Metodología Lapierre-Aucouturier: Un Enfoque Integral en la Psicomotricidad Infantil

La metodología Lapierre-Aucouturier, también conocida como Práctica Psicomotriz Aucouturier (PPA), representa un enfoque innovador y profundo en el campo de la psicomotricidad, especialmente en la educación infantil. Esta metodología, desarrollada por Bernard Aucouturier, se centra en el desarrollo integral del niño a través del movimiento, el juego y la expresión corporal, promoviendo así su crecimiento emocional, cognitivo y social.

Orígenes y Evolución de la Psicomotricidad

En los albores del siglo XX, el médico francés Ernest Dupré introdujo el término «psicomotricidad» al estudiar la debilidad motora en enfermos mentales. Tras este término se acogen multitud de concepciones, que muchas veces no son más que distintos enfoques teóricos sobre un mismo compromiso central. Como señala Pastor Pradillo (1994), es muy frecuente encontrarnos con cuerpos de doctrina semejante bajo denominaciones muy variadas que sustituyen al término de educación física por: educación psicomotriz, psicomotricidad educativa, educación psicomotora, motricidad, educación vivencial, expresión dinámica, expresión corporal, educación motriz, motricidad relacional, psicocinética o educación por el movimiento, educación física de base, etc.

Inicialmente, la psicomotricidad se enfocaba en el ámbito sanitario-terapéutico. Sin embargo, autores como LaPierre y Aucouturier comenzaron a incorporarla en el ámbito educativo, instaurando la práctica psicomotriz como una técnica de intervención específica a través del juego espontáneo de los niños, con el objetivo de facilitar el acceso a la comunicación, al pensamiento y a la creatividad.

En 1983 Howard Gardner publica su obra Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences, para destacar el número desconocido de capacidades humanas. Ocho son las inteligencias que Gardner identifica, una de las cuales es la kinésico-corporal, que tiene dos características fundamentales: el control de los movimientos del propio cuerpo y la capacidad de manejar objetos muy hábilmente. En el ser humano estas cualidades tienen una base genética y otra de entrenamiento, de práctica. En efecto, está ampliamente demostrado que todo talento deportivo, para llegar a tal, ha tenido que superar más de diez mil horas de entrenamiento.

Fundamentos Teóricos de la Metodología Lapierre-Aucouturier

Los trabajos de Piaget (1968, 1969), Wallon (1980), Gesell (1958), Freud (1968), Bruner (1979), Guilmain (1981), Ajuriaguerra (1978), Le Boulch (1981), Vayer (1973), Da Fonseca (1984, 1988 y 1996), Cratty (1990), Gallahue y McClenaghan (1985), y Lapierre y Aucouturier (1995), sobre los distintos ámbitos de la conducta infantil, han contribuido a la explicación de cómo a través de la motricidad se van con­for­mando la personalidad y los modos de conducta. Por su parte, Piaget (1936) sostiene que mediante la actividad corporal el niño piensa, aprende, crea y afronta sus problemas, lo que lleva a Arnaiz (1994, pp.

La metodología Lapierre-Aucouturier se basa en varios principios fundamentales:

  • El cuerpo como medio de expresión: En la etapa de educación infantil los niños hallan en su cuerpo y en el movimiento las principales vías para entrar en contacto con la realidad que los envuelve y, de esta manera, adquirir los primeros conocimientos acerca del mundo en el que están creciendo y desarrollándose.
  • El juego espontáneo: El juego libre y no dirigido es esencial para que los niños exploren sus emociones, desarrollen su creatividad y construyan su identidad.
  • La importancia de la relación: Las relaciones afectivas establecidas en situaciones de actividad motriz, y en particular mediante el juego, serán fundamentales para el crecimiento emocional.
  • La globalidad del niño: La metodología considera al niño como un ser integral, donde los aspectos motores, cognitivos, emocionales y sociales están interconectados.

Aplicación Práctica de la Metodología

La implementación o desarrollo de la motricidad en la educación infantil seguirá una perspectiva globalizadora e interdisciplinar. Por esto, nuestra actividad se centrará en el desarrollo o trabajo del equilibrio; la lateralidad; la coordinación de movimientos; la relajación y la respiración; la organización espacio-temporal y rítmica; la comunicación gestual postural y tónica; la relación del niño con los objetos, con sus compañeros y con los adultos; el desarrollo afectivo y relacional; la sociabilidad a través del movimiento corporal; la adquisición de valores sociales e individuales; la expresividad corporal, lo que supone el controlar y expresar su motricidad voluntaria en su contexto relacional manifestando sus deseos, temores y emociones. Centrándose, por tanto, en el desarrollo psicomotor del niño y, a su vez, trabajando los diferentes aprendizajes escolares al utilizar las posibilidades expresivas, creativas y vivenciales del cuerpo en su conjunto.

La Práctica Psicomotriz Aucouturier (PPA) se desarrolla en un entorno específico, la sala de psicomotricidad, que debe ser un espacio seguro, estimulante y adaptado a las necesidades de los niños. En este espacio, los niños pueden moverse libremente, experimentar con diferentes materiales y expresar sus emociones a través del juego.

En relación a los espacios y materiales, intentaremos aprovechar un ámbito (aula, gimnasio, patio, etc.) que esté disponible en el centro y dotarlo de materiales necesarios hasta convertirlo en una cálida y acogedora aula de Educación Física; pero de igual forma, podemos servirnos de algún recinto del entorno próximo y del mismo patio de recreo, en el cual, pues, es deseable construir áreas de juego. Diversos autores han estudiado formas de organizar los espacios y los materiales para potenciar el desarrollo global de la motricidad, como el acondicionamiento de los patios de recreo (Larraz y Figueroa, 1988, pp. 24-29), los lugares-acción (Vaca, 1996), los ambientes de aprendizaje (Blández, 1994 y 1995) y los espacios de acción y aventura (Men­diara Rivas, 1999). Estos trabajos nos denotan la importancia de cuidar la selección que hagamos tanto de los espacios como de los materiales, y la importancia de la planificación de la acción educativa en este sentido. Pues el diseño de cualquier ambiente que queramos proponer a los niños debe de obedecer a una intención educativa concreta.

