Peter Tormen (57 años), el segundo chileno en ganar la Vuelta de Chile, dice que lo que ocurrió en el podio ese 28 de noviembre de 1987, en el ocaso del gobierno militar de Augusto Pinochet, fue una consecuencia de sentimientos acallados durante años, jamás algo planeado. Tras mantener su ventaja en la Cuesta Barriga -la penúltima etapa de la carrera- y subirse al podio aún luciendo la tricota de líder, los periodistas y todo el mundo lo dieron por ganador de aquella edición.
Y así era, ya no había dudas. Resistió estoico el ataque del colombiano Fabio Acevedo en el ascenso, en la última oportunidad para superarlo, por lo que la pregunta llegó como una obligación. "¿A quién le dedicas el triunfo, Peter?", le consultaron frente a las cámaras y el público. "A mi hermano Sergio, detenido desaparecido", respondió. El resto es historia conocida.
Peter, el menor de los hermanos Tormen, apenas tenía 14 años cuando oficiales de la Dirección de Inteligencia Nacional (Dina) entraron al taller de bicicletas de su padre, Pedro, en San Dionisio 2554, para llevarse a Sergio, el tercero del clan y bicampeón nacional de fondo. Lo raptaron por presuntamente pertenecer al MIR y por reducir un bolso que un amigo -Luis Guajardo, ciclista internacional y dirigente del MIR- dejó escondido allí. Lo llevaron a Londres 38, uno de los centros de tortura más recordados del régimen. A Peter también lo raptaron.
"Mi hermano me dijo: 'cuando te interroguen, diles que tú estabas afuera y no viste nada de esto". Fue la última vez que ambos hermanos se vieron."Juro por mi hermano desaparecido, que es lo más sagrado que tengo, que solamente actué de acuerdo a mis sentimientos. No pensé en que allí iba a hacer una labor política, de obstrucción al Gobierno. No. Era simplemente porque necesitábamos saber de Sergio", cuenta Peter, escudriñando en los recuerdos de aquel episodio, probablemente la protesta más significativa del deporte chileno durante los últimos años del gobierno militar .
En una década convulsa, en que cualquier proeza deportiva servía para distraer la atención de los atropellos a los Derechos Humanos que en Chile ocurrían. Y la televisión era la herramienta de difusión por excelencia, por lo que todo lo que allí aparecía era consumido por la sociedad chilena. La Vuelta, por ende, era uno de los espectáculos que el régimen difundía con afán propagandístico.
"Está claro que en esos momentos la Vuelta era uno de los tantos instrumentos disuasivos que tenía el régimen militar. Algunos de los ciclistas nos dábamos cuenta, pero mucha otra gente lo veía inocentemente como una fiesta del deporte nacional y se sumaba. Cuando estás dentro del circo, lo vives como tal. Me alegraba por ver a la gente en las calles y todo, pero entendía su trasfondo", dice Tormen.
Pero fuera del circo, la Vuelta de 1987 es una oda al coraje, el esfuerzo y el recuerdo en todos sus sentidos. Primero, porque los llamados a ganar aquella ocasión eran los astros del Team Pilsener Cristal, no un gregario como él; segundo, porque Peter lo hizo a bordo de la bicicleta con que corrió Sergio sus últimas carreras. "En realidad era sólo el marco de la bicicleta" aclara. Aquel marco aún existe, lo tiene Richard Tormen en Estados Unidos, asegura Peter.
"Gané intentando neutralizar una fuga en la que no iban mis líderes, pero esa fuga prosperó a pesar que yo no lo quería. Mis compañeros quisieron que se mantuviera esa diferencia, porque consideraban que me lo merecía. Fernando Vera, Lino Aquea, Roberto Muñoz, Miguel Droguett… Todas las estrellas del equipo me apoyaron", rememora, mientras sorbe un café en su taller de Las Condes.
Miguel Droguett lo recuerda así: "Peter era un tipo introvertido, pero arriba de la bicicleta se transformaba en una bestia. Se le dio la responsabilidad y respondió con una categoría de campeón. El apellido Tormen es un apellido del ciclismo chileno". Tormen nunca ganó una prueba, pero desde la cuarta etapa logró mantener su ventaja. No lo detuvo nadie. El técnico era Richard, el quinto del clan y ex ciclista internacional.
Orlando Gallegos, el especialista en ciclismo de La Tercera durante la época, recuerda: "Se podría decir incluso que aquella Vuelta fue un poco fome, porque ganó un gregario". En silencio, Peter, que disfrutaba desempeñándose como un peón dentro del equipo, le dijo a su hermano que aquel año la prueba la ganaba él: "Secretamente yo le dije a mi hermano que quería ganar, porque sentía que tenía las condiciones, pero no lo andaba divulgando".
