El accidente de moto en Bilbao: El ciclista Milan Vader se recupera

Milan Vader, el ciclista holandés del Jumbo Visma que sufrió una grave caída durante la quinta etapa de la Itzulia, ha dado por primera vez novedades desde sus redes sociales. Lógicamente, tras el accidente que le pudo haber costado la vida, no se ha planteado todavía cuál puede ser su futuro profesional. De momento el ciclista no ha querido confirmar nada respecto a su futuro profesional.

Mucha culpa de ello lo tiene el doctor que le atendió en la propia carretera, por eso Vader finalizaba su mensaje de Instagram agradeciendo "a todos los aficionados por la fuerza y el apoyo", y al médico que le socorrió "rápido y que me salvó la vida". Tanto ha mejorado, que este sábado 30 de abril Vader ha recibido el alta y continuará con los ejercicios desde su casa.

Cuando despertó del coma inducido, Vader fue trasladado al hospital Erasmus de Róterdam.

Volvemos a Durango para entrevistar a un ciclista. Porque, si el País Vasco es uno de los lugares con mayor tradición y afición en todo el mundo, en el Duranguesado parece que se concentra el talento. Gabica, los hermanos Lejarreta, los hermanos Gorospe, David Etxebarria y por supuesto, Iban Mayo (Igorre, 1977), nacieron en unos kilómetros a la redonda, entre los puertos de Urkiola, Arrate y Autzagane, rodeados de un entorno natural perfecto para el ciclismo.

En esas carreteras, en esos caminos, se fue haciendo ciclista Iban Mayo. Nos encontramos con Iban cuando el invierno está terminando y la primavera deja ya síntomas de su inminente presencia. Iban se muestra abierto en todo momento, después de haber dejado atrás los sinsabores de un final tan rocambolesco y con la tranquilidad de quien disfruta de la vida.

Pues fue de casualidad, porque en mi casa no había tradición; no había tradición ciclista ninguna. Por lo que dice mi padre, de pequeño tenía facilidad de liarla un poquito, en la ikastola andaba siempre haciendo trastadas. Entonces, me dijeron que hiciera actividad deportiva, para que cuando saliera de la ikastola estuviera entretenido y no estuviera haciendo cosas que hacía de chavalillo. Empecé en Igorre con el fútbol, lo típico de siempre.

Luego hice esku-pelota (pelota mano), karate, atletismo… siempre con mis amigos. No, al fútbol era malo. La pelota se me daba mejor. Lo que pasa es que no duraba mucho tiempo en ninguno de ellos. En esku-pelota, que se me daba mejor, no llegué al año.

Sí. Unos amigos estaban apuntados en la escuela ciclista de Igorre y dije, bueno, vamos a probar. Yo no tenía bicicleta de carretera, pero nos dejaban una para entrenar los miércoles y con esa corríamos el fin de semana. La primera carrera fue un circuito en Miravalles, un pueblo pequeño. Tendría como 10-11 años. Me acuerdo de que salimos, metí el pedal a la cala y dimos unas vueltas. Para la cuarta o quinta vuelta ya me habían doblado. La verdad es que me gustó el ambiente, me gustó el deporte y así fue como empecé.

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Tú creciste en los años ochenta. En casa no había mucha afición al deporte. Sí. Era curioso porque, cuando entrenaban, casi siempre paraban en Igorre. No, qué va. Mi aita era un trabajador. Tenía un taller con tres socios, que trabajaba hasta los sábados y entre semana podía estar hasta diez horas. Lo mío fue de casualidad. Aunque antes también se practicaba más deporte.

Yo ahora tengo dos críos, que están jugando al fútbol, que es más fácil. Pero, ahora en Durango, lo que es el ciclismo está muy mal. Apenas hay una escuela, hay muy pocos chavales… Igual hay más deportes, pero hay más dificultades para practicarlos. En mí época íbamos a una campa, poníamos dos jerseys o dos piedras, lo que querías y jugábamos allí. Luego venía el aldeano y nos quería matar. Nos pinchaba el balón, nos hacía de todo. También cogíamos las bicis y andábamos por ahí o cogías una pelota e ibas al frontón de arriba, que estaba abierto y jugabas a esku-pelota.

