Descubre las Mejores Rutas para Pedalear en Buenos Aires

Si David Byrne volviera a Buenos Aires, saldría corriendo a actualizar su libro "Diarios de bicicleta", publicado hace cinco años. Ahí cuenta sus andanzas en bici por varias ciudades del mundo y, en el capítulo de Buenos Aires, se asombra porque la gente no usa bicicleta.

El creador de Talking Heads tenía razón. Eso sucedía antes, tal cual, pero todo cambió. Basta un paseo corto por la ciudad para comprobar que el párrafo envejeció mal. Por la tarde, a eso de las cinco o seis, las ciclovías de Palermo son una columna de bicis playeras, plegables, viejas, de bambú, alquiladas, mountain bikes. Hay ciclistas con casco y sin casco; obreros y oficinistas que vuelven a casa; deportistas con guantes y pantalones de telas inteligentes; hombres de traje y chicas con anteojos de marco grueso, candado cruzado en el pecho y estrellitas en los rayos.

Sí, en los últimos años tomó forma una cultura alrededor del ciclismo urbano que no para de crecer.

Buenos Aires cuenta con 135 kilómetros de ciclovías y el proyecto es llegar a los 155 a fin de año. Cuenta con más de 30 estaciones Ecobici donde se retiran bicis gratis, apps para elegir los mejores recorridos, talleres de mecánica, alforjas de diseño y restaurantes que hacen descuentos del 15 y 20 por ciento si uno llega pedaleando. Se hacen salidas grupales de luna llena y circuitos guiados por los mejores grafitis de la ciudad. En la bicicletería Monochrome hasta es posible diseñar, accesorizar y enchular la propia bici -fabricada con materiales reciclables- antes de comprarla. El color del cuadro, del asiento, del grip y de las cubiertas. Campanita, portaequipajes, inflador, luces, todo personalizado.

Roman Zlotogora es un exponente de ese entusiasmo. Después de trabajar años como director de arte en cine publicitario montó Polanski World, una boutique de accesorios en su propia casa, en Villa Crespo. Con cita previa se puede visitar el lugar que parece un set de filmación. Después de cruzar el pasillo lleno de plantas se llega a un espacio enorme, de techos altos, con unas treinta bicicletas colgadas en la pared. Expuestas, como se expone una joya. Porque para él una bici es un objeto estético y una extensión de la persona.

Empezó arreglando la de la mamá, bicicleta inglesa que estaba hace sesenta años en su familia, y hoy tiene el proyecto de hacer foodtrucks pero con bicis. Vender helados, bebidas, completos o medialunas calentitas en una bici con cargo atrás. ¿Foodbikes? Algo así. En su negocio vende repuestos retro, “para ciclistas románticos”, alforjas con manijas de cuero, alforjas redonditas para adelante, cuadradas para llevar la tablet y una especie de cinturón para ir a un cumpleaños con una botella de vino en el caño.

Si tuviera que elegir tres marcas preferidas, las de Román, de Polanski World (el nombre, sí, es por la conexión entre su nombre y el apellido del director de cine), serían: 1) Brompton, 2) Pashley Guvnor y 3) Colmagno de ruta. También, como a muchos, le encanta la Dahon plegable, esa livianita que se lleva en los barcos para llegar a cualquier puerto y salir a pasear.

Bici Zen: Meditación sobre Ruedas

Desde que se construyeron las ciclovías mucha más gente se anima a salir. Al trabajo, a entrenar, a la casa de un amigo, a un bar. “Para mí es como meditar, es el único momento del día en que no pienso en otra cosa más que en lo que estoy haciendo”, me dice Pelu Romero, un ciclista que va tres veces por semana a recorrer los caminos de tierra de la Reserva Ecológica Costanera Sur en su mountain bike.

Quizás leyó "Bici Zen, ciclismo urbano como camino" (Planeta 2012), de Juan Carlos Kreimer, un libro con la tesis de que la rutina de andar en bici es nada menos que un acto zen y produce sentimientos de “placer, libertad, autonomía y contacto consigo mismo”.

Su autor afirma también que pedalear hace bien a la salud y puede cambiar la perspectiva del día: los pensamientos quedan en un plano secundario, mientras se presta atención al ejercicio, a los detalles del paisaje urbano: un grafiti, el perfume de ese jazmín que trepa por la medianera, las naranjas en una verdulería. Andar en bici cambia el foco. Así de simple y contundente.

Recorridos Recomendados en Buenos Aires

Bosques de Palermo

De todos los recorridos posibles, el que cruza los Bosques de Palermo es uno de mis preferidos como ciclista y lo recomendaría a los turistas. Son cuatrocientas hectáreas de bosques con más de doce mil árboles, entre ellos muchos traídos de otras partes del mundo, como el altísimo kauri de Australia y Nueva Zelanda. Una de las ventajas de la bici es que vale parar donde uno quiera -usar buenos candados- y en los bosques hay bastante para ver.

