Es ineludible. Siempre hay un año, puede ser en su primera infancia o más avanzada la niñez, en que llega el momento de regalarle a nuestras hijas o hijos una bicicleta. No hay mucha escapatoria: puede que no nos interese como medio de transporte, que pedalear no nos parezca entretenido ni estimulante, pero impedirle esa experiencia a los chicos puede pesar -a nosotros y a ellos- como un par de ladrillos en la mochila de la conciencia.
No saber andar en bicicleta, cuando se tiene la edad en que ya la mayoría sabe hacerlo, sigue siendo causa de vergüenzas y humillaciones. Más aún hoy, cuando el vehículo vive un apogeo impulsado por todos sus beneficios: al medioambiente, a la salud, a la ciudad, a la economía.
Para que tu hija o hijo no viva la incomodidad de no poder subirse a una en su momento -ni de tener que aprender a hacerlo cuando su cuerpo ya es grande y pesado-, está comprobado que lo mejor es que empiecen a andar desde pequeños.
Las bicicletas sin pedales no son un concepto nuevo: la primera bicicleta de la historia, en 1817, fue diseñada para ser montada sin pedales, y las bicicletas sin pedales han sido populares en Europa durante años. Pero fue Strider quien introdujo el concepto en Estados Unidos en 2007. Hoy en día, las bicicletas estilo Strider casi han reemplazado a las ruedas de entrenamiento, y cada vez más niños están desarrollando confianza en las dos ruedas años antes de ingresar al jardín de infantes.
El clásico Strider es un asunto simple: un tubo diagonal grueso sobre dos neumáticos de goma espuma de 12 pulgadas debajo de un manillar plano. Sin embargo, el mundo que un Strider le abre a un niño es vasto y complicado, lleno de aventuras, riesgos y victorias.
A los 2 años, a Moses De Groot le gustaba tanto montar su Strider que ya había desgastado su primer juego de neumáticos. Su dedicación ha inspirado a más niños de su escuela a comenzar a montar en bicicleta también. Y los mayores beneficios de pedalear todas las mañanas, dice Moses, es que llega a la escuela más alerta que los niños que iban en automóvil.
Cuando llega el momento de que los más pequeños aprendan a andar en bicicleta, los padres suelen enfrentarse a una decisión importante: ¿bicicleta de equilibrio (también conocida como bicicleta de balance) o con ruedas de entrenamiento? En este artículo te explicaremos por qué las bicicletas de equilibrio, también conocidas como bicicletas sin pedales, son la mejor opción para enseñar a los niños a andar en bicicleta. Compararemos ambos tipos de bicicletas para que puedas tomar la mejor decisión.

¿Qué es una Bicicleta de Equilibrio o Balance?
Una bicicleta de equilibrio o balance es un tipo de bicicleta sin pedales diseñada para que los niños pequeños puedan aprender a mantener el equilibrio y coordinarse antes de introducir los pedales. Este tipo de bicicletas permite que los niños se concentren únicamente en mantenerse equilibrados mientras impulsan la bicicleta con los pies en el suelo.
¿Qué son las Ruedas de Entrenamiento?
Por otro lado, las bicicletas con ruedas de entrenamiento, también conocidas como estabilizadores, son bicicletas tradicionales con pedales, pero que incluyen un par de pequeñas ruedas adicionales en los laterales de la rueda trasera para proporcionar estabilidad y evitar que el niño se caiga mientras aprende a pedalear.
Ventajas de las Bicicletas de Equilibrio o Balance
¿Qué tan chicos? “Siempre va a depender de las habilidades y el desarrollo que tengan”, dice Catalina Rioja, fundadora y directora de Umatu, un blog especializado en panoramas y actividades infantiles, que también tiene una tienda online con productos y juguetes para usar en el exterior.
Pero si se quiere que aprendan pronto y sin muchas dificultades, lo que ella recomienda es comenzar con una bicicleta sin pedales. “Y sin rueditas”, apunta. “Al no tener ninguna de estas dos cosas, lo que más se estimula es el equilibrio. Primero aprenden a caminar encima de la bici, y después, cuando agarran confianza, se echan vuelo y levantan lo pies. El equilibrio lo manejan muy bien, y con ellas se hace muy rápido pasar a la bici con pedales, sin necesidad de usar rueditas”.
