Pedro Delgado, una leyenda del deporte español, comparte sus vivencias desde que dejó de ser ciclista profesional hasta su etapa como comentarista deportivo. Ganador de un Tour y dos Vueltas, formó parte de aquel equipo Reynolds que en 1983 decidió regresar a la carrera francesa.
Aquel año, Delgado -Perico- se ganó el apodo de ‘el loco de los Pirineos’, al protagonizar un descenso a tumba abierta; mientras que su compañero Ángel Arroyo a punto estuvo de ganar aquel Tour, recuperando así la afición al ciclismo en España.
Delgado continuó añadiendo victorias en su palmarés hasta que en 1994 decidió colgar la bicicleta e iniciar una nueva aventura como comentarista deportivo. Han sido veinte años analizando ciclismo a través de la televisión y la radio.
Como él mismo relata: "Cuento mis vivencias desde que dejé de ser ciclista, desde el momento en que decido colgar la bicicleta y comienzo una parte de mi vida muy diferente, aunque sin olvidar el ciclismo".
Ya con la experiencia de haber escrito ‘A golpe de pedal’, la idea de escribir un libro desde esta otra cara desde la que ahora estaba viviendo el ciclismo llevaba tiempo rondándole en la cabeza. Fui recopilando historias y anécdotas hasta que me decidí a ponerlo en marcha.
El año pasado estuvo complicado seguir comentando las carreras por falta de patrocinador y me pareció que había acabado otra parte de mi vida, la de comentarista deportivo.
Al poner por escrito todas estas vivencias, surgieron comparaciones entre épocas ciclistas. Y de hecho es un tema que abordo en el libro. Han sido veinte años comentando ciclismo y desde que dejé de ser ciclista profesional hasta ahora ha cambiado muchísimo.
Como en todos los géneros de la vida, la tecnología ha influido también en el ciclismo, en las carreras, en la forma de competir, en la forma de afrontarlas y en la forma de prepararlas.
Entre los avances que él ha vivido, destacó dos que ayudan al corredor: los pedales automáticos y los cambios situados junto a las manetas del freno. Suponen tener un control total sobre la bicicleta, no tener que soltarte de manos para cambiar piñones o platos, fue un cambio fundamental para el corredor desde el punto de vista de la seguridad.
Del mismo modo, los pedales automáticos, incrementan la seguridad y evitan muchas caídas, al no tener que soltar las manos para ajustar o soltar los rastrales. Evitan muchos momentos de peligro.
El Tour de BAHAMONTES - El águila de Toledo - Tour de Francia 1959
Un Encuentro Fortuito y una Nueva Vocación
Como comentarista, Delgado nunca se marcó ninguna meta, todo ha ido surgiendo en el camino. Le gustaba correr en bici y la gente decía que era muy bueno. Lo que para otros era un trabajo y un esfuerzo pasar a profesionales a él le resultó fácil, nunca tuvo ningún problema.
A la hora de comenzar su labor como comentarista sucedió igual. Fue un encuentro fortuito durante la disputa de la Volta a Cataluña. En un ascensor coincidí con Luis Miguel de Dios, que era subdirector de Deportes de Televisión Española -entonces TVE retransmitía muchas carreras ciclistas- y me sugirió ser comentarista.
A él ni se le había pasado por la cabeza, pero se lo planteó y aceptó. Fueron cosas que surgieron. Siempre digo que para mí no fue difícil tomar la decisión, fueron opciones que aparecieron en el camino. Todo vino tan dado que no me dio tiempo a pensar si de esas decisiones me iba a arrepentir o no.
La Era Induráin: Vivencias Desde Dentro y Fuera del Pelotón
Como comentarista le ha tocado vivir algunos momentos esenciales en la historia del ciclismo, pero la irrupción de Miguel Indurain la vivió desde las dos perspectivas, como corredor y compañero y, después ya, como comentarista.
Había corrido con Miguel, había sido gregario suyo, fui gregario suyo, y sí es cierto que como comentarista lo que más le impactó fue el primer año. En la mayoría de las cosas, cuando se producen cambios tan grandes, sucede que estás sorprendido continuamente.
Para él, poder vivir la carrera como comentarista le permitió seguir disfrutando de lo que más le gusta, del Tour de Francia y de otras carreras, sin sufrir, tan cómodo. Pasaba calor, pero no pasaba sed, pasaba frío, pero se podía abrigar.
Lo que más impactó no fue que ganara Miguel Indurain, sino que ganaba un ciclista español y él inmediatamente se identificaba con él. Cuando corría disfrutaba de las victorias de compañeros de equipo, porque te une una gran ligazón, y me alegraba de los triunfos de los corredores españoles, pero bueno, no eran de tu equipo, lo vives a más distancia. En cambio como comentarista descubrí la pasión de ver a los corredores españoles siendo protagonistas.
Esa sensación le gustó mucho, le pareció maravilloso. Igual no ganaba uno de tu equipo -vamos a llamarle Banesto-, pero ganaba uno de la ONCE y lo disfrutabas igual. Lo cuenta en el libro.
