La Historia de la Chichonera en el Ciclismo Antiguo: Un Viaje al Pasado

El ciclismo ha evolucionado enormemente a lo largo de los años, y con él, la seguridad de los ciclistas. Uno de los elementos más importantes en esta evolución es el casco. Sin embargo, antes de los cascos rígidos que conocemos hoy, existía un protector más rudimentario: la chichonera.

¿Qué era la Chichonera?

A mediados de los años 60 del siglo XX, los cascos de los ciclistas se fabricaban a base de cuero endurecido y remaches metálicos. En el argot, se los conocía como “chichoneras”. Como no eran obligatorios, muy pocos ciclistas profesionales los llevaban.

Este primitivo protector de cabeza consistía en tiras de cuero entrelazadas que ofrecían una protección mínima contra impactos. Es posible entender el increíble progreso que se ha hecho en materia de seguridad viendo estos primeros cascos.

La Transición hacia los Cascos Rígidos

Este tipo de casco se mantuvo más o menos invariable hasta que en los años noventa aparecieron los primeros cascos de inyección de plástico en EE.UU. El primer gran cambio hacia una mejor protección llegó en la década de 1970 con la introducción de cascos rígidos. Hasta el momento de su obligación, el casco prácticamente no lo usaban los profesionales.

En algunos países sí que pasó a ser obligatorio, pero en otros no era necesario. Es por ese motivo que podéis ver las imágenes de la famosa etapa de Lieja del Tour de 1995 en la que Miguel Induráin llevaba una chichonera propia de la década de los 60. Aquella etapa transcurría en Bélgica y en ese país sí que era obligatorio.

La Obligatoriedad del Casco

El uso obligatorio del casco en competiciones profesionales no fue inmediato. Un gran punto de inflexión para el tema del casco fue la caída mortal del kazajo Andrei Kivilev, quien precisamente corría en las filas del Team Cofidis en 2003. El accidente ocurrió el 12 de marzo, en la segunda etapa de la París-Niza.

Kivilev sufrió una dura caída en la que hubo involucrados otros ciclistas. Ante estos graves sucesos, las autoridades ciclistas reaccionaron, a instancias de la UCI, y obligaron a los profesionales a usar el casco en todas las competiciones de ciclismo.

Para ello tuvieron que buscar el apoyo y la complicidad de la Asociación Internacional de Ciclistas, ya que los propios ciclistas no eran precisamente partidarios de esta medida. De hecho, muchos profesionales se mostraron abiertamente en contra y reclamaron libertad para usar o no el casco de manera individual. Algo que ya venía pasando desde los años noventa, cuando nada menos que Miguel Induráin se declaró abiertamente en contra de la obligación en 1991.

El calor excesivo, la incomodidad y el que su uso tampoco garantizaba una total seguridad eran los argumentos más frecuentes entre los “pros”. En los primeros años, solo se aplicó una excepción para las etapas ciclistas que acababan con final en alto.

El Impacto del Uso Obligatorio

Desde la implementación obligatoria del casco, se ha observado una notable reducción en la gravedad de las lesiones en la cabeza entre los ciclistas profesionales. Los datos respaldan que el uso del casco salva vidas y reduce significativamente el riesgo de lesiones graves.

Actualmente el uso del casco es del todo obligatorio y no hay excepciones. El viaje desde la chichonera hasta el casco moderno refleja una evolución continua en la búsqueda de una mayor seguridad para los ciclistas. La adopción obligatoria del casco en competiciones ha sido un hito crucial en la historia del ciclismo, promoviendo una cultura de seguridad y responsabilidad.

Al conocer esta historia, apreciamos más la importancia de usar un casco, no solo en competiciones, sino también en nuestras salidas diarias en bicicleta. ¡Pedalea seguro, pedalea con casco!

Recreando la Historia del Ciclismo

El caso es que la recreación y los hobbies empezaron a ir de la mano. "Yo hacía principalmente ciclismo y montaña, escalada y alpinismo… Siempre me gustó la historia de esos deportes, así que empecé a comprar material de montaña antiguo y a hacer montañismo de los años treinta, y con el ciclismo, lo mismo".

Al cangués David González Palomares no se le pone nada por delante. Si acaso, el frío. Si en julio coronó la mítica cima del Tourmalet, habitual del Tour de Francia, el pasado fin de semana recreó la denominada "pequeña Vuelta Ciclista a Asturias", disputada hace cien años y que supuso la primera edición oficiosa de esta competición, que arrancaría ya de forma oficial en 1926.

Su primera intención fue completar el mismo recorrido que protagonizaron en 1925 los corredores: 231 kilómetros, pero en dos etapas, con un itinerario que partía de Gijón, pasaba por localidades como Pola de Siero, Infiesto, Villaviciosa, Colunga y Oviedo, y volvía a Gijón.

A la vista de la distancia, las duras condiciones climatológicas que se aventuraban y el material con el que debía avanzar, había decidido dividir el trayecto en dos días, sábado y domingo, aunque los corredores de la "pequeña Vuelta a Asturias" lo hicieron en una única jornada, mañana y tarde, el 22 de noviembre de 1925.

Para esta nueva aventura busco los atuendos que portaron los corredores hace cien años. Se decidió por uno de lana, que le pareció "muy interesante, porque de aquella época, los años veinte, había una moda que no había probado: un cuello alto y la abertura son unas líneas de botones en el hombro".

Claro que el frío fue tal que tuvo que pedalear "con cinco capas de ropa", y en algunas bajadas incluso con chubasquero por encima. Llevaba zapatos ciclistas, "con furaquinos, por lo que tuve que poner dos pares de calcetines. Eso fue lo que más me mató; tuve que parar dos veces a quitarme los zapatos y frotar los pies para calentarlos". El frío también desanimó a varios amigos que iban a acompañarlo en la aventura. "Viendo el mal tiempo se echaron atrás". De tal manera que pedaleó con la única compañía de su padre, que lo seguía con una furgoneta.

Igual que en el Tourmalet, llevó el número 22, que hace un siglo portó un asturiano de Langreo, Nespral.

¿De dónde le viene su doble afición al recreacionismo y a la bicicleta? "El ciclismo siempre gustó mucho en casa. A mi padre le gustaba y verlo, aunque no lo practicaba. Yo empecé a correr con 15 años. En cuanto a la recreación, siempre me gusto mucho la historia, como a mi padre. Después, con 18 años, antes de empezar la carrera de Historia, me enteré de que hacían la recreación de Candamo, fui, y con el tiempo acabé siendo el máximo organizador, aunque ahora dejé la junta directiva".

Por otro lado, su investigación para un capítulo de un libro sobre la prensa deportiva asturiana (centrado en el ciclismo de 1914 a 1936) le llevó a profundizar en estas carreras históricas y, finalmente, a decidirse a comprar una bicicleta de la época y a vivir la experiencia en primera persona.

David González Palomares, que aunque es cangués de corazón vive a caballo entre Oviedo y un pueblo del concejo de Parres, Deu, situado muy cerca de Cangas de Onís (al otro lado del río Sella), asegura que hace todas estas cosas "por locura, porque me presta".

Pero el frío pudo con este cangués, historiador de 27 años, que está a punto de defender su tesis doctoral y que es un apasionado del recreacionismo histórico. Soportó temperaturas de hasta 2 grados: "El frío que papé fue tremendo". Así que ha dejado la segunda etapa para más adelante.

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