En España, el cine evoluciona a la par que la sociedad, y la década de los 80 fue un período de grandes cambios y expectativas. Dentro de este contexto, surge Amanece que no es poco, una película estrafalaria de José Luis Cuerda, que lleva el surrealismo a muchas de sus escenas y diálogos.

Este film, estrenado en 1988, narra la historia de Teodoro, un ingeniero español que trabaja como profesor en la Universidad de Oklahoma. Decide regresar a España para disfrutar de un año sabático. Al llegar, descubre que su padre ha matado a su madre y, como compensación, le regala una moto con sidecar para viajar juntos. Esta es solo la premisa inicial de una trama aún más absurda.
Un Vodevil Absurdo, Pero Luminoso y Humano
La película nos presenta a Teodoro, un ingeniero español que trabaja en la Universidad de Oklahoma y está de año sabático. Se va de ruta con su padre, en un sidecar que éste le ha comprado para que olvide que asesinó a su madre “porque era muy mala”. Llegan a un pueblo sin nombre donde, en un principio, no hay ni el tato. Pero tras la aparición del catecúmeno Ngé Ndomo, que camina haciendo eses porque así tiene más tiempo para decidir a dónde va, comienzan a ser testigos y partícipes de multitud de situaciones disparatadas.
En este pueblo, la vida cotidiana está llena de peculiaridades. Que todos los habitantes del pueblo vayan a misa todos los días del año es lo habitual. El cura se da tal maña con la liturgia que no hay fiel que quiera perderse el espectáculo.
En el pueblo se celebran elecciones generales cada año, y en ellas se eligen, por rigurosa votación, los cargos de alcalde, cura, maestro, puta, marimacho en período de prueba y seis adúlteras.
La Guardia Civil, sin ir más lejos, vela por el orden con admirable meticulosidad: los borrachos han de beber su alcohol favorito, de uno en uno y hasta la ebriedad absoluta, los amantes han de gozar en los coitos por igual, los delincuentes deberán confesarse y poner en paz su alma antes de entregarse a las autoridades terrenas…
Aparecen grandes actores y actrices de las décadas anteriores, como Cassen, José Sazatornil, o María Isbert. Uno de los papeles más resistentes de Antonio Resines.
El Contexto Histórico y Social
Para entender completamente Amanece que no es poco, es crucial considerar el contexto histórico y social de España en el momento de su estreno. Eran los comienzos de la democracia, y la sociedad estaba entusiasmada con los nuevos aires de libertad que se respiraban. Se había pasado de una dictadura a una nueva situación, en la que las personas podían manifestar libremente sus pensamientos, ya no había miedo a decir lo que se pensaba.
Se aprobó la Constitución del 78, en la que se reconocían muchas libertades: de expresión, de religión, la no discriminación por razón de raza o sexo…pero junto a eso también se produjo un fenómeno de «exageración de las mismas».
José Luis Cuerda comentó: “La película lo que hace es darle la vuelta a los valores tradicionales y a los tópicos españoles. En ella hay una cierta ‘mala uva’ porque no hay manera de ver este mundo lúcidamente si no es con cierta irritación. Y, claro, toda esa irritación se resuelve con el humor.
Durante el rodaje de la cinta y antes de estrenarla Cuerda dijo: “Soy consciente de que inauguro un nuevo género: el de la comedia surrealista con el sano objetivo de reírse de los demás y de uno mismo”.

Análisis de los Elementos Surrealistas y el Humor
El film combina comedia disparatada, crítica social y surrealismo. Los gags se presentan abiertos a la libre interpretación del espectador. En mi opinión, denuncia temas colectivos y políticos, como el aislacionismo del país a través de sus delirios autárquicos y los temores obsesivos con lo que se ven los visitantes de fuera, sean americanos, europeos, españoles o vecinos del pueblo de arriba.
Se les considera, sin excepciones, como invasores con afanes de ocupación, dominio, espionaje y subversión. Satiriza el aparente fervor religioso y sus excesos: dirigismo social del cura párroco (Cassen), participación del mismo en el control de los procesos electorales, proliferación de actos religiosos colectivos y públicos, etc. Se burla de las elecciones franquistas municipales, legislativas y los referéndums. Denuncia su carácter de mascaradas.
