Conmoción, dolor e indignación eran los sentimientos que mostraban ayer los vecinos de Villabona (Guipúzcoa), localidad en la que residían José Carlos Carrasco y Nerea Aguirre, junto a su hijo Orats. La familia vivía en la calle Nagusia, y llevaba diecinueve años asentada en el primer piso del número 8, a veinte metros escasos de la peluquería Kiran, donde su titular no podía contener las lágrimas tras saber que los fallecidos eran José Carlos y Nerea. «Sabía que se había producido un accidente, pero desconocía que fueran ellos», dijo entre sollozos. «Ella era clienta mía. Era una mujer estupenda, muy agradable, muy alegre.
La alcaldesa de la localidad mostró también su pesar por el fallecimiento de los esposos a la vez que expresó su condena por el comportamiento del conductor. «Era un matrimonio muy integrado, aunque ella era de Donostia y el de Hernani. Pero quien más conoce de la afición que los tres miembros de la familia tenían por el deporte de las dos ruedas es Aitor Ayerza, presidente del club Oriakoa de Tolosa, donde el hijo del matrimonio milita en la categoría alevín.
«Es el tercer año que está con nosotros. Es un chico muy vivo, un buen chaval. Te voy a contar una anécdota. Hace unos días disputamos una crono en Gaintza y Orats obtuvo la segunda plaza. A la hora de la entrega de los premios vino a donde estaba y me dijo que se tenía que ir a Villabona porque tenía que recoger otro premio, este de fútbol al mejor compañero del equipo. La afición del chico había sido heredada de su padre.
«José Carlos era un practicante habitual. Solía andar en bicicleta de montaña. La madre también salía a la carretera. Los dos estaban volcados con su hijo, se desvivían por él. Y además, siempre estaban dispuestos a colaborar en las carreras que organizábamos», detalló el presidente. «Recuerdo del padre que era una persona muy seria y muy correcta. La Junta Directiva de la Oriako Txirrindulari Eskola mostró ayer en un comunicado su «solidaridad y sentido pésame a la familia y amigos», en estos momentos «tan difíciles y duros». Asimismo, denunciaron el atropello al tiempo que anunciaron su compromiso a «ofrecer nuestro apoyo y amparo en los posibles procesos judiciales que tengan lugar en el futuro.
Ayerza recordó que la noticia les había causado un gran impacto. «Estamos profundamente afectados. Teníamos una relación muy estrecha con los tres miembros de la familia. Es muy duro lo que ha sucedido». Asimismo, anunció para este próximo domingo la convocatoria de una concentración y posterior marcha neutralizada por el centro de Tolosa en bicicleta «para realizar una protesta». Los chavales de Villabona también se hicieron eco de la tragedia.
Contrastando con la tristeza en Villabona, nos trasladamos a la isla de Ibiza, donde la famosa Paris Hilton comparte su visión y experiencia de este lugar mágico.

Mapa de la isla de Ibiza.
El Encanto de Ibiza según Paris Hilton
Fue como si una fuerza invisible la atrajera hacia aquella puerta, apenas dos hojas de madera incrustadas en una fachada de piedra blanca, descendiendo la suave colina coronada por la iglesia fortificada de Sant Miquel. Un hilo misterioso tiraba de ella en un escenario remoto del norte de la isla de Ibiza. Fue así como, penetrando en un salón con olor a tabaco y destilados, Paris Hilton viajó a 1905. Los lugareños más veteranos que ocupaban las mesas del bar estanco de Can Xico de sa Torre solo vieron a otra chica de California. Una que se había retrasado al menos medio siglo en venir a buscar su correo. "Es un lugar mágico, tenía la sensación de haber perdido el contacto con el tiempo", trata de explicar Paris. Las estanterías de madera, los percheros de hierro, las mesas y sillas permanecen en el mismo lugar desde principios del siglo XX. "En la terraza, justo al lado de la iglesia, te emocionas con solo imaginar cómo era la vida aquí hace cien años".
Ayudamos a Paris con la lección de historia. "Ibiza es un carrusel de recuerdos felices, si es invierno la añoro, pero cuando se acerca el verano cojo mi agenda y me pongo a trabajar con mi equipo para estar aquí lo antes posible. Amo esta isla", confiesa Paris Hilton. Aterrizó por primera vez como si fuera a quedarse para siempre: 22 maletas y nueve antifaces para dormir. Pero ¿por qué Ibiza? "Nunca tuve un referente, nos la recomendaron unos amigos y simplemente vinimos.
