El ciclismo, como cualquier actividad física, tiene sus pros y sus contras. Son bien conocidos los beneficios de la actividad física para la salud. Por mencionar algunos, reduce el riesgo cardiovascular y el de padecer algunos tipos de cáncer (puntualmente de mama y de colon), reduce los niveles de estrés y mejora la calidad del sueño y el descanso. Si bien la evidencia científica no abunda al respecto, sí están bien establecidos algunos beneficios y algunos riesgos.
Si bien a veces se usan los términos deporte, ejercicio y actividad física como sinónimos, en verdad no lo son:
- Actividad física: Según la OMS, “se considera actividad física cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que exija gasto de energía”.
- Ejercicio: Según la OMS, “(...) es una variedad de actividad física planificada, estructurada, repetitiva y realizada con un objetivo relacionado con la mejora o el mantenimiento de uno o más componentes de la aptitud física”.
- Deporte: Según la RAE, es una “actividad física, ejercida como juego o competición, cuya práctica supone entrenamiento y sujeción a normas”.
Vale aclarar que estos criterios no son objetivos, sino que la intensidad de una actividad variará de persona a persona, según el entrenamiento que tenga cada uno. Para medir la intensidad de la actividad física teniendo en cuenta los factores individuales, existe una unidad llamada MET o equivalente metabólico. Un MET equivale a lo que cada uno gasta de energía estando en reposo, sentado.
La actividad física leve es la que consume menos de 3 METs de energía. La actividad física moderada se define como aquella que nos hace gastar de 3 a 6 METs (es decir, de 3 a 6 veces más energía que la que gastamos cuando estamos en reposo). Podemos darnos cuenta de que estamos en actividad moderada cuando nos aumenta la frecuencia cardíaca. Vale recordar que una actividad que para una persona es moderada no tiene por qué serlo para otra.
La actividad física vigorosa (de intensidad elevada) se define como la que nos hace gastar más de 6 METs, e implica un aumento notorio en la frecuencia cardíaca y respiratoria. Como varios hábitos saludables, la actividad física se encuentra en auge.
La recomendación actual para obtener los beneficios de la actividad física sobre la salud es la de realizar 150 minutos semanales de ejercicio de intensidad moderada, 75 minutos por semana de ejercicio vigoroso o una combinación de ambos que sea equivalente. Estos tiempos semanales pueden dividirse en sesiones cortas de ejercicio. Es decir, ¡todo esfuerzo es válido y beneficioso! Incluso si vamos sumando de a ratos de 10 minutos de duración.
La piel es fundamental para mantener la termorregulación. Durante el ejercicio, la actividad muscular genera un aumento de calor en el cuerpo, que debe ser disipado para mantener la temperatura basal de aprox. 36-37ºC. Así, cuando hacemos deporte, aumenta la irrigación sanguínea hacia la piel (por vasodilatación, ¡lo que nos deja colorados!) para disipar energía calórica hacia el ambiente.
La información científica acerca de los efectos del ejercicio y el deporte sobre la piel no abunda. A continuación, se detallan algunos beneficios y riesgos asociados a la práctica de ciclismo y su impacto en la piel.
Beneficios de la Actividad Física para la Piel
El ejercicio físico tiene varios efectos positivos en la piel, entre ellos:
- Sudor: El ejercicio físico mejora la hidratación de la piel porque aumenta el sudor, lo cual aumenta la presencia local de componentes del NMF (factor de hidratación natural), como el Ácido Láctico.
- Anti-glicación: Uno de los efectos beneficiosos de la actividad física mejor descritos es que ayuda a reducir la glicación, lo que lo vuelve súper antiage y un hábito más que saludable. La glicación es una de las principales causas no solo de envejecimiento de la piel sino también de daño a nivel general en el cuerpo.
