenso edificio del Diario Vasco y poco más. Ved esa foto en 1992 y vedla ahora en 2018. ¡Cómo ha cambiado todo!

Nosotros solíamos enfilar el solitario, en aquel tiempo, camino de Igara, repleto de empresas hoy en día, para ir en busca de los caseríos y de alguna subida corta pero dura. Llegábamos hasta el cruce donde hoy la Clásica San Sebastián gira a la derecha para subir su muro final: Bordako Tontorra o Murgil Bidea. Pero nosotros en el cruce tomábamos a la izquierda y a continuación una rampa muy dura del 15% que por espacio de 300 m nos daba la bienvenida. Luego la subida continuaba y con descansos llegábamos a las villas de la parte alta de Usurbil. El record en aquel tiempo lo tenía en 7 minutos hasta la villa, donde nos reagrupábamos. Posteriormente llegué con el paso de los años a dejarlo en 5 minutos, ya con bici de carretera. Hoy en día no sé en cuánto subiría. Voy muy poco y no eh vuelto a tomarme tiempos. De ahí un pequeño sube y baja y otra pronunciada bajada en dirección Usurbil. Por detrás, por la zona de Zubieta, llegábamos a Lasarte. El recorrido no tenía ni 15 km, pero siempre íbamos a la plaza del pueblo y comprábamos una Coca Cola, una palmera de chocolate; lo que más nos apeteciera. Nos las tomábamos en mitad de la plaza, con las bicicletas apoyadas en un banco vacío y conversando sobre fútbol o ciclismo. Casi siempre esto último. Planes de futuro, cuándo íbamos a conocer el Tourmalet. Ese era el objetivo. Lo veíamos lejísimos y hasta dudábamos de si íbamos a ser capaces de doblegarlo.

En aquel tiempo empecé a comprar con asiduidad la única revista del mercado que se centraba en ciclismo. CAF (Ciclismo a Fondo); posteriormente salió alguna más. Había que esperar un mes para la siguiente, y con poca o nula información adicional que no fueran las noticias de la prensa escrita, leía y volvía a leer los artículos más interesantes.

El artículo iba acompañado de una foto de un ciclista subiendo una rampa junto a un cartel de señal de peligro: rampa del 32%. Ja, ja, ja, ja. Yo en aquel entonces debatiendo conmigo mismo si sería capaz de subir los más de 13 km seguidos entre el 8-10% del Tourmalet por la Mongie sin echar pie a tierra. El Mortirolo me parecía una locura con esos números y sus rampas al 18%. ¡Y de pronto ver un 32%! Yo eso ni me imaginaba que existiera. Es que ni podía imaginármelo. Supuse que el de la foto era la persona que escribía el mensaje: un tal Ángel Morales García. ¡Menudo campeón! -pensé, si bien no le presté más vueltas al nombre.

Pasan los años. Compro bicicleta de carretera y empiezo a subir tanto mi nivel como los retos que me marco. Así, Tourmalet 94, Larrau 96, Arthaburu (de casualidad en el 96), Alpes 97 y por fin Mortirolo, Marmolada y Tres Cimas de Lavaredo en el 98. Satisfecho regreso a casa en aquel verano del 98. Pero una vieja amenaza asoma: el Angliru. El puerto no era nuevo -nos lo había presentado Mario en el 96-, pero no le había prestado más atención: había otras prioridades. En 1999, y tras su inclusión en la Vuelta a España de ese año, se empieza a hablar con fuerza de él. Ahora sí le presto la debida atención.

Tenía el perfil de Mario de 1996, este es el de APM, que es casi idéntico. Sabía el reto al que me enfrentaba, y estaba seguro que no me había enfrentado a nada parecido antes. El desarrollo era el que tenía por aquel entonces un 39×30 y con el que me había enfrentado al Mortirolo, Marmolada o Tres cimas de Lavaredo. Ninguno de ellos me había llevado al límite.

El encuentro es emocionante y tras superar el puerto sin echar pie a tierra, pero haciendo eses en la zona más complicada del mismo, mi veredicto personal es: tablas. He subido, pero el puerto y yo, sabemos cómo he subido. Ahora sí, descanso tranquilo, al menos en cuanto a grandes retos. Las carreras nos muestran nuevas ascensiones, como el descubrimiento de la Fauniera en el Giro del 99. De este modo en el 2000 y 2001 realizo una serie de viajes que no hacen sino completar un poco mi historial de puertos. Los famosos “prioridad 1” como Galibier, Madeleine o Alpe de Huez…, ya están subidos.

