La muerte de un ciclista siempre es un golpe devastador para el mundo del deporte. La trágica desaparición de Fabio Casartelli durante el Tour de Francia de 1995 marcó un antes y un después en la seguridad de los ciclistas profesionales.

Fabio Casartelli celebra la medalla de oro en Barcelona '92
El Ascenso y la Tragedia de un Campeón Olímpico
El 2 de agosto de 1992, en los Juegos Olímpicos de Barcelona, Fabio Casartelli experimentó la mayor alegría de su vida: conquistó la medalla de oro en la prueba ciclista de fondo en carretera. Al comienzo de la última vuelta, el italiano, nacido cerca de Como, de 21 años, inició la escapada definitiva. Sólo el holandés Hendrik Dekker (21 años también) y el letón Dainis Ozols, de 25, se le pudieron unir. A falta de 250 metros para el final, Casartelli, un buen llegador, aceleró y se impuso por un segundo a Dekker y por tres a Ozols.
Amén de sentido de la oportunidad y fuerza, tuvieron suerte los medallistas. Si los alcanza Zabel al frente de la jauría, quién sabe lo que hubiera ocurrido. El pelotón, encabezado por el alemán Erik Zabel, entró a 35 segundos del vencedor. El alemán, uno de los mejores velocistas de todos los tiempos, pasó a profesional inmediatamente después de los Juegos y acabaría en 2008 su trayectoria, salpicada con algún episodio turbio, con más de 200 victorias. A Dekker, que dio el salto a la vez que Zabel, tampoco le fue mal. Acumuló medio centenar de triunfos. Ozols fue una modesta ave pasajera. Aunque ya no eran tan joven, demoró su paso al profesionalismo hasta 1995 y penó cinco años más por equipos insignificantes.
Tampoco Casartelli, a pesar de su prometedor lucimiento, destacó en el campo profesional, al que se unió en 1993. Se le cerraron las puertas de los éxitos y la vida lo conduciría por unos caminos insospechadamente pálidos y, finalmente trágicos cuando la muerte tomó un atajo para encontrarse con él en los Pirineos. Pero retrocedamos hasta Barcelona. Nadie reparó en la carrera en un estadounidense clasificado en decimocuarto lugar. Un tal Lance Armstrong, un tejano de 20 años que había empezado a descollar en su país como triatleta hasta que se decantó por la bici. Y, vericuetos del destino, lideraba el equipo Motorola en el Tour de 1995.
A pesar de su prometedor lucimiento tras proclamarse campeón olímpico en ciclismo en ruta, no volvió a destacar en el campo profesional tras estos Juegos y falleció en el Tour de 1995.
El sábado se cumplen 20 años de la trágica muerte de Casartelli, pero el Tour de Francia pasará hoy por el Col de Aspet, el puerto de la 15ª etapa donde el joven ciclista italiano perdió la vida. Natural de Como, solo tenía 25 años, casado y con un hijo de corta edad. Era la gran sensación del ciclismo en su país y corría en el Motorola junto a Lance Armstrong. En aficionados destacó sobremanera, pero su mayor logro fue la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Sin embargo, la fatalidad se cruzó en su camino.
El italiano Fabio Casartelli falleció un 18 de julio de 1995, durante la etapa reina del Tour de Francia. Tenía tan solo 25 años. El ciclista del Motorola descendía el primero de los puertos de la mítica etapa del Tourmalet, el Portet D’Aspet, cuando en el kilómetro 34 se vio involucrado en una caída múltiple. Varios corredores cayeron por un barranco, pero Casartelli corrió peor suerte. Salió disparado y choco con la cabeza contra una de las piedras que marcaban la carretera.
Un grupo de ciclistas baja el Col de Aspet durante el Tour de 1995 a 70 kilómetros por hora. En una curva cerrada hacia la izquierda, Fabio Casartelli pierde el control de su bicicleta y choca contra el asfalto. Una caída mortal. Sin casco. Su cabeza impacta contra el suelo y automáticamente la sangre no para de manar. "Entró en coma profundo, tenía el lado izquierdo de la cabeza destrozado", dijo entonces Nicolet, uno de los médicos del Tour, que asimismo precisó que el golpe mortal no fue contra el pretil como se pensaba en un principio.
Con la cara destrozada, con fracturas de cráneo y otros daños, era evacuado en helicóptero al Hospital de Tarbes, cerca de Lourdes. Durante el vuelo sufrió tres paradas cardíacas. Ya en el hospital, los médicos trataron de reanimarlo durante dos horas. Fue inútil. Falleció. Estaba casado y tenía un hijo de cuatro meses. Armstrong le dedicó, días después, una victoria de etapa. Un monumento de piedra en el lugar del accidente recuerda al desventurado corredor.
