Siempre que oímos hablar de dopaje en el ciclismo, lo relacionamos con que el ciclista ha tomado esteroides y es una idea bien equivocada. El dopaje en el ciclismo es la gran mancha que emborrona este deporte. Hay quien piensa que a los ciclistas no les queda otra que acudir a suplementación deportiva no permitida para soportar las duras condiciones de las carreras, y por ello ven esta práctica como algo comprensible, pero no es así.
Las reglas están para cumplirlas y, si algún deportista es cazado en controles antidoping, la sanción puede ser realmente dura. Empecemos por el principio: ¿Qué es el dopaje? El concepto hace referencia al uso de sustancias prohibidas con el objetivo de conseguir un mejor rendimiento o acelerar el proceso de recuperación.
En la cima de una gran etapa de montaña, cuando el pelotón se rompe y los favoritos se aíslan, suelen resonar dos preguntas en el ambiente ciclista: “¿de qué están hechos estos atletas?”. Hace dos décadas, el ciclismo profesional atravesaba el ojo del huracán. El gran público, atraído por proezas casi sobrehumanas, apenas alcanzaba a vislumbrar el complejo escenario biológico y científico que permitía esas gestas.
Si bien el dopaje existe prácticamente desde el inicio de las grandes vueltas, los últimos veinte años reflejan una transformación radical tanto en los métodos como en la mentalidad del pelotón y las autoridades deportivas.

La historia del dopaje en el ciclismo
A pesar de que es en los 90 y en la primera década de los 2000 cuando más interés mediático gana el dopaje, su historia en el ciclismo se remonta a mucho más atrás; concretamente hasta hace más de un siglo, cuando se registró la primera muerte por este motivo. Muy conocido es el caso de Tom Simpson, que falleció en plena ascensión al Mont Ventoux durante el Tour de Francia de 1967. En un inicio, su muerte fue descrita como una insuficiencia cardíaca, pero horas más tarde se supo que el británico había ingerido una alta cantidad de anfetaminas.
Esta sustancia estimula el sistema nervioso central, y a nivel deportivo se utiliza para disminuir el cansancio y aumentar el nivel de explosividad. Su ingesta está prohibida en la lista de sustancias de la Agencia Mundial Antidopaje, como ocurre con los esteroides anabólicos para ciclistas o la conocida EPO.
Desde entonces, con la muerte de Simpson, la Unión Ciclista tomó cartas en el asunto, pues por primera vez el público asistía a la muerte en directo por el uso de doping. A partir del año siguiente ya comenzaron a ser obligatorios los análisis de orina en las pruebas ciclistas. Y también a partir de ese momento comenzó una lucha entre la ciencia médica que se dedica a mejorar el rendimiento de los deportistas y los organismos antidopaje, que a día de hoy sigue estando muy presente.
La era dorada del dopaje en el ciclismo internacional fueron la década de los 90 y principios de los 2000, con casos tan sonados como el Escándalo Festina en el Tour de 1998 o más adelante las sanciones que se le impusieron a Lance Armstrong, desposeyéndole de sus siete triunfos en el Tour de Francia.
En España tampoco nos hemos librado de estos procesos, pues las denominadas operaciones Puerto y Galgo -de las que hablaremos después- han salpicado a numerosos ciclistas, directores de equipo y personal médico y deportistas de otras disciplinas como el atletismo.
Sustancias y métodos de dopaje clásicos
La EPO, la hormona responsable de estimular la producción de glóbulos rojos, se convirtió en la reina indiscutible del dopaje en los noventa y principios de los dos mil. Su uso permitía aumentar la capacidad de transporte de oxígeno, mejorando la resistencia y la recuperación.
De todas las sustancias dopantes del ciclismo, la más conocida es la EPO. Se trata de una hormona producida por el riñón cuya función consiste en mantener una concentración constante de glóbulos rojos en sangre.
Los glóbulos rojos son los encargados de transportar el oxígeno en la sangre. Por tanto, si se recibe EPO de manera exógena, lo que se logra es una mayor oxigenación de los músculos, lo que induce a una aparición más tardía de la fatiga muscular. En ciclismo es habitual esta práctica dopante, pero también en otros deportes de resistencia como el atletismo.
