Imagina que tienes a la vista un objetivo montañoso, como una prueba ciclista o un triatlón con mucho desnivel. A priori, podrías pensar que no vas a poder afrontar la prueba con garantías por falta de un entrenamiento específico. Sin embargo, ser un buen escalador implica más que solo buena forma física.

Factores Clave para ser un Buen Escalador
Cuando se trata de ser un buen escalador, hay muchos factores que entran en juego más allá de la forma física como tal: la cadencia, la eficiencia de pedaleo o la fuerza son piezas clave para desenvolvernos bien en un ascenso. A continuación, exploraremos estos factores y cómo entrenarlos.
- Cadencia: Aumentar nuestra cadencia es una opción mucho más eficiente en subidas sostenidas y prolongadas. Por ejemplo, si nuestra cadencia natural es de 85 o 90 rpm, un buen ejercicio es tratar de mantener los mismos vatios, pero con un pedaleo más cercano a las 90 o 95 rpm. Al igual que con los ejercicios de pedaleo de pie, empieza con intervalos más cortos y alarga su duración.
- Pedaleo de Pie: Cuando quieres llegar a la cima rápido, sobre todo en ascensos cortos y explosivos, ponerte de pie sobre la bici y pedalear fuera del sillín puede ser una forma muy eficaz de lograrlo. Ten en cuenta que es importante poder mantener la potencia prescrita (para no condicionar la sesión). Una vez consigas eso, el resto se base en el control y la técnica. Así que céntrate en tu pedaleo mientras mantienes una buena técnica. Otro aspecto importante es cuidar la transición que hay entre ponernos de pie o sentarnos, dado que es donde más potencia se pierde. Es posible que al principio te cueste pedalear de pie en el rodillo, sobre todo por la rigidez de la bicicleta.
- Fuerza: El trabajo de fuerza específico también nos va a ayudar a ser mejores escaladores ya que mejora la potencia y nos convierte en ciclistas más eficientes.
Si tienes un rodillo interactivo, simuladores de ciclismo virtual como BKOOL ofrecen infinidad de rutas montañosas a las que podrás enfrentarte en tus sesiones indoor. Escoge recorridos con desnivel e incluye ejercicios como los mencionados anteriormente.

El ciclismo de montaña desafía la gravedad y requiere una gran capacidad de escalada.
La Fisiología del Escalador
Lo cierto es que los escaladores componen una estirpe de deportistas realmente enigmática. Se trata de auténticos atletas que tienen que ser potentes (para desafiar la ley de la gravedad y salvar impresionantes porcentajes de pendiente) pero a la vez han de ser ligeros.
Hace pocos años, un grupo de investigadores españoles publicó en el International Journal of Sports Medicine un trabajo -ya convertido en clásico- que comparaba desde el punto de vista fisiológico a los que se podrían denominar escaladores puros con un grupo de especialistas en contrarreloj. El trabajo demostró que los escaladores representan el máximo exponente de la resistencia al esfuerzo de entre toda clase de ciclistas. En concreto, reúnen características que les hacen únicos desde el punto de vista de la Fisiología del Esfuerzo.
Cuando se analizó a los escaladores desde el punto de vista antropométrico, se comprobó que su estatura era inferior (un promedio de 1,76 frente a 1,82) a la de los contrarrelojistas. Su peso corporal también era menor: una media de 64 kilos frente a 72.
Las pruebas de esfuerzo mostraron, además, que los escaladores eran auténticos "atletas de laboratorio", con resultados espectaculares en resistencia aeróbica y tolerancia a la fatiga. Sin embargo, el gran secreto de los escaladores es su mayor facilidad para el "aclarado de ácido láctico", una superior capacidad para tolerar su acumulación, que es la que marca la fatiga. En el estudio mencionado, la concentración máxima de lactato fue superior en los escaladores en comparación con la que pudieron resistir los contrarrelojistas (6,6 frente a 5,0).