La desaparición de Sergio y Luis Guajardo calaron hondo en la vida de Peter y su familia. Tras el trauma, la promisoria carrera que tenía, siendo campeón nacional juvenil, se pausó abruptamente cuando cumplió los 18 años. Sus motivaciones en ese momento giraban en torno al descubrimiento interior, por lo que se unió al siloismo para encontrar esas respuestas. Estuvo en ese viaje interno durante años, hasta que a los 23 decidió volver a competir.
"Me retiré porque me fui en una volada filosófica en la que entendí que no era necesario ganarle a nadie. Pasaron cuatro años en los que yo me desperfilé como proyecto deportivo; cuando volví, lo hice porque quería ser ciclista, porque gozaba de todo lo que ocurre en torno al ciclismo, y por eso decidí ser peón", asegura.
Vivir con la incertidumbre de encontrar o no con vida a su hermano fue una herida que los Tormen tardaron en cicatrizar. Su vida, tal como la entendían, quedó deshecha de un golpe tras el rapto de Sergio: "Vivíamos como zombis, ésa es la verdad. Era tan grande la pena por no saber qué pasaba con mi hermano que mi mamá nos pidió que nunca nos involucráramos en política. Si volvía a perder a otro hijo, nos dijo que se iba a suicidar".
Así, resultó prácticamente una obligación para Peter hacer la dedicatoria al desaparecido Sergio. Tras años de búsquedas sin respuestas, de dichos cruzados y mentiras, la oportunidad de rememorar a uno de los mejores ciclistas de Chile, y uno de los deportistas víctima de aquellos años de atropello: "Lo hablamos con mi hermano Richard. Teníamos que dar la Vuelta para rescatar de la ignorancia y de esa sombra a toda la gente que no sabía lo que le había pasado. Cuando mi hermano obtuvo el oro en los Panamericanos de 1975, fue recibido por el General Pinochet en La Moneda, y Richard le preguntó personalmente por mi hermano detenido desaparecido. Pinochet le hizo el dribling y lo envió a hablar con un edecán, que nunca le respondió nada. Ahí yo entendí que por las buenas no se iba a conseguir información".
Aún se desconoce el paradero de Sergio Tormen, pero su historia ha motivado prosas y poemas. Marcelo Guajardo, autor de la novela juvenil La bicicleta mágica de Sergio Krumm, tomó este hecho para basarse en su relato. "Fue un hecho súper potente, para mí Peter es un héroe", dice el autor.
Este 28 de noviembre se cumplirán 30 años de aquel episodio y la plegaria por información parece sellada junto al mutismo de los verdugos del ciclista. Aquel sábado fue cerrado con censura en las pantallas, que se fueron a negro tras las palabras del menor del clan Tormen; también con aplausos de quienes presenciaron el hecho. Al día siguiente, en el cierre de la Vuelta en el Parque O'Higgins, Peter fue acallado. "Pero aquella Vuelta pasó a la historia por eso", se conforma Tormen.
El miércoles, 30 años después de aquella edición conmovedora que celebró Peter, la Vuelta de Chile vuelve a echar a rodar.
Capítulo 10 - Chiloé Mágico - Invitado Peter Tormen Méndez
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Rutas Desafiantes
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- Ruta creada para el evento realizado junto a Bikleta, con salida y llegada al Mall sport. Esta ruta incluye pasar a chicureo desde la dehesa y volver
- DISTANCIA: 81,5km
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- DISTANCIA: 76,96km
- ALTIMETRÍA: 204 m
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Subaru Ironman 70.3 Pucón 2023
A diferencia de otros años, en que el conteo lo haciamos en la partida, en esta ocasión el registro se realizó utilizando nuestras propias fotografías tomadas en la salida del agua, por lo cual evidentemente quedaron muchos trajes sin poder ser registrados. Ya pasaron 2 semanas del Subaru Ironman 70.3 Pucón 2023 y es buen momento de hacer un balance. Como ya es tradicional, hicimos una revisión de las marcas de zapatillas favoritas de los triatletas en el Subaru Ironman 70.3 Pucón. Los datos los obtenemos del parque cerrado una vez entregadas las bolsas de carrera. Este año contamos un total de 1.702 pares de zapatillas, bastante más que las 1.435 del año pasado.
Como cada año, aprovechamos la masiva presencia de triatletas en Pucón para hacer un recuento de las bicicletas presentes en la carrera, a objeto de medir las preferencias, la evolución y el comportamiento de las marcas en el transcurso del año.

Cuando uno escucha la palabra Adizero, sabe que es la línea avant garde de adidas, sinónimo de prestaciones y rendimiento. Por eso cuando tuve estas Adizero SL en mi mano (en mis pies en realidad) no podía dejar de pensar en su precio de venta. El español Antonio Benito y la chilena Bárbara Riveros (triatleta MedPro, New Balance, Mako y Ekoï) fueron los grandes vencedores del Subaru IRONMAN 70.3 Pucón 2023, que fue una gran fiesta deportiva una vez “La carrera más linda del mundo”.
