Luis Miguel Martín Berlanas: Un Legado en el Atletismo Español

Luis Miguel Martín Berlanas (Madrid, 1972) es una figura emblemática del atletismo español. Aún así, a Luismi le dio tiempo a ser medallista europeo, a poseer el récord de España de 3.000 metros obstáculos. Hoy, tras haber brillado en Juegos Olímpicos y Campeonatos de Europa, del Mundo y grandes meetings; hoy prepara a otros atletas que, si las cosas se dan bien, serán olímpicos como él lo fue.

Cuando Luis Miguel Martin Berlanas (Madrid, 1972) llegó a la élite del mediofondo, tocó un cruel relevo generacional y desaparecieron los imperiales atletas británicos y buena parte del telón de acero. Habían sido sustituidos por una nueva hornada, un pelotón global, inmenso e inabarcable. África oriental había lanzado a sus chicos de pierna fina para arrasar con el botín.

Viene de gris marengo, metido en un abrigo de talla juvenil, de entrenarse a sí mismo y a otros atletas que se curten en el semillero de élite que hay en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. Se presenta a la cita con un aspecto inmortal. No se irá sin que le preguntemos si todavía podría dar caña a alguno de los veinteañeros a los que entrena. Pide un primero vegetariano, rechaza compartir postre y nos sentamos a hablar.

A este atleta se le queda grabado el mínimo nombre, el detalle de un resultado, una marca. Hemos acordado antes de darle al REC que habrá que acomodar la entrevista a lectores que quizá se indigesten con detalles técnicos. Hemos hecho lo que hemos podido.

Una vez coincidimos en la feria medieval de Ávila. Al irse, me preguntaron quién era. En su momento, les expliqué, Luismi fue el único atleta blanco que podía seguir a los kenianos en su dominio natural. También dije que, de haber sido ciclista, habría ganado varios Tours de Francia.

Salto de Vallas en Cámara Lenta | Técnica, Fuerza y Velocidad en Atletismo

Inicios y Afición

Cuando éramos niños daban la salida y los lentos del pelotón siempre os perdíamos de vista. En los crosses salíais como cohetes. Yo ya destacaba en mi pueblo (San Martín de Valdeiglesias) de pequeño y ganaba carreras en Madrid, como dices.

Estaba empecinado en hacer 1.500 metros y sí, estuve en finales absolutas con Fermín Cacho, Manuel Pancorbo, Isaac Viciosa, pero no lograba dar un salto cualitativo. Y ahí, tener una afición desde pequeño te ayudaba a superar los momentos malos. Todos conocíamos a un talento local, pero luego se desvanecen. Todos tenemos en mente gente que lo deja, del que decíamos qué bueno era este chico, esta chica.

Sí, cuando mi padre me preguntó con nueve años y yo dije «es que a mí me gusta correr». También fue un arranque de responsabilidad por mi parte. En mi casa tampoco éramos de poder hacer mucho dispendio económico. Claro, me gustaba mucho la bicicleta, pero para montar, primero hace falta comprarla. Pero es que me gustaba correr, y eso de ver algunos trofeos de mi padre por casa siempre me había llamado la atención. Tuve también la suerte que mis tres hermanas corrieran y de hecho siguen haciéndolo. Por eso siempre me apoyaron cuando fueron bien las cosas y cuando fueron mal. He corrido un montón de carreras en mi vida en las que había alguien de mi familia animando.

Mi padre coincidió con Javier Álvarez Salgado y con Mariano Haro. Es de esa época. Pero no estuvo nunca en un club competitivo. En esa época eran carreras locales y carreras del servicio militar. Ahí coincidió con gente que estuvo en los Juegos de Munich 1972 y Montreal 1976.

Es una de las grandes marcas del atletismo: la referencia constante de años atrás a grandes nombres. Desde mi punto de vista es imprescindible. Igual que te digo que aficionarse te va a dar un poso de fuerza para los momentos malos, dentro de esa afición está en conocer los nombres, las marcas, tener un poco de cultura de tu deporte. Quizá por exceso de información, porque todo es muy inmediato, ese conocimiento se diluye mucho. Del mismo modo que nosotros, que ya somos mayores, nos acordamos mejor de lo que vimos en los Juegos de Los Ángeles 1984 mejor que de Tokio 2021, pues se diluye tanta información. Creo que es inevitable.

