Mucha expectación se había creado entorno al artículo “Revolución Ciclista” que editó el País Semanal (EPS) el pasado domingo. El efecto llamada de la portada del EPS sacando una foto de una chica en bici como reclamo de lo que promete el interior no se corresponde con su contenido.
Se supone que la bici es el tema central de la revista semanal con mayor tirada del país y además le dedican 12 páginas (que es mucho espacio para el EPS) pero en el artículo predomina el lado "cool" del fenómeno ciclista con mucha foto "trendy" de las diversas tribus que se (supone) mueven a pedales.
A mi me da la sensación que el artículo se organiza en torno a un viaje que debió realizar el redactor del mismo a Copenhague y que ha sido posteriormente alimentado con los clásicos ejemplos de ciudades españolas donde aparece a la cabeza Barcelona que sin duda es un modelo de auge de la bici y que en la línea del EPS también es el sitio "bici-cool" por excelencia... Como ejemplo de verdadero boom ciclista también hubiera servido Sevilla o ciudades mas discretas pero igual de "bike friendly" como Vitoria o San Sebastián.
Con todo lo que hay que contar, la referencias que se pueden dar (y se deben dar) los grupos, asociaciones y blogs ciclistas que se pueden citar, me parece una frivolidad perder una pagina completa de un medio de comunicación como EPS en una foto como la de la página 43 de unos taconazos, una moqueta roja y el pedal de una bici. La referencia que se hace a la novelista Bella Bathurts es todo un descubrimiento y tiene opiniones muy acertadas.
La bici puede hacer accesibles barrios que no forman parte de las rutas habituales lo que me recuerda al Mapa de Calles Tranquilas o que cada ciclista que se incorpora al tráfico es como una célula que oxigena la sangre de la ciudad por donde circula. Muy bonito, yo oxigené Madrid esta mañana.
Pero el ciclismo es algo más que un medio de transporte. De hecho, según datos del Consejo Superior de Deportes, el ciclismo es el tercer deporte más practicado semanalmente en España. Además, con 70.800 licencias, es el noveno deporte en número de deportistas federados. De ellas, 67.906 son hombres y 2.894 son licencias femeninas.
Están datados testimonios de lo que se pueden considerar antecedentes de la bicicleta en las civilizaciones egipcias, indias o chinas. La primera carrera propiamente dicha se celebró el 7 de noviembre de 1869 entre París y Rouen. Y ya participaron un centenar de ciclistas con el objetivo de culminar o ganar la prueba consistente en 123 km. Y, de nuevo, James Moore ganó la prueba con un tiempo de 10 horas y 45 minutos.
Hoy en día, el calendario de pruebas ciclistas es muy extenso. Y se desarrolla en todos los continentes. El Tour de Francia es la decana por excelencia. Se ha celebrado anualmente desde 1903. La primera Vuelta a España se celebró en 1935 con un recorrido de 14 etapas y 3431 km en total.
Previamente, las primeras pruebas estatales nacieron de un colectivo de fabricantes de bicicletas de Eibar durante la República. Ningún ciclista ha logrado vencer en las tres grandes carreras el mismo año. El ciclismo es uno de los deportes que participa en las Olimpiadas modernas desde su primera edición, en Atenas 1896. Sin embargo, durante muchos juegos sólo podían participar hombres. Algo que terminó en las Olimpiadas de Los Ángeles 1984 cuando se pudo correr la primera prueba de ruta femenina.
El primer español es el mítico Joan Llaneras con 4 medallas, 2 de oro, en Sídney 2000 Pekín 2008.
Empieza en una destilería, termina en un pub. Muy oportuno, oigan. Muy del sitio donde estamos. En realidad, todo por un puente. Bajo los ojos (bajo los ojos del puente) hay cantos enfangaos, hay ciénaga, hay aguas gris oscuro o pozas color cielo, dependiendo de pleamares.
Más allá... el océano. Ah, estamos en Irlanda, no sé si lo dije. Me he venido en un barco de esos del Brittany Ferries, que es cosa muy de cántabros, casi ritual hacia la vida adulta. Solo que ahora, como ya estoy talludito, me salí desde Euskadi. Hay un ferry entre Bilbao y Rosslare todos los jueves y domingos (con vueltas esos mismos días, claro), y puedes ir con tu propio coche, y con tu propia bici, y ya no tenemos una edad como para no ir con nuestros propios coches y nuestras propias bicis.
