Es imposible no estar en contra del dopaje, ya que va en contra de todo concepto positivo del deporte y también de una victoria admirable. La alteración genera un triunfo artificial que se convierte en una profunda decepción, cuando no un completo escándalo, cuando acaba siendo desvelado.
Filmar una obra así tiene una explicación evidente: durante años, el dopaje en el ciclismo ocupó casi más titulares que el propio deporte en sí, dando pie a tramas más propias del cine policiaco o de espías que a una competición.
El Tour ha sido escaparate de muchos de esos escándalos: ya en 1924 los franceses Henri y Francis Pelissier admitieron el uso de cocaína, cloroformo y otras sustancias para tolerar mejor el esfuerzo, pero son más conocidos y recientes los casos del danés Bjarne Riis, el equipo Festina, el alemán Jan Ulrich o, por supuesto, Alberto Contador, que vio cómo le desposeían de su triunfo en 2010 (puede presumir, eso sí, de otros dos Tour, dos Giros y tres Vueltas). El estadounidense Floyd Landis, que también perdió el título de 2006, fue claro: “Soy un tramposo, pero el resto también toma los mismos atajos”. El ciclista Jesús Manzano ya había denunciado unos años antes que el deporte había perjudicado su salud: "Yo no se las secuelas que me dejará a mi esa medicina, yo creo que no voy a llegar a los 50".
Y en 2006 el teniente de la Guardia Civil, Enrique Gómez Bastida, abrió una investigación: "Pudimos identificar a un médico concreto y a una serie de entrenadores relacionados con deportistas. Una investigaciones que se centraban fundamentalmente en un laboratorio de análisis clínicos que se encontraban en el centro de Madrid".
La investigación reveló una red liderada por el doctor Eufemiano Fuentes que ofrecía a sus clientes métodos ilícitos para mejorar el rendimiento. Se sentaron en el banquillo cinco personas: el doctor Fuentes, su hermana, su ayudante y los directores deportivos Manolo Saéz y Vicente Belda.
Hubo deportistas que también comparecieron en el juicio pero en calidad de testigos. En el juicio solo pudo probarse un delito contra la salud pública por parte de los responsables de la red y finalmente la Audiencia Provincial de Madrid terminó absolviéndolos a todos.
En cuanto a los deportistas solo seis ciclistas fueron sancionados, entre ellos el español Alejandro Valverde, que fue inhabilitado durante dos años. A partir de 2006 suministrar sustancias dopantes sí se convirtió en delito en España.
La Operación Puerto marcó así un antes y un después en la historia del deporte de nuestro país.
Bryan Fogel y su experiencia con el dopaje
Bryan Fogel se empeñó en demostrarlo en una película documental, donde iba a poner su propio cuerpo en riesgo para ello. Ciclista amateur además de cineasta, Fogel decidió competir en la carrera de Haute Route, la travesía por los Alpes peninos donde se dan cita varios deportistas no profesionales como él, yendo un año sin doparse y otro siguiendo un tratamiento de un científico ruso que no iba a ser detectado. El objetivo era comprobar la diferencia en rendimiento que proporciona el dopaje.
Para sorpresa de Fogel, el año donde decidió doparse terminó en peor posición que el año donde compitió limpio, despertando inquietantes cuestiones sobre la competición incluso a niveles amateur. Sin embargo, poco después estalló algo mucho más impactante que terminó recogiendo en su documental Ícaro.

De la bicicleta al dopaje sistemático
Lo que comenzó siendo una investigación alterando su propio cuerpo con distintos tipos de dopaje para luego intentar saltarse los controles, se convirtió en un largometraje que ha descubierto una gran trama geopolítica nunca vista. Esta indagación terminó sacando a la luz el mayor escándalo de dopaje en el deporte de todos los tiempos, en el que el 99% de los atletas rusos se habían dopado. Todo conectado a través de Grigory Rodchenkov, el científico al que acudió Fogel para doparse y que formó parte del laboratorio anti-dopaje que acabó participando en la conspiración masiva que buscaba grandes resultados en los Juegos Olímpicos de Invierno de 2014. Charles Thomas iba a ser una gran estrella mundial del deporte, pero desapareció: cuatro décadas después sale a la luz lo que le pasó.
