El Auge del Reparto de Comida en Bici en Chile: Opiniones y Realidades Laborales

Durante la pandemia, uno de los trabajos que más creció en Chile y en todo el mundo fue el de repartidor, una labor que ya quedó instaurada en nuestro país. La gente cada vez prefiere pedir comida o cualquier producto por internet y luego esperar cómodamente en el hogar a que un delivery se lo lleve.

Concepción, por ejemplo, pareció llenarse de repartidores de servicios de comida. Los vemos en sus bicicletas, sólo identificables por las cajas térmicas que llevan detrás. Súbitamente, se volvió posible no tener que hablar por teléfono honestamente al momento de pedir comida, reemplazando al intermediario humano por la falsa amabilidad de las apps.

Repartidor de comida en bicicleta en Santiago de Chile.

La Realidad Laboral de los Repartidores

Lamentablemente, este trabajo sigue siendo muy informal para quienes lo ejercen, aunque muchos extranjeros lo han visto como una gran oportunidad laboral. Marx, cuando consideraba esta problemática, probablemente no pensaba en la precarización laboral de quienes reparten Burger King, y aún así la democratización de este fenómeno es reveladora.

Incluso se puede ver que acepta dos despachos a la vez, que retira en el Costanera Center. Al llegar la tarde el hombre es fiscalizado en la comuna de Providencia por funcionarios municipales. Al estar todo en orden, continúa con su recorrido durante la noche.

Finalmente, el delivery termina su jornada laboral que inició a las 12:48 de la tarde y terminó a las 22:30 horas. Es decir, en una jornada laboral de casi diez horas alcanzó a ganar $34.280.

En este se logra apreciar que al final del día gana $34.280 en una larga y tediosa jornada laboral. Como se ve en esta primera parte del video, el hombre de acento extranjero trabaja en moto y usa la app Uber Eats.

Uber Eats: Una Mirada Detallada

Uber Eats permite al usuario ver en tiempo real el estado del pedido y tener un canal de comunicación directo con el socio repartidor con quien pueden acordar detalles relacionados con la entrega de su pedido. A la vez, permite calificar de manera diferenciada al restaurante, a cada comida o bebida y al socio repartidor.

Uber Eats se puede descargar fácilmente para dispositivos iOS y Android. Cientos de restaurantes están listos para preparar lo que quieras. Desde la comodidad de tu celular puedes seguir en tiempo real el estatus de tu pedido.

Uber Eats es una aplicación y sitio web que permite a millones de personas en todo el mundo solicitar la comida que desean para su entrega a domicilio con tan solo tocar un botón. Al asociarse con más de 320 mil restaurantes en más de 500 ciudades en 36 países, Uber Eats permite que éstos ofrezcan comidas para todos los gustos y ocasiones.

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Requisitos para Convertirse en Repartidor

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Requisitos:

  • Ser mayor de 18 años
  • Tener cédula nacional vigente, en caso que no, documento de extranjería vigente
  • Tener teléfono iPhone 6s (o superior) o Android (9 o superior) con internet para estar conectado en todo momento y cámara frontal
  • Certificado de antecedentes

Si repartes en moto o auto:

  • Foto de la licencia de conducir (vigente o vencida)
  • Foto de de hoja de vida del conductor
  • Foto del permiso de circulación vigente

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La Experiencia del Cliente y la Pérdida de Conexión Humana

Rápidamente consigue un pedido, el que tiene una ganancia fija que se le muestra antes de que acepte realizar el viaje, tal como sucede con los choferes de las aplicaciones de transporte, que puedan rechazar los pedidos que no deseen. El hombre muestra que intenta realizar los viajes lo más rápido posible, para así conseguir varios pedidos al día y obtener más ganancia.

No sólo no quiero expresar lo que quiero en un teléfono, sino también se vuelve incómodo reconocer la humanidad detrás de quienes sostienen estas macroestructuras de lo conveniente. Estas personas que en bicicletas recogen y nos traen comida, algo que en principio debiese ser un acto de amor, se convierte en una transacción más, algo por diseño omitible, en vía hacia una decadente saciedad.

Un repartidor llevando un pedido.

Al recibir bolsas con comida en casa, no sólo omitimos nuestro vínculo con un mundo más amplio y al intermediario en bicicleta que ignoramos con fingida amabilidad, también omitimos todo el universo que contiene quién preparó cada alimento, qué formas de comer aplican a cada plato, sus tiempos y cómo el reparto altera las temperaturas ideales.

Pareciera que, ante la pereza, las papas fritas blandas -algo inaceptable en cualquier otra situación- son un precio razonable por la muerte del respeto entre humanos.

Existe una visión romántica respecto a comer fuera. Más allá de interactuar con el exterior y recibir el sol en la piel, está la sensación de comunidad, de sentido compartido, de descifrar los deseos propios y que se manifiesten en platos complejos o sólo completos. Sentirse crítico y ocupar esa postura, refinada o no, para hacer juicios livianos pero soberbios. Esta escena idílica, propia de un cuadro impresionista, comparte espacio con otro aspecto fundamental, que es la desdicha. Malos meseros, sucios baños, enfermarse, la decepción de la realidad fallando al ideal platónico de lo que deseamos.

Para alguien que vive en tiempos hiperconectados, solía detestar hablar por teléfono. Consecuentemente, pedir comida a domicilio, algo común durante el boom del fonosandwich, me resultaba incómodo al punto de ser paralizante. La solución a este problema de honestidad, en su momento, pareció estar en la tecnología. Domino’s, posiblemente la única cadena de comida rápida que hace una pizza aceptable, permite diseñar tu pedido y pagar en su misma app, así sólo queda abrir tu puerta, recibir una caja y decir hola por cortesía.

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