Historia de las Carreras Ciclistas en Ourense: Un Recorrido a Través del Tiempo

Las carreras ciclistas han sido una parte integral de la cultura deportiva en Ourense durante décadas. Desde humildes competiciones locales hasta la llegada de eventos de renombre como la Vuelta a España, la región ha sido testigo de momentos emocionantes y ha visto surgir a talentosos ciclistas.

Este artículo explora la rica historia de las carreras ciclistas en Ourense, destacando los eventos clave, los clubes ciclistas locales y los momentos más memorables que han dejado una huella en la región.

Primeros Pasos del Ciclismo en Ourense

El ciclismo en Ourense tiene sus raíces en los esfuerzos de clubes locales y entusiastas que buscaban promover este deporte en la región. Uno de los clubes más destacados es el "Club Ciclista Mariñamansa", que nació en marzo del año pasado y ha ganado popularidad en Orense. Hasta entonces, la carrera ciclista de las fiestas de Mariñamansa las organizaba oficialmente el “Club Ciclista Orensano”, aunque en realidad lo hacían todo ellos.

La creación del “Club Ciclista Mariñamansa” les dio la oportunidad de organizar otras pruebas y descubrir nuevos valores ciclistas. El club cuenta con alrededor de 110 miembros, no solo del barrio, sino también de Celanova, La Coruña, Pontevedra y otros lugares. Se trata de gente aficionada al ciclismo o amigos de los miembros de la directiva que desean contribuir al sostenimiento del Club.

El 25 y 26 de mayo, habrá bailes de tarde y noche en la calle de Bonhome animados por dos grandes orquestas, además de la carrera ciclista. También habrá partido de futbito en el Club de Campo Sevilla y una especia de jinkana ciclista para niños de 8 a 10 años.

La Vuelta a España en Ourense

La Vuelta a España, una de las competiciones ciclistas más prestigiosas del mundo, ha tenido un impacto significativo en Ourense. La llegada de la Vuelta a España a Ourense ha sido un acontecimiento que ha marcado la historia del ciclismo en la región.

Aquel jueves la caravana ciclista llegaba a Ourense tras disputar la quinta etapa de la ronda, que había partido de A Coruña. La jornada había finalizado en la ciudad de As Burgas tras recorrer los ciclistas 180 kilómetros. Los equipos se alojaron en distintos hoteles de la ciudad, entre ellos, el Auriense, en O Cumial. Allí cenaron al menos siete de las formaciones deportivas. Horas más tarde, los ciclistas -entre otros profesionales desplazados a Galicia por la Vuelta- comenzaron a sufrir vómitos, diarreas, fiebre y deshidratación.

Pero la carrera no paraba. La gravedad del brote hizo que la carrera -lenta y desordenada- se articulara en torno a dos bloques, uno de ellos integrados por los corredores que se encontraban más débiles. Y es que la jornada en la que los síntomas eran más notables tuvieron que hacer, nada más y nada menos, que 264 kilómetros hasta Zamora.

«Todo apunta a que una tarta o unos espaguettis a la boloñesa sean el origen de la intoxicación que afectó seriamente a la mayor parte del pelotón. El recorrido de Orense a Zamora estuvo punteado por las incontables paradas de los ciclistas, que se vieron obligados a realizar sus necesidades fisiológicas en plena carrera, en medio del campo. La azarosa etapa tuvo como corolario una caída a dos kilómetros de la llegada». Así sintetizaba lo sucedido La Voz de Galicia en su edición del día 9 de septiembre.

El episodio obligó a reforzar la asistencia médica en la carrera. Se multiplicó la presencia de ambulancias durante las siguientes etapas. La Vuelta de 1995 pasó a la historia no solo por la victoria final de Laurent Jalabert, sino por el recuerdo imborrable de la intoxicación masiva que afectó al pelotón. El relato periodístico de aquellos días no fue solo deportivo. Y es que a nadie se le escapaba la mala imagen que había proyectado la provincia, aunque el hecho fuera de carácter aislado.

«Estaban tan contentas las fuerzas vivas con la promoción que significaba el paso de la Vuelta por tierras orensanas, con amplio recorrido de norte a sur, cuando la noticia vino a marchitar su satisfacción y ensuciar sus ilusiones», apuntaba en un análisis el periodista Alfredo Vara. Y es que la Diputación de Ourense, presidida entonces por José Luis Baltar, había destinado 8,5 millones de pesetas a un convenio con Unipublic para que la ronda pasara por la provincia. El objetivo no era otro que poner el foco en sus virtudes, aprovechando sobre todo la retransmisión deportiva que seguían cada tarde millones de personas a través de la televisión pública. En 1995 la Vuelta alcanzaba el medio siglo de vida y se había trasladado por primera vez la prueba al mes de septiembre. El ganador fue el ciclista francés Laurent Jalabert, que se impuso en cinco etapas y en las clasificaciones de la montaña y de la regularidad.

