La Heroica Carrera Ciclista: Un Viaje a la Historia del Ciclismo

La ruta en bicicleta L'Eroica por la Toscana es una de las más icónicas y especiales en el mundo del ciclismo, y tiene una historia y un significado cultural muy particulares. Fue creada por Giancarlo Brocci, un entusiasta del deporte que deseaba preservar la esencia del ciclismo clásico, cuando los ciclistas recorrían caminos de tierra en bicicletas de acero y se enfrentaban a desafíos duros con un espíritu heroico.

L’Eroica, un evento que celebra la esencia del ciclismo tradicional, regresa para su 27º aniversario, invitando a los ciclistas de todo el mundo a embarcarse en una experiencia única en la Toscana.

En la actualidad, para completar esta ruta los ciclistas deben utilizar bicicletas fabricadas antes de 1987, con cuadros de acero, palancas de cambio en el cuadro, y cables de freno exteriores.

L’Eroica se celebra dos veces al año: en primavera en la localidad de Montalcino, y la edición original, el primer domingo de octubre en Gaiole in Chianti. Esta última es considerada una auténtica celebración del ciclismo clásico, ya que reúne a miles de ciclistas apasionados por la historia y la tradición del deporte.

Más allá de sus principales eventos, los ciclistas pueden recorrer las rutas señalizadas de esta prueba en cualquier momento del año y experimentar el espíritu de L'Eroica cuando deseen.

En un mundo donde el turismo sostenible cobra cada vez más relevancia, la bicicleta se presenta como la forma ideal de explorar la Toscana. Este medio de transporte no solo reduce el impacto ambiental, sino que también permite a los ciclistas acceder a rincones escondidos y disfrutar a su propio ritmo.

Conscientes del creciente interés por el cicloturismo, muchas localidades en la Toscana han desarrollado infraestructuras específicas para ciclistas, incluyendo alojamientos bike-friendly, alquiler de bicicletas y servicios de guías especializados.

La Strada Chiantigiana, que conecta Florencia con Siena, es una de las rutas ciclistas más emblemáticas de la Toscana. La ruta, de aproximadamente 60 kilómetros, atraviesa la región de Chianti, famosa por sus viñedos y bodegas. A lo largo del camino, se pueden visitar pueblos como Greve in Chianti, Panzano y Castellina in Chianti.

Strada Chiantigiana.

L'Eroica Hispania: La Clásica Llega a España

Grandes noticias para los amantes de las bicicletas clásicas y, en general, para todos aquellos que añoran el ciclismo de hace décadas, cuando los ciclistas se enfrentaban a proezas casi sobrehumanas a lomos de sus robustas monturas. La más emblemática de las carreras inspiradas en tiempos pasados, L’Eroica, llega a nuestro país.

En concreto, a la localidad riojana de Cenicero, según informa Iberobike, los próximos 5, 6 y 7 de junio de 2015. L’Eroica nació en 1997 en la Toscana italiana con el objetivo de recuperar el espíritu y la filosofía del ciclismo clásico. Desde entonces su éxito ha sido tal que se han celebrado ediciones paralelas en países como Japón o Reino Unido con un éxito de asistentes que, se espera, se repita en esta edición española: los organizadores calculan que se incribirán unos 6.000 ciclistas.

En L’Eroica Hispania habrá tres recorridos diferentes, de 42, 95 y 211 kilómetros respectivamente. Podrá participar cualquier ciclista, siempre que lo haga con una bicicleta anterior a 1987. Y todos lo harán entre tierras de viñedos, en un claro guiño a la ubicación original del evento, la preciosa localidad de Gaiole in Chiantti, cercana a Siena.

El consejero de Presidencia y Justicia de La Rioja, Emilio del Río; el alcalde de Cenicero, Pedro María Frías, y el director de L’Eroica Hispania, Miguel Silvestre, fueron los encargados de presentar la prueba en rueda de prensa, a la que calificaron como “todo un acontecimiento”.

La Eroica Hispania forma parte de una serie de eventos que ha transcendido fronteras y ha llegado hasta Estados Unidos y Japón. Una Eroica original que inspiró la creación, en 2007, de la Strade Bianche, la carrera más famosa del ciclismo por tramos de carretera sin asfaltar.

En España, la Eroica Hispania traslada toda la esencia de la prueba original italiana a La Rioja, concretamente a la localidad de Haro. Otra tierra de vinos que mezcla tradición y modernidad. La edición 2023 se celebró el pasado 4 de junio y según llegué a Haro el entorno en el que desarrollaría la prueba ya me fascinó.