La fórmula actual para detectar si un ciclista ha recibido inyecciones de EPO es mediante un análisis de sangre y otro de orina. Antes del descubrimiento de estos métodos, la UCI acudía a pruebas para medir los niveles de hematocrito en sangre. En caso de superar el 50%, los ciclistas eran excluidos de las pruebas, pero sin ser sancionados, pues no se podía probar la utilización de EPO sintética.
Las transfusiones sanguíneas se practicaban con dos variantes: autotransfusiones (la propia sangre del atleta, almacenada previamente y reinyectada en el momento deseado) y transfusiones homólogas (sangre de otra persona, compatible). Las autotransfusiones aumentan la capacidad de transporte de oxígeno de la sangre. En la mayoría de los casos no pasa nada… hasta que sucede.
Se podría pensar que las autotransfusiones de sangre cumplen los requisitos del dopaje perfecto: eficaces, seguras e indetectables. Pero solo en teoría. En la práctica, cada una de estas tres premisas tiene sus matices.
El procedimiento se inicia muchas veces con una excursión a la alta montaña, con el fin de entrenar en condiciones de hipoxia (falta de oxígeno). Ante esta situación excepcional de reducción de la cantidad y la presión del oxígeno disponible, el organismo reacciona enviando señales para aumentar la producción de la hormona eritropoyetina (EPO), que a su vez ordena a las células madre de la médula ósea producir más glóbulos rojos, que se encargan del transporte de oxígeno a los tejidos corporales.
Una vez finalizado el entrenamiento, se extrae esa sangre enriquecida. Al descender hasta altitudes más cercanas al nivel del mar, la sangre que circula por los vasos sanguíneos del deportista vuelve a su estado normal. Este dopaje sanguíneo aumenta el rendimiento deportivo al incrementar la cantidad de oxígeno que llega al músculo esquelético. Por lo tanto, se trata de una ayuda ergogénica, es decir, que aumenta la potencia muscular.

Los anabolizantes -amplia familia de compuestos derivados de la testosterona- se usaban en periodos de entrenamiento y recuperación, acelerando la ganancia muscular y la resistencia al daño del esfuerzo continuado.
La ciencia no puede permanecer inmóvil ante los villanos. A partir de la segunda mitad de la década del 2000, la presión mediática, los enormes escándalos públicos y la mejora de los métodos analíticos marcaron un antes y un después. Se introdujeron dos grandes revoluciones: los controles fuera de competición y el pasaporte biológico.
El llamado pasaporte biológico se considera una buena herramienta para desenmascarar el dopaje. Consiste en un registro electrónico individual de todos los controles de orina y sangre a los que se somete un deportista durante un periodo de tiempo. El objetivo es determinar los valores naturales de la sangre para, a partir de ahí, apreciar la aparición de cualquier tipo de anomalía.
Nuevas tendencias en el dopaje
Pero claro, el mal nunca duerme. Las sustancias clásicas fueron perdiendo protagonismo y aparecieron nuevos actores en el mundo del fraude: sustancias de microdosificación, drogas con perfiles farmacocinéticos difíciles de detectar.
La microdosificación consiste, básicamente, en administrar pequeñas cantidades de EPO o anabolizantes, justo por debajo del umbral de detección, manteniendo los niveles de rendimiento sin exponerse a un positivo flagrante.
De forma paralela, comenzaron a circular nuevas familias de sustancias, en muchos casos aún en investigación médica: los llamados SARMs (moduladores selectivos del receptor de andrógenos) y los péptidos sintéticos. Los SARMs prometían efectos similares a los anabolizantes clásicos, pero con menores efectos secundarios y, sobre todo, una vida media variable, lo cual dificultaba su rastreo.
Otra tendencia reciente ha sido el uso, y en ocasiones abuso, de medicamentos inicialmente destinados a patologías crónicas.
Una variable reciente incorporada en esta ecuación es el uso de biohacking y tecnologías de modificación genética. Aunque aún no se han probado casos confirmados a gran escala de “gene doping” en ciclistas, la posibilidad inquieta tanto a agencias antidopaje como a los propios atletas.
Técnicas como la transferencia de genes para la síntesis aumentada de EPO o la manipulación de factores de crecimiento muscular son ya tema de debate ético y científico, y la vigilancia sobre laboratorios clandestinos es más intensa que nunca.

