En un mundo de consumismo excesivo y avances rápidos, los objetos que resisten el paso del tiempo resultan fascinantes. ¿Por qué preferir una Vespa clásica a una moto moderna? ¿Por qué la cafetera Moka Express, con su diseño de 1930, sigue presente en muchos hogares? Esta fascinación invita a reflexionar sobre las cualidades que comparten estos "clásicos" y cómo aplicarlas a otras industrias.
Un producto físico tiene fases de diseño, construcción y venta secuenciales y bien diferenciadas. La construcción se optimiza para reducir el coste unitario. Sin embargo, un producto digital no tiene un inicio y fin claros, es un ser vivo en evolución, actualizable con el tiempo, donde la frontera entre diseño y construcción es difusa.
Desde el punto de vista del diseño, ¿esta diferencia en el ciclo de vida es un pequeño matiz, o lo cambia todo? Debería existir una diferencia importante en el proceso de diseño entre un producto físico que va a una línea de producción, donde el proceso de diseño es largo y se hace completo al inicio, y un producto digital donde el Time to Market y la posibilidad de adaptarse al cliente son clave.
No se trata de usar la capacidad de añadir mejoras a posteriori como excusa para diseñar malos productos digitales que se arreglarán después. La robustez de una Moka Express, la usabilidad de una Radio T3, la honestidad de la Olivetti Valentine, la elegancia de una Vespa Primavera, la belleza del Porsche 911 original son perfectas referencias también para el diseño digital.
Necesitamos personas que entiendan y practiquen el diseño en toda su complejidad. En concreto, me resultó curioso que la mayoría de los avances importantes se hicieran en parejas, normalmente formadas por personas con personalidades completamente contrapuestas donde se mezclaba un soñador con un gestor o un técnico con una persona de negocio: John Bardeen y Walter Brattain, en Bell Labs; Steve Jobs y Steve Wozniak.
El mug o taza con forma de gato Kitty, de Balvi, será un compañero fiel y adorable para tus cafés de la mañana, tés de la tarde, batidos de postre, su diseño en cerámica es apto para lavavajillas y microondas. Este mug tiene gran capacidad, ideal para café con leche largo, capuchino, para todo tipo de bebidas.
La cafetera de 1 o 3 tazas para inducción, de la marca Wecook, es de aluminio, lo que mantendrá el sabor característico del café clásico italiano. Su base para inducción te permitirá utilizarla en todo tipo de cocinas.
Si te encantan las teteras tradicionales pero con toques modernos, Cilio ha sacado la tetera Count, práctica, útil y realmente bonita. Este corta pizza original en forma de moto o Vespa seguro que sorprenderá a todo el mundo. Su divertida forma y su funcionalidad son ideales para reuniones con amigos y familia.
Sirve tus cafés y tés con éste fantástico conjunto de tazas y platos blancos de porcelana ¡Ideales para cualquier mesa!
A juzgar por la rotundidad y la brillantez de los diseños de sus mejores discípulos, la herencia de Ettore Sottsass está a salvo. Nacido en Innsbruck, pocos meses antes del final de la Primera Guerra Mundial, hijo de arquitecto trentino y madre austríaca, Sottsass estudió en Torino y se estableció en Milán a los 30 años.
Desde la gran urbe lombarda impulsó durante décadas el mejor diseño industrial de arraigo italiano. Formó parte del MAC, el Movimiento de Arte Concreto, fundó la revista de agitación cultural Pianeta fresco y -desde 1957- se hizo cargo del diseño de ordenadores de la marca Olivetti. Suyas son piezas de orfebrería informática incipiente hoy legendarias como el Elea 9003, la Logos 27 o la Divisumma 26. Pronto se haría cargo también de la rutilante imagen de máquinas de escribir de vanguardia como la Olivetti Valentine.
El espíritu de este pionero indómito se percibe con nitidez en alguna de las creaciones exhibidas por Created in Italy, la actitud hacia lo imposible, una completa muestra de diseño industrial italiana elevado a la (más amplia) categoría de arte contemporáneo que promueve el ministerio italiano de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional.
Las 31 piezas que integran esta colección estuvieron en la Central de Diseño del Matadero de Madrid entre octubre y noviembre del pasado año para recalar -a continuación- entre febrero y abril, en la Terminal Grimaldi del puerto de Barcelona. Entre ellas, hay rodajas de excelencia conceptual envasadas al vacío como las superficies decorativas de madera compuesta de Alpi, las exquisitas piezas de recambio automovilístico de Brembo (uno de los talleres artesanales que trabajan para Ferrari), los tejidos biodegradables de Coex o los chalecos salvavidas de Dainese.
Sottsass reivindicaba la creación de objetos que resultasen útiles sin por ello renunciar a la belleza y a la textura emocional, creaciones capaces de afectar “a los músculos, los huesos, la sangre, las vísceras, los ojos y el estado de ánimo” de sus consumidores. Created in Italy ofrece toda una constelación de objetos así.