El Ciclismo Laboral en Chile
Dedicarse al deporte es una decisión arriesgada. Pocos son los que ganan mucho dinero, mientras que muchos son los que ganan poco. Tres de ellos relatan sus historias a Doble Espacio, las que comparten un hecho en común: lo difícil que es ser ciclista en el país. En Chile los equipos profesionales de ciclismo son escasos, existen tan solo dos por el momento: Plus Performance y Stamina. Por esta razón, quienes obtienen estabilidad por dedicarse a esta disciplina son contados con los dedos de las manos. En un gran pelotón de doscientos ciclistas, menos de una decena son los que pueden dedicarse completa y devotamente al deporte. El resto estudia o trabaja para tener un ingreso paralelo al alto rendimiento. Esa es la realidad del ciclismo en el país.
Ciclistas laborales son quienes tienen que financiar de una u otra forma de su bolsillo el deporte que aman. “Ningún equipo paga a sus deportistas que yo sepa, los que reciben plata es mediante programas estatales como promesas Chile. Algunos clubs financian los gastos del viaje e inscripciones a las carreras, pero la mayoría cargan ese costo en los mismos ciclistas. En países como España los equipos profesionales de ruta son ocho, según la Real Federación Española de Ciclismo. Estos están obligados por la Unión Ciclista Internacional, mejor conocida como UCI, a pagar el salario mínimo a sus deportistas. Además, estos clubes tienen sub estructuras de formación de categorías menores, donde proveen a los jóvenes deportistas con las condiciones necesarias para desarrollar los mejores talentos del mundo.
Rodrigo Rivera se levanta todos los días a las siete de la mañana, se ducha, se viste, prepara su desayuno y empaca su mochila con el almuerzo del día, listo para ir a la oficina. A las ocho ya está afuera de su departamento ubicado cerca del Hospital El Salvador. Se sube a su bicicleta de competencia y parte rumbo al trabajo en una oficina ubicada en calle La Concepción, Providencia. En su trabajo revisa distintos correos e informes. Labores monótonas y tediosas para él. Rodrigo trabaja como asistente. Recibe un poco más del sueldo mínimo, pero la mayor ventaja de su trabajo es la flexibilidad que tiene para salir a entrenar por la tarde. A las dos de la tarde Rodrigo cambia la camisa de lino y el pantalón de algodón por el uniforme ciclista de Lycra.
Para finalizar el día, Rodrigo vuelve a su casa alrededor de las seis de la tarde a preparar su almuerzo para el día siguiente, ya que tiene una estricta dieta que seguir para mantenerse en un peso ideal para las competencias. Ya a las diez se está preparando para dormir. Así es la vida de un ciclista laboral la mayor parte del tiempo, corriendo de un lugar a otro para poder cumplir con los entrenamientos y las obligaciones del trabajo. “De algo hay que vivir, y el ciclismo no da plata”, dice Rodrigo.
La mayoría de las personas aprovecha el fin de semana para descansar. El rigor del horario laboral no apremia para levantarse temprano. La junta es en Plaza Ñuñoa a las siete y media, la ruta, camino a Baños Morales. Así Rodrigo se embarca en una nueva aventura junto a sus compañeros. La mayoría de los domingos Rodrigo compite en Canadela, la liga de ciclismo laboral de la Región Metropolitana.
Nicolás Cortez, ciclista del club CRC, es ingeniero civil de profesión, pero debido al mercado laboral trabaja en Decathlon como vendedor y mecánico de bicicletas. Nico tiene una rutina similar a la de Rodrigo en la semana. En Canadela la mayoría de las competencias son en las afueras de Santiago, así lo requiere la naturaleza del ciclismo de ruta, en que los circuitos suelen superar los cien kilómetros, por lo que es necesario cerrar extensos tramos de carretera. El costo del combustible para viajar a las carreras no es baladí, por lo que ciclistas como Nicolás suelen irse pedaleando a competir. “Suma como entrenamiento”, dice Nico.
Esta situación es distinta cuando las competencias son fuera de la Región Metropolitana. Las fechas más importantes del calendario federado son las vueltas, o carreras de varios días consecutivos de competencia. Estás se desarrollan a lo largo de todo el país. Algunos de los eventos más importantes son: La vuelta al Sur, en la Región de Los Lagos; Vuelta Maule sur y Maule centro, ambas en la Región del Maule, o el Giro Pichidegua, en la Región de O’Higgins. Asistir a estos eventos requiere un gran esfuerzo logístico y económico por parte de los ciclistas, en especial de los laborales como Nicolás. Hay que costear el transporte, la alimentación y el alojamiento. Competencias como el Giro Pichidegua atraen a gran cantidad de deportistas, el pelotón élite suele componerse por ciento cincuenta ciclistas.

