Carlos Alsina, dramaturgo, director y docente de teatro argentino, ha explorado a lo largo de su carrera la historia política de su país a través de sus obras. Entre esos títulos podemos mencionar Un brindis bajo el reloj (1982), que abordó la temática de la desaparición de personas durante la dictadura entre los años 1976-1983; Limpieza (1985), que narraba un hecho real: Antonio Domingo Bussi (Gobernador de Tucumán) había ordenado "limpiar" la ciudad de mendigos, deficientes mentales y dementes; El pañuelo (1991), que narra cómo una Madre de Plaza de Mayo transforma el reclamo de su hijo en la vivencia de 30 mil nuevos partos; El sueño inmóvil (1997), que mediante leyendas y mitos del noroeste argentino repiensa la historia argentina para observar los mecanismos del olvido y la memoria; y La guerra de la basura (1999), obra que observa cómo un genocida como Antonio Domingo Bussi retorna al poder en un marco democrático.
En este marco se inscribe la obra ¡Ladran Che! (1994), en tanto que vino a cuestionar los discursos políticos y la devastación social que sucedía en el menemismo. Por todos estos motivos, nos interesa analizar de qué modo se utilizó en aquella obra el intertexto de Don Quijote de la Mancha. Así observaremos cómo se relaciona el personaje cervantino con la vida de Ernesto Guevara a partir de una serie de anécdotas.

La intención es mostrar cuáles son los paratextos de los que parte la obra. Para dicha tarea revisamos la biografía sobre el comandante escrita por Pacho O'Donell y los capítulos del Quijote que se pueden encontrar como intertextos en la obra de Alsina. Estos vínculos intertextuales entre el paratexto y el exotexto (Pérez Firmat, 1978) construyen desde nuestro punto de vista una composición de los personajes que nutren algunos imaginarios y mitos sobre el Che.
El contexto de la obra: Posdictadura y Neoliberalismo
En primer lugar nos interesa preguntarnos el motivo por el cual Alsina, en 1994, estrena su obra en Mendoza con la finalidad de repensar la figura de Guevara en ese contexto histórico. Hay que tener en cuenta que el proceso de escritura estuvo enmarcado en el período de la posdictadura y bajo las políticas del período neoliberal. Esta etapa se caracterizó por la producción de textualidades que criticaban los discursos políticos debido a la reutilización de previos estandartes que se convirtieron en material de uso del capitalismo. En el caso de la imagen del Che ese perfil se instauró con una gran variedad de merchandising superando las fronteras latinoamericanas.
Jorge Dubatti sostiene que el teatro de Carlos Alsina se circunscribe a la diversidad de poéticas, a una idea de "dramaturgia sin dogmas". Los años noventa, señala Dubatti, tuvieron la característica de que "nadie se jacta de poseer el discurso ideológico o estético más claro, de acuerdo con la caída de las grandes certezas" (Dubatti, s/f). Y agrega que se trataba de un teatro que le contestaba al neoliberalismo a través de la "destemporalización" y la "destotalización", algo que se puede vislumbrar en ¡Ladran Che! al transcurrir la acción en un no-lugar y al desarticular la idea de existencia de una verdad. Así se sucede otro punto interesante en la obra de Alsina, que Dubatti observa como propio de la época. Existen multiplicidad de formas para dar cuenta de una gran variedad de "imaginarios y visiones de mundo en perpetua modificación, de acuerdo a la percepción de la realidad" (Ídem).
El autor hace dialogar al Che Guevara con Don Quijote: un héroe con un camino similar, en términos de Joseph Campbell, pero que Cervantes se ocupó de parodiar en su novela Don Quijote de la Mancha publicada originalmente en 1615. El tipo de heroísmo que construyó Cervantes, tal como señala Joaquín Casalduero (1981), es uno burlesco sobre todo en lo caballeresco y en lo amoroso, dos puntos que Alsina retoma en la propuesta de ¡Ladran Che!
