Historia y Leyendas del Ciclismo Uruguayo

El ciclismo, un deporte que exige resistencia, estrategia y pasión, tiene una rica historia en Uruguay. Desde las clásicas hasta las grandes vueltas, los ciclistas uruguayos han dejado su huella tanto a nivel nacional como internacional. Este artículo explora la historia del ciclismo en Uruguay, destacando a algunos de sus ciclistas más famosos y sus logros más significativos.

Edificio de la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF) en Montevideo

Los Pioneros del Ciclismo Español: La Saga de los Rodríguez

En España, la historia del ciclismo está marcada por sagas familiares que dominaron el pelotón durante décadas. Un ejemplo notable es la familia Rodríguez de Ponteareas. Delio Rodríguez era el mayor de seis hermanos, de los cuales cuatro llegaron a ser profesionales y tres destacaron de manera especial: Delio, Emilio y Manuel Rodríguez. Incluso Aurita, la única mujer, también se dedicaba al ciclismo.

Desde Ponteareas, esta familia gallega dominó el ciclismo español en las décadas de 1940 y 1950. Delio finalizó 24.º en la Vuelta de 1936 y su evolución fue constante. En 1942, fue un gregario de lujo para la victoria de Berrendero. En 1945, en la V edición de la ronda española, se proclamó campeón. Cinco años más tarde, en mayo de 1950, Emilio Rodríguez se proclamó campeón de la Vuelta. Junto a Emilio, en el segundo cajón del podio, estaba su hermano Manuel Rodríguez.

Delio Rodríguez, un gran esprinter, ganó 12 etapas de la Vuelta de 1941. En total, acumuló 39 victorias de etapa en la ronda española, un récord todavía vigente. A día de hoy, Delio conserva el récord de victorias de etapa en una misma edición con doce triunfos.

Las tensiones entre marcas, equipos y ciclistas no son algo nuevo. Delio y Emilio gozaban de un cartel de privilegio dentro del mundillo y eso les costó no pocas discusiones. La federación obligó a Emilio y a sus compañeros a participar en la Vuelta de 1947 después de que su equipo se hubiese negado a ser de la partida por un conflicto con las marcas de los tubulares que debían utilizar. Con todo, acabó la carrera en cuarta posición por detrás de Delio.

Emilio Rodríguez Barros atravesó la meta del antiguo estadio Metropolitano de Madrid en la última etapa de la ronda española en septiembre de 1950, coronándose campeón a los 26 años por delante de Manuel Rodríguez, también hermano suyo y tres años más joven.

Raúl Rey (Ourense, 1936), otro ciclista con pedigrí que llegó a correr el Tour y acarició una victoria de etapa en la Vuelta de 1964, explica: «Yo corrí con ellos. Con Emilio y con Manolo. Eran buenísimos, principalmente el Emilio». Emilio y Manolo se fueron a una Volta a Portugal y en aquellos años había muy malas relaciones políticamente entre España y Portugal. Les avisaron que abandonaran, pero no lo hicieron porque ellos estaban ganando mucho dinero en Portugal. Entonces los sancionaron por dos años. Estuvieron dos años sin poder correr. Solo se entrenaban y fue cuando los conocí.

Cuando recuperaron la ficha federativa tras cumplir la sanción, Emilio, Manolo y Raúl Rey compartieron equipo. Raúl Rey añade: «La gente se acuerda de Delio, pero para mí Emilio era mejor ciclista. Delio fue un esprinter, ganó una Vuelta y en otra ganó no sé cuántas etapas. Ganaba muchas carreras y entonces era muy famoso».

Ponteareas, el Uruguay gallego, tiene tres vencedores de la Vuelta en un pueblo que hace no tanto tenía 5.000 habitantes. Esto es algo que no ha pasado ni en Madrid, ni en Barcelona, ni en Valencia. En ningún sitio del mundo, es algo increíble.

Tabaré Alonso: Un Sueño Sobre Ruedas

Tabaré Alonso, un joven informático uruguayo, decidió dejar su trabajo de oficina para perseguir su sueño: viajar por América en bicicleta desde Uruguay hasta Alaska. Sin experiencia en viajes, mapas o ciclismo, ahorró durante un año, tomó su bicicleta y se lanzó a la aventura. Hoy, después de casi tres años, Alonso ha recorrido Argentina, Bolivia, Perú, Brasil, Venezuela, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y México. Alonso, ha ganado una gran comunidad de seguidores en las redes, ya que muy a menudo comparte fotografías y algunos clips de sus experiencias durante esta aventura de vida.

Bicicleta de paseo

Tabaré Alonso, un soñador a pedal llega a Panamá

El Estadio Centenario: Un Símbolo del Deporte Uruguayo

El Estadio Centenario, un sueño compartido por paisajistas y futboleros durante años, fue imaginado por el arquitecto Juan Scasso y sus ayudantes en pocas horas. Para llevarlo de los planos a la realidad del cemento se necesitaron apenas 362 días. El Estadio Centenario cumplirá 80 años como símbolo del fútbol uruguayo y postal de Montevideo. Este cumpleaños lo encontrará vacío, aunque con el eco de las celebraciones por el cuarto puesto de Uruguay en Sudáfrica.