Con los chicos que entreno no quiero ser un abuelo cebolleta, pero sí que, de vez en cuando, hacemos alguna referencia histórica. O incluso pequeños videos. De Mariano Haro, Lasse Viren o Steve Prefontaine hay unas películas preciosas en Youtube de los 10.000 metros de los JJ.OO. de Munich. Yo trato de hacerles llegar esas referencias.

Sin ir más lejos, en el club donde entreno, en Las Rozas, ha venido un chico nuevo, es uno más. Resulta que su padre es Javier Benet. Récord de España de decatlón, atleta olímpico, mundialista, y está por la grada a veces. Y les invito a que investiguen un poco porque hay algunos que no saben qué es superar los 8.000 puntos. Y así nos puede pasar con grandes ex atletas que son ahora entrenadores y están por las pistas, discretamente, como Antonio Corgos, Alberto Ruiz, Antonio Serrano, Antonio Prieto o Natalia Rodríguez.

Récord y Trayectoria Profesional

Se habla poco del récord de España cadete de 1.000 metros que tuviste. Pero ese 1.000 ya desapareció hace tiempo (carcajadas). Es más, como hubo un cambio en la denominación de las categorías, incluso luego se tomaría como juvenil. Era un chico de dieciséis años que hizo 2:29.1 en un mil. ¿Sabes cuando le di importancia real a ese récord? Empecé a darme cuenta cuando ya no podía hacer 2:29, ya hace unos años. Luego no sé si lo batió Roberto Parra, Manuel Olmedo también lo tuvo, pero ahora no sé quién lo tiene, pero debe andar por 2:26. Pero sí, fue una cosa… claro, como no había redes sociales.

Luego te incrustas en la parte delantera del 1.500 español. Fijate lo que hay ahí en nombres. En el primer campeonato de España que corrí en 1991, yo, con 19 años, corrí en un previo que se hizo antes del mundial de Sevilla de pista cubierta del 91. Se hizo en las pistas aquellas de la avenida de Kansas City, que eran tan desmontables que ahora ya no se sabe ni donde están. Fue una prueba en la que hubo un percance: Angel Fariña se rompió una clavícula en una caída, así que entré en el podio de una manera un poco circunstancial. Seguro que alteraría el resultado, pero esa fue mi primera aparición ahí delante.

Y durante un periodo te estancas. Sí, yo creo que es una barrera subjetiva: es como subir un ocho mil. Era una especie de cambio de categoría. Entras en la alta sociedad del mediofondo. Cuando te preguntan ¿qué marca tienes en el milqui? Y empiezas a responder tres cuarenta y… ya da igual que digas cuarenta y nueve o cuarenta y uno. No te están escuchando. Lo conseguí en la difunta Peineta (nota: hoy Estadio Metropolitano en Canillejas, Madrid). De ahí luego me echaron por decisión técnica.

¿Qué aprovecha un joven atleta y de qué no se da cuenta cuando se está en esa burbuja de juventud y élite deportiva? Para mí, que acababa de venir a Madrid con una mano delante y otra detrás, con dinero para tres meses y que se me estaba terminando ya, y que tuve la suerte que me dieran la beca empezado el año porque hubo una baja, pues lo acogí con un abrazo de oso. Allí, de pronto, te hacen la comida, lavan tu ropa, te hacen la cama. Y luego resulta que el jardín de casa son la pista de atletismo, el gimnasio y la Casa de Campo. Es sentirse un privilegiado. Por contra, empecé a darme cuenta que allí había gente que no se sentía igual que yo. Evidentemente hay gente que, por su personalidad, o circunstancias personales, no acababan de adaptarse a vivir en una residencia. Pero yo me sentía, después de mi casa, en el mejor sitio que podía estar. Podía aprender mucho de otros deportes, de otros deportistas y eso te viene muy bien para la vida.

