El cáncer es una enfermedad devastadora que puede afectar a cualquier persona, incluyendo a los ciclistas. Afrontar un diagnóstico de cáncer, especialmente en etapas avanzadas, requiere un enfoque integral que abarque tanto el tratamiento de la enfermedad como el manejo de los síntomas y el apoyo emocional. Este artículo proporciona una visión detallada de los cuidados paliativos, el manejo del dolor, las opciones de tratamiento y la esperanza de vida en pacientes con cáncer, con un enfoque en la experiencia de los ciclistas.

Cuidados Paliativos y de Soporte
Los cuidados continuos o cuidados de soporte son tratamientos que tienen como objetivo la mejora de los síntomas a través de un cuidado total, activo y continuado del paciente, cubriendo sus necesidades físicas, psicológicas/emocionales, sociales y espirituales.
En su comienzo, los cuidados paliativos o de soporte eran sinónimo de cuidado al final de la vida. En la actualidad, se considera que estas actuaciones son complementarias a las terapias dirigidas específicamente a tratar el cáncer, y deben aplicarse conjuntamente desde el mismo momento del diagnóstico de la enfermedad.
Junto a estos, unos buenos cuidados de soporte, incluyendo el ámbito biopsicosocial, y el apoyo de las familias, resultan cruciales para que estos tratamientos sean factibles. Así, uno de los objetivos de esta atención integral es disminuir las complicaciones y facilitar la administración de tratamientos como la quimioterapia.
Estos cuidados continuos los puede administrar el oncólogo y el personal de enfermería que normalmente atienden al paciente. Sin embargo, con frecuencia se requiere de equipos multiprofesionales especializados y con una concepción activa y rehabilitadora.
Estas unidades de cuidados de soporte o paliativos suelen ser adecuadas cuando existen problemas médicos más complejos, síntomas difíciles de controlar y cambiantes o problemas de tipo social o familiar. Los médicos de dichas unidades al igual que los de atención primaria actúan en colaboración con el oncólogo para tratar de mejorar la situación, y pueden contar con otros especialistas como psicooncólogo, trabajador social, enfermería especializada en cuidados paliativos, etc.
Manejo del Dolor
El dolor es una experiencia sensitiva y emocional desagradable asociada a una lesión física real o potencial.
Se trata de uno de los síntomas más frecuentes que está presente entre el 33% y el 64% de los pacientes. El dolor tiene una parte objetiva, relacionada con el proceso que lo ocasiona, pero también un aspecto emocional o psicológico.
El dolor asociado al cáncer tiene un impacto negativo en la calidad de vida cuando no se ataja con rapidez y eficacia. Además, cada vez hay más datos que sugieren que una parte del pronóstico a largo plazo depende de la paliación efectiva del dolor.
Tratar el dolor para tratar el cáncer
El dolor puede deberse a cualquier lesión orgánica y, por lo tanto, en el paciente con cáncer la causa más frecuente será la propia enfermedad. Se considera que hay dos tipos básicos de dolor: el nociceptivo y el neuropático.
- El dolor nociceptivo es aquel que aparece como resultado de una lesión en alguna parte del organismo que produce la activación de receptores de dolor (nociceptores). Estos receptores están presentes en multitud de localizaciones, como la piel, las vísceras, el músculo o el esqueleto.
- El dolor somático ocurre en el hueso, el músculo, la piel y las mucosas.
- El dolor visceral es resultado de la infiltración o compresión de los órganos abdominales o torácicos.
- El dolor neuropático se produce por la lesión directa del sistema nervioso central (cerebro y/o médula espinal) o periférico (nervios) encargado de transmitir y procesar los estímulos dolorosos.
- El dolor disruptivo se define como una exacerbación brusca y puntual que ocurre en un paciente con un dolor crónico bien controlado.