El río Ebro marca gran parte de la vida de esta zona de La Rioja, así como su tradición vinícola valorada mundialmente. Y sus carreteras y caminos rodeadas de montes y viñedos. El pueblo de Haro se vuelca con la prueba.

Alquilamos una bella bicicleta Main D'Or color azul celeste de acero equipada con aquel nostálgico cambio con palancas en el tubo diagonal, racores en las uniones de los tubos y pedales con rastrales. Una auténtica reliquia con la que recorrería el recorrido intermedio de la prueba de 117 km.

Sólo el casco es el único equipamiento moderno que se permite, por motivos de seguridad. Y también se acepta llevar un culotte moderno discreto, que no rompa la estética vintage de la marcha.

Salimos desde la Plaza de la Paz de Haro, centro neurálgico del municipio y del evento Eroica. La salida ya me encantó porque su formato es libre. Es decir, cada ciclista tiene hasta las 9 de la mañana, desde las 6:30 h, para comenzar la marcha. Sólo hay que pasar un control de indumentaria, de bicicleta y llevas una cartilla durante la prueba para que te sellen los pasos por el control.

La bicicleta estaba en un estado de funcionamiento óptimo. A medida que pasaban los kilómetros me iba gustando más. La ruta está perfectamente balizada con flechas y se puede seguir sin dificultad sin ayuda externa.

Cruzamos el Ebro y pusimos rumbo a Briñas, donde nos esperaba la primera subida en dirección Labastida, ya en Álava. Seguidamente nos dirigimos a San Vicente de la Sonsierra, donde en una pendiente del 10% tengo que poner pie a tierra y recorrer los últimos metros de la subida hasta lo más alto del pueblo.

A partir de este punto, prácticamente el 80% del restante de la ruta se realiza por pista de grava y tierra. Estos tramos de la ruta son mucho más llevaderos. Las dos zonas de dificultad en subida por pendiente las encontramos a la salida de Nájera y la llegada casi a Santo Domingo.

Paramos y visitamos cada una de las poblaciones por las que pasamos. Algunas realmente impresionantes como el propio Haro, Santo Domingo, Sajazarra, Nájera.

Tras nuestra participación no os ocultaremos que hacer la Eroica Hisptania es una de las mejores experiencias en bicicleta que se puedan tener en España.

Héroes del Pasado: Eugène Christophe y la Milán-San Remo de 1910

Llegamos al 3 de abril de 1910. El clima, que ha sido benévolo en los días anteriores a la carrera, ha dado un giro brusco y es ahora decididamente frío, sumado a un viento gélido que azota a los sesenta y tres ciclistas que se agrupan en la línea de salida en Milán a las seis de la mañana, entre ellos los vencedores de los dos años anteriores, van Hauwaert y Ganna, junto a Eugène Christophe, el protagonista de nuestra historia.

Eugène Christophe.

Al poco de partir corre la noticia entre el pelotón de que una fuerte nevada ha empezado a caer en el paso del Turchino y su travesía parece imposible. Son varios los ciclistas que deciden abandonar la carrera en ese momento, dando la vuelta para volver a Milán.

Al acercarse a los Apeninos las carreteras no son tales sino caminos de tierra, ahora una mezcla de lodo y nieve que dificulta en extremo el avance y la ventisca se intensifica hasta el punto en que los ciclistas empiezan a temblar sobre las bicicletas.

Llegados a Masone, ya a solo 3.3 kilómetros del paso del Turchino, las condiciones son tan horrendas, la nieve tan abundante y el viento tan feroz, que la treintena de participantes que aún siguen en la carrera se ven obligados a bajar de las bicicletas y empujarlas al ser imposible el avance pedaleando sobre ellas.

Christophe pronto empieza a deteriorarse. Los dedos de sus manos están rígidos, no siente los pies, tiene las piernas agarrotadas y el tiriteo se aproxima a la convulsión. Sin embargo abandonar no es una opción.

Van Hauwaert, el belga campeón de la edición de 1908, cruza el paso del Turchino en primera posición. Al poco de coronar Christophe alcanza a van Hauwaert a la salida de un túnel, con la bicicleta en su mano y un abrigo cubriéndole los hombros.

Resumen Milán-Sanremo 2023

La nevisca del norte de la cordillera es aquí reemplazada por un cielo despejado, si bien el frío sigue siendo intenso y la nieve cubriendo la carretera supera en tramos los veinte centímetros de espesor. Christophe se ve forzado a subir y bajar de la bicicleta constantemente, tornándose la prueba de golpe en algo muy parecido al ciclocross, disciplina en la que aventaja a todos sus competidores, pero el esfuerzo le pasa factura.

