Marino Lejarreta: Biografía de un Ícono del Ciclismo Español

Hablar con Marino Lejarreta (Berriz, 1957) es hacerlo con un icono del ciclismo de nuestro país. Marino Lejarreta Arrizabalaga (Bérriz, Vizcaya, 14 de mayo de 1957), apodado El Junco de Bérriz, es un exciclista español, profesional entre los años 1979 y 1992, durante los cuales consiguió 52 victorias, formó parte de la época en la que empezó a cultivarse el ciclismo español con la retransmisión en directo del final de las etapas desde 1983.

Algunos dicen que en el País Vasco se lleva la bicicleta en la sangre y la familia Lejarreta no fue una excepción. Marino Lejarreta nació el 14 de mayo de 1957 en Bérriz, Vizcaya. Sus hermanos mayores, los gemelos Ismael y Néstor, también eran ciclistas. Ismael pasó a profesionales y fue un corredor destacado en los primeros años ochenta, pero a la larga quedó eclipsado por su hermano pequeño Marino.

Saltó a profesionales en 1979 y destaca ya desde edad juvenil por su gran rendimiento en los puertos de montaña. Con el tiempo y la experiencia, su clase y su constante cadencia de pedaleo harán también de él un más que correcto contrarrelojista en la madurez de su carrera profesional.

Deportivamente era un corredor de gran clase, ciclista de gran fondo, escalador por naturaleza y que a partir de su estancia en Italia mejoró en contrarreloj hasta el punto de acabar siendo una de sus mejores armas.

Inicios y Primeros Pasos en el Ciclismo

“Empecé corriendo cross y luego jugué al béisbol en el colegio de los Salesianos de Deusto -avanza Marino-. Había un profesor que lo había jugado antes y claro lo trajo allí, si bien era un deporte poco normal para los colegios de entonces. Fútbol no jugué, porque era malísimo. En clase nunca me cogían para el equipo porque era muy lento.

La bici llegó luego, por imitar a mis hermanos mayores y a mi hermana, que ya hacían ciclismo. Claro está que de niño había tenido bicicleta, pero la primera que me compraron de competición, era de segunda mano y las piezas no aguantaron la exigencia. Años después, pasé a amateur y tuve la suerte de que a mis hermanos les había fichado Marcos Guerediaga y al decirle estos que yo también andaba en bicicleta, Marcos ya me llevaba a las carreras con la S.C. Al principio, como estaba interno, no podía entrenar bien.

Normalmente solía ir los lunes a la mañana a desde Bérriz hasta Bilbao en bicicleta (unos 40 km), con la bolsa a cuestas y luego los viernes volvía a casa. Ese era todo mi entrenamiento y competía el sábado o el domingo, o lo que fuera. Reconoce Lejarreta que durante aquellos años y hasta su última temporada como amateur, en Super Ser, no tuvo la presión de tener que ganar salvo, quizás, en alguna carrera en la que salía como favorito.

Servicio Militar y Paso al Profesionalismo

Me tocó hacerla en mi último año de aficionados. Tenía que ir, en principio, en primavera al campamento en León y bueno, la retrase hasta el final de temporada para poder hacerla completa. Fui a hacer la mili en octubre y tuve la posibilidad de que mi destino fuera a Valladolid. Mi hermano Ismael había fichado allí por el Novostil y como el equipo tenía influencia con los militares, me llevaron para allí y me ficharon también (era 1979). Y así pasé a profesionales.

El estar en la mili y ser ciclista profesional no fue fácil. Salía a entrenar de cualquier manera y, claro, las condiciones no eran las adecuadas: estaba comida, el dormir y luego todas las actividades que tenías que hacer. Yo estaba exento de algunas actividades, pero no de todas y bueno, pues había que hacer todo eso. Aquel año estuve de maniobras en la mili, durmiendo en tienda de campaña y sin entrenar, así que te puedes imaginar como llegué a la Vuelta (celebrada entonces de 24 de abril al 13 de mayo).

Acabé la mili en noviembre de 1980, pero en octubre ya estaba libre y había fichado por Teka a través de Txomin Perurena, que era director del equipo. Por entonces creo ya se veían en mí algunas posibilidades. El año anterior, por ejemplo, había comenzado la Vuelta a España hecho una piltrafa, porque no estaba entrenado ni nada, y la acabé fenomenal, haciendo el 30º de la general.