Otras fórmulas de dopaje para ciclistas
La EPO es la sustancia dopante más conocida, pero existen otras muchas que también están perseguidas por la UCI y la Agencia Mundial Antidopaje. En el doping en el ciclismo aparecen los nombres del estanozolol, la testosterona, la norandrosterona, la nandrolona, el famoso clembuterol, la insulina, algunos fármacos para tratar el asma y productos narcóticos y estimulantes.
También se puede dar positivo en una prueba antidopaje si se toman cantidades superiores a las permitidas de alcohol, anestésicos locales, corticoides y betabloqueantes.
Más allá de sustancias, se puede hablar de dopaje para ciclistas a través de métodos, como por ejemplo la transfusión de plasma o sangre, o la diálisis. En la Operación Puerto, mencionada anteriormente, a los ciclistas (y otros deportistas) se les extraía sangre a través de transfusiones para guardarla a baja temperatura y posteriormente inyectársela de nuevo. Esto servía para mejorar el rendimiento deportivo.
El ciclista italiano fue una joven promesa que llegó a estar prácticamente a la altura de las grandes figuras del Giro, el Tour y la Vuelta. Su gran error fue ser un tramposo y, además, hacerlo mal. Fue multado varias veces por utilizar EPO y otras sustancias, hasta que en 2011 recibió la sanción definitiva tras jugarse la vida y acabar hospitalizado después de transfundirse su propia sangre en mal estado.
El dopaje mecánico
La UCI se sintió avergonzada en su propio Campeonato Mundial de ciclocross cuando descubrió un motor escondido en la bicicleta de la ciclista belga Femke Van den Driessche antes de la carrera femenina. Sucedió el pasado marzo de 2016 en la Siena Bianche y la Coppi y Bartali de Riccione.
Varjas afirma que “la UCI sabe más de lo que está diciendo, ellos te manipulan. “No me pagaron por lo que hice, me pagaron por no hacerlo para otros”, dijo Varjas según Le Monde.
Le Monde se puso en contacto con Lance Armstrong como parte de la historia del ciclismo. Armstrong negó haber usado doping mecánico durante su carrera.
“Si realmente desean saber quiénes utilizan dopaje mecánico en el ciclismo, lo pueden hacer fácilmente. “Basta con pesar la rueda trasera. Si una rueda pesa dos kilogramos, debe desmontarse. Simplemente haciendo eso, obtienes 50 segundos de respiro antes de volver al umbral.
“Este verano tuvimos una experiencia muy extraña en el Tour de Francia”, dijo. “La policía intentó hacer esto, pero desde la UCI no se les permitió hacerlo. Le Monde citó a una fuente policial que habló sobre el Tour. “En este Tour, fue muy bien”, dijo la fuente.
Les pregunté si realmente querían “pescar” a ciclistas profesionales utilizando motores en sus bicicletas, a lo que ellos respondieron ¡por supuesto!, estamos listos para luchar contra el dopaje mecánico en el ciclismo.
“Así que les dije lo que tenían que hacer, y dijeron que lo harían. “Si la organización no está permitiendo revisar las bicicletas … puedes decir todo lo malo que quieras de mí, pero no tengo nada que ver con estos tramposos.

Las ganancias marginales y el ciclismo moderno
Pequeños Cambios, Grandes Victorias: Desbloqueando el Poder de la Agregación de Ganancias Marginal
El ciclismo ha cambiado. Si hace dos décadas la mejora del rendimiento se buscaba en laboratorios clandestinos, hoy algunas de las claves del éxito pasan por la aerodinámica, la nutrición y la biomecánica. Estos avances forman parte de lo que se conoce como “ganancias marginales”, un concepto clave en el rendimiento deportivo que busca mejorar cada aspecto, por pequeño que sea, para obtener una ventaja significativa en la competición.
Nans Peters, ciclista del Decathlon AG2R La Mondiale, lo explica con una comparación impactante: “Si moviera los mismos vatios que Lance Armstrong con su bicicleta del año 2000, subiría el Alpe d’Huez cinco minutos más rápido con la mía”. La afirmación, recogida en un reportaje de la cadena belga RTFB, pone sobre la mesa la magnitud de la transformación. Afirma que las mejoras en el material y la preparación actual no solo igualan, sino que superan con creces las ganancias que el dopaje ofrecía en la época de Armstrong.