Otro ejemplo fue en 1989, los ciclistas participantes en la Vuelta a España y los mineros de Victoriano González tenían el 27 de abril de aquel año la misma meta en Ponferrada. Allí, en la Avenida de las Huertas del Sacramento, los corredores buscaban el triunfo y los trabajadores querían visibilidad para sus protestas. Los primeros afrontaban una etapa de 163 kilómetros y los segundos ya sumaban varias semanas de movilizaciones ante un escenario de impagos y despidos.

Conscientes del eco mediático nacional e internacional de la competición, los sindicatos amenazaron con cortar la carrera hasta obtener el compromiso de que las cámaras multiplicarían la difusión de sus quejas. 'No a los despidos de los mineros de Victoriano González'. Cortar la carretera era casi el pan nuestro de cada día a cada conflicto laboral a finales de los años ochenta en un contexto de reconversión industrial en la minería del carbón.

Cuando comenzó a especularse con la posibilidad de aprovechar la etapa Ourense-Ponferrada de la Vuelta a España para plantarse en mitad del recorrido, recibieron un aviso. “Vinieron a hablar con nosotros. Y nos dijeron que ni lo intentáramos”, señala Herrera ahora que las movilizaciones contra la masacre a la que el Gobierno de Israel somete a Gaza que sí lograron parar la competición ciclista le han hecho recordar aquel episodio. “Nosotros queríamos que se nos escuchara y hacer ruido. Queríamos hacernos notar, a veces acertada y otras equivocadamente”, cuenta Rodríguez al rememorar interlocuciones telefónicas con el entonces gobernador civil, Arsenio Lope Huerta.

Las negociaciones pasaron entonces de la carretera a los despachos de las instituciones. El entonces alcalde de Ponferrada, Celso López Gavela, recibió a una delegación sindical. “Y desde el principio hizo notar que la minería era una cuestión importante y había que tenerla en cuenta”, dice al de aquella concejal de Cultura, Educación y Deportes, José Manuel Neira, para constatar cómo los términos de la negociación se orientaron a que la empresa organizadora de la prueba, Unipublic, aceptara la propuesta de la parte social de hacer visibles al público y en la retransmisión las protestas en la zona de meta y el podio. “Y la organización no puso ningún problema”, dice al precisar que incluso a última hora hubo margen de maniobra para que la Policía Municipal recolocara a los mineros en un sitio con más foco mediático.

La protesta final fue, por lo tanto, el resultado de un pacto. “Cortar la carrera no era viable, ni era lo primordial”, considera Óscar Magadán, el primero en subir el podio con la pancarta. “Una vez llegamos a intentar cortar el tren en Ponferrada”, aporta Amaranto Herrera. “Cortar la Vuelta a España era una circunstancia muy loca”, sostiene Víctor Rodríguez, que se recuerda aquel día inquieto, con otros miembros del Comité de Huelga repartidos por distintos puntos del recorrido para evitar que algún incontrolado rompiese el acuerdo y sí saltase a cortar la carrera. “Nosotros lo que queríamos es que se diera difusión de nuestros problemas en los medios de comunicación”, anota.

La situación parecía bajo control en la zona de meta, apunta el entonces concejal José Manuel Neira, que destaca el papel en la intendencia del asesor del área José Luis Fernández de los Cobos. Nosotros queríamos que se nos escuchara y hacer ruido. El caso es que los ciclistas, que entraron en El Bierzo por los municipios de Puente de Domingo Flórez, Carucedo, Borrenes y Priaranza del Bierzo antes de llegar a Ponferrada, parecieron de alguna forma mimetizarse con los mineros en una jornada de lluvia y con las caras ennegrecidas ya al paso por una ciudad entonces famosa por su Montaña de Carbón, la gigantesca mole de estériles que dejaba sus correspondientes dosis de contaminación.

Luego unos y otros tuvieron su espacio ante las cámaras. Las imágenes de la época dan el contraste con lo ocurrido este año. “Yo estoy de acuerdo con las movilizaciones, pero siempre que no haya violencia. No hace falta sacar las porras. Tienen que ser todos más cívicos”, analiza Óscar Magadán sin dejar de citar el riesgo para los ciclistas derivado de los aficionados que corren a escasos centímetros en los puertos de montaña: “Y ahí nadie se rasga las vestiduras”.

La comparativa, con más de tres décadas y media de distancia, arroja otras conclusiones. “La gente era entonces más unida que ahora. Los obreros estábamos más unidos”, considera Magadán. Las movilizaciones de ahora ya aprovechan la viralidad de las redes sociales, inexistentes a finales de los ochenta. “Hoy todo el mundo tiene más información. De aquella era mucho más difícil llegar a la gente”, tercia Herrera en una opinión compartida con Rodríguez.