Desde el Rosedal y el Jardín Japonés hasta la curiosa estatua de Caperucita Roja o la clínica de esculturas, un galpón donde llevan a arreglar las esculturas dañadas de la ciudad. Y si es invierno, los añosos ginkgo biloba lucirán amarillos. Ahí nomás está el Malba, que hasta el 23 de febrero expone 150 obras del maestro Antonio Berni a través de sus personajes Juanito y Ramona. No muy lejos, el Museo Evita, para revivir la historia de Eva Perón, y al final se puede hacer una escala en el excelente restaurante con patio y estacionamiento para bicis.

La Boca y Fundación Proa

El que todavía tenga energía podrá seguir varios kilómetros más, atravesar la ciudad y llegar a La Boca, a Fundación Proa, donde también vale hacer una parada arty para conocer la obra del artista chino Cai Guo-Qiang que recrea con pólvora paisajes del interior de Argentina (hasta marzo). Seguramente, él está acostumbrado a ver millones de bicis, a formar parte del envión colectivo de ciclistas como pasa en China y otros países del sudeste asiático, donde es uno de los principales medios de transporte. Un transporte sustentable.

Distrito Arcos

Si el plan es de shopping, una novedad porteña: el Distrito Arcos, en Pacífico, a donde se llega cómodamente en bici. Es un paseo de compras abierto, el primero en Buenos Aires. Se inauguró hace un mes, luego de la recuperación de los antiguos arcos del Ferrocarril San Martín. Reúne más de cincuenta tiendas outlet de ropa y accesorios, entre otras: Prüne, Rapsodia, María Cher, Ricky Sarkany.

El Alvear Art Hotel y la Cultura del Ciclismo

Hablando sobre esta nota de bicis urbanas con la gerente de marketing del Alvear Art Hotel, el nuevo emprendimiento del grupo Luxury Hotels en el microcentro, me comentó que ni bien inauguraron tenían dos bicis para prestar a los huéspedes, pero hace unos meses compraron más, porque las pedían: clásicas, con canastos de mimbre adelante.

Para Christian Quevedo, Jefe de Proyectos en Seguros SURA, la bicicleta no es solo un medio de transporte: es una forma de vivir. “Es una manera sustentable, saludable y consciente de enfrentar el día a día”, asegura. “Una de las mejores formas de conocer un lugar es sobre dos ruedas”, comenta.

A través de su experiencia, Christian ha visto cómo la movilidad activa cambia la rutina y mejora la calidad de vida. Pero como todo en la ciudad, pedalear también tiene sus desafíos: la falta de ciclovías en el pasado, la dificultad para encontrar estacionamientos seguros y una cultura vial que aún está en proceso de transformarse.

Su consejo para quienes quieren comenzar es claro: “Que no tengan miedo. Moverse en bicicleta transforma tu forma de vivir la ciudad.

✨ Paseo en Bicicleta por los Bosques de Palermo, Buenos Aires ✨

Más Allá de Buenos Aires: Aventuras en Bicicleta

Hace 4 años empecé a pedalear por Santiago y siempre me llamó la atención cruzar alguna vez en la vida el macizo de los Andes. La ruta consistió en llegar a Mendoza (Argentina) partiendo desde Santiago (Chile) cruzando el Paso Los Libertadores.

En la bicicleta Kona Rove DL se utilizaron bolsos tipo bikepacking marca Choike y en la bicicleta Trek Skye se utilizó una parrilla trasera con dos alforjas de 20 L cada una marca Rockbros. Ambos modos son bien prácticos para realizar viajes y se diferencian por sus capacidades de carga y aerodinámica que ofrecen a la bicicleta.

Entusiasmados por lo que se venía, nos levantamos temprano para comenzar la ruta. Nuestro primer día termino con tan solo 125 km, queríamos disfrutar del pedaleo así que no nos presionamos.

Preguntamos en una estación de bencina Copec en Rio Blanco si podíamos levantar nuestra carpa ahí, no queríamos gastar dinero en camping y ahí teníamos todo lo que necesitábamos; baños, agua potable y un lugar cubierto del viento.

Pasamos una buena noche y empezamos el segundo día tarde nuevamente. Comenzamos la ruta a las 12 del día, adentrándonos cada vez más en la montaña, dejándonos apreciar hermosos paisajes y postales.

A pesar de que en la ruta hay muchos camiones y por la fecha, autos que se dirigían desde Chile a Argentina a pasar las fiestas patrias, la gran mayoría de ellos fueron muy amistosos con nosotros, dándonos suficiente espacio al pasar cerca de nosotros y animándonos con sus bocinas a continuar.