Ahora vamos a los famosos “prioridad 2”: la Plagne, Izoard, la Bonette…, en Francia. Sin duda grandes puertos, pero ninguno de la dificultad del Angliru que había conocido recientemente. Mi curriculum a la hora de subir puertos fue engordando, y también mis conocimientos. Mirado ahora con perspectiva, pensaba que sabía algo. Pero la pregunta es simple, dependiendo algo de con quién te estés comparando.

El link te abría inmediatamente una página, la que durante los siguientes años iba a ser mi página referencia, al menos a nivel europeo. Lo primero que llamó mi atención de dicha web fue la fotografía de la portada. Un momento, no es esa foto… claro que es: no resultaba difícil no recordarla. La señal de la foto era definitiva. ¿Dónde había visto antes una foto con una señal de peligro por pendientes del 32%? En ningún sitio, nada, nada siquiera parecido a eso. Mi mente me llevó inmediatamente a aquel texto de aquella CAF. Y supuse que el gestor de la web, era también el protagonista de la foto.

No tenía perfiles propios, como mucho te enlazaba a páginas como Salite (otra página referencia en aquella época), para mostrarte algunos perfiles. Tampoco tenía un foro ni era una página interactiva donde la información fluyera con asiduidad. Había algunos artículos escritos, como por ejemplo la experiencia contada en primera persona por Andrew Hampsten en referencia a la etapa de Bormio de 1988.

La lista catalogaba los puertos por países y los dotaba de un coeficiente, los marcaba por orden de dificultad. Además, te daba la distancia, el desnivel, el desnivel medio y el % máximo de las rampas. ¿Eran ciertos esos números? ¿De dónde y cómo los había obtenido?

Al entrar en España uno comprueba que el puerto que ocupaba la primera posición era el Angliru, con un coeficiente de 558. No lo discuto. Había subido el Angliru en 1999 y era el puerto que más al límite me había llevado, no tenía dudas. En la lista española había puertos de los que jamás había oído hablar: Roque de los Muchachos o Pozo de las Nieves, por ejemplo, eran dos de ellos.

Pinchabas en Francia y la cosa estaba aún más controlada. No había ningún puerto por encima del nivel 400. El Mont Ventoux con un coeficiente de 379 era el primero, seguido de Larrau con 363. Entre el resto de puertos, había muchos conocidos y alguna novedad. Pasamos entonces a Italia. Uno esperaba ver el Mortirolo el primero. Todo el mundo coincidía en que era el puerto más duro de Europa, quizás a esas alturas solo superado por el Angliru. De pronto los ojos se me abren como platos. En primera posición figura el Monte Zoncolan.

Habían pasado 10 años desde que lo había visto escrito, pero el nombre no se me había olvidado. La asociación fue inmediata. Pero cuando lo vi hace ya casi una década, no tuve más información que la de su nombre. En la lista lo que más llamó mi atención fue el coeficiente. 665, que doblaba al Tourmalet, y daba más de 100 puntos respecto al gigante asturiano. Y todo ello en tan solo 10,2 km de ascensión. Me quedo anonadado.

Le siguen otros dos puertos con coeficientes por encima de 600: Passo Telegrafo-Punta Veleno (tenía dos nombres el puerto) y Prato Maslino. Primera vez que veo nombrados dichos puertos. El Mortirolo está en el cuarto puesto. Otros puertos también llaman mi atención. En aquel tiempo Austria y Suiza los consideraba muy lejos de mis objetivos. Apenas reparé en ambas listas, repletas de puertos completamente desconocidos para mí. En aquel tiempo aquello que no se subía en las grandes vueltas se me escapaba completamente. De todos modos, sí me quedé con algunos datos. La lista austriaca era muy breve: 19 puertos en total.

Aquí si me fijé en las rampas máximas, y llamaba la atención el 32% que marcaba el puerto situado en 4ª posición, el Halltal con 503. ¿Será este el de la foto? Ni idea; no le di más vueltas. Ni siquiera hice la asociación entre la foto de la señal del 32% con ese puerto. En aquel momento en concreto yo lo que hacía era buscar mis límites. Por tanto, lo que más me interesaba en un puerto era su dureza. La belleza era secundaria. De la lista completa, el puerto con más coeficiente era el Zoncolan, así que ahí empezó mi segunda obsesión: subir el Kaiser.