Pues a ver… La primera carrera me doblaron, la segunda la acabé y para la cuarta ya empecé a ganar. O sea que fue bastante pronto. Y luego ya he ganado carreras en todas las categorías y ahí ya tienes la ilusión de llegar a profesionales. Todavía en cadetes no. Cuando veías carreras por televisión soñabas con estar ahí, con correr el Tour algún día. No, me dijeron ya antes. Ese año había ganado un montón de carreras. En juvenil de primer año gané la Vuelta a Pamplona, que estaban Mancebo, Morras, que había sido campeón del mundo… Yo creo que ahí ya se fijaron.

En aquel campeonato del mundo fuiste cuarto. Sí, luego no sé si llegó a profesionales. Fue un circuito muy duro en San Marino. Me acuerdo de que estaba Flecha, estaba Vicioso… Éramos juveniles y salíamos a entrenar cuando queríamos; bajábamos de San Marino, nos tomábamos un helado y subíamos… Luego veías a los rusos entrenando tras coche, los italianos tras coche mañana y tarde… Una preparación, una disciplina… Mientras nosotros estábamos tomando helados, salíamos a entrenar, nos picábamos entre nosotros un poco y vuelta. Luego, en la carrera, yo me quedé con tres italianos.

No sé si me ofrecieron que ellos hacían primero y segundo y yo quedaba tercero. Pero les dije que no, que yo quería ganar, porque la verdad es que iba fuerte. Entonces me atacó uno, luego otro y al final me reventaron. Hasta juvenil de segundo año sí. Luego ya no tenía equipo. Banesto te llama en el 96, que todavía estaba en activo Induráin. Pues imagínate. Induráin estaba ganando Tours y todo el mundo quería estar en Banesto. Además, en amateur tenía un equipazo. (Nota: estaban Mancebo, Lastras, Unai Osa, Sastre, Zandio…)

De aquel equipo, quitando dos o tres, llegamos todos a profesionales. No sé por qué no pasó David Cancella, porque ganaba carreras. Ahí ganábamos carreras todos. Sí me acuerdo que, en mi primer año, pasó una cosa un poco fea; porque nos decían que era un equipo para crear corredores y dar el salto al equipo profesional, pero ya estaban firmados para subir Eladio (Jiménez), Mancebo y Lastras, aunque nadie lo sabía. Creo que tampoco se acertó con el director, que era Alfonso Galilea, al que al final le quedó grande el cargo. Querían objetivos, querían ganar carreras y ganábamos por todos los lados, pero algunos no teníamos ninguna oportunidad.

En mi caso, era el primer año y tenía que trabajar sí o sí. Está claro que te toca trabajar, pero nadie sabía que esos corredores estaban firmados y por eso Sastre se fue a la ONCE. Antes había aficionados de segunda, sub-23 y luego élite, pero en Banesto no corrías en segunda con tu categoría, corrías directamente en élite. Pasabas con 18-19 años y corrías con gente de 25 o 26, que eran hombres ya. Entonces el salto era muy grande. Eso es. Me tocaba hacer la mili y me había hecho objetor de conciencia en la Cruz Roja. Que fui tonto, porque luego eliminaron la mili y si llego a esperar, me habría librado. Me acuerdo de que mi padre me decía que me lo quitara de encima cuanto antes.

Algo creo que sí había. A mí me dejaban el fin de semana libre y luego, creo que entraba de tres a diez. Cuando había un accidente o cosas así íbamos nosotros. Que ahora lo pienso y madre mía… Hacíamos un curso básico de sanitario y ya íbamos a atender a la gente. Unos cristos que yo no estaba preparado. Todavía no entiendo cómo era posible aquello. Recuerdo que mi primera salida fue un accidente en Zeanuri que uno había muerto, el otro estaba sin brazo… Fuimos tres, yo salgo con la camilla y de repente, veo que otro, viendo lo que había, se había dado la vuelta. ¡Claro, normal!

Yo estaba en el coche para ir a la Cruz Roja. Se me cayeron las llaves a la guantera, me agaché a recogerlas, se me fue el volante y me di contra un muro. Tampoco iba muy rápido, pero era un Ford Fiesta, que se doblaba con nada. No perdí la consciencia, pero sentía un dolor enorme en las piernas. Curiosamente, vinieron a rescatarme los compañeros que estaban en la Cruz Roja. No sé cómo, me quitaron las zapatillas y pude salir del coche, pero lo pasé muy mal. Sí, pero en ese momento tampoco piensas en la bici. En ese momento el bajón es grande.