De repente sufre un punzante calambre abdominal y no puede avanzar más. Se desploma sobre una roca en el lado izquierdo de la carretera y, paralizado por el frío y el agotamiento, fija la mirada en una casa a lo lejos en la que podría ser auxiliado, pero sabedor de que es incapaz de llegar hasta la misma.

Su mente empieza a nublarse cuando se da cuenta de que un hombre se le acerca y le habla en italiano, idioma del que Christophe apenas conoce unas pocas palabras. Al no poder mover más que su cabeza, dirige la mirada hacia la casa lejana y murmura casa.

La casa resulta ser una pequeña posada y el dueño de la misma, al ver a Christophe en tan mísero estado, de inmediato lo desnuda y cubre con una manta. Este murmura acqua caldo [algo así como agua caliento] mirando en dirección a las botellas de ron. Al poco empieza a recuperar la movilidad y empieza a llevar a cabo pequeños ejercicios.

Cuando considera que está lo suficientemente repuesto, decide volver a salir, pero el dueño se niega enfáticamente señalando al exterior de la ventana; la nieve vuelve a caer afuera y salir en bicicleta es prácticamente un suicidio. Al poco van Hauwaert entra a la posada, tan helado que nada más entrar corre a poner sus manos sobre el fuego.

Christophe vuelve a la carrera y ora pedalando, ora andando, continúa su arduo camino puerto abajo, con las condiciones metereológicas mejorando a cada metro de descenso. Aún no lo sabe con certeza, pero efectivamente las cuatro figuras que había contado pasar desde la posada eran ciclistas, poniéndolo en quinta posición.

Pronto adelanta a dos de ellos y llega al control abajo del puerto justo cuando lo deja Ganna, el vencedor de la edición del año anterior. El terreno es ahora llano, el Mediterráneo se extiende a su izquierda, la temperatura es mucho más agradable y Christophe se ve repleto de fuerzas; al poco alcanza y supera a Ganna, para hacer después lo propio con el líder, Pierino Albini.

Pedalea con determinación y llega por fin al control de Savona, a noventa y ocho kilómetros de meta. El gentío esperando a los ciclistas está confundido en primer lugar porque llega un ciclista en solitario y en segundo lugar porque no lo conocen.

Luigi Ganna finaliza treinta y nueve minutos después pero será posteriormente descalificado al conocerse que hizo parte del trayecto montado en coche. El que finalmente será segundo es Giovanni Cocchi, que llega a una hora y un minuto de Christophe, tercero es Giovanni Marchese, con dieciséis minutos adicionales de retraso, y el último en completar la carrera es Enrico Sala, a dos horas y seis minutos del vencedor. Van Hauwaert y Paul, sus dos compañeros de morada, han abandonado la carrera como tantos otros.

Tras cruzar la meta victorioso en San Remo, Eugène Christophe fue ingresado durante un mes en el hospital para recuperarse de la congelación en sus manos y el daño que el frío había causado a su cuerpo.

Dalmacio Langarica: La Sorpresa Vasca en la Vuelta a España de 1946

La victoria de Dalmacio Langarica en la Vuelta a España de 1946 fue una sorpresa, salvo para los aficionados bilbaínos que al de pocos días de empezar la carrera aseguraron que iba a ganar. Tal y como fueron las cosas, no era un pronóstico fácil. Nunca un ciclista vizcaíno había ganado una competición tan importante.

Las crónicas de aquella Vuelta producen una sensación extraña. España vivía los apuros económicos de la posguerra y el final la segunda guerra mundial. Las noticias del ciclismo se entremezclaban con las de los juicios de Nuremberg, la ejecución de algún nazi o las primeras tensiones entre Estados Unidos y la URSS.

En el tenebroso ambiente de mayo de 1946 las noticias deportivas eran el remedo de una normalidad cotidiana que no acababa de arraigar. El seguimiento de la Vuelta fue masivo.

Dalmacio había nacido en 1919 en Ochandiano. Tras la guerra los Langarica vivieron en Bilbao. En 1944 Dalmacio empezó a competir. Al año siguiente ganó la vuelta a Guipúzcoa y fue campeón de España de Montaña, título que repitió en 1946.

Era la sexta vez que se corría la Vuelta a España. Las dos primeras ediciones, 1935 y 1936, durante la República, las ganó del belga Deloor. Tras la guerra, en 1941 y 1942 se corrieron otras dos rondas, ganadas por Berrendero. Por los apuros del momento, volvió a suspenderse los dos años siguientes.