Empiezo a comentar las carreras y un día me encuentro con un auxiliar del equipo Banesto, que había sido compañero mío en el equipo, y me dice que parecía mentira que siendo yo de Banesto que poca cancha le daba al equipo y que sólo hablaba de la ONCE, de la ONCE y de la ONCE. Aquello me sorprendió porque no tenía la sensación de que fuese así. El caso es que al rato, me aborda un auxiliar de la ONCE y me dice que cómo se me ven los colores, que sólo hablo de Banesto, Banesto y Banesto. Esos dos encuentros me transmitieron tranquilidad sobre cómo estaba realizando mi labor como comentarista. Me dije, tan mal no lo estoy haciendo. Esos dos encuentros me ayudaron.
Es normal que a unos espectadores les guste más o menos tu forma de comentar, pero eso son cosas que vas puliendo con el tiempo. En cambio, la sensación de imparcialidad es algo que te crear un cierto desasosiego, sobre todo cuando hay muchos ciclistas españoles luchando por el mismo triunfo y en condiciones muy parejas.
El caso Festina dejó al ciclismo muy herido. Creo que hubo un antes y un después para el ciclismo tras el caso Festina. Creo que el corredor perdió entonces una oportunidad de oro para defender su trabajo. Los ciclistas perdieron entonces su capacidad de defender su profesión totalmente, el ciclista pasó a ser un títere y lo sigue siendo hoy en día. Para mí fue el peor Tour. Ver como trataban a ciclista como delincuentes, como indeseables, me parece que estaba muy lejos de la realidad. Podía haber malas prácticas, no digo que no.
El ciclismo empezó a crecer, llegaron los médicos deportivos, la tecnología, creció en muchos aspectos y no había nadie que pusiese un límite. Creo, además, que el Tour de Francia -como organización- nunca fue consciente de la gravedad del caso y terminó realmente tocado aquel año, y con el Tour la imagen del ciclismo en general.
Ahora, parece que se va recuperando, pero siempre hay un sector crítico que recuerda esos momentos. No se pasa página y ya está, es necesario un periodo de transición.
También lo cuento en el libro, el Tour de 2006, el de Óscar Pereiro. Pasada la época de Indurain, parecía que el Tour era una carrera imposible para los ciclistas españoles. Aún no había llegado la época de dominio de Lance Armstrong. Aquella victoria final de Pereiro, conseguida tras una escapada que llegó con mucha ventaja, generó una carrera muy divertida. Fue un Tour en el que todos los días había mucha batalla.
La verdad es que para mí fue una sorpresa muy desagradable lo de Lance Armstrong. Creía en sus victorias y me provocó una gran desilusión. Sobre todo porque después del caso Festina, el ciclismo necesitaba nuevos campeones que ayudaran a recuperar este deporte.
En cuanto a las últimas temporadas, no parece que haya surgido un corredor que domine las grandes carreras como en otras épocas. De momento, no. El gran dominador podía ser Alberto Contador. Es el ciclista que aporta más frescura, el que más arriesga y el que más recuerda a ese ciclismo de la épica.
Ahora, hay muchos ciclistas que controlan sus datos a través del pulsómetro, de los vatios, y eso le quita frescura a su actuación en carrera.
Teniendo en cuenta que hay muchos corredores que tan sólo preparan una o dos carreras como objetivo en la temporada, ¿alguien que compite y gana a lo largo de toda la temporada sería el mejor ciclista del mundo? ¿Valverde?
Alejandro Valverde es ahora -ahora no, desde hace ya muchos años- el ciclista más completo. Es un ciclista que puede subir como un escalador, que tiene velocidad como un sprinter, que puede realizar una contrarreloj casi como un auténtico especialista… y con esas características hay pocos. Quizá sea el único que puede hacer todas esas cosas. Es cierto que ahora ya está en la parte final de su carrera y ya no es el mismo de siempre. Sí, podría decirse que es el mejor corredor por esa capacidad polivalente que tiene.
Valverde puede ganar todo tipo de carreras. Contador puede ganar una carrera de tres semanas, pero para ganar un clásica de un día se tienen que dar una serie de circunstancias. Valverde en su mejor época disputaba los esprines a los velocistas y en ocasiones les ganaba.
No hay corredores así ahora, habría que remontarse -sin querer hacer comparaciones- a Eddy Merckx, que era capaz de ganar en todos los terrenos. El ciclismo no es sólo grandes vueltas, es también clásicas, carreras de una semana y otras muchas pruebas.

Recuerdos del Primer Tour (1983)
En 1983, fuimos a correr y hacerlo lo mejor posible a una carrera que desconocíamos. Incluso nos metieron mucho miedo cuando íbamos a disputarla. Nos decían que el Tour era un mata hombres. De pronto nos encontramos una carrera en la que todo el mundo sufría, veías que tus rivales tampoco eran mucho mejores que tu. El hecho de estar a punto de ganar la carrera ese año supuso un cambio de mentalidad en el ciclista español y también de cara al aficionado, que de pronto volvía a recordar las épocas de dominio de Luis Ocaña y Bahamontes.