La edad recomendada para empezar a usar estas bicicletas de equilibrio -o prebicis, como las llaman en otros lados- es desde el año y diez meses, aunque puede ser unos meses antes o después, según el porte y el desarrollo de la niña o niño.
Fue el caso del hijo de Francisca Vymazal, gerenta general de la tienda infantil Pichintún, que a los 18 meses de vida -año y medio- ya estaba circulando en una de estas bicicletas. “A veces la gente cree: no, mis niños no pueden, no les gusta, se caen”, cuenta. “Y siempre empiezan temerosos o tímidos, pero a los dos meses andan a toda velocidad. Al menos así fue la experiencia con mi hijo, que empezó muy chico, pero cuando entienden el equilibrio se les facilita todo”.
Tanto, que a los 3 años aprendió sin problemas a andar en bici con pedales, sin necesidad de rueditas de apoyo. Suena como un niño prodigio, pero está comprobado que aprender primero a equilibrarse y luego a pedalear -y no al revés, como se haría con una bicicleta con rueditas- facilita el proceso, que a su vez es más autónomo: como controlan el equilibrio con los pies, ellos mismos pueden ir regulando la velocidad y el balance, sin que un adulto tenga que estar corriendo encorvado tras ellos como un desesperado guardaespaldas.
Eruditos de la bicicleta, como el popular mecánico estadounidense Sheldon Brown, han dicho que el uso de rueditas de apoyo es contraproducente, ya que no fomentan el sentido del equilibrio en las niñas y niños, y al sacarlas, muchas veces, “hay que volver a enseñarles a andar”.
Estas son algunas de las principales ventajas:
- Desarrollo del equilibrio: Como su nombre lo indica, estas bicicletas se centran en el desarrollo del equilibrio. Los niños aprenden a mantenerse rectos sin depender de ruedas adicionales, lo que les prepara mejor para el siguiente paso: una bicicleta con pedales.
- Transición más fácil a bicicletas con pedales: Una vez que los niños dominan el equilibrio, la transición a una bicicleta con pedales suele ser rápida y natural. No tendrán que "desaprender" a usar las ruedas de entrenamiento, lo que reduce el tiempo de adaptación.
- Seguridad: Las bicicletas de equilibrio o balance son ligeras y fáciles de controlar. Los niños pueden poner los pies en el suelo rápidamente si sienten que están perdiendo el equilibrio, lo que reduce el riesgo de caídas graves.
- Independencia y confianza: Como los niños son capaces de controlar mejor la bicicleta, se sienten más seguros e independientes mientras aprenden.
- Coordina habilidades motoras: Estas bicicletas promueven el desarrollo de la coordinación motora gruesa, ayudando a los niños a manejar curvas y movimientos más complejos a medida que ganan confianza.
Desventajas de las Ruedas de Entrenamiento
- Dependencia de las ruedas: Las bicicletas con ruedas de entrenamiento no enseñan a los niños a equilibrarse, lo que puede crear una dependencia en esas ruedas adicionales. Cuando se retiran, muchos niños tienen que reaprender desde cero cómo mantener el equilibrio.
- Transición difícil: La transición de una bicicleta con ruedas de entrenamiento a una bicicleta sin ruedas puede ser complicada y desalentadora. Los niños deben acostumbrarse no solo a equilibrarse, sino también a pedalear de manera efectiva.
- Peso: Las bicicletas con ruedas de entrenamiento suelen ser más pesadas que las bicicletas de equilibrio o balance, lo que puede hacer que sea más difícil para los niños maniobrar y controlar la bicicleta.
Una Bicicleta para Cada Tamaño
El consenso es que las bicicletas de equilibrio, o sin pedales, son una gran -sino la mejor- puerta de entrada al movimiento en dos ruedas. Pero no todas son iguales ni sirven para las diferentes edades: hay que fijarse bien en el tamaño que tienen, tanto de las ruedas como de la altura que va del suelo al asiento.
