Llegó la bici, sí, perfectamente empaquetada. Pero de la caja a la bici en marcha puede haber un mundo. Porque el online tiene esta pequeña cara B: DIY.
Empecé subiendo el bulto yo misma, porque ahora las entregas se hacen, por prudencia, en el portal. Tras una primera limpieza antivirus de la caja de cartón, corté la cinta de embalar. Imaginad una bici a cachos, colocados como un puzzle, cada uno perfectamente embalado.
Hice como en las películas: saqué todas las piezas y las ordené en el suelo (ese suelo mío refregado diariamente con lejía). El manual de instrucciones de la bicicleta (que no es de Ikea solo porque Ikea no vende bicis, y bien que lo lamento) estaba escrito en español, con bastante riqueza de vocabulario.
En realidad, los distintos diagramas de la bici sí estaban llenos de números, muchos y no correlativos, pero no se correspondían con los muy escasos, o directamente ninguno, que citaba el texto. Así, en el paso 1, en el diagrama aparecían los números 1, 3, 4, 5, 41 y 43 para este texto: «Tire del pestillo de bloqueo del bastidor principal y ajústelo a la posición correcta.
Tal cual. Números sueltos por un lado y palabras sueltas por otro. En el paso 2 entendí todas las palabras: pedal, izquierdo y derecho, identificados esta vez en el texto, por si hubiera dudas, con los números 12, 13 y 51.
Al llegar al paso 3 ya había comprendido cómo la especie humana evolucionó y creó la rueda sin textos ni números, y que el número de analfabetos funcionales, yo incluida, que hace que el mundo ruede debe de ser insondable. En el texto del paso 3 se encontraba la solución al concepto «bastidor principal», pero aparecía el de perilla pomo (sic) y, por supuesto, ningún número.
Este confinamiento nos reconduce a todos a lo esencial, y parece que los humanos sobrevivimos sin instrucciones. Podemos leer correctamente palabras, no entender en absoluto lo que significan y compensarlo aplicando el sentido común a lo que vemos. El factor fundamental para ello es la necesidad.
Al «obras son amores, que no buenas razones» de ayer le sumo hoy «necesidad obliga». Mientras tanto, nuestros sanitarios afrontan esta crisis sin manual de instrucciones, con avalancha de números y con pocas herramientas. Pero con oficio, perseverancia y entrega.
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La paradoja de las instrucciones
A menudo, las instrucciones que deberían simplificar una tarea, la complican aún más. En el caso del montaje de la bicicleta, la desconexión entre los diagramas y el texto generó confusión y obligó a recurrir al sentido común. Esta situación pone de manifiesto la importancia de la adaptabilidad y la capacidad de resolver problemas sin depender exclusivamente de guías preestablecidas.

La necesidad como motor
La frase "necesidad obliga" resume la capacidad humana de superar obstáculos cuando la situación lo exige. En el contexto del montaje de la bicicleta, la falta de instrucciones claras impulsó la búsqueda de soluciones alternativas y el uso del sentido común. Esta misma resiliencia se observa en otros ámbitos, como el trabajo de los sanitarios durante la crisis, quienes, a pesar de la falta de recursos y la presión, demuestran un compromiso inquebrantable.
Tabla comparativa: Instrucciones vs. Sentido Común
| Aspecto | Instrucciones | Sentido Común |
|---|---|---|
| Claridad | Potencialmente confusas y desorganizadas | Intuitivo y adaptable a la situación |
| Dependencia | Requiere seguimiento estricto | Fomenta la autonomía y la creatividad |
| Eficacia | Variable, depende de la calidad de las instrucciones | Generalmente efectivo en situaciones prácticas |
| Aplicación | Ideal para tareas repetitivas y estandarizadas | Esencial en situaciones complejas y cambiantes |