Al tratarse de un síntoma subjetivo, es suficiente que el paciente cuente que tiene dolor, es decir, se diagnostica interrogando al paciente sin necesidad de otros estudios para su confirmación. La caracterización se hará preguntando por la localización, duración, intensidad, exacerbaciones, factores desencadenantes, zonas a las que se irradia, aspectos psicosociales e impacto en las actividades de la vida cotidiana y pidiéndole que lo describa (quemante, opresivo, urente …).
A pesar de tratarse de una sensación subjetiva, se han desarrollado instrumentos de medida para evaluar principalmente la intensidad y el tipo de dolor ya que estos orientan el tratamiento. Estos instrumentos pueden ir desde una simple escala numérica, la más ampliamente utilizada es la escala visual analógica en la que el paciente puntúa el dolor de uno (sin dolor) a diez (máximo dolor), hasta complejos cuestionarios con varias preguntas.
El tratamiento se hace en tres escalones, de acuerdo con la recomendación de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cuando el dolor es leve se inicia el tratamiento con fármacos no opiáceos, como el paracetamol, metamizol o los antiinflamatorios no esteroideos (AINES) como el ibuprofeno. Cuando es moderado se puede pasar al segundo escalón añadiendo opiáceos menores (tramadol) y si el dolor es severo, al tercer escalón incluye los opiáceos mayores.
Los fármacos opiáceos que se liberan en el organismo de manera retardada proporcionan un alivio continuo durante todo el día. Para el dolor neuropático, se recomienda el uso de agentes adyuvantes que incluyen a los anticonvulsivantes y los antidepresivos.
Los opiáceos necesitan ser ajustados a las necesidades de cada paciente, y no tienen techo terapéutico (no hay dosis máxima), por ello las dosis se puede ir aumentando de forma periódica hasta control del dolor. La toxicidad de la mayoría de los analgésicos suele ser prevenible y tratable.
Los antiinflamatorios pueden producir gastritis o úlceras digestivas, pero esto es poco frecuente en la actualidad, por el uso concomitante de fármacos antiulcerosos. Los opiáceos pueden producir, especialmente los primeros días de administración, somnolencia y náuseas y de forma mantenida, estreñimiento.
En algunos casos el control del dolor no se puede conseguir por los medios descritos anteriormente. Este pequeño grupo de pacientes puede beneficiarse de medios invasivos. Dentro de este grupo están la administración epidural de opiáceos, los bloqueos nerviosos y las técnicas quirúrgicas.
El tratamiento epidural se suele hacer cuando los efectos secundarios de las otras vías son excesivos, o se ha desarrollado una elevada tolerancia y se precisan altas dosis con un beneficio escaso. Los bloqueos nerviosos consisten en la administración de anestésicos cerca de las raíces nerviosas, de forma puntual o continua, para bloquear el nervio por el que llega el estímulo doloroso.
La cirugía puede ser para implantar eletroestimuladores, o en casos extremos seccionar la raíz nerviosa por la que llega el estímulo doloroso. La fisioterapia y las técnicas psicológicas son útiles en combinación con las medidas farmacológicas especialmente en el dolor de tipo osteomuscular.
Consisten en la aplicación de frío/calor, masaje, vibración, presión, cambios posicionales, baños en agua caliente y la actividad física moderada y contribuyen a la relajación y al alivio del dolor. Las técnicas psicológicas ayudan al paciente a tener sensación de control de la situación, lo que puede llegar a mejorar la percepción y el impacto del dolor.
Es importante que el paciente tenga una buena información porque son muchos los mitos que existen acerca del dolor oncológico y su tratamiento, que no solo están lejos de la realidad, sino que interfieren con el tratamiento correcto.
Astenia
Se trata de uno de los síntomas más frecuente en pacientes con cáncer. Entre el 29% y el 80% de los pacientes desarrollan astenia en algún momento, lo que depende fundamentalmente del tipo de tumor, la extensión y el tratamiento.
La mayoría de los pacientes que reciben tratamiento con quimioterapia, radioterapia o fármacos biológicos experimentan cansancio. El mecanismo exacto de la astenia es desconocido.