Trayectoria Profesional

Marino militó en siete equipos: Novostil-Helios, Teka, Alfa Lum, Alpilatte-Olmo, Seat-Orbea, Caja Rural-Orbea y ONCE. Se le puede considerar como la piedra angular del ONCE al ser el primer capitán del equipo. Dedicó gran parte de su carrera a disputar las Grandes Vueltas, realizando frecuentemente buenas actuaciones y ganando etapas en las tres. Al principio de su carrera deportiva, compitió sobre todo en la Vuelta a España, la cual ganó en año 1982. Fue un gran aficionado al Giro de Italia, donde siempre logró buenos resultados.

Juzgado desde nuestros días aquello parece la prehistoria. Entonces las carreras de un día acababan al mediodía y su salida se daba a las 8:00 o las 9:00 de la mañana, porque había que acabar al mediodía, sobre la una o por ahí, y bueno pues las carreras en función de eso, pues empezaban a las 8:00 o las 9:00. Había que desayunar muy temprano, sobre las 6:00 de la mañana. El desayuno típico era arroz o sopa de arroz muy concentrada y luego pues carne, chuleta con patatas o lo que fuera. A veces estaba más seca que una suela de zapato y a base de Coca Cola pues se metía para dentro. Luego se tomaba el desayuno normal: café con leche con tostadas y cosas de esas.

Fichaje por Teka y Primeros Triunfos

El cómputo total (porque se cobraban diez meses, a razón de 30.000 pesetas al mes) era de 300.000 pesetas anuales. En el 80 pasa a Teka, el mayor equipo de nuestro país. Sí, pasé a Teka con buenas condiciones, las que tenían que ser para un ciclista un profesional. Entonces, pues empecé a hacer una temporada acorde a las características que tenía, que eran que al final de temporada empezaba a andar bien. Aquel año pues no corrí el Tour, porque era mi primer año con una preparación en serio, pero en la Vuelta a España ya estaba ahí, haciendo quinto en la general.

En sus dos temporadas en el equipo cántabro, de 1980 a 1982, suma trece triunfos más la general de la Vuelta de 1982 tras la descalificación a posteriori de Ángel Arroyo. Agridulce por la forma en que me llegó la victoria. De todas formas, aquella Vuelta la perdimos nosotros, porque gestionamos mal una escapada que hizo Arroyo (Reynolds) con el sueco Nilsson. Allí nos cogieron la delantera y nos sacaron un tiempo que luego no pudimos remontar. Esa fue la clave, la llegada a Sant Quirze del Vallés, allí la cagamos.

Experiencia en Italia: Alfa Lum y Giro de Italia

Al año siguiente se fue a Italia, al Alfa Lum. Sí, aquí estábamos todo el día llorando y con problemas. Estaba desanimado, así que me fui a Italia, a buscar otro ambiente. Yo tenía conocimiento de los equipos italianos desde el año 1981 en que se corrió el Mundial de Praga. Ramón Mendiburu nos mandó a Juan Fernández, a Lasa y a mi a Italia, con un equipo italiano, el Inoxpram, para correr un tríptico de preparación para el Mundial. Allí estuvimos como si fuéramos tres más del equipo, y allí me di cuenta de que aquello era la leche: o sea, la manera de tratar a los corredores, de mimarlos y todo eso. Vamos que me llamó tanto la atención que quise correr en un equipo italiano desde ya.

Como yo tenía contacto con Davide Boifava (el director del Inoxpram), este habló con Primo Franchini, del Alfa Lum, que fue quien finalmente me llamó. Ni me fijaba. La verdad es que hasta muy tarde nunca me pesé. Por entonces sólo de vez en cuando nos subían a la báscula, pero no se llevaba control del peso ni se medían las pulsaciones. Nos las tomábamos con la mano cuando nos levantábamos. Esa era la única vez que te medías las pulsaciones. ¿Análisis de sangre? Tampoco. Yo hasta que me fui a Italia no tuve un médico en condiciones. Bueno, sí tuve uno en Teka, pero teníamos que ir hasta Burdeos y tenías que pagar todo por tu cuenta, el viaje y demás. No, no aguanté mucho yo en esa historia. Ya te digo que el primer medico tuve fue el del Alfa-Lum.