Vamos, que es cómodo, y lo importante es venir cómodos, que ya después sufrimos en lo de dar pedales... Hace frío aquí, hoy, en Irlanda. Hace frío aquí, hoy, por Dingle, que es donde cojo la bici, donde cubro con todas las prendas, donde llegan brisas desde mares como para volver a casa. Después tendré neblina, y nubes, y lluvia, y hasta sol que quema, porque cada hora es cuatro estaciones. Tampoco lo digo por quejarnos, siempre quiero vivir lugares como esos lugares son. E Irlanda... en fin, pues que la gente tiene aspecto paliducho, no sé... Los paisajes irlandeses son espectaculares.
No es el más bonito de la zona, ojo, porque unos kilómetros antes, por Lispole, tenemos Garfinny Bridge, y eso sí que es una maravilla, sí que mola mogollón, con sus adoquines, y su aire William Wallace (ya sé que es de la otra isla, pero para entendernos). Luego tendré adoquines, un tramo chico, pero serán diferentes, y empapaos, y con qué cuidado voy por los adoquines de luego... Estoy aquí para hacerme ruta por la Península de Dingle. O el Ring of Dingle, si lo prefieren. Poca cosa a priori, apenas setenta kilómetros, sin llegar a los mil de desnivel. Pero juguetón, variado, escénico. Paisajes de alucine, la casuca de un jedi, playas, páramos y jardines a lo Lafcadio Hearn. Guapérrimo.
Ah, también hay viento, y niebla que va como viene. O sea, que a veces el mundo torna gris. Pero... En fin, que estamos en Irlanda. La costa suroccidental. Poniente, para entendernos. ¿Saben esos deducos irish que hacen cosquillas al Atlántico en su mapa de la EGB? Pues uno es la península de Dingle, que nace (o muere, vaya) en pueblo homónimo. Sitio tranquilo. Costa y turisteo, pero esto no es Benalmádena, por decirlo suave. Así que casitas chiquitinas, construcciones de canto, pinturas color alegre para pasar inviernos color pavesa. Pasean visitantes despistados por Dingle, llevan botas, chubasqueros azules, algún gorrito lanar. Me miran, extrañaos. Dónde va éste freak con su bici. Yo sonrío. La gente es, en Irlanda, muy simpática.
Tú pasas el paseo de la costa en Dingle, y llegas al puente, y dudas en el puente, porque hay antes glorieta, y conducen por el otro lao, y aun no manejas bien esos asuntos. Que si freno, que si no, que si aquí, que si allá... Venga, hecho. El puente, el Ring of Dingle. Y allí, a tu derecha... Dingle Whiskey Distillery. Se lo repetiré. Dingle Whiskey Distillery. A ver, señores de Dingle... que ya les he dicho que hace un día regular, que hay ganas de bici pero no ganas locas de bici, que uno no es de piedra, que cae en tentaciones frecuentes... ¿Y ponen esto justo al principio, sin haber calentado, sin salir del primer núcleo de población? Muy mal, muy mal.
El sentido más guay para hacer el Ring es esta que tome yo, pero superar el primer obstáculo, en forma de olores y promesas, es duro. Muy duro. Así que eso... tiraré. Vale, primeros dos kilómetros y plato gordo. Oye, esto funciona, soy Cancellara, soy van der Poel, saco medias de, espera que mire... bueno, vale, soy Isidro Nozal, soy Germán Nieto. Pero voy rápido, muy rápido. Entre casas, camino de Ballymore. Sucede que salgo a campo abierto, y ya no hay muros, ni paredes, ni tejaos, y entra viento frontal que es un gusto, este viento frontal.
Qué durísimo es este deporte, Pedro. Será constante durante todo el día... ascender repechos a treinta por hora, bajarlos a quince. Hay tanto viento que las sombras de cumulonimbus te adelantan como si fueran Sean Kelly en Arenberg... Caprichoso Bóreas. Hemos venido a jugar. El tema es entretenido, eso sí. Sobre todo cuando no hay niebla, porque cuando hay niebla el tema es inexistente. ¿Saben la visión esa tópica sobre las Skellig? Pues yo solo vi una nube más densa que la wikipedia de Eddy Merckx.
Pero a veces nos ayuda el céfiro, y se disipan grises, y todo esto va desflecándose, poco a poco, por entre acantilados que hacen jirones el mundo. Y entonces surge paisaje, y es un paisaje a lo Friedrich, un paisaje de majestuosidad dramática, un paisaje que trae endecasílabos, que te lo cuentan los hermanos Grimm. Precioso.
