El Fin de la Presencia Militar Estadounidense en Irak: Un Análisis Detallado

El Pentágono ha marcado el fin oficial de la presencia militar estadounidense en Irak, un capítulo trascendental en la historia reciente de ambos países. La ceremonia de clausura fue presidida por el secretario de Defensa, Leon Panetta, simbolizando el cierre de una era marcada por conflictos y esfuerzos de reconstrucción.

Aunque la ceremonia marcó un hito, la realidad sobre el terreno era más compleja. Alrededor de 4,000 soldados permanecieron en el país con el mandato de retirarse antes del 31 de diciembre. Además, un contingente significativo de mercenarios, empleados por empresas de seguridad privada y bajo la supervisión del Departamento de Estado, continuó operando para proteger a diplomáticos y proyectos de reconstrucción.

Este ejército paralelo, a menudo oculto tras la burocracia de los contratos, planteó interrogantes sobre la verdadera naturaleza de la presencia estadounidense en Irak y el futuro de la privatización de la guerra. La experiencia en Irak y Afganistán demostró la creciente tendencia a subcontratar misiones militares a empresas privadas.

Las cifras de bajas durante el conflicto son impactantes. Hasta el viernes anterior a la ceremonia, 4,487 soldados estadounidenses perdieron la vida en Irak, y 32,226 resultaron heridos. La cifra de iraquíes muertos tras la invasión de 2003 se estima en al menos 150,000, un coste humano inmenso por el fin de la dictadura de Sadam Hussein.

Lo que ocurrió entre el 20 de marzo y el 9 de abril de 2003 fue el prólogo de la guerra. Hubo en realidad varias guerras diferentes, y la más sangrienta fue la guerra civil que se inició con la voladura de un santuario chií y que llenó al país de sangre. Al igual que los europeos en los Balcanes, EEUU fue testigo activo de la limpieza étnica que sufrieron los suníes en varias provincias, mientras que los grupos yihadistas de la insurgencia suní continuaban con su caza indiscriminada de los chiíes.

El coste total de la guerra para EEUU se estima en 750.000 millones de dólares. Nunca se gastó tanto dinero para un resultado tan exiguo en la reconstrucción.

Barack Obama anunció que todas las tropas norteamericanas en Irak volverían a casa antes de que acabe este año. Las negociaciones entre Washington y Bagdad fracasaron porque los iraquíes no aceptaron conceder inmunidad a los militares extranjeros que permanecieran en el país con la misión de entrenar al Ejército de Irak. Esa era una condición indispensable para el Pentágono. Es posible que el primer ministro Maliki tuviera otras ideas al respecto, pero no podía imponerlas en un Gobierno de coalición en el que había partidos sin intención de hacer más concesiones. Es un final previsible desde el momento en que el acuerdo que firmaron en su momento Bush y Maliki dejaba en manos de los iraquíes la decisión final.

Los neoconservadores, siempre remisos a aceptar la realidad, se quedan con su idea de que Obama ha abandonado a Irak. Nunca entendieron que no podían modelar a Irak a su imagen y semejanza.

Muchos de los problemas que han martirizado al país en los últimos ocho años, algunos obviamente en menor medida, continúan. No hay acuerdo entre árabes y kurdos sobre la ciudad de Kirkuk. La lucha contra la corrupción es un fracaso. La frontera con Turquía sigue siendo sumamente inestable. La violencia no ha desaparecido, aunque no parece que pueda volver a alcanzar los niveles de la guerra civil de 2006 y 2007. Sin embargo, el país aún no ha conseguido superar la producción de petróleo anterior a la guerra. El alto precio del petróleo es una bendición para las arcas públicas.

Las que se quedan son las empresas de seguridad extranjeras. Estos ugandeses cobran 450 dólares al mes, nada que ver con lo que ganaban años atrás los mercenarios occidentales. Los mercenarios nunca se irán de Irak. Cuestión de perspectivas.

Esta vez no hubo ningún intento de negar la evidencia. La muerte del iraquí Baha Mousa en Basora en 2003 fue un incidente vergonzoso que ha manchado la reputación del Ejército británico. Mousa, de 26 años, empleado de un hotel y padre de dos hijos, pasó 36 horas detenido en una base británica del sur de Irak. Murió tras sufrir torturas y abusos, al igual que otros detenidos. El examen de su cuerpo desveló 93 heridas externas de todo tipo en un asalto descrito como "cobarde y violento". Ni siquiera estaba justificada su detención. "Considero altamente improbable que los detenidos estuvieran implicados en actividades insurgentes o terroristas", escribió el juez en su informe final.