Corría el año 83, el joven Marino debutaba en el Giro recién llegado de una Vuelta memorable en la que tuvo que declinar ante Hinault. Al fin, el de Berriz se veía en el Giro: “Llevaba cinco años de profesional pero hasta la fecha nunca había estado en el Giro, sí en alguna clásica italiana. Con los colores del Alfa Lum, cierto sinsabor recorrió el cuerpo de Marino en su debut. Fue la edición que ganó Saronni y el recorrido dejó mucho que desear. “Fue una carrera muy suave -recuerda-. Se desvirtuó algo la idea que tenía de la carrera con esos grandes puertos de los que tanto había oído hablar”. En el balance, amén del sexto puesto, destaca la segunda plaza en Val Gardena donde perdió ante Mario Beccia, “me ganó al sprint tras haberlo intentado a 2 kilómetros” rememora. Un año después ganaría en ese mismo escenario, “mi día más feliz en Italia” admite.

Allí vivió también uno de sus días más duros: “Bajábamos con frío y nieve y lo pasé muy mal. Para Marino “el ciclismo que se ve en el Giro es el típico italiano, muy de clásicas. Se ejerce un gran control por parte de los equipos de velocistas y uno se da cuenta que luchar contra eso es absurdo. Ese ciclismo a la italiana también se prolonga en las cuentas. Marino, muy querido siempre en Italia, no escatima elogios: “El público italiano es ciclista de toda la vida. No suele ser muy joven, pero sí muy entendido. Posiblemente sea el mejor que haya”. De sus siete Giros se declara admirado por “las Tres Cimas de Lavaredo. El Mortirolo es la subida más dura, pero fue en la Marmolada donde vivió un auténtico calvario en 1991. Ese día descubrió a uno de los corredores que más le ha impresionado: Franco Chioccioli.

El junco de Bérriz - MARINO LEJARRETA. Lagos de Covadonga 1983

La Vuelta a España de 1983 y el Milagro Televisivo

En el año 1983 el ciclismo español vive su milagro: la Vuelta se retransmite por vez primera en directo por televisión. Aquella Vuelta a España fue una revolución. Empezó en Almusafes y su inicio lo viví en una situación normal por entonces: nadie te reconocía ni te pedía un autógrafo. Mediada la Vuelta (con la etapa todos los días en la tele), en la salida me pasaba casi una hora firmando. Y ya al final, tras los Lagos, la locura. Recuerdo que en Madrid, en el control antidoping que se pasaba en una roulotte, estaba Michael Wilson conmigo, como ganador de la etapa. Salimos y teníamos que ir rapidísimamente hasta Chamartín, en donde teníamos el hotel, para marchar luego a Italia a correr el Giro, que empezaba cuatro días más tarde.

Pero afuera de la roulotte, esperando había una multitud enorme que se apelotonaba y quería tocarte y darte la mano. Total, que nos separamos entre el gentío y Wilson se perdió por Madrid (vestido de ciclista). Al final le encontraron unos taxistas y nos lo trajeron. Sí, pero yo recuerdo también la cronometrada de Panticosa, que gané, y en la que creo hice una subida final impresionante, porque antes de empezar a subir, en Biescas, llevaba un tiempo importante perdido con respecto a Hinault y de ahí en adelante el tiempo que recuperé fue mucho… Y luego, pues en la Salamana-Ávila sí que vimos al Hinault que estábamos acostumbrados a ver: un ciclista excepcional, un motorista en bici.

Sí, fue una subida espectacular con la tele y tanta gente. La subí con un 42x23 porque yo era bastante burro con los desarrollos. Una de las grandes equivocaciones que tenía, pero bueno como era ligero podía meter desarrollo duro y subir bien. En el Giro de entonces no había tanta montaña (mi terreno) como ahora. Tuve ciertas posibilidades, aunque las cosas no me salieron como hubiera querido. Era competitivo, pero no pude vestir la maglia rosa.

