El patinete, ese vehículo de dos ruedas que impulsa a niños y adultos por igual, tiene una historia rica y sorprendente. Desde sus humildes orígenes como un simple juego hasta su transformación en un popular medio de transporte urbano, el patinete ha recorrido un largo camino. Acompáñanos en este viaje a través del tiempo para descubrir los hitos clave en la evolución de este icónico objeto.

Evolución del patinete a través de la historia.
Los Primeros Pasos: Del Hielo a las Ruedas
El ser humano ha patinado sobre el hielo desde tiempos inmemoriales; de hecho, se han encontrado rudimentarias hojas de patín hechas con huesos de mamut que se remontan al Paleolítico superior. Pero los patines sobre ruedas son un invento reciente.
Tradicionalmente, la primera aparición pública de los patines sobre ruedas se sitúa a mediados del siglo XVIII, en una de las veladas para la alta sociedad londinense organizadas por Theresa Cornelys en su mansión del aristocrático barrio londinense de Soho. Uno de sus invitados, el inventor holandés John Joseph Merlin, decidió sorprender a los presentes tocando el violín mientras se deslizaba sobre unos patines de ruedas metálicas fijadas a la suela por una tablilla de madera. Al parecer, las miradas de admiración pronto se tornaron en horror cuando Merlin, incapaz de frenar, acabó estrellándose contra un valioso espejo, que quedó hecho añicos.
Su desarrollo no se inició hasta el siglo XIX, y a finales de esa centuria el patinaje sobre ruedas se había convertido en una moda que había conquistado a todo el mundo, tal como describía el semanario francés La Vie Parisienne en 1876: «¡Qué alegría dejar de sentirse pesados, pegados a la tierra! […]. El mayor placer del patinaje es librarse de los obstáculos».
El Siglo XIX: Innovación y Popularización
En 1819, el francés Petitbled patentó sus patines: constaban de una suela de madera y de unas correas para fijarla con comodidad al pie. Tenían tres ruedas colocadas en fila, que podían ser de madera, metal o marfil, pero lo que los hizo realmente innovadores fue un taco agarrado a los talones mediante un tornillo que permitía frenar. Aunque esta incorporación representó un enorme avance, los patines aún eran difíciles de manejar y se necesitaba un gran espacio de maniobra, ya que sólo se podían trazar curvas muy amplias.
Jean Garcin, un famoso patinador sobre hielo francés, creó unos patines más evolucionados. Cansado de tener que esperar la llegada de la temporada de frío para volver a practicar su deporte, en 1828 Garcin inventó un tipo de patines -bautizados como Cingar, un anagrama de su nombre- que se ataban a los tobillos, limitando así los esguinces y torceduras. En 1848, el parisino Louis Legrand presentó un prototipo con las ruedas colocadas en una cuchilla similar a la del patinaje sobre hielo; un modelo para mujeres, con ruedas dobles, compensaba «la fragilidad de sus tobillos».
Pese a las limitaciones de estos modelos, los patines alcanzaron gran popularidad en muy poco tiempo. En 1824, la prensa destacaba que los «dos espacios públicos donde se patina desde la mañana a la noche» en Burdeos «no son suficientes». También proliferaron las escuelas que enseñaban las bases del patinaje sobre ruedas. La primera se abrió en 1823 en el número seis de Windmill Street, en Londres, en una pista de tenis sin usar. Al año siguiente se abrió una en Burdeos y más adelante otra en París. En 1828, Garcin inauguró su propia academia, donde enseñaba a patinar con los Cingars.
La Revolución Plimpton: El Nacimiento del Patinete Moderno
Finalmente fue un mecánico norteamericano, James Leonard Plimpton, quien creó el modelo de patines que hoy conocemos. Cuando su médico le aconsejó practicar el patinaje sobre hielo aprovechó sus conocimientos de mecánica para inventar un sistema de cuatro cuchillas paralelas colocadas de dos en dos en la suela de la bota, que giraban según la inclinación del pie. Este mecanismo tuvo poco éxito sobre el hielo, pero aplicado a los patines sobre ruedas cambió el mundo del patinaje: las cuatro ruedas dispuestas en dos ejes paralelos aumentaban la estabilidad del patinador y le permitían realizar suavemente giros y otras maniobras. En 1863 patentó sus patines, que tuvieron un éxito inmediato.
Para sacar el máximo rendimiento económico a su invento, Plimpton se aseguró de que sus patines no pudieran ser comprados por particulares, sino que se vendían sólo a los propietarios de las pistas de patinaje, que después los alquilaban a sus clientes. Pero el inventor fue más allá inaugurando decenas de skating-rinks, «pistas de patinaje», primero en Estados Unidos y luego en Europa, en cuyas grandes ciudades se multiplicaron estas instalaciones durante la década de 1870.

