El mundo del ciclismo ha sido testigo de momentos de gloria y también de tragedias que han marcado la vida de deportistas y aficionados. Este artículo explora la vida y muerte de José María Jiménez, conocido como "El Chava", así como otros incidentes que han enlutado este deporte.

José María Jiménez durante una competición. Fuente: Wikipedia
José María Jiménez: Una leyenda truncada
Se cumplen 18 años de la muerte del indomable escalador abulense. José María Jiménez, ciclista genial, falleció antes de cumplir los 33, víctima de sus adicciones y zarandeado por una depresión. Como la rapaz que reina en los cielos, sobrevoló las más altas cumbres y degustó con fruición las mieles de la gloria.
Vivió deprisa y murió joven, como Lord Byron o como Marilyn o como James Dean, víctima de sus excesos. Dejó mucho dolor tras de sí y también una leyenda porque fue el epígono de una raza irrepetible: la de los escaladores con instinto asesino e innegociable espíritu ofensivo.
En aquel infausto invierno de 2003, Jiménez ya era un ciclista retirado desde hacía tiempo. Desde el final de la temporada 2001, poco después de conseguir su tercer reinado de la montaña en la Vuelta, no se había puesto un dorsal. Pasó todo 2002, aún a nómina de la estructura deportiva de José Miguel Echávarri y Eusebio Unzué -Banesto por aquellas fechas-, sin montar en bici, entregado a una vida de desenfreno que lo convirtieron en la víctima propiciatoria de cuanto malnacido se le acercaba.
Decidió internarse en una clínica de desintoxicación en uno de sus últimos arrebatos de lucidez, pero ya era tarde. Una embolia se lo llevó por delante cuando faltaban ocho semanas para que cumpliese 33 años.
«Era una muerte inevitable. Él había elegido este camino. No se veía viejo», lloraba Unzué. «Si ha hecho cosas malas, que sirvan de ejemplo para aquéllos para quienes era un ídolo. Fue un hombre que levantó muchas pasiones y vivió muy deprisa», terciaba Echávarri. Los escaladores puros, y Chava Jiménez lo era, son personalidades volcánicas y a menudo atormentadas.
José María Jiménez había ingresado voluntariamente en el centro psiquiátrico San Miguel de la madrileña calle Arturo Soria con cuarenta kilos más de los 70 que pesaba cuando estaba en forma. Los excesos habían hecho estragos en su cuerpo y en su mente, aunque sus allegados todavía recuerdan que conservaba un optimismo rayano en la insensatez. José Miguel Echávarri le respetó hasta el final el sueldo de 750.000 euros anuales que tenía firmado porque «era más que un ciclista, era un genio». Un superdotado que jamás tuvo el instinto ganador de los grandes campeones, ni siquiera en aquella Vuelta de 1998 en la que ganó cinco etapas -inolvidable su adelantamiento a Pavel Tonkov en el Angliru- y pareció no querer ganar la clasificación general.
Él estaba a otras cosas. Por ejemplo, le obsesionaba que en los medios se escribiese su apodo con uve, porque el original «Chaba» no era sino apócope de «chabacano», el mote con el que inmemorialmente se conocía a su familia en El Barraco. Y no le gustaba. Esos detalles le importaban más que ensanchar un palmarés que se quedó en veintiocho victorias, muchas menos que las que merecía su descomunal talento, o que batallar con los mejores en el Tour y el Giro, carreras que jamás le interesaron.
Chava Jiménez quería disfrutar de la vida porque, perezoso, le había dejado de interesar el ciclismo de élite y los enormes sacrificios que comportaba. Se había comprado una finca en Pedro Bernardo, un pueblo vecino al suyo, donde pensaba retirarse. «Ya no me hace ilusión», respondía a quienes le preguntaban los motivos por los que no volvía a competir.
En el día de la Constitución de 2003, con apenas 31 años, hace ahora 20 y todavía con muchos kilómetros en las piernas, pero no en la cabeza, falleció ‘El Chava’ en Madrid. Apenas dos meses y medio más tarde, el 14 de febrero de 2004, murió Marco Pantani, ‘El Pirata’, en Rímini.
Sintonizaron en su buena trayectoria como corredores por haber sido los mejores escaladores de finales del siglo pasado. Coincidieron, en las aguas turbulentas del ciclismo, en que ambos entraron en las tinieblas de este deporte en la época de gurús como Eufemiano Fuentes y acabaron sumergidos en el terrible charco de las drogas.
