Remembranzas de la Infancia y Reflexiones sobre la Vida

No hace mucho tiempo, disfrutando de unas vacaciones para personas mayores, tuve la suerte de encontrarme con gente de mi pueblo natal, del que salí hace bastantes años. Roque y yo nos conocemos desde niños. Ahora hacía bastantes años que no nos veíamos, así que después de contarnos cómo nos había tratado la vida durante estos años, empezamos a recordar nuestros juegos y travesuras de chavales, y después de tantos años era como si volviéramos a vivirlos de nuevo.

El huerto del tío Juan, donde íbamos a por peras y membrillos después de bañarnos desnudos en la balsa, los huevos que nos bebíamos crudos en el gallinero de la Sra. Remedios, los cangrejos que cogíamos en el río y que después vendíamos en la cantina, y miles de travesuras, unas no muy buenas y otras peores, volvieron a nuestra memoria.

Tampoco nos olvidamos de aquellas personas mayores que tantos consejos nos daban y que ahora comprendemos que lo hacían porque nos querían, pero que entonces no entendíamos. Sobre todo recordamos con cariño a Pepe el cartero que a pesar de hacerle alguna travesura siempre nos ayudaba en todo cuanto podía. A nosotros nos hacía gracia como encargaban las cosas, sobre todo las zapatillas que entonces se llamaban alpargatas. Nos hacía gracia que en vez de decirle unas alpargatas del 38 o del 42 le daban un palito con la medida del pie.

Nosotros ayudábamos a Pepe a repartir el correo, no sabíamos leer pero Pepe nos decía el apodo de la persona y no había fallo. También dimos un repaso a nuestra juventud cuando empezamos a hacer pinitos con las chavalas. Roque me contó lo que había sido de aquellas chavalas que perseguíamos los domingos por el paseo, y que no nos hacían ningún caso. Bueno a él sí, pues María su mujer era una de aquellas niñas.

Gracias a esta pareja pasamos unos días inolvidables pues cuando se vive lejos de donde te criaste se añoran muchas cosas que gusta revivirlas.

Soy un ciudadano del mundo, de mi tierra, de mi pueblo. El amanecer espantoso que siento lo veo reflejado en el espejo. No he descansado adecuadamente y mi imagen delata mi ansiedad, malestar, inseguridad… Trato de recordar algún sueño nocturno… ¡Nada!… Trato de justificar mi estado buscando causas en el día anterior… ¡Nada!… ¿Qué me está pasando?

La luz me molesta y el frescor de la mañana ha debido penetrar por los habitáculos de la casa. Pero, ¡si mi casa es acogedora, cálida, amplia, cómoda…! Necesito un café, otros toman cacao y cereales. Para mí el café aporta vitalidad y me hace reaccionar. Sorbo lentamente y el aroma me impregna, lo siento cerrando los ojos y calentando mis manos.

Un silencio sepulcral inunda la vivienda, hasta escucho mis latidos acompasados y acelerados… ¡Necesito ruido, motivación, movimiento! No quiero molestar a la familia y sin embargo hago que los rayos catódicos y el audio del televisor aparezcan… ¡Las noticias!… ¡No! ¡No! ¡No!… ¡Quiero algo alegre!

Salgo raudo de mi casa, de mi mundo en el que otras veces me he sumergido y voy a la calle, es noche de Cuarto Creciente, y la Luna quiere sonreír: “Por un áspero camino / un cansado peregrino / busca la felicidad / y cuantos a su paso halla / todos le dicen que vaya… ¡más allá!

Recorro la parte más antigua de la localidad. …La mirada se dirige a… ¡Qué casa! Céfiro se dispone a realizar su recorrido para dar vida a la vida y ahuyentar a la oscuridad. El sol se atreve a vislumbrar majestuoso y señorial. Es una mañana serena, soleada. El cielo azul claro, parece un tejido liso, únicamente está marcado por las estrías que han dejado unos aviones al pasar y que dan profundidad y lejanía a la inmensidad del firmamento… ¡Qué precioso!…

Voy sorteando los aromas que exhalan las granjas, y que se mezclan de manera que después de un rato no se distinguen los buenos de los malos olores. A ambos lados del camino se muestran los cambios en la economía de la zona, en otros tiempos viñas, olivos, ¡secano!… no se ven productos de la agricultura tradicional de subsistencia, ahora todo es mercado y producción intensiva. Algunos campos están en barbecho, preparados para siembra o plantación primaveral.

No muy lejos hay unos trabajadores recogiendo verduras de temporada. Son inmigrantes… ¡El “amo” no está! Fijo la mirada en el cuadro que enmarcan con el sol al frente, sus ropas impermeables reflejan la humedad del amanecer. ¡Qué colorido! ¡Parece una imagen de Sorolla! La escena me recuerda la juventud de mi generación cuando nuestros padres nos hacían trabajar en vacaciones para contribuir a la economía familiar, no contrataban peonías… Eso sí, entonces hubiéramos llevado los pantalones mojados… ¡Ni teníamos las vestimentas actuales ni habían los mismos productos ni el sistema coincidía…!

Voy cambiando el rumbo. Hacia el Norte y me voy encontrando más seguro. El frescor de la brisa y la humedad desprendida del riego me hace sentirme bien. ¡Agua y Sol! Me he sumido en mis pensamientos. De repente un vehículo gira bruscamente y para ante mí.

Cómo han cambiado los sentimientos. Mi malestar se había ido esfumando, como los dibujos que borra el agua en las arenas de la playa. Echo la mirada al Sur. ¡El pueblo! Pequeño, sí, pero lleno de vida y de historia. ¡Allí está mi mundo! ¡Podría ser cualquier ciudadano! Si alguien no es capaz de amar sus raíces, su entorno, su hábitat, a sus vecinos,… ¡no se puede querer a sí mismo! Si no sabemos valorar lo poco o mucho que tenemos.

¿De qué nos sirve la vida?… ¿Quiénes somos? ¿A dónde vamos?… ¿Somos imágenes de película o fotografía?

- ¿Qué es eso que hay en el suelo? ¡Una cartera! La recojo, abro y ojeo su interior… ¡Anda! Documentación de un inmigrante. No hay tarjetas bancarias ni de consumo ni de la Seguridad Social. Un par de fotografías familiares y 5 €… ¿Todo eso representa el Estado de Bienestar? ¡Qué egoístas somos!

El primer vehículo en aparecer es el de la Guardia Civil, lo paro, les comunico lo acontecido y los oriento hacia el destino. Instantes después escucho el sonido de la sirena de una ambulancia. Color rojo, cálido, de cercanía que contrasta con el azul claro, frío y lejano del firmamento.

Tomo el camino hacia el Sur y la primera visual llega al Moncayo, testigo inmenso de la evolución geológica de la zona. Llego al bar. El personal curioso comenta, cada cual según le cuadra, el paso de la ambulancia y el de la Guardia Civil. Nadie sabe qué ha pasado pero,… ¡así somos! Yo sí que sé algo y lo callo.

Dicen que la vida es el camino para buscar la felicidad, que no es una meta, que se encuentra en el quehacer diario.

Tabla: Comparación de la Vida Rural de Antes y Ahora

Aspecto Antes Ahora
Economía Agricultura de subsistencia Mercado y producción intensiva
Mano de Obra Familiares, trabajo comunitario Inmigrantes, mano de obra contratada
Tecnología Herramientas manuales, métodos tradicionales Maquinaria moderna, tecnología avanzada
Diversidad de Cultivos Viñas, olivos, secano Monocultivos, productos de mercado

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