Cárcel en Brasil: Reclusos Reducen sus Condenas al Pedalear

En Brasil, un innovador programa está permitiendo a los reclusos reducir sus condenas de una manera inusual: pedaleando bicicletas estacionarias. Este proyecto, implementado en el estado de Minas Gerais, busca aliviar la superpoblación en las prisiones y mejorar la autoestima de los internos, contribuyendo a su rehabilitación y reduciendo la reincidencia.

Ronaldo da Silva, un recluso cumpliendo una condena de cinco años y medio por robo, es uno de los participantes. Él se monta en una bicicleta y pedalea furiosamente por horas en la prisión de mediana seguridad. Con su pedaleo, Silva y otros presos cargan las baterías usadas por diez lámparas del malecón que da al río.

Ellos pedalean ocho horas diarias y cada tres días de pedaleo se les quita un día a sus condenas.

Si bien hay sectores que opinan que se les tiene demasiada consideración a los delincuentes, estas iniciativas son vistas por sus promotores como formas efectivas de romper el ciclo de violencia predominante en los centros penitenciarios del país.

El director del penal Gilson Rafael Silva expresó: "Todos salimos ganando con esto. Gente marginada contribuye a la comunidad y no solo es liberada antes sino que también recupera su autoestima".

Estas iniciativas son vistas por sus promotores como formas efectivas de romper el ciclo de violencia predominante en los centros penitenciarios del país.

Presos brasileños pedalean por el poder

El Programa en Acción

Luciendo un uniforme rojo de la prisión, Silva y los demás presos que participan en el programa se montan en sus bicicletas alrededor de las nueve de la mañana y pedalean hasta las cinco de la tarde. Interrumpen las sesiones para almorzar y dormir una siesta.

La resistencia es bastante fuerte y los reos sudan mucho, pero el aire fresco de montaña de Santa Rita do Sapucai -ciudad de unos 35.000 habitantes en una cadena montañosa a dos horas de manejo de San Pablo- los ayuda a soportar el esfuerzo. El penal cuenta con cuatro bicicletas y los ochos participantes se turnan para pedalear.

Todos los días poco antes del anochecer un guardia lleva la batería cargada en la prisión, que se encuentra en las afueras de la ciudad, al centro, donde están las lámparas. Las conecta al convertidor y a los pocos minutos las lámparas se iluminan.

Otro guardia recoge la batería a la mañana y la lleva a la cárcel, donde se alojan 133 reos que cumplen sentencias que van desde unos pocos meses por robo y venta de drogas hasta 34 años por asesinato.

El objetivos es conseguir suficientes bicicletas como para que los reclusos puedan generar la electricidad que usan las 34 lámparas del malecón, según el director del penal Gilson Rafael Silva.

"Nos pasábamos todo el día encerrados en nuestras celdas y veíamos el sol dos horas diarias", recuerda Silva, un hombre de 38 años al que le faltan los dientes de adelante, lo que refleja las privaciones y los padeceres que ha enfrentado. "Ahora estamos al aire libre, generando electricidad para la ciudad y al mismo tiempo haciendo algo para recuperar nuestra libertad".

"En nuestras celdas, nos sentimos olvidados por la sociedad. Aquí nos sentimos útiles", agregó Silva, quien bajó cuatro kilos y la quitó 20 días a su sentencia en la bicicleta.

Nadie se paseaba por el malecón de noche hasta hace poco, pues no había luz. Ahora abundan las personas que sacan a caminar a sus perros, gente que trota, niños en bicicletas y parejas que caminan tomadas de la mano.

La Idea Detrás del Programa

La iniciativa funciona desde hace dos meses y fue ideada por el juez de la ciudad, José Henrique Mallman, quien dijo que se inspiró en un artículo que leyó en la internet acerca de gimnasios de los Estados Unidos cuyas bicicletas estacionarias generan electricidad.

La policía municipal aportó bicicletas que tenía desde hace tiempo en su sección de cosas perdidas e ingenieros del barrio ayudaron a transformarlas en bicicletas estacionarias y las conectaron a baterías de automóviles donadas por comerciantes de la zona. Comerciantes del barrio aportaron también el convertidor usado para transformar la carga de la batería en electricidad de 110 voltios, que es la que usan las lámparas de hierro a lo largo del paseo ribereño.

Otros Programas de Reducción de Condena

Silva dijo que cree que esta es la primera prisión de Brasil que implanta un programa para generar electricidad y que ha recibido consultas de penales de todo el país, desde el estado de Pará en la Amazonia, al norte, hasta Río Grande do Sul, en el extremo sur. Pero la bicicleta no es la única vía para que los reclusos acorten sus condenas.

