La historia de Villena, una localidad alicantina, está intrínsecamente ligada a sus tradiciones y eventos que celebran su rica herencia cultural. Cada mes de septiembre, la ciudad revive su pasado con el impresionante desfile de Moros y Cristianos, en el que participan más de 12.000 personas.
Revivir el pasado es fundamental para aprender de la historia y no repetir errores. Las luchas entre Moros y Cristianos fueron una constante en la Península Ibérica durante la Reconquista, cuando los reinos cristianos lucharon por recuperar el territorio arrebatado por los moriscos siglos atrás. Este desafío histórico se refleja en las fiestas de Moros y Cristianos, que se celebran cada año en el Levante y sur de España como un alegato de paz.
Villena, en particular, celebra las Fiestas de Moros y Cristianos más multitudinarias de España, con la participación masiva de sus habitantes en representativos desfiles. Declaradas de Interés Turístico Nacional en 2015, estas cabalgatas son una explosión de color, música y tradición que emocionan a quienes las presencian por primera vez. Los vecinos de Villena aseguran que estas fiestas son el mejor ejemplo de concordia y armonía entre dos bandos diferentes.
Durante meses, los villenenses trabajan arduamente para confeccionar los trajes que lucen en los desfiles que inundan la ciudad. El despliegue es impresionante, con 14 comparsas, siete del bando moro y siete del cristiano.

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Orígenes Históricos de la Festividad
El origen de la festividad se remonta al año 1474, cuando se proclamó a la Virgen de las Virtudes como patrona de la ciudad para evitar la propagación de la peste que asolaba Europa en el siglo XV. Esta conmemoración también tiene un componente militar, originado en la antigua Milicia del Reino, posteriormente llamada soldadesca, que participaba en la fiesta patronal desde el siglo XVII. Los desfiles, especialmente La Entrada y La Cabalgata, son los más destacados, con festeros luciendo trajes espectaculares al ritmo de marchas moras, cristianas y pasodobles creados específicamente para las fiestas. La tradición es profunda, ya que la soldadesca ya participó en la romería de Villena de 1638.
El Castillo de la Atalaya: Emblema de Villena
El imponente castillo de la Atalaya, símbolo de Villena, representa el mestizaje cultural musulmán y cristiano de la ciudad. Declarado Monumento Histórico Artístico en 1931 y posteriormente Bien de Interés Cultural, el castillo se erige en el cerro de San Cristóbal, permitiendo el control y la defensa del territorio circundante. Su uso se extiende desde la época musulmana hasta la Edad Contemporánea, siendo testigo de acontecimientos cruciales como la ocupación musulmana y la Guerra de la Independencia. Durante las fiestas, el castillo vuelve a ser el centro neurálgico de la ciudad con la representación de la Guerrilla y la Embajada del moro al cristiano.

Según Mercedes Menor, teniente de Alcalde de Villena, la emoción invade a los asistentes que contemplan los desfiles y la interpretación de las batallas para recuperar el castillo. Los discursos de los líderes de cada bando, a lomos de sus caballos, son muy emocionantes y adaptados a la época. La fiesta estremece todos los sentidos: los trajes vistosos e impresionantes se combinan con la fuerza de la música de las 123 bandas que acompañan la parada, mientras que la artillería resuena en el cielo, dejando un inconfundible olor a pólvora.
Durante estos días, Villena vive intensamente tanto de día como de noche. Al finalizar los desfiles, alrededor de las tres de la madrugada, comienza la fiesta en las verbenas. A las 7.30 de la mañana, suena la Diana de todas las comparsas con sus bandas. El ritmo es frenético y hay actividades para todos los públicos. Villena atrae a miles de visitantes de toda España, quienes quedan tan asombrados que suelen repetir.
Gastronomía Villenense
La tradición también se saborea en los restaurantes de Villena, cuya gastronomía refleja el carácter fronterizo de la ciudad, cruce de caminos entre Castilla-La Mancha, Murcia y Valencia.
Además de las festividades de Moros y Cristianos, Villena ha sido escenario de eventos deportivos notables, como la Vuelta Ciclista a La Mancha en 1935, un evento que, aunque efímero, dejó una huella significativa en la historia del ciclismo local.
La Vuelta Ciclista a La Mancha, celebrada por primera y última vez en septiembre de 1935, fue un evento organizado por el Ayuntamiento de Albacete y la Peña Ciclista local, con el impulso de Rodolfo Gómez Artigao. Decenas de ciclistas de Albacete, Cuenca, Tomelloso, Gijón, Madrid, Barcelona, Baleares y Valencia recorrieron los 890 kilómetros previstos en seis etapas. Entre los ciclistas más famosos del momento se encontraban Cardona, Montes, Escuriet, Molina y Esteve.
Equipos bien organizados como Orbea o Cruz Blanca también participaron. La prensa nacional y local cubrió extensamente el evento, con corresponsales siguiendo la carrera de cerca. Incluso, la cerveza "La Cruz Blanca" proporcionó un camión para refrescar a corredores y seguidores.

La afición por la bicicleta en la región había comenzado mucho antes, a finales del siglo XIX. Ciudades como Albacete, Hellín y Tarazona de la Mancha vieron crecer el deporte del pedal, con la creación de sociedades y la construcción de pistas. En 1935, el ciclismo ya no era una novedad, sino un deporte en completa expansión.
El 1 de septiembre, la I Vuelta a la Mancha comenzó en el Parque de Canalejas de Albacete. Los corredores recorrieron varias localidades hasta llegar de nuevo a Albacete. La carrera sirvió de propaganda para la Feria albaceteña, con un camión anunciando el festejo. Escuriet se impuso en la general, convirtiéndose en el único ganador de la Vuelta Ciclista a La Mancha.
| Etapa | Recorrido | Ganador |
|---|---|---|
| 1 | Albacete - Alcaraz | Molina |
| 2 | Alcaraz - Ciudad Real | [No especificado] |
| 3 | Ciudad Real - Alcázar de San Juan | [No especificado] |
| 4 | Alcázar de San Juan - Cuenca | [No especificado] |
| 5 | Cuenca - Almansa | [No especificado] |
| 6 | Almansa - Albacete (pasando por Hellín) | [No especificado] |