A pesar de que fueron solo 30 kms estos son en subida constante y con viento en contra muchas veces, por lo que la energía se ve mermada. Con cada vez menos luz seguimos avanzando hasta llegar a la Aduana Chilena. En este tramo nos sentimos maravillados al divisar el último cobertizo desde la aduana, el cual era el más extenso de todos. Un trayecto que no dio tregua a la mente.

Finalmente después de 100 kms, llegamos a las 22:00 al pueblo de Uspallata, lo que a ratos se hacía inalcanzable. Lo primero que hicimos fue buscar un lugar donde comer, un poco confundidos con el cambio de moneda nos dimos un festín con un plato de lasaña y otro de lentejas y vino, con mucho pesar tuvimos que dejar el calor y la comodidad del local para buscar donde acampar, porque ya eran casi las 12 de la noche y hacía mucho frío.

Nos levantamos temprano para ir a las Termas de Cacheuta y recuperar un poco el cuerpo en aguas temperadas para luego rematar al destino final: Mendoza. Después de estar un par de horas sumergidos en el agua caliente y con el cuerpo relajado, compramos algunas cosas para comer en la ruta y emprendimos el viaje nuevamente. Fueron 47 km que se hicieron muy cortos, cuando vimos el primer cartel que decía Mendoza, supimos que ya no quedaba nada para llegar a la meta. Avanzando por la Avenida San Martín buscamos donde poder dormir, escogiendo un hostal cercano al barrio Arístides.

Quisiera dejar invitada a cada persona que lea esta nota a que junte coraje y realice ese viaje en bicicleta que siempre ha querido hacer, independiente de los miedos que tenga para tomar la decisión.

Ciclismo en Europa: Inspiración para Buenos Aires

Berlín: "Al construir sus calles lisas, podría decirse que los alemanes han allanado los baches sicológicos de su vida cotidiana", afirma, lúcidamente, David Byrne cuando escribe acerca de Berlín, la perfecta ciudad para recorrer en bicicleta (a excepción de los fríos días de invierno).

En su libro, que es un conjunto de observaciones arriba de su bicicleta plegable, acerca de ciudades tan disímiles como Buenos Aires, Manila o Estambul, entre otras, Byrne se sorprende de las ciclovías de esta urbe, "donde todo parece muy civilizado, agradable y avanzado; donde ningún auto estaciona o circula por los carriles reservados para las bicicletas", donde hay pequeños semáforos para los ciclistas y donde la normalidad del uso de la bicicleta -como la mejor manera de moverse de un punto A al B-, se encuentra muy alejada de cualquier tendencia o moda. Es un ejemplo de aquellas grandes ciudades que rescatan dinámicas de las pequeñas, como el uso cotidiano de las bicis.

Y es verano, y las ganas de ser parte de la urbe, de empaparse de esa energía que fluye por las calles de Berlín y circular como lo hacen los locales, entusiasma a cualquiera, y es así como el recorrido puede comenzar en la emblemática puerta de Brandenburgo, para luego pedalear hasta el Reichstag y descansar un momento en el extenso césped frente al imponente edificio.La ruta continúa por ese enorme parque central, el Tiergarten, perdiéndonos por sus senderos, hasta la famosa estatua del ángel de la victoria, desde donde unos ángeles miraban melancólicamente la ciudad en la película Tan lejos tan cerca, de Wim Wenders.

Lo plano de Berlín facilita tranquilos desplazamientos, al propio ritmo, por el mismo distrito de Mitte camino a Alexanderplatz (en el ex lado este), para empalmar con la asombrosa avenida Karl Marx Alle, "una especie de versión soviética de los Champs Elysées, la 9 de Julio en Buenos Aires o, quizás, la Park Avenue de Nueva York", según Byrne, y seguir avanzando entre sus colosales edificios de departamentos hasta la calle Warschauer, y luego girar a la derecha camino al río Spree (previa visita al East Side Gallery). Tras las fotos correspondientes, cruce el río si quiere conocer el más divertido barrio de Berlín y su potente comunidad turca, Kreuzberg, donde podrá recargar fuerzas con un maravilloso kebab (en este barrio fue inventado una de las más populares comidas callejeras de Europa), y así más tarde enfilar al parque Treptower donde, bajo la sombra de un árbol, descansamos junto al río y con una merecida cerveza Becks, como lo hacen cientos de jóvenes, de estival espíritu, por estos días.