Estás en el hospital, con las piernas escayoladas; tenía también el hombro fisurado, que no podía girarlo y no podía ni valerme por mí mismo. Bueno, luego me recuperé y bien. Secuelas físicas no tuve. Hombre, cuando me quitaron la escayola, tenía las piernas que casi no tenía músculo y tuve un proceso largo de recuperación. Pasé de que, si seguía haciéndolo bien, me iban a pasar a profesionales, a que ni siquiera me llamaran a ver cómo estaba. Unzué creo que sí me llamó o Echavarry, no recuerdo quién fue, pero el director de aficionados de entonces no.

Le dije que, en ese momento, me daba lo mismo, pero que bastante me estaba diciendo como persona. Le dije que no creía ni que fuera el momento. Es que no me has llamado ni para preguntarme qué tal estoy. Encima me llamas para decirme que no voy a seguir. Pues tienes muy poca vergüenza. Me pareció de una calidad humana muy mala. Puedo entender que no quieras que siga, pero primero preocúpate por cómo estoy y luego ya me dices «mira Iban, pensamos que no vas a recuperarte para el ciclismo». Esto funciona así y lo puedo entender. Me daba igual la bici, tampoco pensaba en eso.

Hasta que un día, me acuerdo de que casi no podía andar, porque iba con silla de ruedas; no sé cómo, salí de casa, cogí la bici y me di una vuelta pequeña. Y luego el único que me llamó fue Sabino (Angoitia). Se había caído un corredor suyo, fue al hospital a verle y se pasó a verme a mí también. Pero me habían dado el alta y ya no estaba. No tenía nada más y aparte, había agradecido un montón la llamada. Muy importante. Estaba Banesto y luego estaba Olarra, que era como el filial de Euskaltel, luego estaba Kaiku y Baqué era de los más fuertes también. Lo que pasa es que había esa guerra entre Baqué y Olarra. ¿Olarra era antes Cafés Fortaleza? Sí, un año prácticamente, porque muscularmente perdí mucho. Me costó volver a coger fuerza en las piernas. Y el miedo también pesaba. Me habían operado del codo y tenía miedo de caerme. Hasta que un día me caí, me di con el codo y ya vi que no se rompía. Pero recuperarme me costó prácticamente una temporada ciclista entera.

Había carreras que estaba mejor; otras, peor, en algunas incluso que me tuve que retirar. No, durante ese año no. Había días que andaba bien, pero no gané ninguna carrera. Fue un proceso largo de recuperación. Sí, pero eso fue porque andaba con anemias. Era una mujer muy conocida. Iba a verle gente con todo tipo de problemas. Sí. Es verdad que yo no confiaba mucho en eso, pero, no sé por qué, yo andaba con muchas anemias. En mi segunda temporada en Banesto, antes del accidente. Estaba débil y agotado todo el día. Tomaba hierro, pero no remontaba. No recuerdo lo que me hizo.

Te tocaba y luego te mandaba unas hierbas medicinales. Yo tampoco creía mucho en eso, pero es verdad que me metió en una habitación que había una chica, me dijo que cerrara los ojos y le pasara las manos por encima. Yo no le tocaba, pero sí noté mucho calor en un sitio y era que ella tenía cáncer en el pecho. Sí, la verdad es que él tenía mucha confianza en mí y al principio no me pidió nada. Recuerdo que, la primera vez que nos vimos después del accidente, yo fui con muletas. Que solía decir «he fichado a un cojo». Luego me vio entrenando, vio todo el proceso y no me exigió resultados; tenía claro que conmigo era un trabajo a largo plazo, que ese año no iba a tener resultados y no los tuve. Pero, al año siguiente, con la base de haber corrido un año completo, tenía claro que podía rendir.

En su día David no sé si había tenido una oferta de Euskaltel y se fue a la ONCE. Mira, salí como el mejor corredor de España, el número uno del ranking. Pero Vitalicio tenía solo un año más de contrato en el equipo y Mínguez no me podía firmar. La ONCE no me quería, Kelme tampoco… Luego, Unai Larrea me hizo una entrevista en Deia y el titular fue «No entiendo cómo el mejor corredor vasco no tiene sitio en el equipo de casa» o algo así. Madariaga era o estás conmigo, o estás contra mí. No tenía término medio. Mira, ese año gané una carrera en Zamudio. Me acuerdo de que iban escapados tres Olarras. Les cogí subiendo al Vivero y les gané al sprint. Estaba concertado que él entregara los premios, pero cuando subí al podio no aparecía.