Se sospecha que sustancias secretadas directamente por el tumor o por el organismo en respuesta a éste, pueden mediar en su producción. Además, hay otros factores que pueden contribuir al desarrollo o empeoramiento de la astenia.
La identificación de las causas tratables contribuye a mejorar este síntoma, la calidad de vida, la tolerancia a los tratamientos y el afrontamiento del cáncer. Al tratarse de un síntoma, el diagnóstico se realiza por la historia clínica y la información que nos refiere el paciente.
Además, se investigará si la astenia está causada por medicamentos, por si fuera necesario modificar las pautas, o por la presencia de otros síntomas asociados que la favorecen o agravan. La anemia, alteraciones metabólicas u hormonales se pueden detectar mediante un análisis de sangre.
Se deben identificar y tratar todas las causas reversibles, prestando especial atención a la anemia, dolor, insomnio, desnutrición y a los trastornos psicológicos como la depresión. Las intervenciones psicológicas y nutricionales pueden ser útiles en algunos pacientes.
Trate de planificar el día con sentido común, priorizando la realización de las actividades más prioritarias durante los picos de máxima energía. Haga ejercicios ligeros, variados y divertidos que le permitan desarrollar todas sus cualidades físicas (resistencia, fuerza, flexibilidad, coordinación), como gimnasia y todas sus variedades: pilates, baile, etc.
Controle el descanso nocturno para lograr un sueño reparador, pero evite pasar el día en la cama. Un ejercicio físico moderado y no dormir durante las horas de luz pueden ayudar a conciliar mejor el sueño por la noche. En las horas antes de acostarse, no ingiera alimentos de digestión pesada, no tome estimulantes ni realice actividades que generen estrés.
Otros Síntomas y Complicaciones
El tratamiento del cáncer puede llevar a diversas complicaciones, como:
- Estomatitis: Suele producirse como complicación del tratamiento del cáncer. Emplee un cepillo de dientes con cerdas suaves de nylon.
- Xerostomía: Es la sensación de tener la boca seca. No son necesarios estudios adicionales ya que, con la historia clínica y la exploración física del paciente, suele ser suficiente. La saliva ayuda al proceso de la ingesta y en ausencia de esta la alimentación se dificulta.
- Alteración del gusto: Consiste en la percepción anormal o cambio del sabor de los alimentos que puede hacer que se perciban insípidos o con un desagradable sabor metálico o amargo. Evite los olores ambientales y los lugares donde se cocina. Evite destapar recipientes con alimentos calientes delante del paciente.
- Problemas en la piel y el cabello: La piel y el cabello de los pacientes puede sufrir múltiples alteraciones que interfieren con la calidad de vida y deterioran la imagen corporal. Algunas de estas alteraciones pueden estar relacionadas con el tratamiento, como la caída del pelo.
- Sequedad de la piel: Es un trastorno especialmente frecuente en los pacientes con cáncer. Se debe al daño de la capa de grasa producida por las glándulas sebáceas que contribuyen a mantener la humedad de la piel.
- Prurito: Consiste en la sensación desagradable de picor, que lleva al enfermo a rascarse pudiéndose producir heridas en la piel. La sequedad de piel, explicada en el apartado anterior, es una causa muy frecuente de picor. El prurito es una sensación del paciente, y el diagnóstico se basa en lo que él refiere.
- Úlceras tumorales: Son causadas por la invasión directa y daño de la piel por el tumor. Otras veces las produce el tratamiento, con especial predilección por las palmas de manos y plantas de pies. También pueden producirlas las infecciones o la extravasación de fármacos. El diagnostico se basa en la exploración física del paciente.
- Edemas: Consiste en la acumulación de líquido, generalmente en las partes más declives del organismo, los miembros inferiores. Éste es otro hallazgo frecuente en el cáncer avanzado. Las causas de edema son muchas. El diagnostico se basa en la exploración física.
- Desnutrición: La desnutrición es muy frecuente en el enfermo con cáncer. Está presentes entre el 15% y el 40% de los casos en el momento del diagnóstico, y en fases avanzadas, aparece hasta en un 80% de los pacientes.