Los militares emplearon técnicas de interrogatorio expresamente prohibidas por las normas militares. Ocho soldados aparecen citados como autores de los abusos. El informe también responsabiliza al coronel al frente del regimiento por su responsabilidad, al médico por no denunciar los hechos e incluso al capellán católico de la unidad. Pero no se trata de los fallos de unos pocos.

El juez se refiere en términos críticos “al fracaso colectivo” del Ministerio de Defensa a la hora de hacer cumplir las normas sobre interrogatorios. Parece difícil que el Ministerio pueda achacarlo a la dificultad de aplicar normas recientes en un escenario de guerra sin precedentes. Y tampoco puede argumentar que se trató de un caso aislado.

Ahora la fiscalía deberá decidir si es necesario presentar nuevos cargos. La investigación penal anterior fue un desastre. Sólo un soldado fue declarado culpable en un consejo de guerra cuyo presupuesto –20 millones de libras– fue el mayor en la historia militar del país. El informe detalla 73 recomendaciones para que hechos como estos no se repitan.

Los militares deben saber que serán procesados si violan las normas sobre interrogatorios, por ejemplo al colocar capuchas en los detenidos, aplicarles la privación del sueño o negarse a alimentarlos. El ministro de Defensa ha dicho que aplicará todas esas recomendaciones, excepto una.

Los abogados de la familia de Mousa y de los otros presos que fueron detenidos junto a él han reclamado que haya más procesamientos. "Tienen muy claro que quieren que alguien asuma la responsabilidad", dijo el abogado Dan Leader. "Hablamos de tortura y asesinato.

Un comic interactivo de Dan Archer sobre la matanza de la plaza Nisoor en 2007 en Bagdad, donde mercenarios de Blackwater mataron a 17 personas. Esta niña iraquí salió con vida de un tiroteo en Tal Afar, Irak, en enero de 2005. Sus padres murieron acribillados cuando tropas norteamericanos dispararon contra el coche que conducían. El fotógrafo que recogió esta imagen fue Chris Hondros, que murió el miércoles en Libia junto a Tim Hetherington.

Hondros contó a Columbia Journalism Review cómo hizo la serie de fotografías (por las que fue premiado) en la noche en que acompañó a la patrulla de soldados en la que estaba empotrado. Era de noche y de repente apareció un coche a un centenar de metros de distancia. Una situación que se había repetido muchas veces en Irak. Hondros tenía malas vibraciones.

La situación no podía acabar bien. El conductor no oyó los disparos o si los oyó, no pensaría en frenar porque, como explica Hondros, nadie se paraba en Irak si empezaban a volar las balas. Lo más sensato era acelerar y salir de allí cuanto antes. Nadie quería ponérselo fácil a los agresores, con independencia de quienes fueran, ni quedarse mucho tiempo en un lugar donde se estaba produciendo un tiroteo. A veces, ocurría que la decisión más normal terminaba teniendo consecuencias dramáticas.

Los padres, ambos en los asientos delanteros, cayeron bajo una lluvia de balas.

Almost every soldier in Iraq has been involved in some sort of incident like that or another, I would say. Their attitude about it was grim, but it wasn’t the end of their world. It was, “Well, kind of wished they’d stopped. We fired warning shots. Damn, I don’t know why the hell they didn’t stop. What’re you doing later, you want to play Nintendo? Okay.” Just a day’s work for them. That stuff happens in Iraq a lot. soldiers.

Sebastian Junger ha escrito un breve artículo sobre su amigo, Tim Hetherington, con el que compartió casi un año de experiencias en Afganistán. No incide en una idea que se suele emplear mucho en estos casos. Eso de que no merece la pena jugarse la vida por una noticia, una historia. Es una obviedad y al mismo tiempo una falsedad.

Maybe Misrata wasn’t worth dying for —surely that thought must have crossed your mind in those last moments— but what about all the Misratas of the world? What about Liberia and Darfur and Sri Lanka and all those terrible, ugly stories that you brought such humanity to? That you helped bring the world’s attention to?