Existen ya algunos estudios científicos al respecto. De los mismos se deduce, en primer lugar, un hecho evidente: los escaladores son más ligeros (su peso medio suele rondar los 60 kg y la relación entre su peso y su talla en metros al cuadrado o índice de masa corporal es de 19 o 20) y los contrarrelojistas son más grandes y pesados (su peso medio se acerca más a los 70 kg y su índice de masa corporal es de aproximadamente 22). Esta primera diferencia morfotípica o antropométrica sí es achacable, al menos en parte, a la genética de cada uno.
De hecho, los contrarrelojistas son capaces de generar unos 450 vatios (en teoría) en su umbral anaerobio (es decir, al 90% de su capacidad máxima), unos cincuenta más que los escaladores. En cambio, esta diferencia ya no es tal (incluso se invierte en parte) si expresamos la potencia con relación al peso: unos 6 vatios por kg en los contrarrelojistas y no muy lejos de los 7 vatios por kg en los mejores escaladores.
El consumo máximo de oxígeno o VO2max (un parámetro que refleja la capacidad máxima de rendimiento en deportes de resistencia o algo así como la cilindrada del motor de un deportista, en un símil automovilístico) es algo mayor en los contrarrelojistas puros (su organismo es capaz de consumir más de 5 litros de oxígeno por minuto de ejercicio, mientras que algunos escaladores no llegan a esa cifra). En cambio, y debido a las diferencias de peso entre unos y otros, el VO2max relativo al peso (en unidades de mililitros de oxígeno/kg/minuto) es claramente superior en los escaladores (80) que en los contrarrelojistas (70). Por expresarlo de un modo simple: los contrarrelojistas tienen más motor que los escaladores, pero éstos aprovechan mejor el suyo.
Los escaladores puros suben a base de bruscos acelerones (los famosos hachazos). Obviamente es más fácil acelerar en montaña con un peso ligero, pero no es lo único que cuenta. Para acelerar tan rápido hay que reclutar rápidamente muchas fibras (células) musculares a la vez, y posiblemente muchas fibras rápidas, las cuales utilizan preferentemente una vía de obtención de energía: la glucolisis anaerobia. Glucolisis anaerobia significa producción de lactato con la consiguiente acidosis láctica que hay que neutralizar (o tamponar, hablando con propiedad) lo antes posible.
Quizás menos fisiológicas y más biomecánicas o técnicas: la contrarreloj es el arte de ir lo más rápido posible con la menor cantidad posible de vatios (cantidad siempre muy grande, en cualquier caso). Para ahorrar vatios lo mejor es adoptar una posición muy aerodinámica (realmente incómoda, pero igual de incómoda para todos). Y también ayuda pedalear redondo, que significa no sólo empujar hacia abajo en la fase descendente del pedaleo (lo hacen los músculos del cuádriceps, en la parte delantera del muslo), sino también tirar hacia arriba en la fase ascendente (lo hacen sobre todo los músculos isquiotibiales, en la parte trasera del muslo): así, se ahorra constantemente trabajo a los músculos que más sufren, los del cuádriceps.
Test para Descubrir tu Potencial como Escalador
Todos sabemos lo que mejor se nos da a la hora de pedalear. Esto es algo que viene dado en gran parte por la genética, aunque en ocasiones puede cambiarse con mucho entrenamiento. Los test que tenemos que llevar a cabo se deberán hacer en una subida larga y constante, que tardemos en hacerla más de 20 min. y que no sobrepase a ser posible del 6/7%. Con estas 3 cosas ya estamos capacitados para comprobar sin lugar a dudas que clase de ciclistas somos.
- Test de 5 segundos: En este primer test tan solo tendremos que hacer un esprint durante 5 seg. ya que lo que buscamos es la máxima potencia media durante esos 5 seg.
- Test de 1 minuto: Este segundo test consistirá en realizar la misma acción, pero aumentando la duración hasta el minuto. Obviamente nos costará más mantener un esprint de un minuto de duración, por lo que si acabamos sentados sobre el sillín sin llegar a sprinter no pasará nada, lo importante es que hagamos ese minuto lo más rápido que podamos.