Regreso a España y Etapa en Orbea

Había cumplido un ciclo. Correr y vivir en Italia se me hacía monótono. Esa experiencia ya la había superado y entonces lo que quería era correr en un equipo de casa, el Orbea, por el que fiché en 1986. Y no creas que me fueron a buscar ellos, ni mucho menos.

El Desafío de Correr las Tres Grandes Vueltas

Eso era una experiencia que había oído contar a José Luis Uribezubia, un ciclista vecino de Bérriz con el que, de vez en cuando, solíamos hacer alguna cena. Así, con él contando anécdotas y películas de cuando corría, pues recordaba cuando disputó las tres grandes (Vuelta, Giro y Tour) en una misma temporada, la de 1971. Me decía: “Fue una locura total, muy duro”, y a mí de alguna forma aquello se me quedó grabado en la cabeza… Y es que yo siempre he sido un poco aventurero. Tenía ganas de meterme en aquella experiencia y así convencí a Txomin para hacerlo en 1987.

Mi secreto era ser un corredor que aguantaba la forma largo tiempo. Era resistente, un diésel, aunque entrenando no hacía muchos kilómetros. Por ejemplo, el primer año que corrí las tres grandes, en 1987, hice 20.000 kilómetros de competición sobre los 33.000 del total de temporada. Con eso ya se ve que no entrenaba mucho. Solía empezar tarde a prepararme, en enero. Bueno, ya antes había hecho mis pruebas: centrarme en una y luego en dos, pero… Yo corría las tres, pero tampoco las disputaba todas.

En la Vuelta a España (abril-mayo), por ejemplo, pues no estaba no estaba en condiciones. Iba a sumar kilómetros, pero luego aquello me daba un punto buenísimo para correr el Giro. Luego un poquito de descanso tras Italia y me marchaba a correr el Tour. La cosa me funcionaba, menos el último año (1991). Entonces empecé en la Vuelta a España bien (hice tercero en la general); en el Giro iba fenomenal y reventé y ya luego en el Tour iba completamente fundido. Creo que en las tres jugué mucho a atacar y si hubiera corrido buscando hacer el mejor puesto posible en todas, estando más escondido, pues no se sabe cómo me hubiera ido la cosa.

Retirada y Legado

Todo aquello fueron experiencias a las que se fue sumando el paso del tiempo. Mi secreto era ser un corredor que aguantaba la forma largo tiempo. Al principio, en el hospital, lo vi todo muy negro, pero asumí que aquel era el riesgo que corría por ser ciclista. Yo siempre he creído que mi mejor triunfo ha sido ese, ganarme a la gente. Eso, a la larga, quiere decir que en tu vida has hecho las cosas bien. Y no es que sea algo buscado, porque no te paras a pensarlo y tampoco haces las cosas para caer bien, sino que es algo natural y ya está.

Está claro que cuando estuve de director deportivo, con tantas carreras y otras cosas, pues no me quedaba mucho tiempo para andar en bici. Al acabarse aquello retomé la bici y con la pandemia comencé a dedicarle más tiempo al ciclismo. Ahora no es que haga muchas horas al día, pero prácticamente el ciclismo es el único deporte que hago. ¿Subir puertos? Sí, pero lo que más me gusta es ir por sitios tranquilos y por aquí, cerca de mi casa, los sitios tranquilos están plagados de subidas. Me meto por barrios en los que no hay tráfico, pero en cambio las pendientes son importantes, alguna de hasta el 30%... Esa la he subido solo dos veces, está en Mendoza (Álava). Ahí hay una subida de un kilómetro y poco, con zonas muy duras, marcadas al 26%, pero yo creo que se acercan más al 30%. Luego hay subidas del veintitantos por ciento, muchas, y no te digo nada las que hago con la mountain-bike. Con la de carretera me meto por barrios con cuestas del 18%, de esas subo bastantes… Pero, ojo, que no estoy todo el día subiendo.

Convertido en un veterano de 35 años, pero compitiendo aún al máximo nivel con razonables garantías, una grave caída en la Clásica de Primavera de 1992 precipitó su retirada. El ciclismo ha sido la vida de Marino Lejarreta y lo sigue siendo, después de su retirada.