Barcelona: De las ciudades europeas, es en Copenhague y Amsterdam donde el ciclismo no es tema, es decir, desde hace décadas se utiliza la bicicleta porque es más práctica, y no como señal de identidad ni como reivindicación. Y desde hace algunos años existe una soterrada ¿revolución? -mezcla de necesidad, contagio, moda y marketing- en varias urbes del viejo continente, como Sevilla, Londres, Lyon, París y Barcelona que están promoviendo políticas de movilidad centrada en la bicicleta.

En Barcelona, por ejemplo, comenzó a funcionar, el 2007, un muy buen sistema no turístico de uso público de bicicletas, el Bicing (y que ya es parte de la iconografía de la ciudad, www.bicing.cat) y que ha potenciado esta tendencia: ya hay más de 200 kilómetros de ciclovías, una guía de bolsillo de Barcelona en bicicleta (que se puede descargar en la web del ayuntamiento, www.bcn.es) y la sensación de que esto no para.

Eso es lo que piensa Carola Osorio, chilena radicada en la ciudad y una de los 120 mil usuarios del sistema, que me facilita una de las tarjetas del Bicing de su compañera de casa (ya que sólo los residentes pueden obtenerla) y que permite utilizar alguna de las 6 mil bicicletas aparcadas en las 420 estaciones repartidas por la ciudad, por unos 35 euros al año.

"¿Vamos al Parque Güel?", pregunta Carola. "Hay ciudades más fáciles para los ciclistas que otras (…) sorprende cómo las menos complacientes son a veces las más interesantes", escribe Byrne en su libro cuando se refiere a Estambul, pero la afirmación puede aplicarse a esta dura subida que conduce al famoso parque diseñado por Gaudí y sus impecables panorámicas.

Llevamos 25 minutos de camino y el reglamento del uso del Bicing establece que se puede pedalear durante media hora por cada trayecto (no es para turistear).Y es por eso que buscamos una estación para devolver las bicicletas y no encontramos ninguna, y decidimos dejar para mañana el parque y vamos "conejeando" hasta la calle Muntaner y nos lanzamos ciudad abajo, camino al mar, con una impagable sensación de libertad y agradables 20 grados de temperatura. Paramos al atardecer en el casco antiguo, dejamos las bicicletas y caminamos por el Barrio Gótico y por el bellísimo barrio de El Born con ganas de que llegue mañana para subir al parque Güel (¡y lanzarse de nuevo ciudad abajo!).

Amsterdam: Pedalear por esta ciudad sin una sola cuesta, con un territorio que, en buena parte, toma prestado del mar es un absoluto placer. Siempre y cuando se entre a los carriles de bicicletas con actitud, sin temor, como si pedalear por Amsterdam fuese de lo más cotidiano. Incluso detenerse en cualquier esquina a mirar cómo circulan los locales (bellas mujeres en vestidos que parecen flotar, hombres en perfectos trajes cuyas bicicletas combinan con sus maletines) puede ser una divertida forma de perder el tiempo.

Y si bien existen numerosas agencias para arrendar bicicletas repartidas por toda la ciudad, que además ofrecen tours (www.mikesbiketoursamsterdam.com), y hasta sitios en internet para armar recorridos propios (www.routecraft.com), una manera más que recomendada de entender la idiosincrasia y conocer esos rincones fuera de ruta, que hacen comprender mejor la vida de cualquier ciudad, es perdiéndose, deliberadamente, por sus calles atravesadas por canales (o viceversa). Y es así como llegamos, por casualidad, movidos por una mano invisible, hasta el más que perfecto parque para recorrer en dos ruedas, el Vondelpark.

Más tarde, previa detención en uno de los cafés de esos lares, escapamos un momento de las callecitas de la ciudad hacia otro gran parque, el Westerpark (www.westergasfabriek.nl, todos los jueves en la noche hay fiestas de música latina), donde Aanisa, una chica holandesa hija de inmigrantes marroquíes, le enseña a montar en bicicleta a ocho mujeres musulmanas del mismo país. "Son personas que nunca recibieron una bicicleta para su cumpleaños ¿Comprendes? Y si aquí no sabes moverte en bicicleta, es muy difícil que puedas integrarte", y sonríe. Las ocho mujeres también sonríen, tímidas, mientras zigzaguean unos conos naranjos.

"Me sentía más conectado con la vida de la calle de lo que habría estado dentro de un auto o en cualquier tipo de transporte publico", escribe Byrne para explicar lo que experimentaba cuando recorría barrios fuera de ruta, o lugares no turísticos, como este monumental estacionamiento de bicicletas (de varios pisos) situado en la Centraal Station, donde miles de bicicletas acumuladas dan la impresión de que es imposible recuperar la propia si se llegara a dejar ahí. Pero de alguna extraña manera funciona.

tags: #donde #ir #a #pedalear #en #buenos