El rol del adulto en la PPA es fundamental. El educador o terapeuta actúa como un acompañante, observando y respetando el proceso de cada niño, sin imponer ni dirigir el juego. Su función es crear un clima de confianza y seguridad, donde los niños se sientan libres para expresarse y explorar su mundo interior.

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Beneficios de la Metodología Lapierre-Aucouturier

La aplicación de la metodología Lapierre-Aucouturier en la educación infantil ofrece numerosos beneficios para el desarrollo de los niños:

  • Desarrollo motor: Favorece el desarrollo de habilidades motrices básicas, la coordinación, el equilibrio y la conciencia corporal.
  • Desarrollo cognitivo: Estimula la capacidad de simbolización, la creatividad, la resolución de problemas y el pensamiento lógico.
  • Desarrollo emocional: Promueve la expresión y regulación de las emociones, la autoestima, la confianza en sí mismo y la seguridad emocional.
  • Desarrollo social: Fomenta la comunicación, la interacción social, la cooperación, el respeto y la empatía.

Es evidente que cada espacio y cada material reúnen una serie de condiciones peculiares y, además, cada material tiene características que le son propias, todo lo cual impulsa determinadas reacciones motrices en los niños, por lo que tenemos que tener presente que cada espacio se puede acondicionar y dotar de materiales apropiados para favorecer determinados comportamientos. Y nosotros, desde la educación física debemos de acoger todas estas premisas y estimar que podemos establecer dinámicas educativas distintas, encaminadas a trabajar no solo los aspectos componentes del ámbito motor sino también los cognitivos, afectivos y sociales-relacionales, aprovechando las características de los espacios y de los materiales. En consecuencia, la manipulación intencionada de ambientes de aprendizaje mediante la organización de espacios y materiales puede implicar a los niños en conductas motrices concretas que respondan a los objetivos planteados.

Hoy en día está suficientemente claro que, en los primeros años, unas apropiadas clases y cantidades de actividades físicas pueden no solo enriquecer la vida de los niños, sino también contribuir al desarrollo físico, social y cognitivo. Así, en ninguna otra etapa de la vida es tan importante la educación física como en los años preescolares.

Al permitir su expresión global, el niño puede reflejar sus estados de ánimo, sus tensiones y sus conflictos. El ambiente de la sala de Educación Física es un contexto propicio para la observación de los comportamientos más genuinos, así como de las relaciones que tienen los niños entre ellos y con el adulto. En el ámbito psicoeducativo, el educador puede dar salida y tal vez resolver algunas de esas tensiones y conflictos internos de los pequeños. En el tratamiento de los factores afectivo-relacionales se concede importancia al lenguaje no verbal (diálogo tónico, mirada, gestos, sonidos, etc.), pero también a las habilidades de conducta verbal (preguntar, pedir, agradecer, disculparse, expresar afectos, proponer, explicar los sentimientos, etc.). Esto último significa que, en un momento dado o al final de la sesión, se puede pedir al niño que explique lo que siente.

La Formación del Psicomotricista

Para Mila (2008), la psicomotricidad y el psicomotricista proponen una perspectiva respetuosa, observadora y que acompaña al desarrollo infantil, la que siempre debe estar secundada por la mirada de otros profesionales. El movimiento y la motricidad como manifestación e instrumento de la estructuración psíquica. Aquí, como señala García en entrevista con Serrabona (2018), se vuelve esencial la observación para comprender qué está relatando el movimiento del otro, acción de percibir la actividad psíquica del otro hablando a través de la corporalidad. El rol del movimiento y el gesto en la comunicación, exigiendo al psicomotricista espacio y tiempo para la expresión psicomotriz de niñas y niños.

Viscarro, Antón y Cañabate (2012) investigaron sobre el perfil del psicomotricista formado y que trabaja en primera infancia, específicamente en las escuelas de Tarragona, y constataron que la preparación del psicomotricista está constituida por: la formación teórica, la formación personal corporal y la formación en la práctica psicomotriz.

Paralelamente, la línea relacional se plantea también desde una formación en tres ejes: teórico, personal corporal y la intervención psicomotriz. Vieira (2009) comprende la formación como la adquisición de competencias emocionales, relacionales, psíquicas y que, en conjunto, componen la personalidad.

Tabla Resumen de los Factores Clave en la Psicomotricidad

La siguiente tabla resume los factores clave que influyen en el desarrollo psicomotor del niño, según la metodología Lapierre-Aucouturier:

Factor Descripción Objetivo
Perceptivo-motores Percepción del propio cuerpo, percepción espacial y temporal, conocimiento del entorno físico. Desarrollar la conciencia corporal y la orientación en el espacio y el tiempo.
Físico-motores Adquisición de patrones motores y habilidades motrices básicas. Favorecer el dominio y control del cuerpo, el equilibrio y el desarrollo de la condición física.
Afectivo-relacionales Creatividad, confianza, manejo de tensiones, expresión de afectos y capacidades de socialización. Permitir la expresión de emociones, resolver conflictos internos y desarrollar habilidades sociales.

En resumen, la metodología Lapierre-Aucouturier ofrece un enfoque valioso para promover el desarrollo integral de los niños en la etapa de educación infantil. A través del juego, el movimiento y la expresión corporal, los niños pueden explorar su mundo interior, desarrollar sus capacidades y construir relaciones significativas.

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