Necesitamos a gente como Chris y Tim. Y que haya medios que les sigan enviando a lugares como Misurata, aunque nadie que entre ahí sabe con seguridad si va a salir vivo. Si Hondros no hubiera estado esa noche en Tal Afar, no habríamos sabido qué estaba ocurriendo en Irak. Podríamos imaginárnoslo. Podríamos sospechar. No es lo mismo que saber.

Aún queda una estatua o friso de Sadam Hussein en Irak. Fueron pocos los que no vieron el 9 de abril de 2003 la imagen que parecía definir el final de una guerra, y con él la desaparición de una dictadura cruel. La estatua de Sadam Hussein en la plaza Firdos de Bagdad, una de las muchas que había en el país, se venía abajo entre gritos y aplausos. Las televisiones de medio mundo estaban retransmitiendo en directo esa imagen. El régimen ya era historia. Casi se había disuelto sólo 48 horas después de que las primeras tropas norteamericanas llegaran a las estribaciones de la capital iraquí. Como la caída del muro de Berlín, ¿no?

A falta de un desfile de la victoria por la Quinta Avenida, ese fue el momento que tanto esperaban en la Casa Blanca. ¿Cómo se llegó hasta esa imagen? No por casualidad. Peter Maass, un excelente reportero, ha reunido toda la información posible sobre ese acontecimiento y su reportaje es una referencia obligada para futuros estudios sobre la propaganda y el papel de los periodistas en las guerras. De los periodistas y de los que dan órdenes a los periodistas en las redacciones. No hay en la historia una gran conspiración. No hubo órdenes precisas desde Washington sobre lo que había que hacer cuando las tropas se encontraran con la primera estatua de Sadam. Tampoco sabían en el Pentágono que ese día, el 9 de abril, iba a ser el final (aparente) de los combates. En realidad, un par de días después las tropas siguieron su avance y controlaron Mosul y Tikrit. Por no hablar de lo que ocurrió después del supuesto final. Pronto supimos que si acaso, había sido el final del primer capítulo de la guerra.

El impacto causado por esas imágenes debe más a lo que hicieron los medios de comunicación que a las órdenes del Pentágono. Sin embargo, muy pronto, antes de que la estatua cayera, varios mandos militares fueron conscientes del poder de esa imagen e impartieron órdenes para que la historia tuviera el 'final feliz' que se necesitaba. Un grupo de gente se congregó en la plaza y algunos iraquíes comenzaron a golpear la estatua.

El teniente coronel McCoy captó de inmediato el potencial. Maass cuenta que los marines siempre viven bajo la impresión de que algún día las Fuerzas Armadas llegarán a la conclusión de que pueden prescindir de ellos y entregar sus funciones al Ejército. Los marines son una fuerza terrestre que tiene asignados helicópteros y hasta cazabombarderos. En cierto modo, son un anacronismo y sus mandos saben que la reputacion es algo que los mantendrá vivos.

Muchas de las decisiones de esos momentos procedían de detalles incontrolables. La bandera de EEUU que un soldado colocó sobre el rostro de la estatua la había traído de su país un teniente. Era un regalo personal ofrecido por el asesor de un senador. Como es habitual en la guerra, a veces ocurren cosas que no estaban previstas, pero que resultan imprescindibles para entender el resultado final. En ese instante, con todas las televisiones en directo, ya no había nadie que no estuviera pegado al televisor.

El reportaje explica que el alto mando militar sabía perfectamente que el hotel Palestina se había convertido en el centro de prensa más importante de Bagdad. Maass hace referencia al ataque del día anterior, cuando un tanque disparó sobre el edificio y mató a dos periodistas, José Couso y un cámara ucraniano de Reuters.

Irak pide mecanismo de retiro de tropas

La retirada de las tropas estadounidenses de Irak marcó un punto de inflexión en la historia del país y de la región, pero las consecuencias de la guerra y la reconstrucción siguen siendo un desafío para el pueblo iraquí.

Bajas y Costos de la Guerra de Irak
Categoría Número
Soldados estadounidenses muertos 4,487
Soldados estadounidenses heridos 32,226
Iraquíes muertos (estimado) 150,000+
Costo total para EEUU (estimado) $750 mil millones

Mapa de la Operación Libertad Iraquí.

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