Anécdotas y Recuerdos Personales

Alguna que otra confusión de carretera… A mi hermano le pasó algo parecido en una prueba de aficionados: en una ocasión llegó a la meta en dirección contraria y le echaron de la prueba por no hacer el recorrido correcto (risas). También me pasó desviarme 5 km una carrera de esta categoría. Ya en profesionales he tenido alguna anécdota de ese estilo, sobre todo con nieve y niebla. Recuerdo una París-Niza (82) bajando un puerto con la carretera completamente blanca.

La gente te recuerda con cariño y muchos me dicen que les inculqué la pasión por ciclismo. Es un orgullo recibir esos elogios. Algunos me dicen que todavía me ven “fino” y que podría tirar bien en el pelotón (risas), pero no estoy para esos trotes. ¿Cuál ha sido el puerto en el que más has sufrido? Lo pasé fatal en la subida a La Marmolada, porque veía que no tenía opciones y estaba hecho polvo. Y en el que mejor lo he pasado… en muchos, la verdad.

El Legado de Marino Lejarreta

Hablar del ciclista Marino Lejarreta no es sólo hablar de sus triunfos, es hacerlo sobre un estilo de ciclista. Era el suyo un ciclismo valiente hasta el heroísmo, un tipo de corredor de los que se ponen delante cuando la carretera tira para arriba y los puertos son de entidad, y capaz de asumir las responsabilidades que da la clasificación general si viene al caso.

Pese a ello, Marino siempre adoleció de cierta falta de ambición que impidió su consagración como vencedor en grandes vueltas. Puede presumir en su palmarés de la Vuelta a España de 1982 pero nunca lo hace. Siempre lamentó que su triunfo en la Vuelta 1982 fuera debida a la descalificación por dopaje de un colega (Ángel Arroyo).

Su expresión facial apenas variaba, incluso en los momentos de mayor sufrimiento sobre la bicicleta, una muestra de su gran clase. Y eso que subiendo alguna que otra rampa le dieron ganas de bajarse del sillín. Según confesó hace años, en esos momentos subía “de curva en curva”: “Cada vez que veía la curva al final de la recta me decía: ahí me bajo.

Pese a que destacó en varias clásicas y que fue un asiduo del Campeonato del Mundo es de hecho esa faceta suya como corredor de las grandes: (Vuelta, Giro y Tour que por ese orden se corrían hasta 1995) la que permanece en el recuerdo de los aficionados y le “encasilla” como ciclista.

Disputó la Vuelta a España en once ocasiones. Ganó la de 1982, fue segundo en 1983 y tercero en 1991. Abandonó en 1984 y 1988 (sus únicos abandonos en grandes vueltas). Fue líder en siete etapas (3 en 1982 tras la descalificación de Arroyo y 4 en 1983) y ganó cinco etapas. Comenzó siendo un escalador con gran futuro y terminó siendo el escudero de lujo de Melchor Mauri.

En esta última edición de 1991 partía como jefe de filas de la ONCE, pero supo ser humilde y ayudó a Mauri en tanto eventual líder de carrera, protegiéndole de los ataques de Miguel Indurain (inminente ganador del Tour).

Victorias destacadas de Marino Lejarreta

Asturias fue el escenario de muchas de las victorias de Marino Lejarreta. Sin ir más lejos, su primera victoria de etapa como profesional tuvo lugar en la Vuelta a Asturias de 1980, en la cuarta etapa (Luarca-Lugones, de 179kms, del 17 de junio). Marino saltó del pelotón en La Rebollada y consiguió llegar en solitario tras más de cuarenta kilómetros de fuga en solitario.

Dos años después ganaría en Pola de Laviana la segunda etapa de la Vuelta a los Valles Mineros’82, el 22 de mayo. En una etapa marcada por la niebla y tras una fuga en la que sufrió dos caídas (bajando La Colladona y La Casilla), Marino llegó en cabeza en solitario por delante de Cima. Al día siguiente, en la etapa con final en Pajares, se vio obligado a abandonar renqueante y dolorido tras las caídas de la etapa anterior.

Pero los aficionados locales nunca olvidarán aquella exhibición de hace ahora treinta años. En la llegada a Pajares, su hermano Ismael fue segundo tras Ángel Arroyo. Pero si hay en Asturias una cima ligada al nombre de Marino Lejarreta es la de los Lagos de Covadonga, ya que fue el ganador de su primera ascensión en la Vuelta a España de 1983.