Los años 90 y 2000 quedaron marcados por escándalos de dopaje sanguíneo y el uso de EPO. Hoy, aunque aún se detectan casos aislados, el ciclismo ha dado un giro de 180 grados. “Espero que nadie en el pelotón se dope, pero no podemos ser ingenuos. La bicicleta de un profesional es una obra de ingeniería. Cuadros ultraligeros, ruedas con mínima resistencia, transmisiones más eficientes y estudios de biomecánica que permiten una postura perfecta. No se trata solo de mover más vatios, sino de aprovechar cada uno de ellos al máximo.
En este punto las ganancias marginales marcan la diferencia: una optimización constante y meticulosa de cada elemento, desde la presión de los neumáticos hasta la elección de los rodamientos más eficientes.
Sustancias y métodos legales que mejoran el rendimiento
Las cetonas han irrumpido con fuerza en el mundo del ciclismo como uno de los avances más llamativos en las ganancias marginales. Este compuesto, que el cuerpo humano produce de manera natural al quemar grasas, ahora se sintetiza y se consume en forma de suplemento líquido. No es de extrañar que equipos como Visma-Lease a Bike ya hayan establecido colaboraciones comerciales con fabricantes de cetonas y que ciclistas de élite las consuman abiertamente. A pesar de su impacto, las cetonas siguen siendo un tema de debate. La UCI ha iniciado una investigación y, aunque el producto no está prohibido, algunos organismos desaconsejan su uso.
El bicarbonato de sodio, un compuesto común en la cocina, ha sido utilizado durante años por ciclistas para reducir la fatiga. Este compuesto actúa como un tapón del ácido láctico, retrasando la fatiga muscular y permitiendo sostener esfuerzos intensos durante más tiempo. Su capacidad para retrasar la acidosis muscular lo hace ideal para esfuerzos anaeróbicos, donde el cuerpo genera grandes cantidades de ácido láctico en poco tiempo.
El uso del monóxido de carbono ha generado controversia por sus posibles beneficios y riesgos. La inhalación en dosis bajas mejora el rendimiento al estimular la producción de glóbulos rojos, pero en niveles elevados es letal, al margen de posibles efectos secundarios. Aunque la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) aún lo estudia, la UCI ya lo ha prohibido. Corredores como Pogacar y Vingegaard han defendido la práctica, mientras que otros, como Bardet, la critican.
El testimonio de Peters en RTFB, deja una conclusión: el ciclismo ha evolucionado, donde el camino hacia la gloria parece pasar por otros métodos.
El dopaje en el ciclismo amateur
[Lunes 07-08-2017 19:41:49] Paco Martínez VegaEl dopaje, doping o consumo de sustancias para aumentar de forma artificial el rendimiento deportivo no es sólo cosa de profesionales. En carreras populares y otras pruebas de índole amateur el dopaje está, aunque sea triste reconocerlo, a la orden del día, siendo frecuente el empleo de todo tipo de medicamentos por parte de muchos aspirantes a 'Pro'.
Allá por el año 2012, investigadores de la Universidad de Granada (UGR) realizaron una encuesta a 2003 participantes de la Quebrantahuesos de ese año. El estudio, publicado en la revista The Sport Psychologist, pone de manifiesto una triste realidad: un 8.2% de los ciclistas encuestados admitió haber consumido alguna vez o consumir de manera habitual sustancias dopantes para mejorar su rendimiento físico.

Foros de Internet con temas abiertos sobre mil y una temáticas relacionadas con el dopaje, las sustancias a consumir y las formas de hacerlo; encuestas anónimas como la realizada por la Universidad de Granada, donde más de un centenar de ciclistas declara abiertamente haberse dopado, sin contar aquellos que prefieren continuar en la oculta sombra de la mentira; o búsquedas en la Red relacionadas con el tema, como por ejemplo 'dónde conseguir EPO', 'ejemplo de ciclo para ciclista' o 'cómo evitar positivo en control doping', extraídas directamente de las analíticas web de TodoMountainBike.
¿Qué lleva a un deportista amateur al doping? El consumo de fármacos asociados a la práctica deportiva persigue, aparte de obtener buenos resultados en un período corto de tiempo, poder integrarse más rápidamente en categorías superiores y más profesionalizadas. Otra cuestión a tener en cuenta es la percepción del dopaje como algo permisivo e inherente en el mundo del ciclismo (el denominado efecto del falso consenso), sobre todo en deportistas que ya han tenido una experiencia previa en el mundo de la competición.
