Johan van der Velde: Un Ciclista Holandés en la Tormenta del Gavia

El Giro de Italia, conocido por su dureza y belleza, ha sido escenario de momentos épicos que han marcado la historia del ciclismo. Uno de esos momentos inolvidables tuvo lugar en la edición de 1988, con la infame etapa del Passo Gavia como protagonista.

EL terrible infierno del GAVIA. GIRO DE ITALIA 1988.

Aquel año, la meteorología adversa transformó la carrera en una prueba de supervivencia, donde la valentía y la resistencia de los ciclistas se pusieron a prueba hasta el límite.

El Giro de Italia de 1988: Una Batalla Contra el Clima

En 1988, el Giro de Italia presentó una de las participaciones más espectaculares de su historia, con la prensa planteando una batalla entre Italia y el resto del mundo. La etapa del 5 de junio, que debía ascender al Gavia y descender a Bormio, se convirtió en un punto de inflexión debido a las intensas nevadas y temperaturas de cinco grados bajo cero en la cima del Gavia.

Hasta esa jornada, la carrera transitaba con cierta normalidad. Jean-François Bernard había ganado el prólogo y se enfundaba la primera maglia rosa. Etapas después, una escapada permitida colocaría de líder a Massimo Podenzana. El día 5 de junio la carrera presentaba dos altos de montaña, el Passo d’Aprica y el Gavia, desde donde los corredores debían descender hasta la meta de Bormio.

En 1988, el Gavia presentaba catorce kilómetros, pendientes continuadas del 8,5 por ciento, y tramos de tierra. No fue asfaltado hasta finales de los años 90. De antemano la pregunta que planteaba la prensa deportiva apuntaba a quién sería el protagonista de la etapa. ¿Sería clave para el desenlace del Giro?

El Ataque de Johan van der Velde

La localidad de Chiesa Valmalenco era el punto de partida y ya de inicio Stephan Joho y Roberto Pagnin -de Ariostea y Gewiss, respectivamente- cobran un minuto de ventaja en el pelotón. Los dos escapados son cazados a diez kilómetros de la cima del Gavia, instante que aprovecha Johan Van der Velde para iniciar la aventura en solitario. Desde el pelotón observan sorprendidos el inicio de la fuga.

Mientras los ciclistas pedalean por las pendientes del Gavia contemplan el pasillo formado por paredes de hielo que les acompaña desde las laderas. Adelante, entre los favoritos, Andrew Hampsten aceleraba el ritmo y el líder, Chioccioli, no aguantaba el ritmo impuesto por el americano. Zimmermann mantenía la distancia; Delgado y Bernard sufrían pero no perdían del todo el contacto; Visentini y Saronni marchaban ya a mucha distancia.

La nieve seguía cayendo y se mezclaba con la tierra obligando a los ciclistas a pedalear y mantener el equilibrio sobre una amalgama de barro congelado. Van der Velde coronaba en primera posición el Gavia, pero aún le restaba todo el descenso. Mientras, en la cima del Gavia el director del 7-Eleven, el equipo de Hampsten, esperaba a sus corredores con ropa de protección y bebidas calientes. Ahí, en esa estrategia, pudo decidirse la etapa y el Giro de aquel año.

El Descenso Infernal

El americano había iniciado en segundo lugar el descenso, seguido a unos pocos metros de Erik Breukink. Detrás, como el goteo interminable de un grifo averiado, todos los demás.

Tal y como había previsto el director del 7-Eleven, el descenso hacia Bormio se planteaba más duro aún que lo que había sido la subida. Hampsten y Breukink cazaron en el descenso a Van der Velde. El valiente holandés que había lanzado su ataque a diez kilómetros del alto del Gavia renunciaba a la victoria de etapa mientras tiritaba y contemplaba cómo los frenos congelados no le respondían y se jugaba el pellejo en cada revuelta.

Detuvo la bicicleta como pudo y se subió al coche de su equipo para entrar en calor y cambiarse de ropa. Mientras, por delante, Andrew Hampsten y Erik Breukink continuaban persiguiendo el triunfo, lo que demostró una vez más que ante la posibilidad de vencer el dolor se diluye.