Los corredores se enteraron del fallecimiento del ciclista tres horas después del accidente, mientras ascendían el puerto de Aspin. El director de la carrera, Jean Marie Leblanc, anunciaba a través de Radio Tour la trágica noticia: "Tengo que dar una noticia grave, terrible. El italiano Fabio Casartelli, dorsal 114, víctima de una caída en el descenso del Col de Aspet, ha muerto". Los coches de los equipos, como si de un acuerdo se tratara, no se lo dijeron a sus corredores, aunque alguno sí se enteró. Steve Bauer, compañero de equipo de Casartelli, cruzó la línea de meta entre lágrimas. Tony Rominger se quedó sin palabras, y Miguel Induráin, que fue ganador de ese Tour dijo: "Son cosas que pasan". Virenque, que se llevo la victoria en esa etapa y que la había celebrado ajeno a lo que había sucedido, se sentía culpable.
Este martes, el Tour pasó con cierto adelanto sobre el pelotón por las rampas del Portet d´ Aspet. A uno de sus costados, los ciclistas dejaron atrás el monumento dedicado a Fabio Casartelli. El lema, grabado en el mármol gris de un reloj del sol, resume a la perfección la fugaz vida de Fabio Casartelli. En el reloj, tres símbolos marcan las horas: el alfa, fecha de nacimiento el 16 de agosto de 1970; los anillos olímpicos, medalla de oro el 8 de agosto de 1992 en Barcelona; la omega, 18 de julio de 1995, cuando muere trágicamente en el km 34 de la etapa reina del Tour (St.
Cada 18 de julio a las 12 del mediodía, un rayo de sol penetra a través de un pequeño orificio proyectando la luz sobre la base del monumento. Esculpido en mármol blanco y gris traído expresamente de los Alpes Apuanos, en la Toscana italiana, el monumento representa una gran rueda blanca dejada al descubierto por la bandera olímpica. Fue erigido cerca del lugar del accidente por los miembros de su equipo, el Motorola, y por la Sociedad del Tour de Francia en octubre de 1995.
Tan sólo unos días más tarde, el 22 de octubre, Annalisa Casartelli, esposa del corredor, bautizó a su hijo Marco, de pocos meses de edad y al que Fabio no llegó a conocer, en la capilla de la Madonna del Ghisallo. “La Stèle” por Fabio Casartelli está situada en la vertiente oeste del col del Portet d’Aspet, pasado el Pont de l’Oule y al inicio del tramo más duro de la ascensión, ya que sus cuatro últimos kilómetros son de una dureza extrema, alcanzando casi el 10% de media y con rampas del 17%.
Si lo escaláis por el otro lado, con cuestas duras también en sus dos kilómetros finales, encontraréis el monumento casi al final del descenso, breve pero muy empinado, en una peligrosa curva a la izquierda, donde os será imposible evitar parar y rendir un pequeño homenaje al campeón olímpico de Barcelona 92.
El Impacto en la Seguridad del Ciclismo
Casartelli no llevaba casco, y su deceso contribuyó a que se considerase la obligatoriedad de llevarlo en todas las carreras, en todos los países y por todos los corredores. Existían reticencias: que si el peso, que si el calor.... Las discusiones duraron hasta que la muerte del kazajo Andrei Krivilev en la París-Niza de 2003 acabó con el debate. Y el casco salvó otras vidas.
Este año se han cumplido 20 años de un accidente que cambió el ciclismo para siempre. La muerte del kazajo Andrei Kivilev empujó a la UCI a implementar la obligatoriedad del casco para todos los ciclistas. Era el 12 de marzo de 2003. Corría la segunda etapa de la mítica París-Niza cuando se produjo una caída como otra cualquiera en el pelotón entre La Clayette y Saint Etienne. La mayoría de ciclistas se reincorporó a la marcha, pero uno permaneció inmóvil. Era Kivilev. El ciclista del Cofidis se había golpeado la cara contra el asfalto.
El ciclista kazajo impactó con su frente contra el asfalto durante la segunda etapa de la París-Niza, el martes. El casco le habría salvado la vida. El accidente, por circunstancias del destino, se produjo a pocos kilómetros de su residencia, por una carretera que conocía a la perfección, ya que era su habitual lugar de entrenamiento, junto a su compatriota y amigo Alexandre Vinokurov, precisamente el último vencedor de la París-Niza.
"El casco le habría atenuado sus lesiones ostensiblemente. La localización de la fractura del cráneo se encuentra en una zona protegida precisamente por el casco. El violento golpe le produjo un hematoma interno y, además, le había entrado aire en el cerebro", explicó a France Presse Jean-Jacques Menuet, médico del equipo Cofidis.
Los corredores del Cofidis decidieron ayer tomar la salida en una tercera etapa de la París-Niza que sirvió de recuerdo a Kivilev. Sus compañeros, todos con el casco protector, fueron los primeros en cruzar la meta, en una imagen similar a la que sirvió de homenaje a Fabio Casartelli en el Tour de 1995.
El kazajo, cuarto clasificado del Tour dos años antes de la tragedia, contribuyó con su muerte a una de las mayores revoluciones en la seguridad de los ciclistas. El debate sobre la implantación de los cascos se había ido instaurando en el ciclismo desde el fallecimiento de Casartelli en el 95 y la muerte de Kivilev fue el empujón definitivo.