Entrenamiento con Mitos

Viviste el lujo de trabajar con dos mitos del entrenamiento español. Con Julio era todo muy recto, él era una persona muy recta. Le tratábamos de usted. Ahora cuando se lo cuento a los chicos les suena un poco raro. Pero las cosas eran en ese contexto. Don Julio Bravo nos trataba como profesionales, mis primeras dobles sesiones las empecé a hacer con él y me sentía un auténtico profesional. Nos sugería que, oye, si hay algún día que no tenéis clase, puedes aprovechar a meter esta sesión por la tarde. Con Pascua era un entrenamiento más variado, más buscando soluciones a los problemas. Cuando se jubiló Julio Bravo, varios nos quedamos sin entrenador, unos cuantos se fueron con Pascua, así que me vino un poco dado.

3.000 metros Obstáculos

Tres mil obstáculos. «Lo de la ría». El reglamento ya te propone saltar 35 troncos, 7 de los cuales tienen agua al otro lado. Eso ya hace que sea una prueba muy diferente a una que se haga corriendo en liso. Para que se entienda, es una prueba con cambios de ritmo constantes. Ahí está luego el trabajo de cada atleta minimizando ese cambio. Porque eso supone un quebranto físico y un atleta que tenga un franqueo eficiente tendrá ventaja sobre quien tenga más desgaste. Todo esto discurre relativamente rápido, en un entorno de 8 o 9 minutos. Cada kilómetro, en atletismo a alto nivel, lo corres a un ritmo de 2:40, que es un ritmo ya muy rápido. Si la carrera no está siendo rápida, como alguna de las finales mundiales que he corrido, tienes que estar preparado para hacer el último kilómetro en 2:35.

Podríamos decir que sí. De hecho, las pruebas de campo a través comenzaron así, corriendo por la campiña, por donde te vas encontrando con vallas que delimitan que el ganado se salga y las saltas. Es una distancia que tú te encuentras hecha un erial.

Habíamos tenido entre medias una gran figura en ciernes que era Jose Luis Rodríguez Chuvieco que, en el Mundial de 1995 en Goteborg y siendo muy joven, aún había pasado a la final. Debería tener entonces apenas 19 o 20 años, y parecía que iba a ser el futuro, y lo habría sido sin la penalización de las lesiones. Llegamos nosotros aprovechando el puente generacional de Ramiro Morán, fundamentalmente Eliseo Martín y yo.

En los Europeos de Budapest 1998 ya eres cuarto. Sí, tres finalistas. Eso no se había visto nunca. De hecho, fui cuarto, Ramiro y Eliseo sexto y sétimo. A partir de ahí ya empezamos a enlazar campeonatos con buenos resultados. En 1999 ya cae el viejo récord de España de Domingo Ramón, que databa de la magnífica final olímpica de Moscú 1980, detrás de Bronislaw Malinowski, lo batimos tanto Eliseo como yo. Eliseo para mí ha sido el rival más duro que he tenido siempre. Y a pesar de ello, somos buenos amigos. Le tengo mucha admiración porque siempre me ha puesto las cosas muy difíciles. Tanto si he ganado yo como él, nos hemos dado un apretón de manos siempre. Fíjate, cuando consiguió medalla en los Mundiales de París 2003, que incluso algunos me decían que esa medalla llevaba mi nombre, pero lo cierto es que estoy contento porque se la llevó un Martín. Hizo una carrera magnífica.

La vida te va enseñando. Mi carácter se fue apaciguando según iba viendo atletismo y a otra gente, cómo se tomaban las cosas, los reveses.

Lesiones y Recuperación

Sí, ahí fue cuando empecé a notar los primeros síntomas del síndrome de Haglund (Nota: alteración ósea del calcáneo) que me machacó muchos años. Imagina, con sólo seis calles, abarrotado de un público pegado al corredor. Luego gané en la Copa de Europa de selecciones y ahí ya me dolía el talón. Me pasé gran parte del verano subido en la elíptica para no dañar el talón. Gastando mucho tiempo, así llegué al Campeonato del Mundo.