En el plano de la crítica social muestra la dureza del trabajo en el campo (los labradores van al trabajo cantando como los siete enanitos de “Blancanieves”). Me ha parecido particularmente emocionante el patetismo de la enseñanza, a cargo de don Roberto (Hernández), basada en cantos patrióticos que se oyen a través de versiones orquestales imposibles, que han evocado en mi caso el “Cara al sol” (himno de la Falange), “Isabel y Fernando” (himno de las JONS), “Venid y vamos todos” (himno mariano), “Perdón, oh Dios mío” (himno penitencial), etc.
Recuerda varios temas de importancia principal en la sociedad de los 50, como la “buena muerte”, la santidad y sus manifestaciones (levitación de Paquito, padre del cura, pregonero, sacristán y maestro campanero), la justa represión de las alteraciones del orden por la Guardia Civil a las órdenes del cabo Gutiérrez (Sazatornil), "el cabo santo", etc.
Son escenas destacadas el diálogo con la calabaza, la detención del plagiador de la versión castellana de Faulkner, la interesante lección práctica del beso a cargo de una labradora (Vega), el feliz orto impuesto por la naturaleza de las cosas contra la voluntad y con el enojo de los que gobiernan, la procesión de las letanías de los ángeles, etc.
El Legado de "Amanece Que No Es Poco"
La película ha envejecido a la manera de un buen vino. Si cuando se estrenó fueron no pocos los que se cebaron con ella, hoy ya no es sólo una película de culto, sino un género en sí mismo que ha creado escuela entre humoristas que triunfan en la pequeña pantalla (véase la banda de Muchachada Nui). Pero además, Castilla-La Mancha ha creado una ruta Amanece, que no es poco para que los incondicionales del filme se pierdan por los escenarios naturales de la película de tres pueblecitos de la Sierra del Segura: Ayna, Liétor y Molinicos.
Echamos en falta un contrapunto, una vía de escape que marque la normalidad en el maremágnum de gags y escenas surrealistas que se suceden en la vida cotidiana del pueblo o, lo que es lo mismo, a lo largo de la película. Tanto mundo al revés, en ocasiones, abruma.
Al igual que nos pasó con Plácido, creemos que el hecho de que esta película haya calado tanto en la memoria colectiva y se haya convertido, más de veinte años después de su estreno, en una obra de culto, se lo debe casi todo a sus actores. Porque Cuerda no solo comparte con Berlanga su pulso coral sino esa capacidad para que alguien diga una barbaridad sin pies ni cabeza con la mayor naturalidad del mundo. Por eso, no dudamos en aplaudir desde aquí a los que dieron rostro a los habitantes del mejor pueblo de España, el que quizás alguna vez soñaron Miguel Delibes, Gonzalo Torrente Ballester o el ya mencionado Wenceslao Fernández Flórez.
En 2009, la película cumplió 20 años y, como celebración, se hicieron conmemoraciones en Albacete en honor al largometraje y a su director, lugar donde nació y se rodó la cinta. “Rodar en Ayna, Liétor y Molinicos fue un privilegio inolvidable y grabar con sus gentes, una suerte” son palabras de Cuerda, que quiere mostrar su particular versión de la realidad: “Intento que sea una locura de la que uno se pueda reír”.
Antonio Martínez Puche, en su libro “Territorios de cine: desarrollo local, tipologías turísticas y promoción”, comentaba :“No se trata de aprovechar un éxito reciente, puesto que la película ya tiene más de veinte años, es precisamente el hecho de que, después de ese tiempo, la cinta se haya convertido en una obra de culto para una parte de la población, lo que impulsa a utilizarla como eje de una ruta que discurre por los paisajes y los pueblos de la Sierra de Segura donde se rodó.”
| Premio | Categoría | Resultado |
|---|---|---|
| Premios Goya | Mejor Guión Original | Nominada |
| Premios Goya | Mejor Sonido | Nominada |
| Premios Goya | Mejores Efectos Especiales | Nominada |
En resumen, Amanece que no es poco es una película que, a pesar de no haber sido comprendida en su momento, ha logrado convertirse en una obra de culto gracias a su originalidad, su humor surrealista y su crítica social. Es un reflejo de la España de la época, vista a través de los ojos de un director que no teme romper con las convenciones y mostrar la realidad de una manera única y personal.