A mí es el ciclista que más me ha gustado, porque tenía un concepto del ciclismo de la épica. Buscaba las grandes etapas, ganar a lo grande y a mí ese carácter siempre me ha gustado. Fue un gran rival. Tuve la suerte de ser un poco mejor que él en la montaña y un poco mejor en la contrarreloj, por eso pude ganar aquel Tour de Francia. Era un corredor muy fuerte y contaba con un equipo muy potente. Un equipo, el PDM, que yo conocía bien porque había corrido con ellos dos años. Era una especie de zorro, de zorrete. Solía meterse mucho en escapadas. Tuvo un año mágico (en 1987, ganó Giro y Tour) y ese año me toco sufrirle; fue una temporada en la que le salía todo de pie. De Fignon el orgullo era su gran cualidad. Era un gran corredor, pero destacaba sobre todo su gran mentalidad. Era combativo al máximo, nunca se conformaba con nada. Atacaba subiendo, bajando y hasta en los avituallamientos.
Greg Lemond creo que es el corredor con más suerte. Creo que su palmarés con tres Tour no se lo merece. Los tres los ganó con algunas circunstancias que le fueron favorables.
Era un genio encima de la bicicleta. Era muy delgadito y con unas cualidades innatas para la escalada. Es uno de esos rivales que recuerdo desde la época de aficionado. Un buen corredor, completo, pero fallaba mucho en la contrarreloj. Era diferente a todos porque fue el primer corredor que conocí que era vegetariano y que realizaba dietas específicas, algo que ahora está más extendido, pero que entonces era algo novedoso.
En resumen, la historia del ciclismo está llena de momentos épicos, rivalidades intensas y figuras que han dejado una huella imborrable. Desde los descensos a tumba abierta de Pedro Delgado hasta el dominio de Miguel Induráin y la versatilidad de Alejandro Valverde, el ciclismo sigue siendo un deporte que apasiona a millones de personas en todo el mundo.
El Lenguaje del Ciclismo
Existe ese idioma propio, existen esos chascarrillos y remembrares únicos en la bici. Igual que los abogados hablan en abogadés (y menudo tostón gordo, el abogadés) los ciclistas hablan ciclista, y todos cuantos siguen este bendito deporte se han contagiado con el asunto.
Porque aquí tenemos charlotadas en forma de frases hechas a mogollón. Algunas con su punto irónico, otras directamente a mala hostia, las de más allá con ternura intrínseca (o yo se la busco, que todo puede ser). De las primeras hay más, porque el espíritu creativo se ve impelido, muchas veces, por toneladas de ira.
Así, cuando avanzas muy despacio, se te suben los caracoles por las cubiertas, pasean las moscas entre los radios, andas menos que el carrito de los helados, estás cocido, te ha visitado el tío del mazo, vas con el gancho o tienes aires de globero. A lo mejor vas haciendo la goma, sí, pero también puedes ser un doméstico («alguien que ayuda a su líder»), o el lanzador («último relevo antes del esprint»), o subes a molinillo («con mucha cadencia»), o vas sin cadena («fácil») hasta la tachuela («subida») siguiente. Quizá te ha pillado un abanico («una forma de rodar en grupo contra el viento»), o saliste sin prudencia al demarraje («aceleración») de aquel escarabajo («ciclista colombiano») y ahora andas vacío, o igual apretaste de más en el falso llano («que es más falso que llano») y ahora vas perdiendo plumas («quedándote sin fuerzas»), y ya solo esperas a que te recoja el coche escoba («que cierra el evento y va cogiendo a quienes se retiran»).
Una cosa buena que tienen los lenguajes inventados es que, a veces, es posible rastrear los orígenes de esta o aquella expresión hasta su momento inicial.
A los segundos los llamamos poulidores, por Raymond, que siempre iba por debajo de Jacques, e incluso podemos modificarlo y decir de alguien que poulidorea, y de quien era el amo y ahora ya anda renqueante pues decimos que se está poulidorizando. También nos vale ser el farolillo rojo, que se utiliza bastante en todos los ámbitos para señalar al último de cualquier clasificación.
Que tiene origen ciclista es claro, pero tampoco podemos asegurarle muy bien cuál. Algunos dicen que es porque los trenes llevan una luz roja en su vagón de cierre, y eso es aplicable a quien va cerrando la carrera. Otros, que es porque antes los últimos llegaban tan tarde que solo podían buscar alojamiento en esos hoteles que tienen luces rojas en la puerta (ejem). Escoja usted.
¿Quiere una última? Lo de la pájara. Que ni idea de dónde viene lo de la pájara. En francés le dicen fringale a esa hambre tan específica, tan difícil de definirle a usted y tan sencilla de reconocer cuando llega. Fringale.