Aquella fue una edición inolvidable de la Vuelta. Además de la participación de Bernard Hinault hubo un sin fin de alicientes (varios líderes a lo largo de las 19 etapas, clasificación de varios corredores en los primeros puestos en un puñado de segundos, opciones serias de desbancar al campeonísimo francés y la presentación de credenciales de futuras figuras patrias como Julián Gorospe y especialmente Pedro Delgado, que empezaron a asomar la cabeza por los puestos de privilegio de la clasificación… y todo ello por primera vez televisado en directo).

La primera etapa con final en los Lagos de Covadonga tuvo lugar el lunes 2 de mayo de 1983. Al llegar al pie de puerto en Covadonga iban escapados Carlos Machín y el belga Rudy Pevenage, con unos cinco minutos de ventaja sobre el pelotón. Cuando el gran grupo llega a Covadonga y da la curva de casi 180º que da inicio a la subida Marino demarra. Hinault y el entonces líder Alberto Fernández saltan en su busca pero no consiguen enlazar con él.

Marino sube disparado y la ventaja con respecto al grupo perseguidor que conforman Hinault, Pedro Muñoz, Julián Gorospe, De la Peña y Alberto Fernández crece. Mediado el puerto Lejarreta alcanza a Pevenage, que había cedido ante Machín. Éste, en una heroica ascensión al límite de sus fuerzas, continuaba en cabeza pero Marino se le iba echando encima metro a metro. Lejarreta dio alcance a Machín a unos dos kilómetros de la llegada, cerca ya del lago Enol. Le sobrepasó inmediatamente para afrontar en solitario las últimas rampas. La bajada al Enol y la subida al Ercina. Marino inscribió su nombre como el primer ganador de una cumbre que ya era mítica por los acontecimientos de la historia allí sucedidos y que desde entonces también iba a ser mítica para el ciclismo con una ventaja final de 1’11’’ sobre Bernard Hinault, 1’15’’ sobre Alberto Fernández, Julián Gorospe y Pedro Muñoz y 1’40’’ sobre Carlos Machín. Su hermano y compañero de equipo Ismael fue 14º a 3’34’’. Alberto Fernández conservaba el liderato pero Marino Lejarreta adelantaba a Bernard Hinault.

Después vendría la famosa etapa de Ávila, en la que Marino y Vicente Belda fueron los únicos que aguantaron el ataque del campeón francés, que se llevaría aquel año el triunfo final.

Escultura de Marino en La Manzaneda, obra de R.

Marino Lejarreta dejó huella en el Principado. Tiene una peña ciclista bajo su advocación en La Manzaneda, población a pocos kilómetros de Oviedo en la ascensión al puerto homónimo, en la que hace pocos años se instaló una escultura en su honor.

Otro lugar en el que Marino dejó gran recuerdo fue Italia. Amén de militar en Alfa-Lum y Alpilatte-Olmo entre 1983 y 1985 corrió el Giro siete veces siendo “top 10” en todas ellas aunque no consiguió auparse al podio final. Tampoco vistió la maglia rosa pero sí consiguió ganar dos etapas: en Selva Val Gardena en 1984 tras una ascensión colosal y en Scanno en 1991 y lo que es más importante, se ganó el cariño y el respeto de los aficionados italianos que valoran como nadie el arrojo y la clase a la hora de dar pedales.

En cuanto a sus ocho participaciones en el Tour cabe destacar su triunfo de etapa en 1990 en Millou y sus quintos puestos de 1989 y 1990. Por lo general, Marino llegaba a la ronda francesa pasado su pico de forma de la temporada (en torno a abril y mayo) y aunque muchos aficionados esperaban su activa participación cuando llegaba la alta montaña pocas veces dio el do de pecho.

Tabla de Resumen de la Carrera de Marino Lejarreta

Competición Victorias Mejor Resultado
Vuelta a España 1 (1982) 1º (1982)
Giro de Italia 2 (etapas) 6º (varias veces)
Tour de Francia 1 (etapa) 5º (1989, 1990)

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