En 1889, la Junta Económico Administrativa de Montevideo confió al arquitecto paisajista francés Edouard André un plan de embellecimiento de la ciudad. Dos años más tarde, André presentó su idea, que incluía un «gran parque central» con instalaciones deportivas en la zona del actual Parque Batlle. Su compatriota y discípulo Carlos Thays fue contratado en 1911 para ejecutar el proyecto. Thays, radicado en Argentina y creador de varias de las principales plazas de Buenos Aires, puso en el plano un estadio, además de zonas de césped, caminería sinuosa y numerosos árboles.

La oportunidad fue, como todos saben, el Mundial de 1930. Uruguay obtuvo la sede en mayo de 1929 y en su plataforma figuraba la construcción de ese escenario monumental. Para ubicar el estadio se destinó su extremo oriental, donde había una modesta colina, que caía hacia un pequeño pantano, naciente del arroyo Pocitos.

El diseño del estadio fue encomendado a Juan Scasso, que había integrado la primera promoción de arquitectos de la Universidad de la República y en ese momento era director municipal de Paseos Públicos. Con la ayuda de dos estudiantes, José Domato y Pedro Danners, inició una lucha contra el reloj pues disponía de un año para terminar lo que pasó a conocerse como «field oficial». El 17 de agosto de 1929, Scasso presentó a la prensa su proyecto, prácticamente el estadio que hoy conocemos. Optó por un recinto elíptico de cuatro tribunas independientes, con influencias de la arquitectura moderna holandesa. El diseño aprovechó con inteligencia los desniveles del terreno, lo cual permitió ahorrar dinero y tiempo.

Scasso estimó la capacidad del Centenario en 89 mil espectadores. Hoy, incluso más grande, sólo admite algo más de 65 mil, pero los criterios de seguridad y comodidad han cambiado mucho. El día de la inauguración, aquel angustioso 1-0 sobre Perú, es probable que hayan sido muchos más todavía: nadie quería perderse el espectáculo grandioso del Centenario y los porteros abandonaron sus puestos para ir a ver el partido. Había nacido la muy uruguaya costumbre de «ir al Estadio», dicha así, sin apellido.

El arquitecto Juan Scasso, considerado el padre del Estadio Centenario aunque sus colaboradores Domato y Danners tuvieron importante participación, fue uno de los profesionales más famosos de la época. Ya había diseñado el estadio de Peñarol en Pocitos -luego sería presidente del club aurinegro- y asesoró a los responsables del estadio Monumental de Buenos Aires.

Bicicletas Icónicas en la Historia del Ciclismo

Así como los amantes de los coches tienen el Ford T o el Volkswagen Beetle, y los de las motocicletas idolatran a la Vespa o a la Harley-Davidson, el ciclismo también tiene sus iconos. Estos modelos marcaron un antes y un después en la historia de este deporte, identificados con grandes gestas ciclistas. Aquí hay algunos ejemplos:

  1. Bianchi de Fausto Coppi: Fausto Coppi gobernó con mano de hierro el ciclismo en la década de los años 50. Su matrimonio con la marca Bianchi duró toda su carrera. Si hay una Bianchi significativa en la carrera del piamontés, fue aquella con la que se coronó en 1953 campeón del mundo de Ciclismo en Ruta.
  2. Colnago de Eddy Merckx: Eddy Merckx utilizó un modelo de Colnago con ruedas de 28 radios, potencia de titanio y tubería de acero que en la báscula daba 5,5 kilos. En su día, esta bicicleta era un prodigio de la técnica por su aerodinámica y por su peso. Fue una de las primeras ocasiones en las que se serigrafió el nombre de un ciclista en la propia bicicleta.
  3. Bottecchia de Greg LeMond: Lo que hacía particular la bicicleta del estadounidense, una Bottecchia con ruedas Mavic (la trasera, lenticular) eran unas por entonces novedosas extensiones colocadas en el manillar. Los hoy populares acoples ayudaron a LeMond a remontar los 50 segundos que necesitaba e incluso a sacar 8 más al galo.
  4. Pinarello Espada de Miguel Induráin: Hablar de la Pinarello Espada es mencionar la bicicleta con la que Induráin instauró un nuevo Récord de la Hora el 2 de septiembre de 1994. La fibra de carbono de su cuadro de una sola pieza se hizo tan célebre como sus dos ruedas lenticulares, la delantera menor que la trasera. Concebida por ingenieros de Fórmula 1, apenas superaba los 7 kilogramos en 200 gramos y estaba adaptada a las medidas antropométricas del ciclista navarro.

El ciclismo en Uruguay, como en el resto del mundo, es un deporte lleno de historias, leyendas y momentos inolvidables. Desde los pioneros que abrieron camino hasta los jóvenes que sueñan con alcanzar la gloria, el ciclismo sigue siendo una fuente de inspiración y pasión para muchos.

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