Dos apuntes sobre señalética, sobre semiótica, dos apuntes que te los firma Umberto Eco (o cualquier otro ciclista italiano). Primero... los carteles tan bonitos que hay aquí, los que marcan dirección para eso llamado Slea Head Drive, eso que coincide, grosso modo, con lo que nosotros hacemos. Parte, por añadirles interés de cara a futuras vacaciones, de una cosa loquísima, como es la Wild Atlantic Way, dos mil quinientos kilómetros mirando siempre al océano, desde el punto más septentrional de Erin, hasta el cabo sur.
El clima no ayudó por momentos. Y segundo... en Irlanda los avisos de "¡Atención!" aparecen como "Agua!", lo contrario que en España, donde la alarma siempre fue ¡Aire!, ¡Aire! Lo sé, es una tontería, pero el cicloturismo es actividad solitaria de pensar mucho. Y no siempre bien... La parte más espectacular del recorrido es pasando Fionntrá. A tu derecha hay pared casi en escuadra, pared con rocas negras como el Muro de los Stark y hierba verde, muy verde.
Son las primeras estribaciones del monte Eagle. Al otro lado... tapia hasta tu espinilla, luego escarpa que se pierde entre albar y espuma, un mar infinito. Entre medias... dos metrucos de asfalto. De asfalto irlandés, que es asfalto rugoso, asfalto genial para cuando llueve (aquí llueve mucho), asfalto que se te pega al neumático como un novio adolescente. El sitio es angostísimo, pero coches y caravanas respetan que da gusto.
Vale... tres ideas, tres lugares, tres momentos. Primero... el lugar más inolvidable de este tramo, ese que nunca se te marchará, la muesca en bici. Verán, hay llanada por la cornisa, y hasta bajas un poco, hay dos metros donde el camino permite respirar (mirador, le dicen), luego hay escuadra a la derecha, un leve descenso y... escuadra a la izquierda. Pero, a ver... escuadra a la izquierda con adoquines (con adoquines color azabache, con adoquines que patinan como Teruel en febrero). Adoquines mojaos, añado, porque allí, en la cuneta, cae una cascada.
Solo que la cuneta está a veinte centímetros, y la cascada salpica de cojones, y tienes helechos (helechos grandes como lagartos cansaos) rozándote los tobillos. Es precioso, el asunto. Es precioso. Segunda idea... lo que te va rodeando. Surgen pequeñas casas de piedra. A veces restos de rings con vete a saber qué antigüedad (uno viene anunciado como Fairy Fort Ringfort, que es el nombre más acojonante que existe). Otras algún clochán, esas cabañas levantadas a cantos secos (en Cantabria les decimos morios a los muros de ese aire) donde oraban (y más cosas, supongo) monjes.
Hay, incluso, dos o tres granjas donde los turistas (los turistas de la gran ciudad) dan de comer a cabras preciosérrimas y se sienten Jamie Dornan en Una canción irlandesa (buenos paisajes, mal guión, mucho almíbar... pero buenos paisajes, y Jamie Dornan guapo, guapo). Por haber hay, incluso, un pub al borde de la carretera, muy cerquita de Coumeenoole. Que, vale, en Coumeenoole tienes playa espectacular, y desde allí se ven las Skellig (cuentan, a mí me tocó cachuco con nubes), pero también está a mitad de ring, Coumeenoole, y debe ser bien dura la vida en Coumeenoole, sobre todo por los inviernos. No sé si ese pub es el mejor negocio del mundo o uno de los peores...
Y tercera cosa... lo de las Skellig. Allí pusieron la última morada de Luke Skywalker. Sí, la que tiene en esa peli, esa que gustó mucho a unos y muy poco a los de más allá. Seguro que se acuerdan. Donde bebía leche y se manchaba la barba como si fuera Mariano Rajoy comiendo sopa. ¿Sí? La de los encantadores porgs (mucho más encantadores que los odiosos ewoks, estos porgs). Pues eso, que se rodó aquí, en este acantilado, en aquellas islas. Así que hay asuntos relacionados con Star Wars, porque Star Wars es, por si no lo saben, algo que da bastante pasta. Y tienes tiendas “con-ese-tipo-de-letras”, y recuerdos Irlanda-Tatooine, y fotos del rodaje.