Más del setenta por ciento del pelotón vive una situación similar a Nicolás, pero de la totalidad de deportistas, son pocos los que tienen chances de levantar los brazos victoriosos. La sed por ganar siempre está, pero no lo es todo. Nico jamás se ha subido al podio y sabe que sus posibilidades son mínimas, pero nunca cero. Su pasión por el deporte es la del viaje en sí mismo.
Las Dificultades del Ciclismo
“Il ciclismo è uno sport di merda” (El ciclismo es un deporte de mierda), es una frase que ilustra la cruda realidad de este deporte. Originalmente dicha por el técnico de un equipo ciclista italiano, cuando dos de sus deportistas bajan al vehículo de apoyo a pedir algo caliente, pues estaban congelándose en una competencia bajo la lluvia. Las caídas son una de las peores caras del ciclismo, y a la vez, un elemento intrínseco a las competencias. Existen en todos los niveles; profesional, amateur y recreacional. Hasta Tadej Pogacar, cuatro veces ganador del Tour de Francia, se ha caído mínimo tres veces en este año.
Rodrigo pedalea en una bicicleta Giant TCR. Aunque su club le apoya en gran medida, la bicicleta la pagó con su propio salario, con tarjeta de crédito, y en cuotas. En las caídas no solo se ve comprometida la salud de los ciclistas, sino también su estado financiero. En las carreras existe una posibilidad no menor de romper el material, lo que significa una nueva inversión millonaria para seguir compitiendo. “¿Quieres ser ciclista sin caerte? Es imposible…” afirma tajantemente José Gonzales, entrenador de Rodrigo.
El costo del deporte es alto, en la salud, financiera y emocionalmente. La principal motivación es la pasión por el deporte, la sed de victoria, pero el combustible se agota de vez en cuando, y en esos momentos surgen las dudas. ¿Para qué hago esto? La dedicación de Rodrigo es la misma que la de un ciclista profesional. Entrena las mismas horas, va al nutricionista, compite distancias similares a velocidades similares. Es más fácil que la voluntad flaquee cuando no hay un contrato de por medio que te obligue a asistir a la ruta, cuando tu móvil es la motivación ¿Qué sucede cuando esta se agota?
Duve comenzó en el ciclismo hace tres años. Era compañero de equipo de Nicolás en CRC, pero luego se cambió al Club Ciclista Astorga, donde comparte con Rodrigo. En su primer año de competencia, en la liga amateur, José ganaba todo fácilmente, así se acostumbró al sabor de la victoria. Todo es más sencillo cuando hay una recompensa. La transición a una liga mucho más exigente no fue amable. José pasó de ganar todo, a aguantar a duras penas una competencia completa, muchas veces teniendo que bajarse de la bicicleta antes de que finalice la carrera. Aun así, perseveró, y las mejoras no se hicieron esperar, en pocos meses ya estaba pedaleando a la par con los ciclistas más experimentados del pelotón. Sin embargo, la victoria todavía se veía lejana, no tanto como para Nico, pero no tan cerca como para Rodrigo.
Decidido a mejorar, José cambió su bicicleta de aluminio por una de carbono. Estuvo varios meses ahorrando para comprar una buena bici. Cuando ya la tenía en sus manos, decidió estrenarla en una Canadela, en el autódromo de las vizcachas. Por desgracia, Duve no pudo disfrutar su auto regalo por mucho tiempo, pues en la primera carrera que la usó, tuvo una caída donde partió el cuadro en tres pedazos.
En los dos años venideros, José no vio progresos significativos. Lo que sí vio fue su motivación y estado financiero erosionar lentamente. “No hay suficientes horas en el día para entrenar, estudiar y estar con la familia” Dice Duve. Bajo este complicado panorama, la gota que rebalsó el vaso fue una nueva caída en Canadela. La bicicleta no sufrió daños mayores, pero José se esquinzó la mano, alejándose del deporte por varias semanas. En este periodo de reflexión, las dudas invadieron al ciclista, ¿Para qué hago esto? De este modo, la respuesta pragmática fue que el costo supera a la recompensa, por lo que José decidió dar un paso al costado y solo pedalear recreacionalmente.
En el pasado, el ciclismo chileno estaba más profesionalizado, existían clubes con patrocinios privados que aportaban grandes sumas de dinero, tales como el club ciclista de Clos de Pirque o el club deportivo Bata. “Hasta los clubes más chicos nos pagaban por competir, unas cien lucas por carrera, eso sí, nosotros nos financiábamos el alojo, comida y pasaje.