Ciclistas Mexicanos Famosos: Un Legado de Éxito

El Salón de la Fama del Tour de Francia tiene muchos nombres que han venido labrando la leyenda de la carrera durante más de un siglo, pero entre ellos sobresalen los pentacampeones. Dos franceses; Jacques Anquetil y Bernard Hinault; un belga, Eddy Merckx; y un español, Miguel Induráin, se han repartido veinte victorias en París a partes iguales.

Una vez eliminado de la lista Lance Armstrong y sus siete triunfos consecutivos a causa del dopaje, el debate sobre quién ha sido el mejor corredor de la historia del Tour recobró cierto consenso en torno a la figura de Eddy Merckx, por lo abrumador de sus victorias, por su récord de triunfos de etapa y su dominio extendido a las clasificaciones secundarias, o por su alucinante palmarés fuera de Francia.

Pero hay más matices que conviene conocer y que fomentan otro tipo de opiniones: circunstancias, calidad de los rivales, contexto histórico, factores externos… Lo mejor es sumergirse en el Olimpo de los cuatro pentacampeones y conocer qué caminos siguieron para entrar en la leyenda.

Nadie ha conseguido más de un siglo de historia acercarse a semejante combinación de récords, como nadie ha conseguido aproximarse a sus 525 victorias, entre ellas cinco Giros de Italia, una Vuelta a España, tres Mundiales, el Récord de la Hora y diecinueve Monumentos, entre ellos siete triunfos en la Milán - San Remo. Todo ello en doce años de carrera, 1965 a 1977.

Eddy Merckx tenía una voracidad por el triunfo que rayaba en lo obsesivo, que le valió el apodo de El Caníbal: quería ganarlo todo y, a poder ser, arrollando a sus rivales, algo que demostró ya desde su primera participación en el Tour de Francia.

Merckx hizo el pleno en su primer Tour gracias a su gran dominio de todos los terrenos, traducido en seis triunfos de etapa: ganó las tres contrarreloj, incluyendo la del último día en París, y se impuso en las cimas del Balón de Alsacia y del Puy de Dôme, además de ganarle un mano a mano a Felice Gimondi en la etapa de montaña entre Briançon y Digne-les-Baines. Dominó todo: las cronos, más los Alpes y los Pirineos.

Al año siguiente, 1970, incrementó la cosecha: ganó el Tour con casi 13 minutos de ventaja sobre Zoetemelk y se impuso en ocho etapas, contando la contrarreloj por equipos que ganó con el Faema en Angers, tres cronos individuales más y victorias en la gran montaña como la del Mont Ventoux.

El arrollador dominio de Eddy Merckx en el Tour de Francia bien pudo verse frenado en seco en 1971, cuando encontró un rival temible en el español Luis Ocaña, un ciclista con unas condiciones excepcionales en casi todos los terrenos y con una mentalidad ganadora equiparable a la del belga.

El conquense de Priego atacó en la côte de Laffrey, a 117 kilómetros de la meta, y selecciónó una escapada de la que se marchó en solitario en la subida al col de Noyer. Merckx, sin ayuda de equipo, no pudo responder a una de las mayores exhibiciones de todos los tiempos. Ocaña ganó la etapa y se vistió de amarillo, con casi diez minutos de ventaja sobre el belga, que encajó su mayor derrota diciendo: “Ocaña nos ha matado como El Cordobés mata a sus toros”.

Sin embargo, la fatalidad se cebó con el conquense de Priego apenas cuatro días después, cuando se cayó bajo la tormenta pirenaica en el descenso del col de Menté y luego fue arrollado por Zoetemelk cuando trataba de levantarse. Ocaña fue evacuado a un hospital y su abandono dejó el camino libre a la tercera victoria de Merckx en el Tour de Francia.

Después, el belga sumó su cuarta victoria en París en 1972, ganando seis etapas y aventajando en casi 11 minutos a Felice Gimondi, y dedicó 1973 a lograr el doblete Vuelta a España - Giro de Italia, antes de regresar en 1974 para ganar su quinto Tour. Lo hizo imponiéndose en ocho etapas, incluida la de París. Merckx pudo acabar segundo en París, a menos de tres minutos del francés, pero ya no volvió a ganar el Tour.