La Parodia y la Intertextualidad
Así como Miguel de Cervantes parodia las historias caballerescas, Alsina parodia toda la construcción mítica alrededor de Ernesto Guevara incorporándolo al mundo Cervantino. El personaje del Che Guevara en el texto dramático mezcla su lenguaje con el que produce Don Quijote. Alsina explicaba que había utilizado fragmentos de la novela, por ejemplo el de bate entre las armas y las letras que es cita textual de la novela y algunas expresiones de los odres de vino. A su vez, en relación al Che, el autor retomaba textos que hacían referencia a la imposibilidad de visitar la Isla de Pascua provenientes del diario Notas de viaje. Diarios en motocicleta (2007).
A través del testimonio de Alsina y del estudio de la obra podemos ubicar el vínculo entre el exotexto y los paratextos (Pérez Firmat, 1978) que utilizó el autor para construir la dramaturgia. Lo que nos interesa es ver cómo estos intertextos establecen un diálogo directo y abierto entre ambos personajes. Este diálogo, en boca del personaje histórico Che Guevara y del personaje de ficción Don Quijote, provoca nuevas lecturas sobres los episodios que se retoman de los textos originales.
Por ejemplo, el inter-texto con el capítulo XXXVIII del Quijote I se desarrolla durante algunos apartados dentro de ¡Ladran Che! En este capítulo Cervantes elabora un breve ensayo en el que Don Quijote expresa una comparación crítica entre la importancia de las armas y de las letras, dando a esas primeras un mayor peso. Casi como una discusión entre el personaje ficticio y su creador se establecen muchos puntos comparativos que, con ironía y comicidad, Alsina traslada al diálogo con el Che. Allí, Don Quijote expresa nuevamente su postura sobre las armas, vehículo para lograr la paz según este personaje; y declara lo mal que le cae Cervantes como letrado. El diálogo se extiende al Che, personaje complejo también por su rol de guerrillero y por su legado escrito, quien acuerda con Quijote que sufre más el soldado que el escritor.
El otro ejemplo que mencionaba Alsina sobre la imposibilidad de visitar la Isla de Pascua (una isla que se encuentra sobre el Océano Pacífico frente a Valparaíso, Chile) es trabajado en la obra mediante una cita textual y una serie de alusiones a lo narrado en el diario Notas de viaje. Diarios en motocicleta. Lo que es interesante es ver que en ese fragmento, el propio Guevara da cuenta en su diario de un contenido imaginario sobre la Isla, lo que le agrega cierta ficción al propio relato del Che.

Ambos personajes articulan recuerdos a través de las cartas de amistades que los siguieron en sus aventuras. Se trata de Camilo Cienfuegos y del propio Sancho Panza. Sancho escribe desde su mundo al que gobierna, imaginario y ficcional; y Camilo escribe poéticamente perdido entre las nubes. El Che y Don Quijote se miran con complicidad elevando un mensaje irónico en el que el discurso revolucionario ha sido el que ha triunfado. Ambos desde un espacio no definido y mediante sus gestos dan cuenta que el mundo mental que comparten con sus amistades fue devastado por el tiempo presente, por el neoliberalismo de los noventa.
En este punto sucede lo que señala Casalduero: las cartas poseen elementos cómicos porque terminan de conformar el carácter de guerrillero del Che y de caballero de Don Quijote en tanto que no les queda otra que intentar mantener la farsa del supuesto triunfo de la revolución. Lo que se parodia, justamente, es esa manera de recordar a Guevara muchas veces plasmada en las biografías.
¡Ladran Che! La obra de Alsina revisita desde la comedia la idea del amor, aunque a diferencia de la historia de Cervantes lo desliga del cristianismo. En ese punto Alsina rompe con la idea de Guevara vinculado al cristianismo, que imaginariamente se lo constituyó en algunos testimonios históricos.
Entonces, la figura del Che Guevara se desarrolla míticamente en el ámbito de los imaginarios sociales como caballero andante. Alsina, en su obra, asocia a Guevara a su pensamiento de hombre nuevo y desde allí lo vincula con el amor a toda la humanidad.
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