El itinerario de la vuelta era durísimo. Se corrían 3.836 kilómetros, 600 más que la actual. Sin embargo, las etapas resaltaban mucho más largas. Con las carreteras y bicicletas de la época, la velocidad era muy inferior a la actual (27, 7 kms/h fue la media del vencedor).

El estado de las carreteras, penoso, se correspondía con las penurias de la posguerra. Sólo algunas estaban bien asfaltadas. Sucedía en Vizcaya, pero los ciclistas se quejaron de que el asfalto les molestaba a los ojos, no explica la prensa por qué. Eran frecuente los comentarios de este tipo: «la carretera está muy estropeada y chaparrea en abundancia»; hoy los ciclistas han vencido «al macadán y el pedrusco» (el macadán era un firme que tendía a deshacerse), «una longaniza más o menos asfaltada». Había tramos de adoquines y muchas carreteras estaban mal bacheados.

Salieron 48 ciclistas. Algunos iban encuadrados en equipos y otros eran «corredores individuales». Hubo dos equipos españoles: Galindo (una marca de tubulares), en el que estaba Langarica, y Pirelli. Además, había tres equipos extranjeros: holandés, suizo y portugués.

Langarica destacó enseguida. Lo perdió luego, pero se hizo con el liderato en Cáceres. Por la mañana se había corrido la primera contrarreloj por equipos y por la tarde la etapa Béjar-Cáceres fue épica. «Pocos poblados, carretera descarnada e incesante lluvia contribuyen a la dureza». Hubo tormentas, ráfagas de viento huracanado, «la lluvia se convertía a veces en diluvio». Martín, que había pinchado cinco veces, cayó en la meta sin conocimiento.

Por entonces el trazado de la prueba daba literalmente la vuelta a España, sin saltos entre ciudades. De Extremadura seguía por Andalucía, Murcia y Levante hasta Barcelona, para marchar por Zaragoza hasta el País Vasco y Asturias, de donde volvía a Madrid por León y Valladolid.

Los problemas empezaron en Granada, cuando se hizo con el liderato Manuel Costa, un buen corredor catalán que corría por libre, sin equipo. En las etapas siguientes Costa comenzó a recibir el apoyo de una parte del Galindo -«aquí hay tomate», intuyeron los periódicos-, por amistad con corredores y a instancias del director, Masdeu. Los tres catalanes del Galindo colaboraban con Costa, mientras Berrendero y Delio Rodríguez, ya veteranos, iban por libre.

Langarica perdía casi media hora, pero comenzó a ganar etapas (obtuvo ocho) y a recortar el tiempo. Fue decisiva la etapa Tortosa-Barcelona. Después de Tarragona se formó una escapada de cinco, entre ellos Langarica y Costa. Pinchó Langarica y le llevó tres minutos la reparación. En vez de esperar al pelotón -¿desconfiaba de que el Galindo le echase una mano?- decidió la persecución en solitario durante 80 kms. «Ha sido está la hazaña más meritoria que se ha hecho en la Vuelta».

Siguieron etapas de transición, a la espera de las montañas del norte. La etapa Zaragoza-San Sebastián la corrieron como un descanso y todos fueron sancionados con la pérdida de la mitad de las primas del día, por no alcanzar una velocidad mínima.

La etapa San Sebastián-Bilbao fue espectacular. Subían Urkiola y Sollube. Según declaró después, para Langarica fue la más difícil, pues se le evidenció que corría contra su equipo. Se escapó con otros dos y la persecución corrió a cargo del Galindo y Costa. Este tuvo un accidente en Urkiola, cuando chocó contra un automóvil. Sustituyó una rueda que le cedió Olmos, del Galindo, lo que estaba prohibido: les descubrieron y sancionaron con diez minutos. La etapa terminó frente al museo.

La clave fue, dos días después, la etapa Santander-Reinosa. El «coloso de Ochandiano» lanzó su ataque en el Escudo, al parecer contra las directrices de su equipo. Langarica distanció a Costa en cuatro minutos.

En la contrarreloj de León, Langarica sacó ocho minutos a Costa, con lo que la distancia en la general era mayor que la sanción que éste había recibido. Se terminaron las habladurías sobre quién era el mejor. Langarica había ganado en todos los terrenos.

Aun hubo un incidente en la última etapa, cuando escapó Berrendero, con el consenso de que se le permitía ganar en Madrid. Aficionados bilbaínos avisaron a Langarica cuando le llevaba ocho minutos de ventaja, pues de seguir la progresión podría arrebatarle la general. Langarica aceleró y no hubo más problemas.

El vizcaíno fue aclamadísimo. En Bilbao se entendió que la victoria de Langarica venía a compensar la temporada del Athletic, al que se le habían escapado Copa y Liga.

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