- Test de 5 minutos: Seguimos aumentando la duración de los test, y para este tercer test ya serán 5 minutos los que tengamos que apretarnos. Como es lógico, en este tercer test no podremos hacerlo al sprint, puesto que nadie aguantará 5 minutos esprintando. Subiremos por el puerto que hemos elegido durante 5 minutos dándolo todo, es un esfuerzo “corto” pero que al ser a lo máximo que damos se nos hará muy duro. La recomendación es empezar en torno al 80% de nuestra capacidad y una vez pasados 2:30 min. Aumentar hasta terminar en un esprint. En este punto anotaremos nuestra potencia media.
- Test de 20 minutos: Para no repetir lo que ya se dijo en esa entrada y resumirlo, se trata de darlo todo en una subida de 20 minutos. Por el contrario, si comenzamos demasiado suaves podemos llegar al termino de los 20 min.
Una vez que hemos recopilado los 4 datos de potencia media tendremos que plasmarlos en la siguiente tabla, eso si, antes tendremos que pasar el "vatio bruto" a w/kg, para ello tan solo tendremos que dividir la potencia media que hemos arrojado en cada uno de los diferentes test por nuestro peso, por lo que si en el test de 5 min.
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Tabla Comparativa de Potencia por Tipo de Ciclista
| Tipo de Ciclista | Esfuerzos Cortos | Escalador | Todoterreno |
|---|---|---|---|
| Características | Más potencia en esfuerzos cortos | Sube bien, pero no esprinta tan rápido | Se defiende en ambas zonas |
Como podemos observar las "Curvas" son muy diferentes en los 3 tipos de ciclista, siendo el esprinter el que más potencia es capaz de mover en esfuerzos cortos, por ello son los encargados de pelear por las etapas más llanas, ya que en un esprint final (esfuerzo corto) siempre serán más rápidos que el resto. Y por último tenemos un ejemplo de ciclista todoterreno, que llevado al ciclismo actual podía ser el de Wourt Van Aert o Van Der Poel. Este tipo de ciclista son los denominados "clasicómanos". No esprintan tan rápido como los esprinter puros ni suben tan bien como los mejores escaladores, pero se defienden en ambas zonas.
Grandes Escaladores de la Historia
Acompáñenos el lector por este recorrido de Pottier a Tadej Pogačar.
Dicen que si el primer puerto en el Tour de Francia fue el Ballon de Alsacia. Solo que quienes dicen eso se equivocan, porque subieron, un día antes, el Col de la Republique, que es dificultad grande. Fuera como fuese, y puertecitos al margen, el primero de siempre, el primero que todos recogen, es ese Ballon de Alsacia. Año 1905, nada menos, obstáculo casi inconcebible. Piensen carreteras, bicis y demás. Cuentan que si el líder franqueó cima con veinte por hora de media. Veinte de media en el Ballon, oigan, lo que nos hace pensar en que igual no debemos creer todo lo que aparece en las crónicas de entonces…
Tal precursor, en esencia primer Rey de la Montaña, se llamó René Pottier. El esfuerzo fue tan grande que debió abandonar al día siguiente, rodillas maltrechas, riñones doloridos. Doce meses después ganó su Tour de Francia con exhibición sobre ese Ballon amado. Después, en ese invierno, se quitó la vida. Un desengaño amoroso. Lo encontraron en su garaje, colgante del gancho donde dejaba la bici.
Miren, si no, a Lapize. Octave Lapize. Pionero en Tourmalet pionero. Año 1910, aquellas carreteras que se decían imposibles, las que utilizaban «los osos españoles para pasar a Francia». Y allí, a ratos pedaleando y a ratos con la bici del ramal, triunfó Lapize. Luego, en Aubisque, solo pudo ser segundo, porque iba desfondado tras François Lafourcade, que era de la zona y conocía el rollo. Ah, Lapize fallece en la Primera Guerra Mundial. Combate aéreo.
Después llegaron otros, claro. El diminuto Benoît Faure, el diminuto René Vietto (y esa fotografía legendaria en Puymorens), el diminuto Vicente Trueba (que debió ganar el Tour de 1933, que entrenaba, dicen, subiendo San Cipriano con un tronco atao a su bici, para que costase más). Los grimpeurs eran tíos pequeñajos, animadores, ídolos de masas, rellenos en clasificación final. Se perdieron unos cuantos Tours para estos alpinistas de los años heroicos.
