Análisis cinematográfico de "Diarios de motocicleta": Un viaje a través de la lente de Walter Salles

Diarios de motocicleta, dirigida por Walter Salles, es mucho más que una simple película biográfica; es un viaje introspectivo y revelador a través de América Latina, que nos permite acompañar a Ernesto "Che" Guevara y Alberto Granado en su travesía iniciática. Esta adaptación cinematográfica de los diarios de viaje de ambos jóvenes nos invita a reflexionar sobre la identidad latinoamericana, la injusticia social y el despertar de una conciencia revolucionaria.

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Un road movie con trasfondo social

La película se inscribe dentro del género road movie, pero trasciende sus convenciones al incorporar una profunda crítica social y política. A medida que Ernesto y Alberto avanzan en su motocicleta, van descubriendo la realidad de un continente marcado por la pobreza, la desigualdad y la opresión. Este encuentro con la miseria humana despierta en ellos una profunda indignación y los impulsa a cuestionar el orden establecido.

En este contexto, un film verdaderamente nacional y popular debía oponerse al “pesimismo de la burguesía y su visión humillante del pueblo” no sólo mostrando los usos y costumbres, sino presentando al pueblo brasilero. El cine popular no era apenas aquel que creaba representaciones a partir del universo popular; este cine adquiría un nuevo sentido en la medida en que también pretende dirigirse al pueblo, y expresar la conciencia de defasaje cultural entre las diversas clases sociales.

Así lo característico del cinema novo era el uso de elementos de la cultura popular como materia prima de un cine popular dirigido al pueblo. Para el cinema novo la realidad debía ser abordada desde un punto de vista nacional y popular.

Paralelismos con el Cinema Novo brasileño

Es interesante establecer un paralelismo entre Diarios de motocicleta y el Cinema Novo brasileño, un movimiento cinematográfico que surgió en los años 50 y que se caracterizó por su compromiso social y político. El Cinema Novo buscaba reflejar los problemas sociales y humanos que sufría Brasil, criticando la representación que se hacía del pueblo en las películas comerciales. De manera similar, Diarios de motocicleta muestra la difícil vida de los campesinos, trabajadores y mineros de América Latina, denunciando la explotación y la injusticia.

El cinema novo surge de la búsqueda de un lenguaje cinematográfico propio para el cine brasileño, capaz de reflejar los fuertes problemas sociales y humanos que el país sufría. En la búsqueda por afirmar un cine verdaderamente nacional y popular se criticaba la representación que se hacia del pueblo en las chanchadas y en los filmes de la histórica productora Vera Cruz.

Nelson Pereira dos Santos afirmaba que los filmes mostraban una visión desmoralizante y pesimista del pueblo, un pretendido cosmopolitismo, que mostraba el desprecio por la realidad en la que se vivía; se trataba de un cine simpático a la política imperialista. Por aquel entonces existía un distanciamiento entre pueblo y cultura al momento de pensar la construcción de un cine nacional. En el cinema novo la realidad surgía de la crítica, bajo la forma de alegorías.

La estética del hambre y la violencia revolucionaria

En la Estética del Hambre es un manifiesto firmado por Glauber Rocha en 1968. Al respecto, Vidas secas es un verdadero tratado sobre la situación social y moral del hombre en Brasil. Este miserabilismo del Cine Nuevo se opone a la tendencia del cine digestivo, preconizada por el crítico mayor de Guanabara, Carlos Lacerda: “Films de gente rica, en casas bonitas, con automóviles de lujo; films alegres, cómicos, rápidos, sin mensajes, de objetivos puramente industriales”.

Para el Cinema Novo, el comportamiento correcto de un hambriento es la violencia, pero no una violencia primitiva. La Estética de la Violencia, antes que primitiva es revolucionaria; es el momento en que el colonizador toma conciencia de la existencia de un colonizado. Sólo concienciándole de que la única posibilidad del hambriento es la violencia, el colonizador puede comprender, por el horror, la fuerza de la cultura que él explota. Mientras no levante las armas, el colonizado es un esclavo.

A pesar de todo, esta violencia no esta impregnada de odio sino de amor; un amor brutal como la violencia misma, porque no es un amor de complacencia o de contemplación, sino un amor de acción, de transformación. Por eso el Cinema Novo no hizo melodramas: sus mujeres siempre fueron seres en busca de una salida posible para el amor.

Un viaje personal y político

Diarios de motocicleta es, en definitiva, un relato de viaje que nos invita a reflexionar sobre nuestro propio papel en el mundo. A través de los ojos de Ernesto y Alberto, somos testigos de la realidad de un continente que clama por justicia y transformación. La película nos muestra cómo un viaje personal puede convertirse en un despertar político, y cómo la conciencia social puede ser el motor de un cambio revolucionario.

En cada sesión se darán a conocer algunos elementos, nociones y comentarios en torno a la película. El martes 7 de mayo se exhibirá Blade Runner, de Ridley Scott; Ardiente Paciencia, de Antonio Skármeta, lo hará el 14 de mayo; para el martes 28 de mayo está programada la exhibición de El encanto del erizo, de Mona Achache. Durante junio se proyectarán Diarios de motocicleta, de Walter Salles, el martes 4; y La ola, de Dennis Gansel, el martes 11. Todas las funciones se realizarán a las 10 horas y la entrada es liberada a todas ellas.

Mercedes Morán (Concarán, Argentina, 1955) ha desarrollado su carrera de actriz tanto en cine como en teatro y televisión. Para la gran pantalla ha intervenido en importantes títulos del cine latinoamericano reciente, como La ciénaga (Lucrecia Martel, 2001), Diarios de motocicleta (Walter Salles, 2003), La niña santa (Lucrecia Martel, 2003), Luna de avellaneda (Juan José Campanella, 2003), Betibú (Miguel Cohan, 2014), Neruda (Pablo Larraín, 2016), El amor menos pensado (Juan Vera), El Ángel (Luis Ortega), Familia sumergida (María Alché), Araña (Andrés Wood) y Sueño Florianópolis (Ana Katz), por la que recibió el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Karlovy Vary.

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