No necesitan ustedes excusita para venirse, pero todo ayuda... No necesitan excusita para venirse en bici, digo. Porque seguimos en bici. Hemos hecho ya la parte costera, hemos coronado un rompepiernas loco, loco, hemos parao a ver paisaje allí donde se ve el paisaje. Hay un litoral recortándose como si la hubiese hecho cualquier niño con tijeras, hay islotes que parecen penínsulas y penínsulas disfrazas de islotes, hay playas pequeñucas y arenales inmenso color madera de avellano. Curiosidad... aquí la gente aparca coches en las playas, siguiendo horario que marcan carteles.
Vale, la segunda mitad de este camino es... distinta. Pasas pueblucos pequeños, cruzas frente al Pub The Old Cat (espero que lo cuiden bien, al pobre) recorres trocitos de asfalto con cunetas tan mullidas que quieres echarte a dormir (es una cosa loquérrima, oigan, lo mullidas que son las cunetas en Irlanda... no lo intenten en sus jardines). Cruzas, también, un páramo donde ves lagunas, la bahía de Brandon, el monte de Brandon, muchos sitios donde estuvo el tal Brandon. Zona exigente, porque está abierta al aire, porque trae repechos, porque no pillas llanada de decir "mira este tramo, qué llanada". Sufres, pero merece la pena, porque quienes vivimos donde yo vivo no gastan hábito del pedaleo por heights.
Y aquí... como para que se te aparezca Hethcliff de resaca. A veces cruzas con otro cicloturista. es que todos un primor, macho. Ayuda, supongo, la abundancia de banderas que hay por domicilios y fincas, todas con ajedrezados y combinaciones bien chulas... banderas de Irlanda, banderas del Condado, de la zona, del pueblo... Aquí son muy suyos. Así que cicloturistas cool. Si sopla el aire crujen los brezos tras de ti, y hay, también, campánulas color rosa, campánulas color morado, que tienen olor dulzón, un olor que se te mete en las narices como si fuera gel para modernos. Empalaga, pero no dura demasiado, así que, siendo sinceros, no empalaga...
Hasta Dingle tenemos rectas (casi las únicas del recorrido), repechones (casi los últimos del recorrido) y viento racheao (esto lo tuve por todo el recorrido). Vamos, que se hace duro, porque ya pesan desniveles, cambios de marcha, la idea esa loquísima de ir siempre dos kilómetros por hora más rápido de lo que deberíamos ir. Hay, por haber, hasta un tramo por bosquecillo, con árboles y hojas volantes, un tramo que te deja casi en el pueblo, un tramo como de “ven a por más si quieres, coleguita”... Y, así, llegas a Dingle. Cansedete, mojao, feliz. Con nubarrones en testa, ojo, porque allá, en Dingle, nos espera la última decisión, la más complicada de todas.
Trascendente, dolor. ¿Seremos profesionales? Hay, en Dingle, un cruce, un cruce al que acabas desembocando, un cruce donde debes detener la bici. Y... dudas. A tu izquierda, un cartel, color marrón, flechita. "Conor Pass", pone, el puerto precioso, la subida que remata ruta de espectáculo. A tu derecha... en fin, a tu derecha hay otro cartelón, más grande. Pub Ua Flaitbeartais. El O'Flaherty´s de toda la vida. Oh, mísero de mí, ay, infelice, qué camino tomar. Ay. ¿Ustedes qué piensan?
El ciclismo, para nosotros, más allá de los consabidos adjetivos que tanta gente le aplica y por encima de todo, es arte. En el pelotón se establece un código de conducta en el que cada uno juega su papel. Pero yo quiero hablar específicamente de una clase de ciclismo muy especial, el del ultrafondo. Cuando uno participa en una prueba ciclista de resistencia, las emociones se pueden mezclar, llevándolas a un límite agónico, exacerbado por el agotamiento físico, mayor cuanto más grande y prolongado es el esfuerzo que se desarrolla.
En condiciones límite, las personas tienen una capacidad de llegar más allá que ni ellas mismas conocen. Muchas veces uno no es consciente de lo que está haciendo hasta que cierta distancia física y temporal le permiten valorarlo. La exploración interior y personal que nace de estas experiencias místico-deportivas, se manifiesta hacia el exterior con “finalidad estética o comunicativa”, en forma de exposiciones de fotografías o vídeos, conversaciones, relatos de batallitas y recuerdos que quedan con el tiempo.
