En Chile, restaurar bicicletas antiguas se ha convertido en una tendencia creciente, atrayendo a jóvenes profesionales y familias que buscan combinar estilo, comodidad y un toque nostálgico. Este fenómeno no solo responde a una moda, sino también a un interés por rescatar un patrimonio y darle una nueva vida a estos vehículos clásicos.

El Auge de la Restauración Retro
Encontrarse con estos nostálgicos modelos es cada vez más frecuente. El restaurador Hans Alemany, dueño de Alemany Retro Cycles, una de las empresas pioneras en este rubro, afirma que por estos días puede contar en su taller hasta 15 bicicletas en un mes esperando ser restauradas. Años atrás, no pasaban de un dígito. De hecho, dice que para la Navidad pasada despachó 25 "bicis retro", como muchos llaman a los modelos de los años 70' y 80', que han sido rescatadas de bodegas de casas, ferias persas y hasta de internet.
Los usuarios más atraídos por esta moda son profesionales jóvenes y universitarios de carreras ligadas al arte, como Arquitectura, Publicidad o Diseño. "Antes, el grupo que buscaba recuperar estas bicicletas se reducía sólo a coleccionistas. Hoy los jóvenes están llevando esta tendencia", cuenta Héctor Droguett, otro restaurador conocido en el ambiente. Pero eso no quita que lleguen familias enteras buscando restaurar sus bicicletas de antaño. "Es que a la gente le llama la atención ver una bici antigua y bien cuidada", cuenta Natalia.

¿Qué Buscan en una Bici Restaurada?
Los hombres, cuentan los restauradores, prefieren diseños llamativos y con estilo, como los que tienen asientos largos o doble caño. Las mujeres, que son mayoría, prefieren la comodidad y la posibilidad de combinarla con su estética, por lo que se preocupan bastante por los colores y accesorios.
Moldear las bicicletas con estilo personalizado podría durar entre dos y tres semanas. El previo desarme, la pintura, el armado, la manutención general y la instalación de accesorios de época -como canastos, campanillas, luces o bocinas- son parte de una restauración básica, la que puede costar desde 25 mil pesos hasta casi 100 mil. Claudio Olivares, integrante de Nación Pedal, empresa dedicada a la movilidad en bicicleta, apunta más alto: "Hay personas que en restaurar su bici se gastan hasta 300 mil pesos".
RESTAURACIÓN Casera de Bicicleta Antigua con actualización
Rescate Patrimonial y la "Mini" de CIC
Además de la búsqueda de estilo, la comodidad y la buena calidad también colaboran en la motivación de sus dueños de traer de vuelta estos modelos, siendo la "Mini", fabricada por CIC hasta fines de los 80, la que más llevan para restaurar. "Se está formando una cultura de la bici antigua", explica Alemany.
"Poseer una bici antigua es un lujo que pueden disfrutar pocos. Hace 12 años Leonidas Ayala, transformó su antiguo negocio de fabricación y reparación de baterías de automóviles en una escuela de ciclismo y taller de restauración de bicicletas antiguas de fierro. Lo que hace es comprárselas a los que las tienen botadas en los patios de las casas o ir a depósitos de chatarra. "Allá encuentro bicicletas viejas y, luego de pesarlas, me las llevo en $ 3.000 o $ 5.000. Cuando ya las dejo como nuevas, las vendo en $ 30.000 más o menos".

El Legado de las Bicicletas de Fierro
Las de fierro eran comunes en el Santiago de los 60 y 70. "Se usaban mucho las Mini, igual a las que salen en Machuca. También estaban las CIC de paseo y las pisteras". Todas esas le interesan a Leonidas para enmendar.
El dejó de lado los motores y se dedicó a promover el transporte a tracción humana. Leonidas, además, tiene otro hijo famoso: Juan Ayala, el vocalista de la banda de rumba JuanaFé. "Uno prefirió la bicicleta y el otro, la guitarra. Yo estoy orgulloso de los dos", afirma.
En 2001, Ayala comenzó a recolectar antiguas bicicletas para niños. Una por una las restauró, y así armó una colección de 30 bicicletas de aro 12, 16 y 18. Todas las semanas las lleva a la Escuela Araucarias de Chile, en Conchalí, y les enseña a pedalear a niños de entre cuatro y ocho años.
Otra de sus obsesiones es rescatar las de fierro fabricadas a mano por artesanos del barrio. Ayala todavía conserva en su taller la pistera (de velocidad) que le compró a su hijo a los 13 años, fabricada por un antiguo artesano de la comuna. No tiene frenos ni cambios, y lleva un pequeño corazón tallado en el tubo bajo el asiento. "Es la marca del artesano. Todos tenían la suya. Estas son las que quedaron abandonadas cuando salieron las modernas de carbono, a fines de los 90.
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