Hay bicicletas sin pedales con ruedas aro 10 y 12, aunque ambas pueden ser usadas a cualquier edad entre los 2 y los 5 años. “La Roda Pro -que es la que más me gusta-, usa ruedas aro 12 pero su marco es más bajo, por lo tanto la pueden empezar a usar al año 10 meses”, explica Rioja. Con el asiento en su punto más bajo, mide 30 cm, y en su punto más alto llega a los 38 cm.
Vymazal también se inclina por la Roda Pro. “Es de aluminio, más liviana que las de madera, y también mucho más durable y resistente”, dice. “Las de madera tienen una vida útil más baja”, agrega Rioja. “Pero funcionan igual de bien, solo recomiendo no dejarlas guardadas a la intemperie”.
Otra desventaja de las de madera es que, por estructura, “suelen ser más altas”, explica la gerenta de Pichintún, “lo que impide que las puedan usar tan chicos”.
La altura no es un detalle trivial: si le regalas a tu hijo una bicicleta muy pequeña, no podrá levantar los pies para ejercitar el equilibrio ni sus impulsos serán muy eficientes; y si a tu hija le das una muy grande, quedará en puntillas, no será capaz de correr para darse vuelo ni tampoco de frenar apropiadamente.

Cómo ajustar la altura del asiento. Foto: Two Wheeling Tots.
Para ahorrarse este problema, hay que preferir una bicicleta cuyo asiento tenga suficiente rango de altura, o bien medir al niño o niña desde la entrepierna hasta los pies y, según ese metraje, elegir un modelo que mida lo mismo, con un margen extra de 5 centímetros.
Ambas tienen ventajas y contrariedades. Pero la principal diferencia entre una rueda de espuma -que es de una pieza y no es necesario inflar- y otra de goma -que, al igual que una bicicleta normal, se hincha con aire- es que la última se puede pinchar y la primera no. Por esa razón uno se inclinaría por las de espuma, pero su desventaja es que no absorben muy bien los impactos, y en terrenos más inestables o sinuosos, los niños sentirán más los golpes en su cuerpo. Además, si las de espuma se llegan a romper o deformar, habrá que reemplazar la rueda completa. Con una de goma -como las Roda de madera-, solo hay que cambiar o pinchar la cámara.
Las Roda, que fueron las pioneras de este tipo en Chile, son la opción más recomendada por las dos pero no las más económicas. Para presupuestos más ajustados una alternativa es esta bici BTWIN, que venden en las tiendas Decathlon. “Sé que son buenas y conozco gente que ha tenido muy buenas experiencias con ellas”.
Otros aspectos que pueden marcar la diferencia son la geometría de la bicicleta -el balance que existe entre sus componentes y que facilitan el equilibrio y el desempeño-, y la posibilidad de ajustar o reemplazar sus elementos, en caso de que sea necesario repararla o adaptarla al crecimiento del niño o la niña.
En cuanto a la geometría, una buena bicicleta sin pedales debe tener suficiente distancia entre las ruedas -lo que garantiza más estabilidad-, también un buen espacio entre el asiento y el manubrio -para que puedan correr y darse impulso mientras la afirman con seguridad- y un buen ángulo de la horquilla -de no menos de 40º, para evitar que el niño incline su peso hacia delante y la haga más difícil de dirigir.
“La gran ventaja de las Roda, además de su calidad y diseño, es que puedes encontrar repuestos para todas sus piezas, a diferencia de las del retail”, dice Francisca Vymazal. “Es la ventaja más grande que encuentro, pero finalmente casi todas pueden cumplir su función”.
“Lo mejor para pasar a una bicicleta más grande, con pedales, frenos e incluso cambios, es haber desarrollado habilidades y tenido experiencia”, dice Catalina Rioja, fundadora de Umatu. Así, según ella, te ahorrarás el miedo del niño al enfrentarse a un vehículo más grande, y también el frustrante proceso de ir corriendo detrás de él afirmándole el asiento. “Y eso”, agrega, “lo puedes conseguir con una bici de equilibrio”.
En resumen, las bicicletas sin pedales son una herramienta valiosa para el desarrollo de habilidades motoras y el equilibrio en niños pequeños. Facilitan una transición más suave y natural a las bicicletas con pedales, promoviendo la independencia y la confianza en los niños.
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