Es una reacción no enzimática, espontánea e inevitable que se da entre el azúcar en sangre y las proteínas del cuerpo (colágeno y elastina, en el caso de la piel). Esta reacción da como resultado productos finales de la glicación (llamados AGEs) y tiene dos problemas. El primero es que las proteínas que participan de la reacción pierden su función (lo que en la piel se traduce en pérdida de firmeza y elasticidad). El segundo problema es que los AGEs causan daño oxidativo, profundizando el daño y acelerando aún más el envejecimiento.
El ejercicio físico reduce los niveles de azúcar en sangre y, por lo tanto, reduce también la formación de AGEs. Así, ¡es un recurso antiage y saludable muy recomendable! No solo previene daño a nivel de la piel, sino también a nivel arterial, de los tendones, etc. Además, podés incorporar a tu rutina cosméticos anti-glicación y alimentos anti-glicación (como la canela, la pimienta y el orégano).
El ejercicio físico ayuda a reducir los niveles de estrés, y el estrés afecta negativamente a la piel: la vuelve más sensible al daño, enlentece los mecanismos de reparación, causa envejecimiento prematuro y potencia la aparición de condiciones inflamatorias como psoriasis, dermatitis y acné. Así, el ejercicio podría beneficiar a la piel de forma indirecta, reduciendo los niveles de estrés. También podés probar practicar meditación, que tiene beneficios mega comprobados sobre el stress y sobre la piel, o podés incluir cosméticos con activos anti-stress a tu rutina.
El ejercicio físico regular ayudaría a mejorar el acné. Se plantea que esto podría ser por su efecto antiinflamatorio, y porque reduce los niveles de azúcar en sangre y los niveles de stress (y tanto azúcar como stress empeoran acné).
El ejercicio ayuda a mejorar la calidad del sueño y el descanso, y la falta de sueño afecta mucho a la piel: acelera el envejecimiento, activa enzimas que degradan colágeno y causa daño oxidativo e inflamación. Así, el ejercicio protege a la piel de forma indirecta de estos daños.
No está demostrado que el ejercicio físico mejore la apariencia de la celulitis. Y esto es, en mayor medida, porque la celulitis no se puede mejorar sino que solo se puede disimular. No constituye un problema en sí mismo, sino que es el aspecto normal de la piel en ciertas áreas del cuerpo de las mujeres (que tienen los tabiques fibrosos de la hipodermis perpendiculares a la piel, mientras que los hombres los tienen dispuestos de forma oblicua).

Riesgos de la Actividad Física para la Piel
A pesar de los beneficios, existen algunos riesgos que se deben tener en cuenta:
- Exposición al Sol: Los beneficios del ejercicio sobre la piel serán opacados por el daño solar si no tomamos las precauciones adecuadas al estar al aire libre. Los rayos UV son una de las principales causas de fotoenvejecimiento, manchas y cáncer de piel, por lo que cuidarse mucho del sol es central en toda rutina. Estos cuidados incluyen no exponernos a las horas malas (de 11 a 17hs), usar ropa para cubrir la piel (idealmente con protección UV), gorro de ala ancha y protector que aclare ser para deporte. De esa manera, tendrá más resistencia al sudor.
- Exacerbación de Rosácea: La actividad física es un desencadenante típico de la rosácea. De hecho, son varias las personas que limitan los tipos de ejercicios que realizan a causa de esta condición de la piel. Según una encuesta de la National Rosacea Society, lo que más les funciona a quienes tienen rosácea para controlar los empujes causados por el ejercicio es: entrenar con aire acondicionado o ventilador, y limitar la intensidad o duración de los ejercicios.
Si sos deportista, te recomendamos consultar con tu dermatólogo para que pueda indicarte los cuidados más apropiados según el tipo de actividad física que realizás, para prevenir y tratar estos riesgos.
Gorra de Ciclismo - Para Qué Sirve ¿? 🚴♂️🚴♀️
En conclusión, la actividad física, incluido el ciclismo, ofrece numerosos beneficios para la salud y la piel. Sin embargo, es crucial tomar precauciones para mitigar los riesgos asociados, como la exposición al sol y la exacerbación de condiciones preexistentes como la rosácea.