Pista de patinaje en Nueva York en el siglo XIX.
En 1876, un periódico francés se refería al «delirio sobre ruedas» que invadía París.
La Edad de Oro del Patinaje: Un Delirio Sobre Ruedas
En 1876, Londres contaba con más de sesenta salas con pistas de cemento, asfalto, madera e incluso de mármol. Algunas eran lujosas y relucientes, para uso exclusivo de los aristócratas, mientras que las más austeras eran frecuentadas sobre todo por estudiantes que pasaban toda la tarde divirtiéndose.
En París, la primera pista de patinaje fue inaugurada en 1875 en el antiguo Circo de la Emperatriz, en los Campos Elíseos: medía más de mil metros cuadrados e incluía un jardín, un café, un restaurante y un bar americano. Las fiestas y los conciertos que tenían lugar allí, en la atmósfera mágica creada por la iluminación eléctrica, aún poco frecuente, la convertían en un lugar encantador.
Las salas de patinaje suponían la ocasión perfecta para ver y ser visto, un pasatiempo que seguía la moda de finales de siglo. En poco tiempo se hicieron tan populares que llegaron a rivalizar con las salas de baile. En 1876, Le Monde Illustré hablaba del «delirio sobre ruedas» que invadía París, y La Revue des Sports sostenía que «el patinaje sobre ruedas se consolida cada vez más como un deporte serio, reivindicando el lugar que le corresponde en la alta sociedad francesa».
Pero no todo el mundo era favorable al éxito de los patines. Henri Mouhot afirmaba con evidente ironía que «se empieza [a patinar] con dos piernas y se termina con una».
Éxito Efímero y Nuevos Intentos
A finales de la década de 1880, algunos empresarios estadounidenses intentaron crear una especie de negocio multinacional de salas de patinaje, el Columbia-Skating-Rink. En diversas ciudades del mundo alquilaron grandes recintos capaces de acoger a miles de patinadores a la vez. En 1892, cuando se abrió la de París, un periodista local comentó que era «la pista de patinaje más colosal del mundo, incomparable a todo lo que se había hecho hasta hoy». La iniciativa era de unos «atrevidos empresarios norteamericanos» y «ha recorrido triunfalmente Australia, las Indias y últimamente ha obtenido un enorme éxito en el Olympia de Londres».
Aunque el reportero confiaba que la sala volviera «a despertar en nosotros el gusto por el patinaje sobre ruedas, un deporte tan higiénico como mundano», lo cierto es que para entonces la época de oro de los patines sobre ruedas ya había pasado.
El Resurgimiento del Siglo XX: El Autoped y los Primeros Patinetes Motorizados
A principios del siglo XX, el patinete experimentó un resurgimiento con la invención del Autoped. En 1915, Autoped se convirtió en el principal inventor del patinete eléctrico. Alcanzaba una velocidad máxima aproximada de 40 km/h aunque si te desplazabas en el rango superior se evidenciaba una gran inestabilidad, lo más recomendable era no superar los 20 km/h.
Autoped, es el nombre de uno de los primeros modelos de patinete motorizado de la historia. Tenía un peso estimado de 40 kg, se refrigeraba por aire e incluía neumáticos de 15 pulgadas, luces, bocina y caja de herramientas. Cabe destacar que fue el primero con manillar plegable.
El motor se encontraba encima de la rueda delantera y el patinete alcanzaba una velocidad máxima de unos 35 kilómetros por hora, aunque lo normal era que no sobrepasase los 20 kilómetros por hora para no perder estabilidad, según un artículo de El Mundo.
En ciudades como Nueva York lo usaron empleados del servicio postal para repartir la correspondencia.

Florence, Lady Norman, viajando en su patinete de motor a las oficinas en Londres, alrededor de 1916.
Aquella imagen del Autoped acabó funcionando, y el Autoped tuvo cierto éxito entre las clases altas. Lo demuestra el hecho de que Lady Florence Norman, una famosa sufragista, lo usaba ya en 1916 para ir a su oficina del centro de Londres.
El Autoped también se acabó utilizándose en otros escenarios, como señalan en Online Bicycle Museum. El Servicio Postal de Nueva York lo utilizó para llevar el correo y también se uso por la policía de tráfico.
Lamentablemente el Autoped no logró ser rentable.
El éxito de los vehículos scooter, coches y otras formas de traslado a gasolina sepultaron momentáneamente a los patinetes.
El Patinete Moderno: Innovación y Diversificación
En la década de los años 90, el uso del patinete, monopatín y del skate estaba estandarizado por la sociedad, por lo que se requería realizar un paso más hacia adelante.
Nos encontramos en el año 2016 donde se ha hecho ‘viral’ el uso de un patinete eléctrico nuevo y modernizado: el hoverboard. Su creador, Shane Chen, creó una campaña de financiación a través de una plataforma crowdfunding americana para conseguir la financiación necesaria para poder llevar a cabo su invento.
Hoy se fabrican modelos con 350W que alcanzan 25 o 30km/h aunque para subir cuestas se requiere hasta 500W y permiten circular entre 15 y 30 km entre 30 y 80 minutos antes de que se descarguen aunque los que levan baterías de litio tienen más autonomía que soportan entre 70 y 120 kg.
Aquí hay una tabla comparativa de los diferentes tipos de patinetes eléctricos:
| Tipo de Patinete | Potencia | Velocidad Máxima | Autonomía | Peso Soportado |
|---|---|---|---|---|
| Estándar | 350W | 25-30 km/h | 15-30 km | Hasta 80 kg |
| Para Subir Cuestas | 500W | 25-30 km/h | 15-30 km | Hasta 80 kg |
| Con Batería de Litio | 350W+ | 25-30 km/h+ | 30+ km | 70-120 kg |
El Patinete en la Actualidad: Movilidad Urbana y Ocio
En la actualidad, los patinetes eléctricos han visto subir su popularidad como la espuma. En las grandes urbes españolas ya son uno de los medios de transporte más usados, sobretodo en horario laboral.
El hoverboard es el vehículo eléctrico más demandado para el ocio en la actualidad. Para quien aun no lo sepa, el hoverboard es un vehículo eléctrico que se vale de dos motores para circular.
Este aparato móvil también se conoce como patinete eléctrico auto-equilibrado o self-balancing y es la última moda en cuanto a transporte ecológico y, por supuesto, un llamativo divertimento para los más jóvenes.
Transporte económico | La historia del scooter
Barcelona está tomando medidas enérgicas en cuanto a los hoverboards y patinetes que se utilizan en la carretera principal. En las nuevas regulaciones que se aplican, todos los vehículos electrónicos tendrán que usar los mismos carriles como bicicletas. El fallo también significará que los pavimentos sólo serán utilizados para los peatones.