Muchos corredores echaban pie a tierra y realizaban algunos tramos de la bajada a pie, tratando de que el manillar de sus bicicletas no se escapara a la presa de unas manos ateridas y congeladas. Delgado también paraba buscando refugio en su coche de apoyo. Poco después Bernard adoptaba la misma decisión.

El americano y el holandés -Breukink también era holandés- estaban dictando la sentencia de aquel Giro de 1988. A falta de un kilómetro para meta, Breukink lanzó un ataque a su rival y compañero de aventura y ganó una etapa que ya forma parte de la historia del ciclismo. Hampsten llegó a siete segundos y se convirtió en el líder de la carrera. El holandés se desmayó al cruzar la línea de llegada.

El Sufrimiento de los Ciclistas

Hampsten se escondía bajo una torre de mantas, mientras nada se sabía del resto de los corredores. Pasados más de cuatro minutos y medio, Tomasini conseguía finalizar la etapa. Tras él sobrevivían Guipponi, Giovanetti y Zimmermann. El hasta entonces líder de la carrera, Chioccioli, cruzaba la meta a más de cinco minutos.

Los ciclistas llegaban temblando a Bormio, algunos lloraban, otros continuaban pedaleando medio inconscientes. A través del frío, las lágrimas y el dolor de los corredores que retrataban la prensa y la televisión, Gabriel confirmó -no sin remordimiento- que en ocasiones los sueños se cumplen incluso por encima de tus deseos. Había asistido a una carrera ciclista de otra época, de otro tiempo.

El Legado del Passo Gavia

La etapa del Gavia en 1988 no solo fue una prueba de resistencia física, sino también mental. Los corredores se enfrentaron a condiciones extremas que pusieron en riesgo su salud y seguridad.

EL terrible infierno del GAVIA. GIRO DE ITALIA 1988.

A pesar de las dificultades, la etapa se convirtió en un símbolo de la dureza y la épica del ciclismo, recordando a los aficionados y a los propios ciclistas la importancia de la perseverancia y la valentía.

Hoy en día, las condiciones de seguridad en las carreras ciclistas han mejorado significativamente, y es poco probable que se permita una etapa en condiciones tan extremas como las del Gavia en 1988. Sin embargo, la historia de aquel día sigue viva en la memoria de los aficionados al ciclismo, como un recordatorio de los límites que pueden alcanzar los seres humanos cuando se enfrentan a la adversidad.

El recuerdo de Van der Velde coronando el Gavia en solitario, sin guantes ni abrigo, y el sufrimiento de los ciclistas en el descenso, permanecerán para siempre en la historia del Giro de Italia y del ciclismo en general.

Perfil de la Etapa Gavia-Mortirolo

El Passo Gavia es uno de los pasos de montaña más altos de Europa, situado al norte de Lombardía y formando parte de la famosa zona alpina Alta Valtellina, acompañando a otros gigantes pasos de montaña como el Mortirolo, Paso dello y Stelvio.

El recorrido del Passo Gavia tiene una longitud total de 16,5 kilómetros com un desnivel total de 1.319 kilómetros. Su inclinación media es de un 8% y su máxima pendiente de del 15%.

En 1960 fue la primera vez que se ascendió este colosal paso de montaña y fue Cima Copa en 6 ocasiones, que es el nombre que se le otorga al puerto de montaña más alto por el que deben transitar los ciclistas durante la disputa del Giro de Italia. La primera persona que logró coronar su cima en una competición fue el italiano Imperio Massignan, el mismo año que se consiguió subir, 1960.

Sin embargo y a pesar de la cantidad de veces que se ha ascendido al Passo Gavia, el Giro de 1988 pasó a la historia por ser uno de los más memorables, y también uno de los momentos más duros del ciclismo profesional.

Está claro que subir el Passo Gavia no es una tarea fácil y a pesar de que muchos lo han conseguido, los encargados mantener los mejores tiempos hasta ahora han sido Michel Ries (1 hora 6 min 33 seg) en la categoría de hombres y Annemiek Van Vleuten (1 hora, 20 min 41 seg) en la categoría de mujeres.

Ciclista Tiempo Categoría
Michel Ries 1 hora 6 min 33 seg Hombres
Annemiek Van Vleuten 1 hora, 20 min 41 seg Mujeres

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