Sin embargo, para la mayoría de la gente, que no se ha parado a reflexionar ni entender estas cuestiones, el ciclismo es simplemente un deporte de “superhombres” capaces de hacer cosas “sobrehumanas”. Desde que se mitificó a Induráin calificándolo de “extraterrestre”, la mayoría de la gente cree que uno sólo puede montar en bici si es un portento físico, y además va vestido de lycra y equipado como un marciano.
Es frecuente que te adelante un coche y te griten desde la ventanilla “¡¡Vamos!!” o “¡¡Campeón!!” cuando te ven subir un puerto. Sin embargo, yo no me siento ningún héroe. Y aunque ocasionalmente pueda estar sufriendo en el sentido físico por el esfuerzo necesario para superar la subida, lo que predomina sobre todas las sensaciones y en todo momento es la satisfacción de estar realizando una actividad placentera, que me gusta y que me reporta grandes beneficios.
Siempre intento mantener mis sentidos alerta para, a pesar del cansancio, no dejar de percibir la belleza del entorno a través de mis sentidos. Realmente puedo estar disfrutando aunque me esté costando un enorme esfuerzo. Y me gustaría, por encima de todo, transmitir esa imagen placentera del ciclismo, muy por encima de la del sacrificio con el que muchos lo identifican.
Por desgracia, en las pruebas ciclistas típicas, los participantes están tan obsesionados por el resultado deportivo que no tienen espacio para disfrutar. Están enganchados a la adrenalina de la competición y se obsesionan con las últimas técnicas de entrenamiento, alimentación, material, etc… Hacen todo lo posible por bajar diez puestos en una clasificación y disfrutan contando cómo les duelen “las patas” en una prueba por intentar seguir la rueda más fuerte, sin recordar apenas si han pasado por un bosque mediterráneo o por un hayedo.
Sin embargo, he conocido algunos ciclistas que, tras pasar por experiencias estresantes en competición, un día decidieron el ciclismo “randonneur”, un estilo diferente, sin clasificaciones ni premios, y se engancharon a ella. Como yo mismo. Sin sensaciones negativas como sacrificio y sufrimiento, pero sí con “capacidad de superación“, lo cual es muy diferente.
Consejos para ciclistas principiantes

Ciclista disfrutando de un paseo en Central Park, Nueva York.
El Ciclismo como Deporte y Estilo de Vida
El ciclismo, más allá de ser un deporte, se ha convertido en un estilo de vida para muchos. Ya sea como medio de transporte, una forma de ejercicio o una pasión competitiva, el ciclismo ofrece una amplia gama de beneficios y experiencias.

El pelotón durante la etapa 6 del Tour de Francia 2013.
Tipos de Ciclismo
- Ciclismo en Ruta: Se practica en carreteras y caminos pavimentados, con bicicletas diseñadas para la velocidad y la eficiencia.
- Ciclismo de Montaña: Se realiza en terrenos irregulares y montañosos, con bicicletas robustas y suspensión para absorber los impactos.
- Ciclismo Urbano: Se enfoca en el uso de la bicicleta como medio de transporte en la ciudad, con bicicletas cómodas y prácticas.
- Cicloturismo: Combina el ciclismo con el turismo, permitiendo explorar nuevos lugares y disfrutar de la naturaleza.

Competición de ciclismo de ruta.
Beneficios del Ciclismo
- Salud Cardiovascular: Mejora la salud del corazón y reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares.
- Quema de Calorías: Ayuda a mantener un peso saludable y a quemar calorías.
- Fortalecimiento Muscular: Fortalece los músculos de las piernas, el abdomen y la espalda.
- Reducción del Estrés: Libera endorfinas y reduce el estrés y la ansiedad.
- Impacto Ambiental: Reduce la contaminación y contribuye a un medio ambiente más limpio.
Consejos para Ciclistas Urbanos
- Planifica tu Ruta: Busca rutas seguras y con carriles bici.
- Sé Visible: Usa ropa reflectante y luces delanteras y traseras.
- Respeta las Señales de Tráfico: Obedece las señales y semáforos.
- Mantén tu Bicicleta en Buen Estado: Revisa los frenos, los neumáticos y la cadena regularmente.
- Usa Casco: Protege tu cabeza en caso de caídas.

Bicicleta eléctrica moderna.
Tabla: Datos Relevantes del Ciclismo en España
| Dato | Valor |
|---|---|
| Deporte más practicado semanalmente | Tercero |
| Número de licencias federadas | 70.800 |
| Licencias masculinas | 67.906 |
| Licencias femeninas | 2.894 |