¿Cuánto Tiempo Me Queda? Esperanza de Vida y Factores Pronósticos
¿Cuánto tiempo me queda? Esta es una pregunta muy habitual que muchas personas que reciben un diagnóstico de cáncer hacen a sus médico. La respuesta es, desde luego muy diversa y compleja.
En realidad, ¿ se puede calcular el tiempo de vida de una persona tras un diagnóstico de cáncer ? Lo más sensato sería decir que no, que hay demasiadas variables en juego, pero un equipo de investigadores de la Universidad de Nottingham (Gran Bretaña) se han arriesgado y asegura en un estudio que se publica en British Medical Journal (BMJ) que, en el caso del cáncer colorrectal sí es posible.
Los investigadores afirman que el objetivo de la nueva herramienta es ayudar a los pacientes a tomar decisiones más informadas sobre el tratamiento y administrar las expectativas después de un diagnóstico.
Los métodos actuales de predicción de la supervivencia -continúa la investigadora- se basan en información simple basada en la edad y el grado y estadio del cáncer. Pero la ‘calculadora’ examina una serie de factores de riesgo no contemplados hasta ahora: historial del paciente, l tabaquismo, el índice de masa corporal, antecedentes familiares, otras enfermedades y tratamientos como la aspirina o las estatinas -fármacos para el colesterol-, además de otra información, como si han sido sometidos a una cirugía o a tratamientos como la quimioterapia.
Para validad su nueva herramienta las investigadoras utilizaron información procedente de más de 44.000 pacientes de 947 médicos de familia para desarrollar ecuaciones separadas para hombres y mujeres de entre 15 y 99 años de edad en el momento en el que se les diagnóstico un cáncer colorrectal. Por ejemplo, una mujer de 38 años con cáncer colorrectal avanzado en estadio 4 podría estimar su supervivencia con o sin cirugía y quimioterapia para ayudar a evaluar el valor potencial del tratamiento.
La detección precoz es crucial: si se identifica en fases iniciales, la supervivencia supera el 90%, pero cae al 10% en etapas avanzadas.
Historias Inspiradoras
Las historias de personas que han superado el cáncer o que han aprendido a vivir con él pueden ser una fuente de inspiración y esperanza.
Emma Dimery fue diagnosticada con cáncer de colon terminal a los 23 años. A pesar de un pronóstico sombrío, Emma sobrevivió gracias a un ensayo clínico pionero que utilizó ingeniería genética para modificar sus células inmunitarias. Su historia destaca la importancia de la investigación médica y el apoyo emocional.
Jonathan Pascual, un triatleta diagnosticado con cáncer, ha demostrado que los límites son autoimpuestos. Su participación en competiciones de Ironman mientras lucha contra la enfermedad ha inspirado a millones de personas.
Xisco Quesada, diagnosticado con cáncer de páncreas con metástasis en el hígado a los 28 años, ha conmovido a miles de personas con su actitud positiva y su determinación para luchar contra la enfermedad. Su historia subraya la importancia de la mentalidad y el apoyo familiar.
Tratamientos Innovadores
Los avances recientes en la biología molecular del cáncer han llevado al desarrollo de tratamientos innovadores, como la inmunoterapia y la terapia dirigida.
El tivozanib es un inhibidor potente y selectivo de tirosina cinasas que ha demostrado prolongar el tiempo de supervivencia sin progresión tumoral en pacientes con carcinoma renal de células claras avanzado. Su perfil toxicológico es aceptable y manejable, lo que lo convierte en una opción de tratamiento valiosa.
Conclusión
Afrontar un diagnóstico de cáncer es un desafío enorme, pero con los cuidados paliativos adecuados, el manejo del dolor, las opciones de tratamiento innovadoras y el apoyo emocional, es posible mejorar la calidad de vida y prolongar la supervivencia. Las historias de personas que han superado el cáncer o que han aprendido a vivir con él son una fuente de inspiración y esperanza para todos los que enfrentan esta enfermedad.