‘El Chava’ 20 años después de su muerte sigue siendo admirado; amigo de toreros como José Tomás, y hasta de algún ilustre futbolista contemporáneo, reunió todos los parámetros para ser distinguido como un deportista de época. Fue el que levantó a los aficionados de los sofás y los despertó de las siestas con ataques de postín; nadie osaba seguirlo; a Miguel Induráin, cuando ya apuntaba a la retirada, se le abrían los ojos admirado por su joven pupilo abulense.
Pero también fue capaz de provocar las mayores decepciones, pero no fueron de odio sino también de entrega -en eso sólo Mikel Landa lo ha igualado dos décadas después- para que fuera tan ídolo en lo bueno como en lo malo.
Jamás traicionó a nadie, capaz de presentarse a una entrevista en el Parador de Segovia, a la hora pactada durante la Vuelta a España, pero sufriendo el periodista por el tremendo olor a chorizo de su aliento, el que había devorado en su habitación mientras otros compañeros ciclistas le daban a la papilla o a los cereales. Fue único en su especie con una leyenda que va mucho más allá del tercer y quinto puesto en la Vuelta y de la octava posición en el Tour.
La Vuelta de 1998
Sin ningún tipo de dudas la Vuelta de 1998 fue su mejor carrera, enfrascado en un combate con su compañero de equipo Abraham Olano, vencedor en Madrid, que fue más allá del duelo en las carreteras y que llenó páginas de diarios y horas de radio. “¡Moved el árbol que el Manzano va maduro!”.
Manzano, en alusión al segundo apellido de Olano, fue un grito que escuchó el pelotón a pocos días de acabar aquella Vuelta cuando Jiménez reclamaba acción sabiendo que su jefe de filas en el Banesto sufría en las últimas etapas de la carrera.
Llegó tercero y subió al podio de la Castellana. Al día siguiente hubo fiesta en su pueblo, quizás el más ciclista del mundo, El Barraco, de donde eran también Ángel Arroyo (tercero en el Tour de 1983) y Carlos Sastre, ganador de la ronda francesa de 2008 aparte de ser cuñado de ‘El Chava’, apodo que Jiménez siempre escribía con uve, aunque viniese de chabacano, “porque así lo hemos puesto toda la vida en mi familia, y porque me da la gana”.
Había que respetarlo, a hacer puñetas la Real Academia de la Lengua Castellana, y todos a ponerlo con uve.
La anécdota de 1999
Ganó la Volta de 2000 y en la de 1999 se le recuerda cabreado con el periodista que escribió que no iba a correr el Tour. “¿Y tú como lo sabes? Te apuesto lo que quieras a que iré al Tour”. Se cruzó una apuesta; el que perdiera pagaría una caña al vencedor en la salida de Salamanca de la Vuelta de aquel año. ‘El Chava’ no fue al Tour y ‘El Chava’ se pagó una cerveza en el hotel del Banesto de la capital salmantina; eso sí, en aquella ocasión sólo tomó un café con leche.
José Tomás fue a verlo a la etapa reina del Tour de 1998, la ronda francesa más terrible y mísera de la historia, la que estuvo marcada por el dopaje, los registros policiales, las retiradas de equipos en pleno y hasta por las detenciones. El 27 de julio (se había retrasado el Tour por culpa del Mundial de fútbol que se jugó en Francia con victoria de los ‘bleus’) se partió de Grenoble, bajo la lluvia, para llegar a la estación alpina de Les Deux Alpes.
Grenoble, 1998
‘El Chava’ saludó y abrazó a su amigo torero que hizo la etapa acompañando a Eusebio Unzué en el coche del Banesto. Y acto seguido se fue hacia los coches del Mercatone Uno ya que quería hablar con Pantani, porque deseaba saber los planes de ’El Pirata’. En buenas palabras el ciclista italiano le dijo que él iba a por la etapa, que tenía preparado algo grande y que si podía que lo siguiera.
De salida ya vio que no iba a poder obsequiar a su amigo torero y que era mejor ver desde la barrera la exhibición de Pantani, que atacó a Jan Ullrich, de amarillo, para comenzar a ganar el Tour del caos y las pastillas.
Azucena, su mujer, su amiga y luego su viuda, siguió amándolo y recordándolo, y hasta riendo de las ocurrencias, como cuando quemó un BMW que había recogido en Andorra tras la contrarreloj final de la Volta de 1999. Al llegar a Ávila se equivocó de combustible y el motor quedó para el arrastre.