Ícaro causó un gran impacto durante su estreno en Netflix en el año 2017, acumulando también aclamación para ser uno de los documentales del año.
Documental Ícaro (crítica sobre el dopaje y sus consecuencias)
'Tour de Pharmacy': Una parodia del dopaje en el ciclismo
Tour de Pharmacy es un especial producido por HBO (y aún presente en su catálogo) que, en apenas 38 minutos, imagina una edición ficticia del Tour de Francia de 1982, en cuya etapa definitiva sólo participan cinco singulares competidores tras ser expulsados por dopaje los corredores restantes.
Escrita por Murray Miller (guionista de series animadas como American Dad y El rey de la colina o la tragicomedia Girls, también para televisión), fue dirigida por Jake Szymanski, del que recomendamos las también divertidísimas El paquete y Siete días infernales, otro falso documental sobre el partido de tenis más largo de la historia.

Genial ‘mockumentary’
Y es que parodiar el documental para transformarlo en comedia es frecuente en el cine, dando obras tan portentosas que han dado pie a un género en sí mismo: el mockumentary.
El falso documental recurre mucho al humor pero también funciona como estrategia de denuncia: ejemplos célebres (y muy recomendables) son Zelig, de Woody Allen; Borat, de Sacha Baron Cohen, o por supuesto la ilustre This Is Spinal Tap, de Christopher Guest. En esta época de fake news por doquier, el mockumentary, cuyo primer antecedente relevante podría ser la polémica versión radial de La guerra de los mundos que creó Orson Welles en 1938, se ha transformado en un género especialmente vigente y visionario.
Sin medida
Tour de Pharmacy no se corta: se mofa tanto del ciclismo como de los ciclistas, y no es extraño presenciar en él extravagantes cuadros sobre felaciones a osos, delirantes secuencias animadas que recuerdan a Erase una vez la vida para explicar la función de los glóbulos rojos o, en una pirueta final especialmente transgresora, recurrir al clásico personaje en la sombra que denuncia a sus colegas amparándose en el anonimato. ¿Quién encarna dicho papel? Nada más y menos que Lance Armstrong, el mayor villano de la historia del ciclismo y cuya historia se contaba, esta vez en serio, en el documental The Armstrong Lie de Alex Gibney (2013).
Ciclismo, buen humor e ironía mezclados en 'Tour de Pharmacy'.
Pelotón de famosos
Su elenco estelar es otro atractivo de Tour de Pharmacy: además de los fantásticos comediantes que encarnan a los protagonistas (Orlando Bloom, Andy Samberg, Freddie Highmore o Daveed Diggs), o el cómico estadounidense Nathan Fielder (como máximo responsable de la lucha antidopaje), también aparecen el luchador profesional John Cena, el actor sueco Dolph Lungdren (sí, el Ivan Drago de Rocky IV), el excampeón mundial de los pesos pesados Mike Tyson, el exjugador de la NBA Chris Webber, el popular comentarista deportivo de Fox Sports Joe Buck, muy buenas actrices como Julia Ormond o Maya Rudolph y actores del prestigio de Jeff Goldblum o Kevin Bacon. Todos fueron cómplices de esta extravagante interpretación del Tour de 1982 que ganó Bernard Hinault.
| Documental | Descripción | Plataforma |
|---|---|---|
| Ícaro | Investigación sobre el dopaje que destapa un escándalo a nivel estatal en Rusia. | Netflix |
| Tour de Pharmacy | Parodia del Tour de Francia de 1982, donde el dopaje es el protagonista. | HBO |
Atrevido e incorrecto hasta límites extremos, Tour de Pharmacy es un buen ejemplo por el que desfila, por ejemplo, un ciclista italiano llamado JuJu Peppi (interpretado por Orlando Bloom) con claros ecos del malogrado Marco Pantani.
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