La actual generación de cuarenta y tantos puede estar de acuerdo en que las motocicletas de luz en la película Tron (1982) fueron un golpe a la memoria que aún perdura. Todos soñamos con ellas. Pues bien, más de tres décadas después, tenerlas es ya una posibilidad. Aunque habría que apurarse.

Moto de luz de Tron
¿"Alguien vio la película Tron?" pregunta Homero Simpson para tratar de explicar como luce aquel extraño mundo en 3D que lo absorbe en el especial de Noche de brujas VI. La respuesta de todos los presentes es la misma: "No". Probablemente muchos responderían igual que los amarillos personajes si les preguntaran por dicha cinta, aunque nadie podría negar la influencia que tiene para el cine tal como lo conocemos hoy.
Hoy, el utilizar imágenes generadas por computadora no representa ninguna novedad para el espectador. La industria del cine busca dar un paso más allá con nuevas formas de proyección, como el 3D de Avatar, el que ya contagió a gran parte de las superproducciones de Hollywood. Pero el comienzo se remonta a los años 80, cuando fue precisamente Tron la que dio el primer paso.
Dirigida por Steven Lisberger, Tron es una cinta demasiado adelantada a su época, tanto así que fue considerada casi una película para niños, criticada por la calidad de la actuación e, incluso, se tildó de incoherente a su guión. No obstante, hoy es reconocida como una producción de culto.
Corría el año 1982 cuando esta cinta protagonizada por Jeff Bridges (como Kevin Flynn) llegó a las salas de cine. Su propuesta incluía casi 32 minutos de animación generada por computadora, donde interactúa el espacio "virtual" con personajes humanos. Los efectos de la cinta, para el espectador actual podrían calificarse como irrisorios, aunque en su época fue todo un hito.
A más de 20 años de su estreno, el 13 de enero de 2005 Disney anunció la producción de Tron: Legacy, que vendría a ser una segunda parte de la original, protagonizada por Garrett Hedlund en el papel de Sam Flynn, hijo del anterior protagonista. Por estos días la cinta dirigida por Joseph Kosinski comienza por fin a develar sus primeras imágenes con 2 trailers a su haber, pero además tendrá un adelanto exclusivo para Latinoamérica dentro de un episodio especial de DXD Xtra, en el canal Disney XD, y también en Disney Channel, al término del Zapping Zone, mañana jueves.
El Legado de Tron
Tron narra la historia de Kevin Flynn, un joven programador que es introducido dentro de una computadora, en la cual los programas tienen vida y personalidad propia. En un principio el protagonista trabajaba para una enorme corporación, donde es engañado respecto de las autorías y ganancias de los juegos que ha creado. Unido con otro grupo de informáticos que fueron embaucados al igual que él, se filtra a la empresa y trata de ingresar al sistema en busca de los archivos que lo ayudarán a probar que es el autor de sus programas. Mientras realiza esta acción, es absorbido por la computadora maestra.
Para poder regresar a la normalidad, Flynn debe encontrar a Tron, un programa de seguridad que lo puede ayudar, aunque para eso deberá sortear una serie de juegos de acción, entre los que se cuentan las tan famosas motos de luz.
En estricto rigor la cinta contiene menos imágenes generadas por computadora de lo que se podría suponer, ya que muchos de los efectos que parecen provenir de este medio fueron creados utilizando ilusiones ópticas tradicionales, una laboriosa tarea manual impensable para estos días. Por ejemplo, en las escenas con actores y fondos digitales, el movimiento se creaba en base a fondos pintados a mano - algunos de ellos por el mismo Moebius (Alien) - y gráficos con animación clásica, por lo que algunas de ellas tardaron 10 días de trabajo por segundo.
Para su creación, Disney tuvo que adquirir una máquina Super Foonly F-1, la PDP-10 (Procesador de Datos Programado modelo 10, un computador digital fabricado a finales de los '60), la máquina más rápida jamás hecha y la única en su tipo en aquellos tiempos.
"Sin Tron no hubiese habido Toy Story", comenta John Lasseter, director y miembro fundador de Pixar, actualmente la compañía de animación digital por excelencia.

Tron: Ares
Cuando "Tron" llegó a los cines en 1982, el mundo apenas comenzaba a entender qué era una computadora personal. La idea de un programador que terminaba atrapado dentro del software que él mismo había creado era tan visionaria como absurda para su tiempo. Sin embargo, esa mezcla de ingenuidad y audacia convirtió al filme en un clásico de culto, pionero en combinar animación digital y efectos ópticos, anticipando la revolución de la realidad virtual y los videojuegos.
Quince años después, "Tron: Ares" llega como la esperada -y demorada- tercera entrega de esta saga que se niega a quedar en el olvido. La producción atravesó múltiples cambios de guion, directores y pausas indefinidas, hasta que finalmente Disney le dio luz verde al noruego Joachim Rønning, conocido por "Piratas del Caribe: La venganza de Salazar" y "Maléfica: Maestra del Mal".
La historia parte de una premisa sencilla: dos corporaciones tecnológicas -ENCOM y Dillinger Systems- compiten por dominar la innovación más poderosa de la era digital, la Inteligencia Artificial capaz de materializar creaciones virtuales en el mundo real. Eve Kim (una impecable Greta Lee) lidera ENCOM con la esperanza de usar esa tecnología para fines humanitarios, mientras que su rival Julian Dillinger (Evan Peters) planea convertirla en una herramienta militar. En medio de esa guerra corporativa surge Ares (Jared Leto), un programa avanzado que cobra conciencia de sí mismo y comienza a preguntarse qué significa realmente “estar vivo”.
El giro narrativo de poner a un ente digital como protagonista le da un aire fresco a la saga, retomando el eterno dilema del "fantasma en la máquina" y la búsqueda de identidad más allá de los límites del código. Leto, contenido y carismático, logra transmitir la curiosidad infantil de una inteligencia artificial que desea sentir, más que dominar.
Visualmente, Tron: Ares cumple con creces lo que promete: una experiencia vibrante, de neón y acero, donde los límites entre lo físico y lo digital se diluyen en un espectáculo diseñado para verse en IMAX. Las icónicas motos de luz regresan con más potencia, los duelos de discos brillantes mantienen su encanto y las secuencias de acción -especialmente las ambientadas en el mundo real- tienen un pulso y una textura más tangibles que en entregas anteriores.
Pero el alma del filme está en su música. Nine Inch Nails toma la posta de Daft Punk con una banda sonora que vibra como una maquinaria viva: industrial, oscura y emocional. Trent Reznor y Atticus Ross transforman cada escena en una sinfonía de metal y sintetizadores que no solo acompaña, sino que eleva la experiencia completa.
Donde "Tron: Ares" tropieza es en su guion, que opta por caminos previsibles y cierta dependencia de la nostalgia. El relato coquetea con ideas filosóficas profundas -la creación, la conciencia, el sentido de la permanencia-, pero no siempre se anima a explorarlas.
Cuarenta años después de aquel primer sueño digital, "Tron: Ares" confirma que el universo creado por Steven Lisberger aún tiene chispas por ofrecer.
La Realidad Alcanza la Ficción
En los próximos días, la familia Andrews, conglomerado norteamericano famoso por sus colecciones de autos, se va a deshacer de gran parte de ellas. Incluida una réplica utilizada en el juego Tron: Evolution (2010), especialmente hecha para la familia.
Casi sin uso, funciona con un motor eléctrico que se alimenta de baterías de litio, junto a una transmisión electrónica controlada por computador. El precio de la moto, que será subastada por Sotheby's, se espera que alcance hasta los 40 mil dólares.