Su séptima y última participación se saldó con un sexto puesto en 1977, a más de 12 minutos de Thévenet. Colgó la bicicleta en 1978 con un palmarés apoteósico en Francia: pentacampeón del Tour con 34 victorias en 158 etapas disputadas, contando prólogos.

Como Merckx, Hinault ganó el Tour en su primera aparición, en 1978, tras asestar un golpe maestro en la contrarreloj de 72 kilómetros de Nancy, a dos días de llegar a París. El bretón aventajó en más de cuatro minutos al neerlandés Joop Zoetemelk para desbancarlo del liderato, y empezó a mostrar su poderío en la lucha individual, la clave de sus victorias, junto a su extraordinaria ambición.

Su dominio ya fue abrumador en 1979, cuando ganó su segundo Tour de Francia imponiéndose en siete etapas y aventajando en la General en más de 13 minutos al segundo, de nuevo Joop Zoetemelk. Hinault cimentó su victoria ganando contra el crono en tres días clave: la cronoescalada a Superbagnéres, y las contrarrelojes de Bruselas y Morzine Avoriaz. Su estado de gracia en la lucha individual le llevó a ganar ese mismo año el Gran Premio de las Naciones, el campeonato del mundo oficioso de la especialidad.

Aquella secuencia victoriosa en el Tour se detuvo en 1980, cuando el frío y la lluvia que marcaron aquella edición tuvieron consecuencias graves para su rodilla. Hinault, que ya había marcado territorio con tres victorias de etapa, se vio obligado a abandonar en Pau a causa de una tendinitis.

Al año siguiente se resarció y ganó su tercer Tour con más de 14 minutos de ventaja sobre Lucien Van Impe, después de ejercer un dominio abrumador en todos los terrenos, sobre todo en su especialidad: ganó el prólogo de Niza y las contrarrelojes de Pau, Mulhouse y Saint Priest, además de asestar un gran golpe en los Alpes, con una exhibición en solitario para ganar en La Pleynet.

Su cuarta victoria en el Tour de 1982 siguió ese guión: marcó territorio ganando el prólogo de Basilea, cedió el amarillo unos días y retomó el mando para no soltarlo en la 11ª etapa, una contrarreloj de 57 kilómetros. Ese día cedió por 18 segundos ante Gerrie Knetemann, pero la derrota parcial ante el neerlandés no fue óbice para que Hinault se cobrase sustanciales diferencias con sus rivales.

El bretón terminaría sentenciando el Tour ganando las dos contrarrelojes siguientes, en Martigues y Saint Priest, y controlando con suficiencia los ataques de sus rivales en los Alpes. La guinda la puso en el esprín de París, ganando la última etapa vestido de amarillo y ante un especialista como Adrie Van der Poel.

Conocido como El Tejón en Francia y como El Caimán en España, Bernard Hinault estaba en pleno apogeo y parecía lanzado hacia su quinto Tour en 1983, pero sus rodillas volvieron a pasarle factura poco después de dar su histórico recital en la etapa de la sierra de Ávila, donde sentenció su segunda victoria en la Vuelta a España con una memorable ascensión al Puerto de Serranillos.

Tuvo que pasar por el quirófano para operarse, esta vez de la rodilla derecha, y su ausencia abrió el camino a la irrupción del joven Laurent Fignon, compañero de Hinault en el equipo Renault de Cyrille Guimard.

En ese contexto, el Tour de Francia de 1984 se presentó como un gran duelo entre los dos franceses, teniendo en cuenta que Hinault parecía recuperado con su segunda posición en el Giro de Italia. El bretón pareció confirmarlo ganando el prólogo con tres segundos de ventaja sobre Fignon, pero no pasó de ahí.