La etapa, ante la que incluso se rumoreó la posibilidad de adelantar la meta a A Rúa (Ourense) para evitar hipotéticos cortes, concluyó con aquella imagen de un trabajador minero, el alcalde de Ponferrada y el líder de la Vuelta compartiendo podio, donde lucía como azafata la que luego sería estrella televisiva Leticia Sabater.

Las flores, en este caso al ganador de la etapa (el francés del Reynolds Dominique Arnaud), las habían entregado un par de años antes dos mujeres en representación del sector, que subieron al podio con el puño en alto al final de la jornada que unió Ponteareas (Pontevedra) y Ponferrada, de 237 kilómetros de recorrido. Fue el 9 de mayo de 1987. Y la secuencia resultó similar.

“Los mineros, decididos a cortar la etapa de la Vuelta”, tituló aquel día en la previa Diario de León una información en la que el entonces secretario general de la Federación Minera de UGT, José Antonio Saavedra, declaraba: “Los mineros se sentirían muy molestos si tuvieran que cortar la Vuelta, pero tampoco significaría gran cosa, porque es un espectáculo que sucede una vez al año y los mineros estamos todos los días en el fondo de la mina”.

La información se quedaba pequeña en la portada del rotativo al lado de otra con una manifestación de 3.000 mineros en León en plenas negociaciones del convenio de la antracita, en el que la parte social pretendía incluir incrementos salariales, conversión de contratos temporales en indefinidos y la reducción de seis a cinco días la jornada laboral semanal, entre otras cuestiones. “El convenio de la antracita de 1987 no será uno más, será conocido como el convenio de convenios, tanto por el avance como por el proceso de consecución tras una larga lucha”, subraya el historiador berciano Alejandro Martínez al hacer notar la intensidad de las movilizaciones y la “dura represión” en forma de detenciones y procesamientos.

Con este escenario como telón de fondo, la Vuelta a España llega a Ponferrada. Como si fuera una contrarreloj, las negociaciones con Unipublic se cerraron a última hora en la Cafetería Temple de Ponferrada.

“Ellos se pusieron en contacto con nosotros. Estaban preocupados y fueron flexibles. La oferta fue razonable y ellos cumplieron lo pactado”, recordaba a las puertas del Mundial de Ciclismo de 2014 de Ponferrada en el semanario Bierzo 7 el que en 1987 era secretario comarcal de la UGT en El Bierzo, Eumenio Fernández. El acuerdo volvió a pasar por dar visibilidad a la protesta a cambio de renunciar al corte de la carrera, una hipótesis ante la que ya se había movilizado de forma preventiva a otros 70 policías.

“Los mineros de antracita saludan a la Vuelta a España”, rezaba la pancarta con la que el sector proyectó su problema en los medios de comunicación. El eco de aquellas movilizaciones mineras no se había apagado diez años después, cuando en 1997 el Morredero se estrenó como final de etapa y el entonces concejal de Deportes del Ayuntamiento de Ponferrada, Ángel Arias, tenía miedo a que una revuelta del sector alterase la normalidad de la prueba.

“Había ruido de fondo. La Guardia Civil hizo investigaciones previas para ver unos días antes cómo estaba el ambiente. Pero entonces no hubo ninguna reunión en el Ayuntamiento”, reconoce Arias. El sector se había movilizado el año anterior contra el protocolo eléctrico del Ministerio de Industria dirigido entonces por Josep Piqué antes de la firma al año siguiente del primer Plan del carbón.

No fueron los mineros, sino un pajar en Corporales (Truchas) que impedía el paso de la caravana pesada el que acabaría poniendo en riesgo aquella etapa León-El Morredero del 18 de septiembre de 1997. Al día siguiente, camino de Pajares, sí hubo protesta al paso por Cubillos del Sil apenas unas jornadas después del accidente de tráfico que se cobró la vida de dos jóvenes. Como las de los mineros en los ochenta, la movilización estaba pactada para tener repercusión mediática.

Eventos y Personalidades Destacadas

Además de la Vuelta a España, Ourense ha sido sede de otros eventos ciclistas importantes y ha visto surgir a personalidades destacadas en este deporte. Por ejemplo, el “XVII Trofeo Ciclista de A Rúa”, “Gran Premio Cuprosán”. El pelotón pasó el puente romano de Petín sobre un río Sil desconocido al estar el embalse vacío a causa de la avería de una compuerta, enfrentándose los ciclistas a las primeras rampas de Raspalloso, Freijido y Laroco.