De sus estancias hoteleras en Platja d'en Bossa pasó a alquilar residencias en distintos puntos de la isla. Buscó ocupaciones que la retuvieran sin necesidad de cesar su obstinada tarea de promoción de sí misma. Se encerró en una mansión y grabó un videoclip, pero fue todo demasiado rápido. Camuflada bajo una gorra y gafas de sol, Paris se esconde en el barrio de La Marina, y en la adyacente ciudad antigua de Dalt Vila, Patrimonio de la Humanidad. "Pasear por sus calles es descubrirla una y otra vez porque siempre aparecen rincones distintos: tiendas, pequeños restaurantes y cafés donde siempre hay mucha gente y no todo resulta siempre caro. Si la noche anterior he salido poco mi plan ideal es levantarme e irme a desayunar al Croissant Show, porque me encantan sus galletitas de chocolate y sus cruasanes de almendras".
Sus salidas son una práctica arriesgada. A pocos metros de allí, en un local del paseo de Vara de Rey, el centro de Ibiza, presentó algunas de sus 17 líneas de producto, un retazo de sus más de 50 tiendas en cuatro continentes, que ayudan a la confección de parte de su fortuna: unos 1.300 millones de euros. En cuanto se asomó al escaparate a posar como un maniquí paró el tráfico de la calle, y a los pocos minutos el del resto de una ciudad a la que se supone aburrida de contemplar celebridades.
De noche la muralla parece cobrar vida al ritmo de unas calles convertidas en un inmenso carnaval, que fluye con el latido de las provocadoras comparsas de las discotecas. Un ritmo frenético que contagia a los bares del entorno, como el desvergonzado Sod Bar, hasta el que se escabulle Paris Hilton.
En la ruta marítima más saturada del Mediterráneo, las 12 millas que separan las islas de Ibiza y Formentera, la 'celebrity' navega ahora en compañía del empresario Thomas Gross. El mismo escenario donde sellaron su amor para la prensa con un beso de bañadores mojados en cubierta. "Es un paseo que hay que vivir, garantizo a cualquiera que habrá un antes y un después en sus vidas". Aguas cristalinas convertidas en una pasarela de palacios flotantes, algunos del tamaño de trasatlánticos que apenas navegan su propia eslora unas cuantas veces para llegar a la meta de la isla vecina. "Me encanta nadar en Formentera, o dar un paseo en moto de agua o por la playa cuando puedo", comenta. Aunque la arena suele ser terreno vetado para ella, porque procura mantenerse alejada de los rayos solares.
La ruta forma parte del Parque Natural de ses Salines. En su entorno, de vuelta a Ibiza, alcanzamos la playa de Es Cavallet, icono gay y primer arenal oficialmente nudista de la isla, y en él, La Escollera, un restaurante que suma más de dos décadas elaborando arroces o el preciado gallo de San Pedro. "Su comida mediterránea es la mejor del mundo. Los propietarios me hacen sentir como si llegara a casa de un familiar. Conozco a muchas personas en Ibiza, pero cuando estoy aquí siento que todos somos ibicencos", clama Paris Hilton.
Una ruta marítima desde aquí hacia el Oeste desemboca en las Playas de Compte tras atravesar los islotes de Poniente. La casa donde se encuentra la discoteca Amnesia fue construida a finales del siglo XVIII. Cinco generaciones de la familia Planells vivieron allí, y en 1976, un joven licenciado en Filosofía llamado Antonio Escohotado la alquiló por 20.000 pesetas para convertirla en sala de fiestas. Quiso bautizarla Taller del Olvido, como si la noche sirviese para purgar los problemas rutinarios. Casi 40 años después, su zona VIP atrae cada sábado a decenas de personalidades que inundan el aparcamiento con sus furgonetas de cristales tintados, para presenciar el espectáculo 'Espuma y Diamantes' de una rubia de California. "Me han hecho la reina de la discoteca. Es lo que me gusta hacer y cuando me subo a la cabina y veo a la gente feliz me emociono.