La Vuelta de la discordia – OLANO vs CHAVA JIMÉNEZ – Vuelta a España 1998.

José María Jiménez. Fuente: Diario de Navarra
Otros incidentes trágicos en el ciclismo
Además de la muerte de José María Jiménez, otros incidentes han marcado la historia del ciclismo, cobrando la vida de deportistas y aficionados.
Muerte de María Ferreira en el Angliru
María Ferreira González, una maestra de O Porriño de 29 años, falleció en el Alto del Angliru, a donde se había trasladado con un grupo de amigos para presenciar la etapa decisiva de la Vuelta a España. La joven perdió el control de su bicicleta en la rampa más empinada -se apunta a un fallo en los frenos- e impactó contra un muro, con consecuencias fatales.
La conmoción se produjo primero en el Alto del Angliru, a donde María Ferreira se había acercado para disfrutar del espectáculo ciclista. La mujer, que iba montada en una bicicleta, perdió el control de los frenos en una de las zonas de más pendiente del puerto, concretamente en la zona de Cueña les Cabres (con pendientes que superan el 20 por ciento de porcentaje en su desnivel), y acabó chocando contra un muro.
Aunque fue traslada en helicóptero hasta el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) en Oviedo, los sanitarios que la atendieron no pudieron hacer nada para salvar su vida.
Muchos aficionados se habían acercado ya hasta este entorno, donde terminaba la penúltima etapa de la Vuelta. Testigos presenciales pudieron ver a la joven bajando por la rampa y algunos aseguraban que la habían escuchado pidiendo "ayuda". Pero todo ocurrió en segundos y María Ferreira acabó chocando contra un muro.
Uno de los presentes alertó de lo ocurrido al Centro de Coordinación de Emergencias, quien dio aviso al Servicio de Atención Médica Urgente (SAMU). Se solicitó entonces la intervención del grupo de rescate a a bordo del helicóptero medicalizado para que acudiera a la zona donde se había producido el suceso.
Otros accidentes y fallecimientos
- Atropellos: Al menos dos ciclistas han muerto y otros tres han resultado heridos tras ser atropellados por un coche en la carretera que une las localidades valencianas de Oliva y Denia. La conductora del turismo, de 28 años, arrolló a las víctimas mientras porque conducía por el carril contrario. Las pruebas toxicológicas que le realizaron las autoridades han determinado que estaba bajo los efectos del alcohol y las drogas.
- Fallecimiento de un ciclista en Río de Janeiro: El deportista se accidentó cuando la prueba pasaba por el barrio de Pontal, en la zona oeste de Río de Janeiro, cuando encaraba un descenso en la primera vuelta de la carrera. El Comité Paralímpico Iraní ha emitido un comunicado en el que ha informado del fallecimiento.
- Muerte de Marco Pantani: En febrero de 2004, dos meses después de la muerte del ciclista abulense, aparecía en un apartotel semivacío el cadáver de Marco Pantani, muerto por sobredosis.
El caso de Juanjo Cobo y el dopaje
'El Bisonte', como se le conocía popularmente a Juanjo Cobo por su golpe de pedal, estuvo cerca de no ser una realidad en el pelotón. Para el cántabro el ciclismo no era suficiente estímulo. Él nunca quiso ser ciclista de grandes números, grandes carreras o gran palmarés. Al contrario, quería ser cocinero, algo tan sencillo como eso. Fantaseó con ponerse manos a la obra tras los fogones, pero algo le empujó definitivamente a labrarse su futuro encima de una bicicleta: su talento.
Innato, algo que no se trabaja, se tiene. Juanjo Cobo estaba destinado a hacer cosas interesantes para el deporte de este país y, aunque en un principio fue así hasta que llegó la UCI este pasado jueves y le culpó de tramposo, nunca fue suficiente. Su cabeza, un enigma sin resolver para muchos, siempre jugó en su contra.
Ocho años después de su meteórico ascenso al olimpo de ilustres, la UCI considera al de Cabezón de la Sal, tras haber analizado su pasaporte biológico con nuevas técnicas de laboratorio, culpable de haber violado las reglas. Posiblemente, de haberse inyectado EPO. Las anomalías detectadas en su sangre datan de los ejercicios comprendidos entre el 2009 y el 2011.