Desapareció. Al final yo fiché por presión de Pelayo. Ya había acabado la temporada y me llamó Sabino a casa. Me dijo «ya tenemos equipo. ¿A qué no sabes cuál?». No tenía ni idea, «en Portugal o así» le dije y me contestó «No. Euskaltel-Euskadi». Luego fuimos a comer a un txoko, aquí en Durango. No vino Madariaga. Vino Julián (Gorospe), que estaba de director y vino Pelayo y firmamos aquí, en el txoko. Luego hubo una guerra ahí, porque querían echar a Miguel (Madariaga) del equipo. Ahí Pelayo y Rubén salieron mal. A mí Miguel me cogió en una concentración en Derio, me arrinconó y me dijo «Que sepas que vuelvo a tener todo el poder». Yo le dije: ¿Eso qué quiere decir? Que cuando puedas me vas a echar, ¿no? Pero no por él. El médico le dijo «este es bueno, renuévale», pero él no quería. Aun ganando Midi Libre, Clásica de los Alpes… no me quería renovar.

Julián era una marioneta de Miguel. Me trataba normal. Pues no me lo esperaba, pero me hacía ilusión, porque era el equipo de casa y al final, todos queríamos pasar ahí. Pero yo sabía que no iba a estar bien. Mucho tenía que hacer para que me fuera bien. No me hicieron faenas, pero sabía que no iba a estar bien. Me mandaron a correr a Portugal, a carreras de Francia que nadie quería ir. Sabía que tenía el peor calendario. Otros viajaban en avión y nosotros teníamos que ir en coche. Sí, claro, esa fue una clave. Pero fíjate que, aun así, yo estaba ganando y no me llevaron a la Euskal Bizikleta, que creo que estaba para ganarla. Porque ya había hecho segundo en una carrera en Portugal, había ganado Midi Libre, Clásica de los Alpes y estaba andando bien. Le pregunté a Julián a ver qué iba a correr y me dijo que Dauphiné.

¿A la Milán-San Remo y Roubaix te enviaron también por estar en el equipo B? Sí. En esa época no te obligaban a correr todas las carreras, entonces fuimos a San Remo, no fuimos a Flandes y fuimos a Roubaix. De novatos totales. Íbamos con dos cintas de manillar, unos tubulares de 25, que en la primera ronda nos fuimos cuatro al suelo. Encima era el típico día malísimo de Roubaix. De repente, cuando llegaba el primer tramo de pavés, el pelotón se pone como si fueran a llegar a meta, en fila de uno a 50-60 por hora para entrar a un tramo de pavés que veías a lo lejos que se estrechaba tanto, tanto, que parecía un embudo y con una capa de barro que no se veía el pavés.

Yo dije «aquí no entro yo». Frené y les dejé que fueran para adelante. La gente por la cuneta, uno que se fue al suelo y yo dije «hasta aquí hemos llegado». No era mi carrera. Sí. Sí, la verdad es que, no sé por qué, al final sí me dejaron elegir Vuelta o Tour del Porvenir. Era mi segundo año, ya había renovado con ellos, entonces era diferente. Bueno, puede ser. En realidad, la montaña de la Vuelta a España es explosiva, no es una montaña como la de los Pirineos o los Alpes, que te va desgastando. Puertos de 20, 25 kilómetros, que para el que es escalador te vienen mejor. Al final, en la Vuelta a España son puertos de 4-5 kilómetros, que te permiten llegar más entero. En el Tour son puertos entrelazados de muchos kilómetros, de porcentajes altos, lo que yo llamo auténticas etapas de montaña, que al final llegas zurrado.

Una burrada, una burrada. Además, el año que subimos llovió. Me acuerdo de que nos pusieron tres platos, que no sabías ni a dónde ibas. Patinaba la rueda, tenías que ir sentado y no se veía nada. Y lo peor no fue eso. Lo peor fue que teníamos que bajar, porque el autobús no podía llegar hasta arriba. Me acuerdo de que Julián quemó el embrague del coche también. Entonces teníamos ...

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