Las raíces del diseño industrial italiano se remontan al periodo de entreguerras, con la irrupción de objetos de consumo “diseñados” (es decir, concebidos y confeccionados con una intención que va más allá de lo instrumental) en ferias de arte como la Bienal de Monza de 1930 o la Trienal de Milán de 1933.
Por entonces, el referente externo eran las creaciones del Royal Institute of British Architects (RIBA), y en su estela empezaron a proliferar diseños italianos como la hoy venerable y vetusta Olivetti Studio 42, de Ottavio Luzzatti o la mítica calculadora de Marcello Nizzoli. La estética racionalista empezaba a convivir con la vocación de inyectar a los diseños una dosis creciente de stilo, como se aprecia en los espléndidos gramófonos de Luigi Figini y Gino Pollini.
Con FIAT y Olivetti como principales motores de la innovación a gran escala, el diseño industrial italiano se transformó en una fuerza emergente tras la Segunda Guerra Mundial, en una Italia que se reconstruía a velocidad de crucero. En ese contexto irrumpe el Bel Design, aleación incombustible de funcionalidad e impacto estético, de sólida impronta local y exuberancia cosmopolita.
Mientras Sottsass se embarcaba en su fértil asociación con Olivetti y Nizzoli garantizaba (con el modelo Mirella) el ingreso de la máquina de coser en la cofradía de los objetos hermosos, Luigi Caccia Domionini creaba lámparas de pie de una esbeltez revolucionaria como la Monachella o la Imbuto y Marco Zanuso transformaba en poesía visual los transistores TS 502 de Brionvega.
Entre las obras maestras del periodo, no puede faltar la Vespa modelo Piaggio, una delicia cortesía del ingeniero aeronáutico Corradino D’Ascanio, que ha sido exhibida en múltiples ocasiones como obra maestra de la tecnología, el diseño y el arte contemporáneo y hoy forma parte de las colecciones permanentes del MoMA de Nueva York y el Triennale Design Museum de Milán.
También en ese lapso temporal extraordinariamente fértil, a caballo entre las décadas de 1950 y 1969, empieza a exportarse de manera masiva la célebre cafetera Bialetti, que venía siendo un formidable producto de consumo interno desde 1933 y que ahora conquistaría el mundo, propulsada por un original rediseño de marca a cargo del historietista Paul Campani.
La recta final de los 60 y los primeros 70 son la época de Pratone, la irreverente chaise longue de aspecto rupestre y festivo diseñada por Giorgio Ceretti, de los revolucionarios centros de mesa Putrella de Enzo Mari, del diván Arflex o, muy especialmente, del cénit creativo de un Ettore Sottsass que se asomó a la madurez con la creatividad exacerbada y fue capaz de perpetrar cumbres del diseño como los computadores de Elea o la máquina de escribir Tecne 3, demostrando, de paso, que el perfeccionamiento sistemáticos de patrones puede ser un estupendo atajo a la excelencia.
Fundado por Sottsass en 1981, el grupo Memphis reunió a una auténtica aglomeración de talentos, de Matteo Thun a Aldo Cibic pasando por Andrea Branzi o Michele De Lucchi, y produjo maravillas inspiradas en el futurismo, el art déco y el pop art como el armario Beverly, la silla Oberoi o la librería Casablanca.
Ya en 1981, Susan Heller, reportera del New York Times, constató que Italia había pasado a dominar el diseño de producto. Compañías francesas como Renault o alemanas como Volkswagen habían puesto sus últimos prototipos en manos de profesionales italianos e incluso Sony dejaba el diseño de su nueva gama de equipos de estéreo en un discípulo de Sottsass al que consideraban capaz de darle la dosis exacta de elegancia vanguardista.
Para Heller, “los italianos llevan exportando belleza al mundo desde, al menos, el Renacimiento. Ahora, además, han aprendido a venderla al por mayor”. Created in Italy recoge de manera modélica la vitalidad de esa tradición, las huellas de Stottsass y la impronta del Bel Design o el Arte Concreto. Para comprobarlo, basta con asomarse a la barcelonesa Terminal Grimaldi y echar un vistazo a los pulcros equipos de buceo de la empresa ligur Cressi o a los objetos artesanales de cemento que produce el estudio lombardo Crea.

Vespa Piaggio, un icono del diseño italiano.
EL MOKA EXPRESS; UNA HISTORIA SOBRE EL DISEÑO DEFINITIVO
Diseño y funcionalidad: ejemplos icónicos
La siguiente tabla muestra ejemplos de productos que combinan diseño y funcionalidad de manera excepcional:
| Producto | Características destacadas |
|---|---|
| Vespa Piaggio | Diseño icónico, funcionalidad, parte de colecciones permanentes en museos. |
| Cafetera Bialetti | Diseño funcional, popularidad masiva, rediseño de marca exitoso. |
| Olivetti Valentine | Diseño innovador, estética atractiva, máquina de escribir de vanguardia. |
| Moka Express | Robustez, diseño funcional, durabilidad. |

Esquema de la cafetera Moka Express.