Fausto Coppi
Empecemos por Coppi. Porque siempre, siempre, hay que empezar por Coppi. El ciclismo se divide entre a.C. y d. C. (antes de Coppi y después de Coppi, evidentemente). El problema con Coppi es que cuando hablamos de las mayores cronos nunca realizadas sobre una bicicleta también salía él. Y que si dijéramos sobre las victorias más icónicas pues estaría su San Remo posbélica. Y la remontada más grande en Francia es suya. Y mil cosas más. Por eso cuesta verlo como un escalador. Pero lo es.

Díganme, si no, cómo definir la Cuneo-Pinerolo (escapado en solitario desde Maddalena, vencedor seis horas más tarde), lo de las tres primeras llegadas en alto del Tour, lo de Abetone, el Stelvio inicial, los múltiples Ghisallos. No puedes.
Federico Martín Bahamontes
Y volvemos a los grimpeurs. A los grimpeurs puros y durísimos. A los que suben como ángeles o como águilas. Resulta que los años cincuenta dieron, vaya usted a saber razón, a los dos escaladores supremos en toda la historia del ciclismo. Los dos. Con sus particularidades y sus diferencias, pero los dos. Precisamente fue Coppi el único capaz de meter control a Fede. Fede es Federico Martín Bahamontes. El Águila de Toledo. Quizá no exista ciclista más genialoide, loco y determinante como él.
Fue un hijo de la posguerra. Bando de vencidos. Cazaba gatos en su infancia para que la madre cocinase chicha. Después el estraperlo. En bici, cómo no, endureciendo patas y humores. Una vez tuvo que esconderse de la benemérita debajo de un puente, con el agua hasta la barbilla. Cogió tal resfrío que casi se nos muere. Tan maluco anduvo que se le cayó todo el pelo del cuerpo, y, contaba, el volverle a salir lo tenía rizao.
Sobre la bici no, sobre la bici iba muy a las claras. El mejor escalador que existe, el mejor que existió, el mejor que nunca habría de existir. Eso decía, y a ver quién le contradice. Ganó su Tour en los montes con Gaul, hizo exhibiciones en Bonette, en Tourmalet, en Galibier, en casi cada cuesta. Debutó de forma epatante en la Grande Boucle, trincando (casi) todos los puertos, perdiendo (siempre) en las bajadas. Más lo de Romeyère y el helado. Necesitas esos asuntos para entrar en leyenda.
También se hizo célebre por sus espantadas, por su retirarse cuando tiene todo fácil, por aquella Vuelta de 1960 que fue la de todos los líos, por la inyección de calcio, por esconderse tras los matorrales. Ese era Federico Martín Bahamontes. Ese y el paisanuco que subió Puy-de-Dôme como si no costase. Busquen el vídeo, siempre les empujo a buscar el video.
Charly Gaul
Salvo que Charly Gaul también entra en el debate. El de ser mejor escalador, oigan. Mejor de siempre. Más aun… puede (y perdonen por decirlo) que Gaul tenga momentos culmen aun más increíbles, aun más… sí, místicos que Bahamontes. Tiene, en sus grandes proezas, aun más éxtasis que Fede. Quizá por el tiempo, por la tempestad, por las nieblas y los blancos. Ahí era feliz, Charly. Con calor se ponía rojo cual tomate, sudaba mucho, perdía todas sus fuerzas.

Aquello de los Bernardos en Italia, camino Courmayer. El día del primer Gavia, aunque quedase a medias. O su aparición epatante, incomprensible, en el Galibier, año 1955, apenas veintidós en su DNI, cuarto de hora a todos. Un desconocido que sube como jamás se vio. Dicen que, tras la retirada, se recluyó en un bosque allá por Luxemburgo. Que era ermitaño, que rehuía a los otros, que no quiso reporteros ni teles. Dicen que bebió, que se había abandonado. Luego, en sus últimos tiempos, justo antes de morir, torna a los focos.
Julio Jiménez
Después de Bahamontes ya no hubo más grimpeurs. Bueno, eso es lo que dice, o decía, siempre Bahamontes, pero tampoco debemos tomarlo al pie de la letra. Julio Jiménez fue alguien distinto. Desde sus pintas, que pareció nacer con sesenta años, hasta el recorrido profesional (llegó muy tarde), características y errabundez para el tema escuadras.