En las cuatro penitenciarías del gobierno nacional, donde son encerrados los reclusos más peligrosos, unos 400 presos están acortando sus sentencias asistiendo a clases y leyendo libros.

El programa "Redención mediante la lectura" reduce las condenas un mes y medio cuando un reo lee una docena de libros en un año. Para asegurarse de que realmente los han leído, los reclusos deben escribir un resumen de cada libro, el cual es revisado por un juez. El magistrado es quien decide si se le reduce la pena a un ritmo de cuatro días por libro. Se admiten un máximo de 12 libros por año y el máximo que se puede acortar una condena es 48 días.

Doce libros es mucho más del promedio de lectura del brasileño común, que es de 2,1 libros anuales, de acuerdo con Pro-Livro, firma que vela por los intereses de las editoriales.

Para combatir el analfabetismo y mejorar el nivel educativo de los reclusos, las prisiones federales ofrecen programas que reducen las sentencias a cambio de que los reos asistan a clases que van desde cursos de primaria hasta cursos de nivel universitario.

El gobierno brasileño publicó el 22 de junio una medida conjunta con la justicia federal que institucionaliza la rebaja de penas por lectura de libros en las cuatro cárceles federales del país, con reclusos de alta peligrosidad.

El proyecto de "remisión por la lectura" establece que los presos podrán descontar hasta 48 días de sus sentencias cada año por la lectura de un máximo de 12 obras literarias, filosóficas, clásicas o científicas.

Luego de leer un libro en un plazo máximo de 30 días, el recluso debe realizar una reseña del mismo que será evaluada por un juez que podrá descontarle cuatro días por cada volumen.

Las bibliotecas de las prisiones federales de Brasil tienen una variedad de libros donados o adquiridos, títulos como "El guardián entre el centeno" de J.D. Salinger, "El arte de la felicidad" del Dalai Lama o "Harry Potter y el prisionero de Azkaban" de J.K Rowling.

En la experiencia ya participaron este año 216 presos de las penitenciarías de máxima seguridad de Catanduvas (estado de Paraná) y Campo Grande (Mato Grosso del Sur).

Damasceno sostuvo que la iniciativa podría extenderse a las prisiones de Brasil administradas por los gobiernos estatales.

El arte de la felicidad

Desafíos y Críticas

Se calcula que unas 500.000 personas cumplen penas de prisión en Brasil, donde organismos defensores de los derechos humanos denuncian que los centros penitenciarios están atestados e imperan condiciones horrendas y una violencia generalizada. Matones manejan al resto de los reos y es común que las personas que recuperan la libertad vuelvan a delinquir y sean encarcelados nuevamente.

Las iniciativas que reducen las sentencias han sido criticadas por defensores de las víctimas de delitos y otros que consideran que se le tiene demasiada consideración a gente que ha cometido delitos a veces atroces.

El director de penal Silva no está de acuerdo. "La gente dice que estamos convirtiendo las penitenciarías en hoteles de lujo", manifestó. "Pero este sería el único hotel que yo sepa en el que la gente no quiere quedarse".

Y el juez Mallmann sostiene que programas como estos son la única forma de romper el ciclo de violencia y de rehabilitar a los reclusos, que, sin ellos, al recuperar la libertad volverán seguramente a delinquir. "Para la mayoría de estos reos, esta es la primera vez que la sociedad se fija en ellos, reconoce su existencia", expresó. "Al darles una bicicleta y decirles 'mira, estás contribuyendo a la sociedad', haces que sean mejores personas que cuando llegaron aquí.

En las cárceles brasileñas hay 514.582 reclusos, unos 200.000 más que la capacidad máxima, según el Centro Internacional para Estudios de Prisión (ICPS por sus siglas en inglés).

La cifra ha crecido sin parar desde 1992 (cuando los presos de Brasil eran 114.377), lo que de acuerdo a ICPS ha convertido al país en el cuarto con más reclusos, detrás de Estados Unidos, China y Rusia.

Las penitenciarías brasileñas han sido criticadas por las Naciones Unidas debido a sus condiciones actuales y diversos especialistas advierten que hoy son más escuelas de criminalidad que centros de rehabilitación.

PaísPoblación carcelaria
Estados Unidos[Número no proporcionado]
China[Número no proporcionado]
Rusia[Número no proporcionado]
Brasil514.582

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