El Renault, con el rubio parisino de la coleta al frente, asestó un primer golpe en la contrarreloj por equipos de Valenciennes, y Fignon se encargó en primera persona de batir holgadamente a Hinault en la crono individual de Le Mans, como también lo hizo en la siguiente, con final en La Ruchère. Fignon acabó firmando una exhibición en los Alpes, distanciando a Hinault en Alpe d’Huez y ganando en La Plagne, para ganar el Tour con más de diez minutos sobre el bretón. Hinault salvó la segunda posición por poco más de un minuto sobre un joven y talentoso compañero en La Vie Claire: Greg LeMond.

Anclado en cuatro Tours, camino de los 31 años y con el aliento encima de la nueva generación, Hinault afrontó el reto de ganar el quinto en 1985, con el alivio de la ausencia de Fignon, lesionado en la rodilla, pero con LeMond discutiendo su liderazgo en el equipo. Entonces trascendió un pacto: LeMond ayudaría a Hinault a ganar el quinto, y al año siguiente se intercambiarían los papeles para que el estadounidense sumase su primera victoria.

El Tejón empezó el Tour de 1985 asestando dos golpes importantes a la General, el primero ganando con rotundidad la contrarreloj de Estrasburgo, con casi tres minutos sobre LeMond, y el segundo en la etapa de montaña de Morzine, donde le tomó minuto y medio más, después de acabar segundo tras un sensacional Lucho Herrera, el mejor escalador de la época.

Pero no todo fue un camino de rosas: el cansancio acumulado tras ganar el Giro de Italia y la pujanza de LeMond hicieron sufrir a Hinault en los finales pirenaicos de Luz Ardiden y el Aubisque, además de ceder ante el estadounidense en la última contrarreloj de Lac Vassivière. Hinault ganó el quinto Tour muy apurado, por menos de dos minutos, pero logró entrar en el Olimpo de los pentacampeones.

Aparentemente satisfecho por igualar a Anquetil y Merckx, Hinault declaró que en 1986 cumpliría el pacto y ayudaría a LeMond a ganar su primer Tour, pero a la hora de la verdad irrumpió en la carrera con su versión más ambiciosa, sin poder dominar la tentación de ser el primer ciclista en ganar seis veces en París.

El segoviano estuvo atento para leer la jugada de Hinault, que atacó en un sprint especial a más de noventa kilómetros con su compañero Jean François Bernard, y se dejó llevar a rueda hasta el pie del col de la Marie Blanque. Allí, Bernard acabó el trabajo y Delgado e Hinault se entendieron hasta Pau, donde el francés cedió el triunfo de etapa al segoviano y se vistió de amarillo, cobrándose más de cuatro minutos y medio de ventaja sobre LeMond.

Hinault encaró la siguiente jornada de montaña con más de cinco minutos sobre LeMond, pero no se conformó: volvió a atacar a más de cien kilómetros de la meta buscando una exhibición definitiva, pero desfalleció en el ascenso al Peyresourde y terminó siendo rebasado por LeMond en la subida final a Superbagnères.

LeMond cogió el liderato en el durísimo final del col de Granon y al día siguiente, en Alpe d’Huez, los dos rivales y compañeros dejaron para la historia la imagen del traspaso de poderes, al entrar en meta de la mano. El viejo campeón se despedía del Tour con el segundo puesto, su séptimo podio en los Campos Elíseos. A finales de 1986 se despidió definitivamente del ciclismo corriendo una prueba de ciclocross en su pueblo de la Bretaña, Yffiniac.

Jacques Anquetil fue el primer pentacampeón de la historia del Tour de Francia y el gran dominador de la carrera a caballo entre los años cincuenta y sesenta, gracias a unas condiciones excepcionales como contrarrelojista.

Nacido en 1934 en la localidad normanda de Mont-Saint-Aignan, Anquetil dejó el oficio de tornero con 18 años para dedicarse al ciclismo. Muy pronto demostró sus cualidades, logrando para Francia la medalla de bronce en los Juegos de Helsinki, y ganando con sólo 19 años el Gran Premio de las Naciones, la prueba contrarreloj más prestigiosa del mundo, en la que terminaría imponiéndose hasta en nueve ocasiones, el récord histórico de la prueba.