Si bien en la competición de élite las sustancias empleadas para el doping pueden ser muy difíciles de conseguir para un deportista amateur (véase EPO, anabolizantes, y más), el deporte popular no está exento del empleo de todo tipo de sustancias destinadas a mejorar (o aliviar) aspectos concretos del rendimiento físico del atleta. Vale la pena mencionar que el consumo de alguna sustancia dopante acarrea, por regla general, el consumo de otra para contrarrestar los efectos adversos de la primera.
Tomar somníferos para dormir el tiempo necesario para la recuperación, evitando así padecer cualquier tipo de dolor físico que pueda alterar el sueño, conlleva el uso de alguna sustancia estimulante para afrontar una nueva jornada con las pilas 100% cargadas, aunque sea de forma artificial. Mención especial merecen los broncodilatadores (los medicamentos empleados por los enfermos de asma o personas alérgicas) y los psicotrópicos.
A día de hoy, no hay carrera en la que un buen número de ciclistas realicen la obligada inhalación de Ventolin o similares antes de la salida (y durante el transcurso de la prueba) para afrontar la carrera con los pulmones bien abiertos, maximizando así la entrada de aire y, por ende, mejorando levemente su rendimiento. En lo que respecta a las sustancias psicotrópicas, la estrella del deporte amateur es el Cannabis, más conocido como marihuana, hachís, chocolate o costo, y especialmente popular entre la población deportiva más joven.
El deporte y el dopaje han ido de la mano desde tiempos inmemoriales, siendo el ciclismo y el atletismo las disciplinas puestas bajo la lupa de los más críticos al respecto. La competición deportiva a nivel profesional es adentrarse en un entorno hipercompetitivo donde la más mínima mejora de rendimiento puede suponer una superioridad sobre el rival. Bajo esta premisa, los deportistas aspirantes buscan en las sustancias dopantes ese 'punto' extra de rendimiento que, ya sea por limitación física o falta de talento y tiempo, les ayude a dar un paso más hacia la difícil tarea de convertirse en atleta de élite.
Estadísticas y perspectivas futuras
El balance antidopaje de 2025 deja una fotografía ambivalente para el ciclismo profesional. El Mouvement Pour un Cyclisme Crédible (MPCC) ha registrado 20 casos de dopaje entre ciclistas profesionales a lo largo del año, una cifra que confirma la tendencia descendente iniciada en 2022, cuando se hicieron públicos 29 casos. Según las denominadas “Credibility Figures”, que ofrecen una visión global de la lucha antidopaje en el deporte internacional, el ciclismo ocupó en 2025 el décimo lugar en número de casos de dopaje y fraude deportivo. Para el MPCC, estos datos sitúan al ciclismo en una posición mucho más sólida que en el pasado, cuando era considerado uno de los grandes focos del problema.
Por primera vez en dos años, un corredor del UCI WorldTour fue suspendido tras detectarse anomalías en su pasaporte biológico, uno de los pilares del sistema antidopaje moderno. Hace algo más de una década, el Tramadol era considerado una “zona gris” en el pelotón por su uso como analgésico para mitigar el dolor en carrera. En la misma línea, el organismo se ha mostrado crítico con el uso extendido de determinadas sustancias como las cetonas o con prácticas médicas que incrementan la medicalización del ciclismo profesional.
De los 20 casos registrados en el ciclismo profesional en 2025, nueve correspondieron a equipos de categoría Continental, el tercer escalón del ciclismo mundial. El problema es aún más evidente en el ámbito amateur. En este sentido, el mensaje del MPCC se enfoca en que garantizar un ciclismo limpio en la élite pasa necesariamente por proteger su base.
Las cifras de 2025 son, sobre el papel, alentadoras. El ciclismo ya no encabeza las estadísticas de dopaje y mantiene una tendencia descendente en los últimos años.
| Año | Casos de dopaje registrados por MPCC |
|---|---|
| 2022 | 29 |
| 2025 | 20 |
¿Es necesario el dopaje?
No. Lo que sí es necesario es recrudecer las sanciones por dopaje, inhabilitando de por vida tanto al deportista implicado como al equipo (en caso de que lo haya) del que forma parte. Sólo de este modo se conseguirá frenar un hábito arraigado ya en la historia del deporte. A nivel amateur, es necesario realizar campañas de concienciación y prevención del consumo de sustancias dopantes, ejemplarizadas con el ejemplo anterior: si te dopas, no serás deportista de élite.