También es importante mencionar a Manuel Castaño, promotor de la primera edición de la Ruta do Salmón: “Todo tenía un componente de aventura”. En aquella época yo ya llevaba un tiempo practicando bicicleta de montaña y estaba escribiendo un libro de rutas de montaña que se publicó el mismo año de la primera edición, en 1995. Recuerdo que le propuse a Ricardo Terceiro y al Club Ciclista Estradense organizar una ruta que era pionera. En Galicia, con bicicleta de montaña, yo no conocía otra. A los ciclistas de aquí no les especialmente los caminos de tierra mi idea era organizarla para dar a conocer esta tierra, con el río Ulla y sus afluentes, la Festa do Salmón y, de paso, realizar una actividad deportiva lúdica.

La BTT en España comenzó a introducirse en torno a 1990 o 1991. En esos años empezaron a salir las primeras revistas especializadas. En aquella época no había telefonía móvil ni nada era digital como ahora. Los ordenadores punteros tenían un disco duro de 25 megas. A pesar de eso, cada vez iban apareciendo más bicicletas de montaña y a hacerse más populares. Sin embargo, unos años antes en 1989 ya las había conocido en Andorra. Eran bicicletas que nunca había visto. Me quedé enamorado de ellas. Por aquel entonces se les llamaba bicicletas de montaña, porque tuvieron mucho éxito de inicio entre los montañeros. Ahora se llaman BTT, bicicletas todo terreno, creo una denominación mejor.

En aquel momento esta era una actividad minoritaria, así que nadie contaba con tanta gente. Las previsiones eran de unas cien personas. Vino gente de Pontevedra, Vilagarcía, Santiago, Lalín... muchos ciclistas teniendo en cuenta que en aquella época no era tan fácil darse a conocer. También fue complicado realizar las rutas, porque en aquella época contábamos en Galicia con mapas aéreos de 1950. Con esos mapas topográficos, una brújula y un altímetro, tenías que apañarte. Todo tenía un componente de aventura.

Otro ciclista destacado es Francisco Alomar Florit (nacido en 1928). “El caminante solitario”.

Además, Gabriel Baamonde, hijo de un jornalero gallego que se fue a Francia en busca de fortuna, caía herido. Habría preferido, con 31 años, sucumbir al esfuerzo de la bici, porque él era ciclista y el primer corredor de ascendencia española que disputó la ronda francesa por allá 1905.De hecho, toda la vida de Gabriel Baamonde, nacido en 1884 y fallecido en 1977, estuvo ligada al ciclismo, su gran pasión; primero como deportista y luego, hasta su jubilación, como propietario de un comercio de bicis, en el que también colaboraba su hermano León, un año mayor que él.

El pequeño Gabriel, desde siempre, se enamoró de un deporte que empezaba a cautivar y a ganar adeptos en Francia; la bici. Era un transporte útil a inicios del siglo XX. Se movía al compás de las piernas y era fácil demostrar quién era el más fuerte en los velódromos o en carreras como la París-Roubaix, la París-Tours o la Brest-París, donde Gabriel consiguió su mejor resultado como corredor al acabar octavo en 1905, el año de su debut en el Tour. También corrió el de 1908. En ambos casos no llegó a París y acabó abandonando en la fatídica 11ª etapa.

Si se sabe, por escritos de la época, el panorama dantesco con el que Baamonde se encontró la mañana del 9 de julio de 1905 en lo que debía ser la ruta de la primera etapa del Tour, desde las afueras de París hasta la ciudad de Nancy, a través de 340 kilómetros. El camino estaba lleno de clavos, de arbustos y vegetación que provocaban pinchazos una y otra vez. Desesperados muchos corredores, como Baamonde, tenían que pedir ayuda en las casas de los pueblos por donde pasaban para poder reparar la avería. Llegó con el control cerrado, pero fue repescado.

Las crónicas hablan también del auténtico martirio por el que pasó Baamonde en la ascensión al Ballon de Alsacia, donde no hacía otra cosa que pinchar. Mejoró la situación en las etapas de Grenoble, Nîmes, Burdeos y hasta en la de Caen, donde acabó la 11ª etapa, la penúltima antes de llegar al Parque de los Príncipes de París. Luego abandonó.

No le fueron mucho mejor las cosas en el Tour de 1908 donde nunca llegó a menos de media hora de los primeros clasificados con una 30ª posición en la octava etapa que acabó en Toulouse. Camino de Nantes, en la 11ª jornada de la prueba, puso pie a tierra. Ya nunca regresó al Tour.

En 1916 fue enviado al frente de Verdún como integrante del 168 Regimiento de Infantería, en el sector Fleury con el número de matrícula 09919. Por su valor recibió la Cruz de Guerra con una estrella.

La Historia de La Vuelta

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