Ese día batió al gran campeón francés de la época, Louison Bobet, en una lucha individual de 140 kilómetros. Su gran dominio de la especialidad fue la clave de sus victorias en el Tour de Francia, ya desde su primera participación en 1957, con 23 años. En esa edición, sin grandes referentes como Bobet o Géminiani, y con menos montaña de lo habitual, Anquetil arrolló en la General con cuarto de hora de ventaja sobre el segundo, el belga Marcel Janssens.

Ya para entonces Anquetil tenía el apodo de Monsieur Crono, que le distinguiría durante toda su carrera. A diferencia de otros campeones, aquella primera victoria de 1957 no marcó el inicio de una secuencia victoriosa de Anquetil. Las desavenencias internas en los equipos franceses, entre estrellas como Louison Bobet, Raphael Géminiani o Henri Anglade, sumado al brillo de dos escaladores de leyenda como Charly Gaul y Federico Martín Bahamontes, alejaron a Anquetil de la primera posición de París en tres ediciones consecutivas: en 1958, el año de la gran victoria de Charly Gaul, el normando se hundió en el col de Porte, cedió 23 minutos y abandonó al día siguiente aquejado de una neumopulmonía; en 1959, Anquetil apenas pudo ser tercero, ante las exhibiciones escaladoras de Gaul y Bahamontes, y unas prestaciones en contrarreloj por debajo de su nivel, sobre todo el día en que El Águila de Toledo asaltó el liderato arrollando en la cronoescalada del Puy de Dôme.

La tacada victoriosa de Anquetil llegó con sus cuatro victorias consecutivas entre 1961 y 1964, el período de sus grandes duelos con su compatriota Raymond Poulidor, otra de las leyendas francesas. Todavía sin esa competencia, Monsieur Crono hizo gala de su apodo en 1961 dominando en los más de cien kilómetros de contrarreloj de aquella edición. Ya en la segunda etapa empezó vistiéndose de amarillo en la crono de Versalles, y ya no soltó el liderato. El broche lo puso arrasando en la contrarreloj de Périgueux, de 74,5 kilómetros, en la que aventajó en casi tres minutos al segundo clasificado, Charly Gaul. Anquetil ganó su segundo Tour con 12 minutos de ventaja sobre su más inmediato rival, el italiano Guido Cardesi.

Mucha más oposición tuvo el campeón normando en la edición de 1962, la del debut de Raymond Poulidor y la de la explosión como contrarrelojista en el Tour del belga Joseph Planckaert. Anquetil ganó la primera crono en La Rochelle, pero fue superado por Planckaert en la cronoescalada a Superbagnères, en un día pletórico de Bahamontes, ganador de la etapa.

El especialista belga destronó del liderato al británico Tom Simpson y lo defendió con acierto en la montaña, a la vez que Poulidor empezaba a mostrar su calidad ganando con autoridad la etapa reina de Aix-les-Bains, una gran travesía pirenaica que incluía las ascensiones a los puertos del Lautaret, Luitel, Porte, Cucheron y Granier. Con sus rivales acechando, Anquetil aplacó la presión con una victoria incontestable en los 68 kilómetros de la contrarreloj de Lyon, donde aventajó a Planckaert y a Poulidor en más de cinco minutos para dar el golpe definitivo. Ganó en París con 4:59 minutos de ventaja sobre el belga, y 10:24 sobre su compatriota.

Con tres Tours de Francia y un Giro de Italia ganados, Anquetil se presentó como gran estrella mundial en la edición de 1963. Pero ese año se encontraría con la colosal oposición de Bahamontes, que a sus 35 años puso en jaque permanente al campeón normando.

Anquetil llegó a la montaña sin apenas margen sobre el español, que exhibió una gran versión en el llano, en la contrarreloj de Angers y hasta en el adoquinado de Bélgica. Sólo la impericia de Baham...

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Pentacampeones del Tour de Francia
Ciclista Nacionalidad Victorias
Jacques Anquetil Francés 5
Bernard Hinault Francés 5
Eddy Merckx Belga 5
Miguel Induráin Español 5

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