En semifinales tuve uno de esos momentos amargos que nunca vas a olvidar. El sistema de clasificación de las tres semifinales era muy duro: me tocó correr en la del medio. Así beneficias a una serie, claro. En la primera salió un corredor rumano a todo trapo y muchos de esa serie hicieron marca personal y entraron. En mi serie corrían el campeón del mundo y el que tenía el récord del mundo, además de otros dos con una marca personal equivalente a la mía. Me quedé solo con el dúo de favoritos mundiales y un argelino que tenía mi misma mejor marca. Pasaron ellos y yo me quedé en la lista de espera. Eliseo Martín precisamente remontó en su serie para entrar segundo y dejarme fuera por apenas unas décimas. Luego hizo una gran final, pero yo tuve que verlo desde la grada. Aquello me picó mucho.

Ese síndrome hace que te hayas operado cuatro veces del talón. Solemos leer «tal jugador pasó por el quirófano» sin darle más relevancia. Es un síndrome que ha sufrido mucha gente, incluso amigos como Jesús España, Fabián Roncero, ahora se ha operado Fernando Carro, además de otros como Jesús Ramos. Es algo habitual que no tiene que ver con cómo entrenes, sino más con la genética. Se manifiesta a medida que corres y saltas entrenando, acumulando mucha carga de trabajo. Yo siempre he sido buen paciente, que sorprendía porque nunca perdía entrenamientos por lesiones, contracturas, hasta que tuve eso. No me ponía ni malo en invierno ni cogía nunca la gripe.

Hay que resaltar que no son fisioterapeutas normales. Su entorno es trabajar al más alto nivel. Porque en un parón, de un año a otro, pueden cambiar tantas cosas como poder ser campeón del mundo un año y ser quinto en un par de años después porque acceden a la prueba atletas de otros continentes. Además, tú puedes tener un buen equipo a tu lado, médicos, entrenador, fisios, pero lo que no hagas por ti no lo va a hacer nadie. Te van a ayudar, pero nadie regala nada en el alto nivel. Cuando yo tuve estos procesos con el talón tuve claro que si no podía correr, podía andar. Hubo sesiones esos años en las que estaba recuperando dos horas por la mañana y dos por la tarde. Llegué a hacer tres horas treinta y cinco minutos en la elíptica, lo que llegó a ser récord del mundo oficioso, por hacer la cabezonería. Pues si estaba despejado cogía el coche por la mañana y a las nueve estaba allí hasta por la tarde. Claro, eso queda ahí como trabajo de fondo. No puedes estar lamentándote. En cuanto podía correr, con o sin dolores, en dos semanas ya estaba de nuevo con mi grupo de entrenamiento.

Habiendo una competencia tan feroz como que tienes que incrustarse entre atletas que han pasado por todo. En la selección previa a unos mundiales o JJ. OO., quizá hasta lo de comer un plátano entre seis horas de esquí tampoco es nada. Claro. Eso no es nada. Tú vas a una competición, y el juez no te pregunta qué tal has dormido, o si tienes hijos, cómo van de los cólicos, como han pasado la noche, o si en los estudios te han suspendido. No hay un handicap donde te bonifican con equis segundos. En la salida todos van desde cero y dan igual tus circunstancias. Si eres de una familia acomodada, o si de otro extracto, o si has hecho la mínima de una manera muy fácil, o te ha costado horrores. Es la vida misma. Sí, favor. Por eso es el deporte más global de todos. En otros deportes no todo el mundo tiene acceso a su práctica. En cambio, el atletismo es universal: se trata de desarrollar a nivel de competición habilidades básicas del ser humano, como son correr, que lo hemos hecho desde nuestros ancestros, y luego lanzar y saltar. Todo el mundo sabe correr o saltar. Y en la salida de un campeonato puedes estar con gente que ha pasado hambre en el pasado. Esto ha ocurrido y está ocurriendo. Y ya puedes aplicarte porque, de salida, ese atleta ya tiene una ventaja de varios segundos sobre ti. O puede ser un atleta de una...

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