Villacastín está de luto tras el fallecimiento de Raúl García Álvarez, ciclista del equipo Venta Magullo-B. Melero. Raúl permaneció veinticuatro años en coma después de un grave accidente ocurrido el 20 de agosto de 1998, durante la Vuelta Ciclista a la Sierra Norte de Madrid.

Puerto de la Morcuera. Fuente: Wikimedia Commons
Un Accidente Devastador en el Descenso
El accidente se produjo en el descenso del puerto de la Morcuera, mientras el pelotón circulaba por la M-611, durante la segunda etapa de la prueba. Raúl, que entonces tenía diecisiete años, se salió en una curva al empezar a bajar y cayó por un terraplén de varios metros de altura.
El golpe le produjo un traumatismo craneal severo, además de otro en el tórax y un profundo corte en una pierna. Según relató la crónica del diario 'El País' del día siguiente, García Álvarez -que corría en el equipo profesional Venta Magullo-B. Melero- se salió en una curva, cayó por un terraplén de unos cinco metros de altura y sufrió un traumatismo craneal severo, un traumatismo torácico y un profundo corte en una pierna.
Tuvieron que rescatarlo en helicóptero debido a la dificultad de acceso al lugar del accidente. Después lo trasladaron al hospital 12 de Octubre, donde fue intervenido de urgencia. La intervención duró varias horas.
Pronóstico Grave e Irreversible
El pronóstico era grave, irreversible, y así se lo comunicaron a la familia. Perdió masa encefálica y oxígeno debido al tiempo que tardaron en rescatarlo. Durante el primer año estuvo en una unidad médica de Burgos especializada en este tipo de casos. Cuando vieron que no se podía hacer más, la familia se lo llevó a casa.
Pero nunca se recuperó. Su familia adaptó su casa de Villacastín para cuidarle y así lo ha hecho durante las más de dos décadas que han transcurrido, según ha relatado en 'El Norte de Castilla' Antonio, uno de sus tres hermanos.

Representación de un accidente ciclista.
Una Vida Dedicada al Ciclismo
Raúl era un deportista joven, fuerte, con un futuro prometedor. Cuando le ocurrió aquello, acababa de empezar su carrera. «Vivía para ello. No tenía otra cosa en la cabeza. Solo pensaba en la bicicleta y su idea era llegar algún día a ser alguien importante en el mundo del ciclismo. Era un luchador.
Víctor Illanas fue compañero de Raúl en los equipos Santa Bárbara y Venta Magullo-B. Melero durante los años 1997 y 1998. «El Santa Bárbara agrupaba a los chavales que vivíamos en la provincia o fuera de ella. Después, al año siguiente, nos juntamos con los de la capital en el Magullo. Fue el año del accidente. Recuerdo que la última carrera que corrí con él fue en Aguilafuente», cuenta.
Del Raúl guarda de Víctor el recuerdo de un buen compañero: «Era un chico que, al igual que yo, estaba empezando a competir y tenía la misma o más ilusión que todos los demás. Estos días, a raíz de su muerte, estoy revisando fotografías y lo que Raúl me transmite en ellas es fuerza, además de ilusión y simpatía.
Siempre daba la cara, siempre estaba en cabeza, tirando del pelotón. Un día, después de lo ocurrido, fui a visitarlo al hospital. Le cogí la mano y lo noté con fuerza. Verdaderamente, tiene que haber sido una persona muy fuerte para haber aguantado veinticuatro años.
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El Impacto en la Familia
De regreso a casa, la vida cambió de raíz para los padres y los hermanos de Raúl. «Mis padres tuvieron que hacer obra para acondicionar la casa, construir un baño adaptado, modificar el acceso a la vivienda, comprar material, una grúa para poder moverlo, una silla de ruedas, un coche adaptado para llevarlo a las consultas médicas...
Los alimentos los ha recibido a través de una sonda en el estómago y una fisioterapeuta lo ha atendido en la misma casa dos veces por semana. Los días que hacía bueno, mis padres sacaban a Raúl en la silla para darle un paseo. Entre la cama y la silla, así ha discurrido su vida. No sabemos si ha sido o no consciente. Al menos al principio, teníamos la impresión de que nos seguía con la mirada. Cuando lo tocábamos, se movía y si entrábamos en la habitación y dábamos la luz, abría los ojos.
La vida en casa de los García Álvarez ha girado en torno a Raúl. Los años fueron pasando y la familia creció. «Mis dos hermanas y yo decidimos quedarnos en Villacastín por estar cerca de mis padres. Ellos han hecho todo lo que han podido por él y más, porque les pasó siendo todavía jóvenes (tenían unos cincuenta años) y han dedicado su vida por y para él, hasta el último momento.
El Legado de Raúl
Tras el accidente, llegaron los reconocimientos, los homenajes y las actos benéficos para recaudar fondos. «Se hicieron cosas para ayudarnos. La estancia en el centro de Burgos fue muy costosa. Luego, poco a poco, fue quedando en el olvido. Llegó un momento en que se dejó de hablar de él y, al final, la familia es la que ha estado ahí, aunque siempre ha habido amigos y compañeros que se han interesado, y es de agradecer.
Carlos Melero, por ejemplo, estuvo muy pendiente», desvela Antonio, para quien no ha sido fácil expresar con palabras el torrente de sentimientos que lleva dentro: «Supone revivir una etapa muy difícil, pero queremos recordar a Raúl como era. Su vida fue el ciclismo y la perdió haciendo lo que le gustaba.

Homenaje a un ciclista fallecido. Fuente: La Vanguardia.