Durante ese intervalo de tiempo, voy familiarizándome más con internet. De ese modo y de pura casualidad, un día tropiezo con un perfil muy bien hecho de Bianditz. Bianditz es un puerto muy cercano a casa y que he subido en incontables ocasiones. No es que sea especialmente duro, sí bien es un puerto que tiene algo poco común para estar cerca de casa: la longitud. Los puertos guipuzcoanos no acostumbran a ser largos y rara vez se superan los 8 km. Toparte con un puerto de 12 km de longitud es algo atípico y por tanto un puerto bueno para entrenar en subida ininterrumpida durante largo periodo de tiempo.

Juanto Uribarri y Ander Guaza son sus creadores. Descubro con asombro dos cosas: la primera es que los perfiles que tienen son muy parecidos a los de Mario Ruíz; y la segunda, que estos dos tienen que ser de por aquí cerca, pues, aunque su web habla de cantidad de puertos de la geografía hispana, es en Euskadi, y fundamentalmente en Vizcaya y Guipúzcoa, donde más puertos tienen dibujados. Son ascensiones que conozco muy bien, al menos las que tengo cerca de casa, y de pronto verlas dibujadas me genera una gran satisfacción.

Escribo a los creadores sugiriéndoles la posibilidad de conocer subidas que no tienen dibujadas y que considero interesantes como son Aritxulegi y Arano. Recibo pronta respuesta de uno de ellos, de Juanto concretamente.

Al comienzo dicho foro era pequeño y muy cercano. Realmente gente muy interesada en las altimetrías. La participación de los creadores siempre era recibida con respeto. En ese periodo yo sigo con mi obsesión, y esa sólo tiene un nombre: Monte Zoncolan. Ya lo tengo localizado. Está muy lejos. Me da rabia, porque he estado relativamente cerca de él en dos ocasiones, pero en esta ocasión nada me va a detener. Estamos en primavera del 2003.

Aún tengo mucho que aprender, sobre todo adquirir fondo. Soy capaz de hacer una subida buena a cualquier puerto. Pero no me pidas más. Me pongo debajo, sin desgaste previo, y a subir. No me pidas que encadene puertos seguidos; quizás si no son duros, algo puedo hacer. Pero dos, tres horas, es lo que me dura la energía; al menos al máximo nivel.

Empecé a andar en bicicleta de carretera con algo ya de asiduidad a partir de 1998. Hasta entonces era un ciclista de verano. Mis amigos del colegio, aquellos con los que di mis primeras pedaladas allá por 1992 para ir a Lasarte y alguna excursión ocasional, no dan el paso que doy yo y van dejando la bicicleta a algo mucho más puntual y esporádico. Una pena, la verdad. Hubiera sido una ilusión para mí haber compartido grupetta los sábados y domingos por la mañana, sobre todo a día de hoy. Por el contrario, otro amigo de la cuadrilla, se une, y con él fui con quien realmente empecé a dar un salto de nivel y calidad en la bicicleta.

Participamos en varias desde 1998 con malos resultados para mí. Cambiaron el recorrido y nos vendieron como que éste era más sencillo. No se sube el terrible Marie Blanque. ¡Bien! Tampoco se subirá el interminable Portalet. Pero en realidad era una encerrona que solo años más tarde, muchos años más tarde, me he atrevido a realizar, en compañía de Berritxu y Fernan. El recorrido que sacaron no podía regresar a Sabiñanigo por el Portalet al estar éste cortado. Así que en lugar de buscar una QH atípica por Aragón, quisieron mantener el espíritu de la QH original subi...

En resumen, "El Ciclista" no es solo una novela sobre ciclismo, sino una exploración de la soledad, la pasión y los límites del ser humano. A través de la experiencia del ciclista, Krabbé nos invita a reflexionar sobre la vida y el esfuerzo que dedicamos a alcanzar nuestras metas.

Tabla de Coeficientes de Dificultad de Puertos

Puerto País Coeficiente
Angliru España 558
Mont Ventoux Francia 379
Monte Zoncolan Italia 665

SORPRENDENTE! ESTAS SON LAS PAREJAS En LA VIDA REAL de LOS ACTORES de "RIGO"

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