Fabio Casartelli fue el penúltimo corredor muerto en competición. Hacía cuatro años que no se registraba un accidente mortal durante una prueba ciclista profesional. El último fallecido había sido el velocista manchego Manuel Sanroma, el 19 de junio de 1999, durante el esprint de Vilanova i la Geltrú, en la Volta a Catalunya.
Las imágenes por televisión conmovieron a todo el mundo del ciclismo. Las palabras de Museeuw, entre sollozos (“he visto durante cinco minutos a Fabio morir delante de mí”) en la memoria. Sin apenas llegar a cumplir los 25 años, Casartelli, sin casco aquel fatídico día, moría al caer y golpear con su cabeza en un muro de hormigón. Al día siguiente, lo recordaréis, los corredores no disputaron la etapa, entrando en meta todos juntos los integrantes del equipo Motorola.

Monumento a Fabio Casartelli en el Col de Aspet
Otros Ciclistas Fallecidos en Carrera
La muerte ayer del suizo Gino Mäder durante la Vuelta a Suiza se une a una larga lista de ciclistas fallecidos en carrera a lo largo de las últimas décadas. Entre ellos se encuentran:
- Wouter Weylandt: El belga murió a los 26 años a causa de una fuerte caída durante la tercera etapa del Giro de Italia en 2011.
- Manuel Sanroma: El español falleció a los 22 años en la Volta a Catalunya en 1999 tras golpearse la cabeza con un bordillo.
- Antoine Demoitie: El ciclista belga murió a los 25 años arrollado por una moto durante la clásica Gante-Wevelgem.
- Anrei Kivilev: Su muerte en la París-Niza de 2003 impulsó la obligatoriedad del casco en el ciclismo.
El pelotón del Tour pasa hoy por el Col de Aspet, un puerto recordado por todos, donde se fue un gran ciclista. Por la trágica muerte de Fabio Casartelli.
Hay quienes opinan que Armstrong debería correr el Tour de 2005 solamente porque se cumplirán 10 años del fallecimiento de quien era su compañero de equipo, Fabio Casartelli, en aquella edición de la carrera gala. El Giro dedicará una jornada al malogrado ciclista. La última etapa saldrá de su pueblo natal, Albese con Cassano. El Giro, que aún no ha desvelado su recorrido y no lo hará, según ha anunciado, antes de mediados de enero, ha programado la última etapa al ciclista y a su familia. Las filtraciones de la carrera rosa, de confirmarse, aportarían muchas novedades. Una salida para velocistas puros en Reggio Calabria (sur), con prólogo contrarreloj de 1.200 metros, será el punto de partida.
La muerte de un ciclista siempre es cruel. Y la de Andrei Kivilev (Talducorgán, Kazajistán, 21-9-1973) no es una excepción. El corredor del Cofidis, la gran revelación del Tour del 2001, falleció ayer por la mañana en la unidad de vigilancia intensiva del área de neurocirugía del hospital de Saint-Etienne. Los médicos, que le operaron de urgencia durante la madrugada del miércoles, no pudieron hacer nada para salvar su vida.
Kivilev saltó a la fama en el Tour del 2001. Se coló en la famosa escapada de Pontarlier, en la que también iba Aitor González. La fuga, que dejó fuera de control a todo el pelotón, lógicamente repescado por los jueces de la ronda francesa, lo catapultó hasta la tercera plaza de la general. Y aguantó hasta el punto de hacer peligrar el podio de Joseba Beloki. El vasco le desplazó del cajón de París gracias a su actuación en la última contrarreloj de la prueba. Terminó cuarto en los Campos Elíseos.
El corredor se había formado en el conjunto aficionado burgalés del Cropusa. Dormía en un hostal, a las afueras de Burgos. De ahí venía su discreto, pero voluntarioso, conocimiento del castellano.
Homenaje en carrera Y más crueldad. Su mujer, sus amigos y sus vecinos le esperaban el martes en la cumbre de la Croix de Chaubouret, cima habitual del Tour en su paso por Saint-Etienne. El accidente se produjo a pie de puerto. "Enseguida vimos que la caída era gravísima. Pero lo duro fue ver a su familia y a sus amigos en la cumbre. Habían realizado unas pintadas perfectas con su nombre y llevaban pancartas de ánimo. Fue terrible", explicó a este diario José Luis Laguía, director del equipo Kelme.
Fue padre en septiembre Kivilev tenía un hijo, Leonardo, que había nacido el pasado 12 de septiembre. Andrei se había pasado las carreras iniciales de la temporada enseñando la foto de su primogénito a sus amigos del pelotón. Era un tipo simpático, aunque no muy extrovertido. Vivía con su esposa y el bebé en Sorbiers, a pocos kilómetros de Saint-Chamond, donde se registró el fatal accidente, producto de una montonera en el pelotón, una caída igual de tonta como de absurda y común en el ciclismo.
Culpable de “accidente” en ciclismo paga con el peor de los karmas
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