Digamos que pudo lograr muchas más victorias, pero estaba siempre en lupanares importantísimos, selecciones patrias con aire rufianesco y sitios donde el champán nocturno corría demasiao. Por lo que hizo y lo que pudo hacer. Tres reinados de la montaña en el Tour son materia suficiente, pero es que hay más.
José Manuel Fuente "Tarangu"
Alguien que solo estuvo, entre los mejores, menos del lustro. Que tiene un puñado de victorias. Que fracasó en su lucha máxima. José Manuel Fuente era distinto. Fumaba, fumaba mucho. Se le hinchaban las venas en sus patas. Podía estar horas en silencio, rumiando, podía tirarse toda la noche en vela, cajetilla de celtas va y cajetilla de celtas viene. Luego ganaba, o se hundía, o creía que iba a ganar para luego hundirse. Qué importa. Era el Tarangu.
Lucien van Impe
Y que pequeño Van Impe. Lucien van Impe, que le decían el Tití, que no levantaba tres palmos del suelo. Todo lo que en Tarangu era grandeza, arrogancia, animosidad, tornaba timidez y actitud pusilánime con van Impe. Grimpeur en tierra de clasicómanos, escalador en mitad de los flahutes, cuentan que si entrenaba subiendo diez, quince, treinta veces el Kapelmuur. Apenas un kilómetro, apenas noventa metros de desnivel.
A mí déjenme tranquilo, decía van Impe, con mis premios menores. Nunca volvió a tener opciones en la Grande Boucle, pero siguió siendo ciclista grande hasta casi los cuarenta. Debutó en el último año de Anquetil, pedaleó con los primeros años de Indurain.
Los Escaladores Colombianos
Eran algo distinto. Perdían minutadas en llano, sufrían contra el viento, apenas sabían lo de rodar en pelotón. Pero a las primeras pendientes… ay, a las primeras pendientes. Cero trabajo de equipo, cero estrategias, cero tácticas. Ataques en oleadas, como un escuadrón de kamikazes. Desarrollos durísimos, incomprensibles para los europeos. Es que allá, en nuestra tierra, los puertos tienen sesenta, ochenta kilómetros. Es que allá, en nuestra tierra, subimos sobre los cuatro mil. Es que allá, en nuestra tierra, se corre de esta forma. Avisaban. Desde hace unos años, avisaban.
Lo de Alfonso Flórez (historión el suyo) en Porvenir, enterrando a Sukhorutchenkov, al mito Sukhorutchenkov, ese que debía porfiar con Le Blaireau. Y llegan unos colombianos desconocidos, con poca pinta de atletas, con mover errático sobre la bici… Victoria. Cuesta arriba, siempre, victoria.
Luis Alberto Herrera "Lucho"
Porque quizá Fabio Parra era «más ciclista». Más completo, mejor adaptado a Europa, más aguerrido, más sufridor. Pero como grimpeur, como ángel puro… Herrera. Luis Alberto Herrera. Lucho era… etéreo. Tenía piernas de alambre, subía casi siempre sentado, arrastraba desarrollos imposibles para los que no eran de Colombia. No atacaba, no… se limitaba a poner su ritmo.

Lo seguirá siendo. Cada mes de julio dicen que si esta vez sí. Pero es que esta vez tampoco. Nunca logró abrir distancias suficientes como para compensar lo que perdía en las contrarrelojs. Pero cuando tenía la tarde… joder, terrorífico. Esos Pirineos de 1987, por ejemplo. Ese Tour de 1985, supeditado a Hinault, haciendo lo que quería cuando quería, gobernando al pelotón a su mismo antojo. Victoria ensangrentado, doblete con Parra, persecución infructuosa en Luz Ardiden. O aquello de Tres Cimas, años después, por suelo dolomítico.
Solo una vez pudo mantener la concentración el Lucho en veintiún días. Fue por España, la Vuelta de 1987, la que abandonó Kelly con el amarillo sobre sus hombros, un forúnculo bajo sus nalguitas y ...